|
21 - 13.10.2005
RESUMEN
♦ INTERVENCIONES “IN
SCRIPTIS”
♦ AVISOS
♦ INTERVENCIONES “IN
SCRIPTIS”
● “In Scriptis” de
Padres sinodales
● “In Scriptis” de un Oyente
Mientras continúan hoy y mañana por la mañana los trabajos de los
Círculos Menores (Sesión I, II y III) - para la redacción y
aprobación por parte de cada Círculo Menor de los proyectos de
textos para las Propuestas (las fórmulas de consenso sinodal en
relación a algunos argumentos considerados importantes por los
Padres sinodales, sugerencias ofrecidas al Santo Padre como fruto
del trabajo sinodal) - publicamos las intervenciones “In Scriptis”,
no pronunciadas en el Aula.
● “In Scriptis” de
Padres sinodales
Los siguientes Padres sinodales han entregado sólo por escrito una
intervención:
- S. Em. R. Mons.Evaristus Thatho BITSOANE, Obispo de Qacha's Nek,
Presidente de la Conferencia Episcopal (LESOTO)
- S. Em. R. Mons. Ian MURRAY, Obispo de Argyll y de las Islas (GRAN
BRETAÑA (ESCOCIA)
- S. Em. R. Mons. Liborius Ndumbukuti NASHENDA, O.M.I., Arzobispo de
Windhoek (NAMIBIA)
- S. Em. R. Mons. Tesfay MEDHIN, Obispo de Adigrat (ETIOPÍA)
- S. Em. R. Mons. Felix Alaba Adeosin JOB, Arzobispo de Ibadan
(NIGERIA)
Publicamos a continuación el resumen de las intervenciones no
pronunciadas en el Aula, entregadas por escrito por los Padres
sinodales.
- S. Em. R. Mons.Evaristus Thatho BITSOANE, Obispo de Qacha's Nek,
Presidente de la Conferencia Episcopal (LESOTO)
La unión personal del fiel con Cristo es el centro de la Liturgia
Eucarística. Nuestro problema principal es la escasez de sacerdotes
para la celebración Eucarística cada domingo, especialmente en
aquellos distritos apartados que los sacerdotes visitan pocas veces
al año. Recurrir a los ministros extraordinarios de la Eucaristía,
que seguían a los sacerdotes a estos lugares apartados, parecía una
buena solución. También los enfermos pudieron recibir el Santo
Sacramento algunas veces al año.
En seguida se presentaron serios problemas. No existían lugares
donde se pudiera custodiar el Santísimo Sacramento de manera
apropiada. Los contenedores del Santísimo no se encontraban
fácilmente y la gente acababa por usar lo que encontraba. En algunas
ocasiones sucedió que el tabernáculo se rompía y se llevaban el
Santísimo Sacramento o se desmigajaba por todas partes.
Con el tiempo los ministros extraordinarios de la Eucaristía
recibían la misma consideración que los ministros ordinarios, podían
distribuir la Eucaristía cuando lo deseaban y a quien quisieran. La
relación entre la Eucaristía y el Sacramento de la reconciliación
disminuyó gradualmente, hasta el punto de que los fieles no sentían
la necesidad de confesarse antes de la Comunión. El Sacramento de la
reconciliación es poco frecuentado, especialmente entre los jóvenes.
Para poner fin a estos abusos, consideramos que hay que empezar
desde el seminario: dar a la Eucaristía el sitio de honor en la
formación de nuestros futuros sacerdotes. Hacerles conscientes,
cuando son jóvenes, de que son ministros ordinarios de la Eucaristía
y de que la Eucaristía debe ser el centro de sus vidas. Hay que
recordar a menudo a los sacerdotes que son ellos los ministros
ordinarios de la Eucaristía, que delegan el importante ministerio de
la distribución de la Santa Comunión a laicos oportunamente
preparados.
Hay que intensificar la catequesis, especialmente entre los jóvenes,
para superar la indiferencia que se percibe en nuestros días.
