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04 - 11.10.2010
RESUMEN
-
SOLEMNE APERTURA DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA
ORIENTE MEDIO DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS
-PRIMERA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES 11 DE OCTUBRE DE 2010, POR LA
MAÑANA)
- AVISOS
SOLEMNE APERTURA DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA
ORIENTE MEDIO DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS
Ayer, domingo 10 de octubre de 2010, XXVIII Domingo del tiempo "per
annum", concluida en la Basílica de San Pedro la Concelebración de
la Eucaristía con los Padres Sinodales con ocasión de la solemne
apertura de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de
los Obispos, acompa ada por los himnos medio orientales, durante la
cual se rezó también en diversas lenguas medio orientales, el Santo
Padre Benedicto XVI se asomó a la ventana de su estudio en el
Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Angelus con los fieles y
los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro. Al introducir la
oración mariana, el Papa volvió a hablar del Sínodo para Oriente
Medio: "Llego de la Basílica de San Pedro, donde he presidido la
Misa de apertura de la Asamblea Especial para Oriente Medio del
Sínodo de los Obispos. Esta extraordinaria asamblea sinodal, que
durará dos semanas, reúne en el Vaticano a los Pastores de la
Iglesia que vive en la región medio oriental, una realidad de los
más variada: en esas tierras, de hecho, la única Iglesia de Cristo
se expresa con toda la riqueza de sus antiguas Tradiciones. El tema
sobre el que reflexionaremos es el siguiente: "La Iglesia Católica
en Oriente Medio: comunión y testimonio". De hecho, en esos países
marcados por profundas divisiones y lacerados por a os de
conflictos, la Iglesia está llamada a ser signo e instrumento de
unidad y de reconciliación sobre el modelo de la primera comunidad
de Jerusalén en la cual "la multitud de los creyentes tenía un solo
corazón y una sola alma", como dice San Lucas (Hch 4, 32). Esta
tarea es ardua, desde el momento en que los cristianos de Oriente
Medio con frecuencia deben soportar condiciones de vida difíciles,
ya sea a nivel personal que familiar y de comunidad. Mas esto no
debe ser motivo para el desánimo: justamente es en ese contexto
donde resuena, aún más necesario y urgente, el perenne mensaje de
Cristo: "Conviértanse y crean en la Buena Noticia" (Mc 1, 15). En mi
reciente visita a Chipre entregué el Instrumento de trabajo de esta
Asamblea sinodal: ahora que ésta ha comenzado les invito a todos a
rezar invocando a Dios una abundante efusión de dones del Espíritu
Santo. El mes de octubre es llamado el mes del Rosario. Se trata,
por así decirlo, de una "entonación espiritual" ofrecida a la
memoria litúrgica de la Beata Virgen María del Rosario, que se
celebra el día 7. Estamos, pues, invitados a dejarnos guiar por
María en esta oración antigua y siempre nueva, que Ella ama de
manera especial, para que nos conduzca directamente a Jesús,
contemplado en sus misterios de salvación: gozosos, luminosos,
dolorosos y gloriosos. Sobre las huellas del Venerable Juan Pablo II
(cfr. Carta. Ap. Rosarium Virginis Mariae) quisiera recordar que el
Rosario es una oración bíblica, entretejida toda ella por la Sagrada
Escritura. Es una oración del corazón, en la cual la repetición del
Ave María orienta el pensamiento y afecto hacia Cristo y, por lo
tanto, se hace súplica confiada a la Madre suya y nuestra. Es una
oración que ayuda a meditar sobre la Palabra de Dios y a asimilar la
Comunión Eucarística sobre el modelo de María, que custodiaba en su
corazón todo lo que Jesús hacía y decía, y su presencia misma.
Queridos amigos, sepamos cuánto es amada y venerada la Virgen María
por nuestros hermanos y hermanas de Oriente Medio. Todos la miran
como Madre premurosa, cercana a todo sufrimiento, y como Estrella de
esperanza. A su intercesión confiamos la Asamblea sinodal que hoy se
abre, para que los cristianos de esa región se refuercen en la
comunión y den a todos testimonio del Evangelio del amor y de la
paz".
A continuación, tras recitar la Oración mariana, el Papa ha a
adido:[en francés] "Saludo con alegría a todos los peregrinos
francófonos presentes para la oración del Angelus. Hoy se abre la
Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos.
Encomiendo los trabajos de los Padres sinodales a vuestra oración.
Les invito también a rezar por los Cristianos de Oriente Medio, a
fin de que Dios les haga el don de tener "un solo corazón y una sola
alma" para dar testimonio valiente de la Buena Nueva de la Salvación
allí donde se encuentren. ¡Qué la Virgen María Nuestra Se ora del
Rosario pueda acompa arlos!
[en inglés] Doy mis saludos calurosos a los visitantes de habla
inglesa reunidos para la oración del Angelus. Les invito a unirse a
mí en oración por la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo
de los Obispos, que se abre esta ma ana en la Basílica de San Pedro.
¡Qué este evento eclesial memorable pueda reforzar la comunión de
los fieles en Oriente Medio, de manera especial en la medida en que
ellos den testimonio del Evangelio de Jesucristo y del don de paz
que él ofrece! Encomendamos esta oración al poder de intercesión de
la Beata Virgen María y San José, su Esposo, ellos mismos
provienentes de esta región. Invoco sobre ustedes y sus familias
abundantes bendiciones de Dios".
Durante dos semanas los católicos de Oriente Medio estarán en el
centro de la atención de la Iglesia entera, ya que todos sus Obispos
estarán reunidos en Roma, en el Sínodo. Oriente Medio es una región
en la cual los cristianos son minoría, en algunos Países
verdaderamente muy peque a y sin ninguna influencia política o
social, donde la situación de guerra y de tensión permanente consume
la esperanza en el futuro y lleva a emigrar. Mas es también la
región en donde ha nacido el cristianismo, donde tiene raíces y
tradiciones antiquísimas y de extraordinaria riqueza cultural y
espiritual. Los problemas de las Iglesias de Oriente Medio, por lo
tanto, nos interesan y nos conciernen a todos. El Papa, por
consiguiente, ha convocado esta Asamblea Especial que, por primera
vez, no está dedicada a un tema o a un continente o a un solo País,
sino a una región específica del mundo. "Comunión y testimonio" es
el tema de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los
Obispos, que recuerda cómo la primera comunidad de creyentes en
Jerusalén "tenía un corazón y una alma solos". Quien no tiene poder
político ni militar, quien con frecuencia padece violencia no puede
más que encomendarse a la fuerza del espíritu y del amor, elevando
un grito y una invocación de paz fuertes y creíbles, no vinculados o
mezclados a reivindicaciones o intereses particulares. La unión más
profunda entre la diversas comunidades católicas esparcidas en
Oriente Medio, favorecida con el apoyo de tantas Iglesias de otras
partes del mundo que muestran su solidaridad con ayudas espirituales
y materiales, favorecida sobre todo por la presencia y la
participación continua e intensa del Papa, verdadero fundamento de
unión, hacen de esta Asamblea Especial una voz, un signo y una
semilla de esperanza y de paz.
[00016-04.05] [NNNNN] [Texto original: italiano]
PRIMERA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES 11 DE OCTUBRE
DE 2010, POR LA MAÑANA)
-
SALUDO DEL PRESIDENTE DELEGADO S. EM. R. CARD. LEONARDO SANDRI,
PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN PARA LAS IGLESIAS ORIENTALES (CIUDAD DEL
VATICANO)
-
RELACIÓN DEL SECRETARIO GENERAL DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS, S.
E. R. MONS. NIKOLA ETEROVIĆ
(CIUDAD DEL VATICANO)
-
RELACIÓN ANTERIOR A LA DISCUSIÓN DEL RELATOR GENERAL, S. B.