[00311-04.04] [IS001] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Ian MURRAY, Obispo de Argyll y de las Islas (GRAN
BRETAÑA (ESCOCIA)
Es actuando in persona Christi en el único sacrificio de la
Eucaristía, que todo el ministerio sacerdotal extrae la propia
fuerza (CCC 1566). La disminución de las vocaciones al sacerdocio en
los países desarrollados hace que la Eucaristía, si bien menos
disponible que en el pasado, sea más accesible que en los países en
vías de desarrollo. En estos países, de hecho, pobrezas temporal y
espiritual están en el mismo nivel; en los países ricos éstas
parecen ser inversamente proporcionales.
Hoy las vocaciones se dan cada vez más entre hombres adultos. Nacen
de su experiencia, pero, muchas veces, se ven afectadas por el peso
de actitudes más adecuadas al mundo que a la Iglesia. Con frecuencia
se hace necesaria una reeducación. En lo que concierne a la
formación del clero se deben considerar dos aspectos: la formación
académica y la formación humana y espiritual. El desarrollo
intelectual solamente no es suficiente. Una mujer que padeció
persecuciones por su fe dijo: “Conservé la fe gracias a la santidad
de los sacerdotes”. Es interesante poner en evidencia cuánto
invertimos en la formación académica de nuestros sacerdotes en
comparación a cuánto invertimos, en cambio, en su formación humana y
espiritual.
La liturgia es un instrumento clave de evangelización y debe ser
celebrada en una lengua que introduzca a los fieles en ese corazón
del Misterio de la fe. Los textos deben trascender los caprichos de
las modas lingüísticas. Las lenguas locales presentan dificultades
particulares, como ocurre en mi diócesis con el gaélico escocés. En
situaciones como ésta se debería conferir a las Conferencias
episcopales locales la autoridad para armonizar y aprobar estos
textos litúrgicos.
Los capellanes, gracias al conocimiento lingüístico de los países
europeos, deberían ser capaces de acoger a los inmigrantes y
servirles, posiblemente, en las diversas lenguas.
[00312-04.02] [IS002] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Liborius Ndumbukuti NASHENDA, O.M.I., Arzobispo de
Windhoek (NAMIBIA)
Os traigo cordiales saludos de Namibia.
Mi reflexión trata fundamentalmente de nuestra impresión general,
como Conferencia Episcopal, sobre el Instrumentum Laboris, dividida
en seis puntos:
1. Los progresos en los estudios bíblicos y patrísticos han ampliado
nuestra comprensión de la teología eucarística. Nuestro Santo Padre,
el Papa Benedicto XVI, es particularmente consciente de la rica
herencia teológica que hemos recibido de los primeros Padres de la
Iglesia, lo que ha sido ya afirmado en muchas intervenciones.
2. La teología de la Eucaristía afecta a casi todos los sectores
fundamentales de la teología. Desde el Concilio Vaticano II se han
venido afrontando los principales temas. Por eso, cada documento que
salga directamente del Sínodo de los Obispos debería facilitar un
tratamiento equilibrado, intertextual del tema. Sería un error
producir un documento que afronte sólo algunos de los temas en
cuestión para corregir determinados abusos de los que nos hemos dado
cuenta. Más bien debería sugerir respuestas pastorales a las
necesidades de esas personas de la tierra que están privadas del don
de la Eucaristía (por ejemplo, divorciados que reciben la Santa
Comunión, por citar sólo una de estas situaciones).
3. Deberíamos evitar producir a toda costa un documento disciplinar,
o que dé la sensación de que se concentra en rúbricas carentes de un
fuerte fundamento teológico.
4. La dimensión pastoral-misionera de la Eucaristía debería ser
evidenciada en alguna deliberación o en algún documento. Estos
deberían subrayar el vínculo esencial entre eclesiología y
Eucaristía, entre ministerio y Eucaristía, y, obviamente, entre
misión y Eucaristía.