ANTONIOS NAGUIB, PATRIARCA DE ALEJANDRÍA DE LOS COPTOS (REPÚBLICA
ÁRABE DE EGIPTO)
Esta ma ana, lunes 11 de octubre de 2010 a las 9:00, en presencia
del Santo Padre, en el Aula del Sínodo del Vaticano, con el canto de
la Hora Tercia, abierto con el himno Veni, Creator Spiritus,
se ha dado inicio a los trabajos de la Asamblea Especial para
Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, con la Primera Congregación
General.
El Santo Padre Benedicto XVI ha llevado a cabo la reflexión.
El Santo Padre Benedicto XVI ha recordado que el 11 de octubre de
1962, Juan XXIII confió el Concilio Vaticano II al Corazón Materno
de María, "Dei Genetrix". También hoy, el Santo Padre ha querido
confiar los trabajos de la Asamblea Especial para Oriente Medio del
Sínodo de los Obispos a la intercesión de la Virgen Madre de Dios.
Por medio de María, ha recordado el Papa, Dios se ha unido de forma
radical al hombre Jesús, del cual ha nacido el Dios de la Tierra.
Citando el Evangelio de Juan y la Carta de San Pablo Apóstol a los
Efesios, el Papa ha recordado que, con la encarnación, Dios nos ha
atraído hacia Sí y, ahora, somos plenamente partícipes de la
relación con Él. Citando a Pablo VI, según el cual María es "Mater
Ecclesiae", ha recordado que con el nacimiento de Cristo inicia el
momento de la recapitulación; por lo tanto, la madre de Dios es
Madre de la Iglesia porque es Madre de Aquél que ha venido para
reunirnos a todos en su Cuerpo resucitado.
El Santo Padre ha explicado que en el primer capítulo del Evangelio
según Lucas se lee cómo el Espíritu Santo se infunde en María, que
pare con dolor y nos dona el Hijo de Dios. El mismo dolor, más
tarde, se hallará en el misterio de la Cruz, hacia la resurrección y
la universalización del Cuerpo único que es la Iglesia.
El Santo Padre ha hecho referencia, después, al salmo 81, recitado
durante la Hora Tercia. En este salmo, en una visión profética, ha
explicado que se ve la pérdida de poder y la caída de los dioses,
que pierden su carácter divino. Este nuevo curso de Israel es,
también, la transformación del mundo y el conocimiento del verdadero
Dios; la pérdida de poder de las fuerzas que dominan la tierra.
Todo esto es un proceso de dolor que nunca tiene fin. Pasa de la
Cruz de Cristo y continúa en las comunidades cristianas que nacen.
Es un proceso de transformación cuyo coste es el sufrimiento de los
testigos de Cristo.
También hoy el Señor tiene que nacer en el mundo, con la caída de
los dioses, con el dolor y el martirio de los testigos, contra las
divinidades actuales: capitales anónimos que esclavizan a los
hombres, violencia perpetrada en el nombre de Dios, ideologías,
droga, nuevos modelos de vida.
Amenazados por nuestro comportamiento, ha dicho el Papa, los
fundamentos exteriores vacilan porque también vacilan los
fundamentos interiores. La fe, sobre todo de los más humildes, es el
verdadero fundamento y la verdadera sabiduría, además de la
verdadera fuerza de la Iglesia.
[00011-04.08] [NNNNN] [Texto original: italiano]
Publicaremos, apenas sea posible, el texto integral de la reflexión
del Papa.
Presidente Delegado de turno S. Em. R. Card. Leonardo SANDRI,
Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales (CIUDAD DEL
VATICANO).
La asamblea sinodal abierta ayer por Benedicto XVI, quien presidió
la solemne Concelebración Eucarística en la Basílica de San Pedro,
acogerá hasta el 24 de octubre de 2010 una representación de Obispos
de Oriente Medio, sobre el tema La Iglesia católica en
Oriente Medio:comunión y testimonio. "La multitud de los
creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32)
Han intervenido en esta Primera Congregación General, después de la
Hora Tercia, S. Em. R. Card. Leonardo
SANDRI, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales
(CIUDAD DEL VATICANO) con el Saludo del Presidente delegado; S. E.
R. Mons. Nikola ETEROVIĆ, Secretario General del Sínodo de los
Obispos (CIUDAD DEL VATICANO) con la Relación del Secretario Generale;.
Después del intervalo, intervino S. B. Antonios NAGUIB, Patriarca di
Alejandría de los Coptos (REPÚPBLICA ÁRABA DE EGIPTO) con la
Relación anterior a la Discusión del Relator General.
Tras la lectura de la Relación anterior a la discusión, siguió un
momento dedicado a las intervenciones libres.
La Primera Congregación General de la Asamblea Especial para Oriente
Medio del Sínodo de los Obispos terminó a las 12:25, con el rezo del
Angelus Domini bajo la guía del Santo Padre.
La Segunda Congregación General, durante la cual se dará inicio a
las Intervenciones en el Aula tendrá lugar esta tarde, 11 de octubre
de 2010, a las 16.30 horas.
Publicamos a continuación los textos completos de las intervenciones
pronunciadas en el Aula:
SALUDO DEL PRESIDENTE DELEGADO S. EM. R. CARD. LEONARDO SANDRI,
PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN PARA LAS IGLESIAS ORIENTALES (CIUDAD DEL
VATICANO)
Beatísimo Padre:
Damos gracias a Dios, juntamente con Vuestra Santidad, por la
comunión con el Sucesor de Pedro, que nos hace sentir Iglesia de
Cristo, por Él eternamente amada. Mediante su pueblo santo Él ama a
la humanidad y quiere presentarse, también hoy, como Se or de la
historia. Damos gracias por esta expresión de colegial fraternidad
episcopal en beneficio de la Iglesia en Oriente Medio.
Unidos a Usted, Santo Padre, queremos confiar en la misericordia de
Dios y pedir que venga pronto a Oriente y a Occidente su reino de
verdad, de amor y de justicia.
Nada nos separará del amor de Cristo (Rm 8,35): es la confirmación
que recibimos en estos días, mientras estamos a la escucha de "lo
que el Espíritu dice a las Iglesias" (Ap 2, 11) y de lo que Vuestra
Santidad confía a los cristianos de Oriente Medio.
Ahora, aquí en Roma, llevamos en el corazón el Oriente, los tesoros
preciosos de su tradición espiritual; la gloria y los méritos, así
como las fatigas de su pasado; los sufrimientos y las esperanzas del
presente y del futuro. Un "vínculo áureo" une todas las épocas de
las Iglesias de Oriente: el martirio cristiano. Éste ilustra también
en nuestros días una fidelidad al Evangelio, que ha escrito páginas
imborrables de fraternidad ecuménica. Aunque la situación
experimente alguna mejora, en algunos contextos, los católicos con
otros cristianos, todavía sufren hostilidades, persecuciones y la
falta de respeto del derecho fundamental a la libertad religiosa. El
terrorismo y otras formas de violencia no eximen ni siquiera a
nuestros hermanos judíos y musulmanes. Vicisitudes humanamente
indignas se multiplican y afectan a víctimas inocentes. La pérdida
de personas y bienes, y de razonables perspectivas, genera la
realidad migratoria, que es triste y lamentablemente persiste a no
ser por algunas excepciones positivas. La angustia aflora con
frecuencia y plantea la pregunta crucial sobre si podrán venir días
de verdadera paz y prosperidad a Oriente Medio o si en el futuro no
estará en juego la misma supervivencia de la "plebs sancta Dei".
Usted, Santo Padre, nunca ha perdido la esperanza. Más bien la
infunde en las Iglesias de Oriente, para que vivan el misterio
evocado por el profeta Ezequiel, el de la "gloria del Se or","que
entra en el templo por el pórtico que mira a Oriente" (Ez 43, 4).