5. La relación entre inculturación y Eucaristía es muy importante,
sobre todo para los países en vías de desarrollo, especialmente en
África, Asia y América Latina. La experiencia de las Iglesias
orientales en el desarrollo de algunos ritos puede ser ejemplarmente
instructivo.
6. Todos nosotros, Padres sinodales, deberíamos ser conscientes de
que el documento que vamos a preparar tiene que constituir una parte
de la trilogía sobre la Eucaristía recientemente producida. En
primer lugar, la carta de nuestro difunto Santo Padre Mane Nobiscum,
Domine; luego, la reflexión publicada por la Congregación para el
Culto divino; y ahora, el documento sinodal. De este modo, nuestra
reflexión podrá hablar al corazón de la gente de esta sociedad
nuestra secularizada, especialmente a aquellos que han sido
contagiados o están afectados por el virus del SIDA, con el fin de
ofrecerles alimento eucarístico y consuelo en el camino de la fe.
[00307-04.03] [IN229] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Tesfay MEDHIN, Obispo de Adigrat (ETIOPÍA)
Deseo centrar mi intervención en el aspecto relacional de la
Eucaristía, en referencia a los nº 28, 33 y 85 del Instrumentum
Laboris:
- “Percepción del misterio eucarístico entre los fieles” y
- “su dimensión ecuménica”
La Misa dominical y la Santa Comunión siguen siendo el centro y la
espina dorsal de la vida parroquial, individual y colectivamente, de
la Iglesia de Etiopía, tanto católica como ortodoxa. El domingo y en
las solemnidades, por las calles y a lo largo de los senderos del
campo que conducen a las iglesias, se ven filas ininterrumpidas de
personas vestidas principalmente de blanco. Se podría afirmar que en
el campo la participación a la Misa dominical y a la Comunión puede
alcanzar el 70-80 %. En las ciudades, en cambio, y entre las
generaciones más jóvenes, los datos no son tan elevados (tal vez en
torno al 55 %).
La fuerza motriz que está detrás de este fenómeno no es la pura
racionalidad, sino una formación litúrgica, un sentido de devoción y
de respeto por lo “sagrado” muy profundo, al que no afectan
fácilmente criterios exteriores como el tiempo y las presiones de la
vida material.
Según la tradición etíope, que tiene en cuenta la profunda
convicción entre los fieles de la naturaleza misteriosa de la
Eucaristía:
- su comprensión radica en el aspecto sacrificial del Misterio,
junto con la participación en el Misterio Pascual de Cristo y la
construcción de su Cuerpo que es la Iglesia. Éste es el aspecto
preponderante del Misterio preponderante en la tradición litúrgica
etíope.
La Trinidad, Cristo, el Cordero Pascual, y María ocupan el lugar
central en la celebración del rito etíope. Siempre ha existido una
profunda devoción por María, Madre de Dios, a la que se considera
también “mujer de la Eucaristía”, “primer tabernáculo de la
Eucaristía” (cf. nº 76). Fuente y santuario de la Eucaristía. Por
eso, es un deber litúrgico en la Iglesias de tradición oriental
tener la imagen de María siempre cercana al Hijo.
En la liturgia son evidentes la solemnidad, un gran respeto por lo
sagrado, reverencia en presencia del “Mysterium Tremendum”, y cada
movimiento físico que crea distracción se reduce al mínimo. Si bien
hoy participan en mayor número, hay gran reluctancia de los fieles a
recibir la comunión sin haber recibido antes adecuadamente la gracia
de la Penitencia.
Como fruto de esta práctica de devoción eclesial común a la
Eucaristía y a la liturgia, es decir, como implicaciones sociales de
la Eucaristía (IL 79), esto obviamente ha ayudado a las comunidades
a avanzar y a conservar sus valores familiares y religiosos y su
integridad, a pesar de los diversos problemas políticos y sociales,
las calamidades naturales y los conflictos que han causado tanto
sufrimiento a la gente.
No obstante, los aspectos destructivos de la globalización y las
presiones seculares y consumistas han alcanzado y están
influenciando la vida familiar, la vida de los jóvenes y la
autoridad moral de la Iglesia.
Nuestro mundo tiene más que nunca necesidad de orden y de redención,
y creo que no hay nada más poderoso que la fuerza transformadora de
la Eucaristía y el magnífico programa del Santo Padre para
testimoniar la “cultura de la Eucaristía” a través del instrumento
del “diálogo” (IL 76).
Espero mucho de este Sínodo, que el Espíritu Santo siga inspirándolo
a fin de que presente al Santo Padre propuestas innovadoras y
oportunas, que puedan salvar las almas , y con orientaciones
pastorales capaces de dar esperanza a nuestros sacerdotes y fieles
centrados en el vínculo pastoral de la Eucaristía en lo que
concierne a la familia y a los jóvenes, gravemente amenazados por la
más letal de las pandemias, el HIV/Sida, en muchas partes del mundo.
Por lo tanto, como fruto del Año de la Eucaristía, deseo rezar al
Espíritu Santo para que inspire este Sínodo y pueda:
- proponer opciones, por ejemplo un Sínodo especial, para promover
la unidad de los cristianos;
-promover la catequesis basada en la espiritualidad eucarística,
afrontando especialmente la vida de la familia y de los jóvenes para
profundizar la fe y la devoción eucarística en la familia y entre
los jóvenes;
-dedicar una atención particular a la formación en el seminario a
fin de asegurar la espiritualidad eucarística en la vida de los
sacerdotes y de los fieles y para la adhesión a homilías y a
celebraciones litúrgicas bien preparadas.
Que el Espíritu Santo siga inspirando este Sínodo a ser el
instrumento de esperanza y de vida en Cristo, y que la fuerza
transformadora del amor de Cristo sane, a través de la Eucaristía,
el mundo de sus heridas.
[00310-04.06] [IN230] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Felix Alaba Adeosin JOB, Arzobispo de Ibadan
(NIGERIA)
Cuidado pastoral de los inmigrantes
Deseo hablar a esta Asamblea acerca del cuidado pastoral de los
inmigrantes. Por inmigrantes entiendo todas aquellas personas que
dejaron la propia nación o región, para dirigirse a otro lugar a
causa de desastres naturales, para buscar prados más verdes o el
vellocino de oro (títulos académicos). Deseo dirigirme
principalmente al obispo, que es el supremo Pastor del rebaño
encomendado a sus cuidados, el ordinario local y el “primus
mysteriorum dei dispensator”. El Instrumentum laboris nos recuerda
que la Eucaristía reúne a los fieles y hace de ellos una comunidad,
no obstante las diferencias de raza, lengua, nación o cultura.
Es difícil, actualmente, encontrar una nación que no dé refugio a
miles de inmigrantes. San Pablo nos recuerda que, “porque uno solo
es el pan, aun siendo muchos, un solo cuerpo somos, pues todos
participamos del mismo pan” (1 Cor 10, 17). El obispo o el párroco
no deberían tratar a los fieles inmigrantes como huéspedes de la
Iglesia. Deberían, más bien, acogerlos, hacer que se sientan como en
su propia casa y miembros de la Iglesia universal. Su liturgia viva
debe ser usada para rejuvenecer a la Iglesia local y deben ser
preparados para ser misioneros de ellos mismos, sirviendo como
catequistas, lectores laicos, etc. en el seno de la comunidad. En el
Nº 25 del Instrumentum laboris, se nos recuerda que “los fieles
laicos (son) parte esencial de la Iglesia comunión”. La emigración
no se limita solamente a los fieles laicos. Tenemos sacerdotes y
religiosos que son envidados a estudiar o a adquirir la experiencia
necesaria para el desarrollo de sus congregaciones o sus diócesis.