Oriente responde perseverando en la comunión y en el testimonio;
responde con la firme voluntad de ofrecer y recibir la esperanza de
la Cruz.
En el cenáculo sinodal "sub umbra Petri", los hijos y las hijas de
las Iglesias de Oriente quieren entrar con su Pastores: desean ser
"un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32) y hacer propia la
oración sacerdotal de Cristo "ut unum sint" (Jn 17, 21). Oriente
confirma ante Vuestra Santidad su misión, es decir, la de cooperar
en la unidad de todos los cristianos, especialmente orientales,
siguiendo el mandato del Concilio Ecuménico Vaticano II (cfr OE.
24).
Hoy, 11 de octubre, se celebra la memoria litúrgica del beato Juan
XXIII. Al querido Pontífice "amigo sincero de Oriente" confiamos las
oraciones por los trabajos sinodales.
El mismo amor vemos en Usted, Santo Padre. Me hago por ello
intérprete de la fidelidad y de la total adhesión de los Pastores y
de los fieles de Oriente Medio a Su Persona y a Su Magisterio,
mientras en nombre de los Presidentes Delegados, del Relator
general, de los Secretarios general y especial y de todos los
Participantes, expreso a Vuestra Santidad el reconocimiento más
profundo.
Que la intercesión de la Santa Madre de Dios permita obtener frutos
abundantes de esta providencial iniciativa para bien de la Iglesia y
como augurio de paz para Oriente medio y para el mundo.
Gracias, Santo Padre.
[00012-04.11] [NNNNN] [Texto original: italiano]
RELACIÓN DEL SECRETARIO GENERAL DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS, S. E. R.
MONS. NIKOLA ETEROVIĆ (CIUDAD DEL VATICANO)
Padre Santo,
Eminentísimos y Excelentísimos padres,
Queridos hermanos y hermanas,
"Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo
te mostraré.
Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre
y serás una bendición" (Gn 12, 1-2). Abram, nacido en Ur
de los Caldeos, escuchó estas palabras que Dios le dirigió en
Carrán. Atravesó la región y se estableció junto a la Encina de Moré
(cfr. Gn 12,6) Acampó a continuación en el Négueb (cfr Gn
12, 9), bajó a Egipto (cfr Gn 12, 10-20), de aquí subió de
nuevo al Négueb, después a Betel (cfr Gn 13, 1-2) y a
continuación a la tierra de Canaán (cfr Gn 13, 12),
estableciéndose en las Encinas de Mambré, en Hebrón (cfr Gn
13, 18). Dios estableció una alianza con su siervo Abrán, que pasó a
ser Abraham, porque se le había confiado una misión especial:
"Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de
naciones. Y ya no te llamarás más Abram: en adelante tu nombre será
Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud
de naciones" (Gn 17, 4-5). Conociendo la fe y la justicia
de Abraham (cfr Gn 15, 6), Dios le hizo una triple promesa:
un hijo, un pueblo numeroso y una tierra. El juramento del Dios de
Israel no fallará, como nos confirma San Pablo (Cfr Rm 9,
1-11, 36).
"¡Yo soy el que soy!" (Ex 3, 14), son las palabras
sacrosantas que el Se or Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,
cuando se le apareció en el monte Horeb en una llama de fuego de una
zarza que ardía pero no se consumía, dirigió a Moisés revelándole su
santo nombre y confiándole la misión de liberar a su pueblo de la
esclavitud de Egipto: "Yo he visto la opresión de mi pueblo, que
está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus
capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos… Ahora ve, yo te
envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los
israelitas»." (Ex 3, 7.10) Alentado por el apoyo
del Dios de los Padres, Moisés, superando numerosas dificultades,
guió a su pueblo a través del Mar Rojo y por el desierto hacia la
tierra prometida, que sólo pudo ver desde el "monte Nebo, que
está en el país de Moab, frente a Jericó" (Dt 32, 49),
donde murió y fue sepultado "frente a Bet-Peor" (Dt 34, 6).