No existen presbíteros “vagi”. Ellos pertenecen al presbiterio de la
diócesis (obispo) en la cual permanecen. Cada vez que ofrecen el
sacrificio de la Misa rezan por el Papa y per el ordinario local. El
obispo residencial, por lo tanto, debería preocuparse por la vida
litúrgica, pastoral y espiritual de cada sacerdote en su diócesis,
especialmente por la de los presbíteros emigrantes.
Si el sacerdote inmigrante debe celebrar el santo sacrificio con
dignidad, devoción y reverencia, es necesario que sea reconocido,
que se le garantice un medio de subsistencia digno y que se le dé
seguridad respecto de su pertenencia. El sagrado Sínodo también debe
solicitar a los Obispos y a los Superiores que no envíen a sus
presbíteros a institutos fuera de su diócesis sin informar al obispo
“ad quem” y realizar los debidos acuerdos. El cuidado de las
inmigrantes religiosas es más complejo y merece una mayor atención.
La vida consagrada es un testimonio de Cristo en la Iglesia y su
presencia es una bendición para la Iglesia local. Sin embargo, ellas
no deben residir en una Iglesia local sin la autorización escrita
del ordinario local. En estos tiempos, la disminución del número de
religiosos en la antigua Iglesia y el deseo de sobrevivencia y de
continuidad llevaron a reclutar indiscriminadamente jóvenes mujeres
en los territorios de misión. Estas jóvenes son desarraigadas de su
cultura y de su tradición y trasplantadas a Europa y a América,
donde, con frecuencia son subyugadas por el clima, la cultura y las
costumbres y son expulsadas de las instituciones. Inevitablemente,
muchas de ellas caen víctimas de las personas y de las
circunstancias. Su situación como cuerpo despedazado de Cristo debe
ser mirada con compasión y amor. Ellas forman parte del cuerpo de
Cristo, la Iglesia. En síntesis, exhorto a cada Obispo a:
1. Considerar a los fieles inmigrantes como a fieles propios, único
cuerpo de Cristo, del cual el Espíritu Santo lo ha hecho Pastor.
Junto con sus sacerdotes, acogerlos en cada celebración religiosa,
especialmente en la Misa dominical, para que la Eucaristía reúna a
sus fieles y haga de ellos una comunidad a pesar de la diversidad de
raza, lengua, nación y cultura.
2. Asegurar la integración de todos los presbíteros emigrantes (con
frecuencia por motivos de estudio) en su presbiterio, ya que no
existen sacerdotes “vagi”. Asistirlos para que sean fieles en la
celebración del Sacrificio y en la alabanza y la adoración a Cristo
en el sacramento de su amor.
3. Guiar la vocación de las religiosas en su diócesis a través de la
administración adecuada de los sacramentos en sus conventos y el
control del reclutamiento indiscriminado de las jóvenes mujeres por
fuera de su diócesis, cosa que podría llevar a abusos.
[00306-04.04] [IN232] [Texto original: inglés]
● “In Scriptis” de un Oyente
El siguiente Oyente ha entregado sólo por escrito una intervención:
Sr. Gioacchino TOSCANO, Secretario General de las Confraternidades
de las Diócesis de Italia
Publicamos a continuación el resumen de la intervención no
pronunciada en el Aula, entregada por escrito por el Oyente.
Sr. Gioacchino TOSCANO, Secretario General de las Confraternidades
de las Diócesis de Italia
El Sínodo de los Obispos, evento de la Iglesia Universal entre los
más relevantes, nos ha abierto el corazón a todos los continentes,
donde el Misterio de Jesús Eucaristía ha llevado sus frutos a todos
los pueblos de la Tierra. En este contexto deseamos traer la
experiencia de las Cofradías, instituciones laicas que, aunque se
remontan a los albores de la historia de la Iglesia, llevan consigo
carismas y una vitalidad eclesial tales como para permitirnos
sometelas a la atención de los Padres Sinodales como instituciones
particularmente apropiadas para convertirse cada vez más en “una
nueva frontera” de la Evangelización.
Actualmente se reúnen bajo la Confederación de las Cofradías de las
Diócesis de Italia, instituida por la Conferencia Episcopal Italiana
y son guiadas, siempre bajo el encargo de la C.E.I. por S.E. Mons.