Por medio de Moisés, su amigo, (cfr Ex 33, 11), Dios
estableció en el Monte Sinaí la alianza con el pueblo elegido. Si
escucha la voz de Yahvé y observa su ley, el pueblo será para él "un
reino de sacerdotes y una nación que me está consagrada" .(Ex
19, 6). Dios confió al pueblo elegido las "diez palabras", los Diez
mandamientos, compromiso y condición de la alianza (cfr Ex 20
- 24).
"Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy" (Jn
8, 58). Discutiendo con los judios en el templo de Jerusalén,
Jesús alude al nombre divino que le fue revelado a Moisés (cfr,
Ex. 3, 14), declarando implícitamente ser él mismo Dios, nacido
en Belén para salvar a los hombres (cfr Lc 1, 4-14)."
Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando
ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría" (Jn 8, 56).
Jesucristo, "hijo de David, hijo de Abraham" (Mt 1,
1), se apropia también de la expresión "día del Se or", reservada a
Dios en el Antiguo Testamento, y él mismo se presenta como el
verdadero objeto de la promesa hecha a Abraham, de la alegría que
este sintió con el nacimiento de su hijo Isaac (cfr Gn 12,
1-3).
Después de 30 a os de vida en Nazaret, Jesús, cuando predicaba por
toda Galilea (cfr. Mt 4, 23) recorriendo "todas las ciudades
y los pueblos" (Mt 9, 35), indicó también su relación con el
gran profeta Moisés. Al inicio de su vida pública, en el Lago de
Tiberíades llamó a los discípulos, que estaban convencidos de haber
encontrado "aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los
Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret" (Jn 1,
45). Esta experiencia fue confirmada en el monte Tabor, donde
"... dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que
aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús,
que iba a cumplirse en Jerusalén" (Lc 9, 30-31). En la
discusión con los miembros de su pueblo, en el templo de Jerusalén,
Jesús se refiere también al testimonio de Moisés: "Porque si
creyerais a Moisés, me creeríais a mí: porque él escribió de mí"
(Jn 5, 46). El Evangelista Juan resume con las siguientes
palabras la contribución de ambos a la historia de la salvación:
"Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la
verdad nos han llegado por Jesucristo" (Jn 1, 17).
De estas breves alusiones al Antiguo y al Nuevo Testamento, resulta
evidente la importancia de la geografía bíblica de Oriente Medio
para todos los cristianos y, en particular, para quienes viven en
Tierra Santa, tierra que Jesús santificó con su nacimiento en Belén,
con su huida a Egipto, con su vida en Nazaret, con su predicación en
Galilea, Samaria, Judea, acompa ada de signos y milagros y, sobre
todo, con su pasión, muerte y resurrección, en la ciudad santa de
Jerusalén. El recuerdo de la historia de la salvación, que tuvo
lugar en Oriente Medio, sigue estando vivo en los corazones de los
habitantes de esta región y, en particular, de los cristianos. Estos
son la continuación de los pueblos de la Biblia. Gracias a ellos,
los acontecimientos que ocurrieron hace tantos siglos, permanecen
vivos no sólo por la fuerza de la Palabra de Dios, siempre viva y
eficaz (cfr. Hb 4, 12), sino también por el vínculo vital con
la tierra bendecida por la especial presencia de Dios que se reveló
en la plenitud de los tiempos (cfr. Hb 9, 26) en su Hijo
Unigénito Jesucristo. Así como existen los pueblos de la Biblia, así
se podría hablar de los obispos de la Biblia, haciendo referencia a
los lugares en los que estos desarrollan su actividad pastoral.
Estos pastores son numerosos en esta Asamblea sinodal que reúne a
todos los obispos ordinarios de las 101 circunscripciones
eclesiásticas de Oriente Medio, a los que dirijo un saludo muy
especial. A estos es necesario a adir los 23 obispos de la Diáspora,
que con su cuidado pastoral acompa an a los fieles emigrados de
Oriente Medio a distintas partes del mundo.