Armando Brambilla, Obispo Auxiliar de Roma y Delegado para las
Cofradías y los Pías Asociaciones.
Para celebrar dignamente el Año de la Eucaristía, la Confederación
de las Cofradías de las Diócesis de Italia promovió, en Bolsena y
Orvieto, ciudades eucarísticas, el 24 y el 25 se septiembre de 2005,
una especial convocación nacional del “Camino de Fraternidad” de las
Cofradías italianas, en particular de las que llevan la denominación
de “Santísimo Sacramento”.
La Confradía no vive encerrada en sí misma, sino que es un
componente eclesial misionero, centrado en una pastoral global de la
familia. Tal pastoral se distingue por una formación cristiana
permanente cuidada por el sacerdote, Primicerio, que la anima a: 1)
la vida de la liturgia y de la devoción, atenta a la vida Diocesana,
particularmente sensible al llamado del Obispo; 2) la vida
caritativa, con obras que superaron la prueba del tiempo, mantenidas
a través de la administración de los bienes, de los cuales disponen
con la aprobación diocesana; 3) el testimonio responsable ante la
propia ciudad, en los barrios y en las diversas realidades de
trabajo (no son pocas las Cofradías vinculadas a artes y oficios),
con una participación “como cristianos” en la vida civil y en los
eventos sociales. La trayectoria de formación a la vida cristiana es
fundamental para entrar con el espíritu adecuado en la conducción de
los diversos servicios, son indispensables para el autogobierno de
la Cofradía, procediendo a realizar las adquisiciones técnicas de la
administración en el espíritu de quien se ubica entre los últimos si
“quiere ser el primero en la secuela de Cristo Jesús”.
Por esto, las Cofradías, dóciles al Magisterio de los Sumos
Pontífices y de los Obispos, han sabido conservar con la
experimentación de siglos, tesoros de fe y el patrimonio de
religiosidad popular, centrado en el Culto Eucarístico, que se
expresa a través de un patrimonio artístico y de oratorios a
disposición de momentos de agregación misionera en la dimensión de
la cultura y de la comunicación, que hoy entrecruzan de manera
ineludible la misma realidad pastoral, la misión y la evangelización
de los pueblos.
[00314-04.04] [AU026] [Texto original: italiano]
♦ AVISOS
● LOS TRABAJOS SINODALES
● BOLETÍN
● “BRIEFING”
● TERCERA RUEDA DE PRENSA
● LOS TRABAJOS SINODALES
La Décimo Séptima Congregación General, para la presentación en el
Aula de las Relaciones de los Círculos Menores, tendrá lugar el
viernes 14 de octubre de 2005 por la tarde.
● BOLETÍN
El próximo Boletín nº22 será a disposición de los periodistas
acreditados a las 09.00 horas del sábado 15 de octubre de 2005.
● “BRIEFING”
El próximo “Briefing” para los grupos lingüísticos tendrá lugar el
sábado 15 de octubre 2005 a las 12.00 horas.
● TERCERA RUEDA DE PRENSA
Se informa a los periodistas acreditados que el sábado 22 de octubre
de 2005, a las 12:45 horas, en el Aula Juan Pablo II de la Oficina
de Prensa de la Santa Sede, tendrá lugar la tercera Rueda de Prensa
sobre los trabajos de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de
los Obispos (Elenchus finalis).
Intervendrán:
● S. Em. R. Card. George PELL
Arzobispo de Sydney (Australia)
● S. Em. R. Card. Mark OUELLET, P.S.S.
Arzobispo de Quebec (Canadá)
● S.E.R. Mons. Roland MINNERATH
Arzobispo de Dijon (Francia)
Secretario Especial
● S.E.R. Mons. Salvatore FISICHELLA
Obispo titular de Voghenza
Auxiliar del Vicario de Roma
Rector Magnificus de la Pontificia Universidad Lateranense
|