Todos los obispos son, de alguna manera, obispos de la Biblia.
Además de los obispos de la geografía bíblica, existen también los
obispos de la comunión bíblica. La presencia de los representantes
de los cinco continentes demuestra, de forma evidente, el interés de
los cristianos de todo el mundo por la Iglesia Católica peregrina en
Oriente Medio. A estos se a aden 19 obispos de países limítrofes o
particularmente comprometidos en socorrer espiritual y materialmente
a sus hermanos y hermanas de Tierra Santa.
En total, en esta Asamblea Especial para Oriente Medio participan
185 Padres sinodales, de los que 159 participan ex officio, y
17 son de nombramiento pontificio. De ellos, 9 son Patriarcas, 19
Cardenales, 65 Arzobispos, 10 Arzobispos titulares, 53 Obispos, 21
Obispos Auxiliares, 87 religiosos, de los cuales 4 han sido elegidos
por la Unión de Superiores Generales. En cuanto a los cargos desempe
ados, hay 9 Jefes de los Sínodos de los Obispos de las Iglesias
Orientales Católicas sui iuris, 5 Presidentes de las
Reuniones Internacionales de las Conferencias Episcopales, 6
Presidentes de Conferencias Episcopales, 14 Jefes de Dicasterios de
la Curia Romana, 1 Arzobispo Coadjutor, 4 eméritos, de los cuales 2
son Cardenales y el Patriarca latino emérito de Jerusalén.
Tierra Santa es amada por todos los cristianos. Tengo el honor de
saludar, de forma especial, a los Delegados Fraternos de 13 Iglesias
y comunidades eclesiales.
Oriente Medio también es la casa de nuestros hermanos y hermanas
judíos y musulmanes, porque representa el lugar donde también
nacieron estas dos religiones monoteístas. Por tanto, tengo el
placer de anunciar que durante los trabajos tendremos la alegría de
escuchar las aportaciones de un rabino y de dos ilustres
representantes del Islam suní y chií.
Saludo, también, a los 36 Expertos y los 34 Oyentes,
que con agrado han aceptado su nombramiento y han venido para
enriquecer la reflexión sinodal con su testimonio y sus ricas
experiencias pastorales maduradas principalmente en Oriente Medio.
Están presentes también algunos representantes de organismos que
ayudan de forma concreta a las Iglesias de la región.
Estoy muy agradecido a los asistentes, a los traductores y al
personal técnico, así como a los generosos colaboradores de la
Secretaría General del Sínodo de los Obispos por su preciosa
colaboración, consciente de que sin su cualificada y generosa
contribución no hubiera sido posible organizar esta Asamblea
sinodal.
La presente relación se compone de VI partes:
I) Apertura ideal de la Asamblea Especial en Chipre
II) Algunos datos estadísticos
III) Convocación de la Asamblea Especial para Oriente Medio
IV) Preparación de la Asamblea Especial para Oriente Medio
V) Observaciones de carácter metodológico
VI) Conclusión
I) Apertura ideal de la Asamblea Especial en Chipre
Beatísimo Padre:
En nombre de los Padres sinodales y de todos los participantes en la
Asamblea sinodal, tengo el honor de renovarle mi más más cordial
saludo, ya anticipado por el Eminentísimo Cardenal Delegado Leonardo
Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales,
por haber convocado esta Asamblea sinodal y por haberla abierto
idealmente en Nicosia, Chipre, donde estuvo en Visita Apostólica del
4 al 7 de junio de 2010.
La Asamblea Especial para Oriente Medio no fue programada con gran
anticipación. Usted, Santo Padre, acogió con ejemplar diligencia la
propuesta de varios obispos de la región medio-oriental de
convocarlos a Roma, para escuchar las alegrías y los dolores, las
esperanzas y las preocupaciones de los cristianos y de los hombres
de buena voluntad en Oriente Medio, tierra tan importante para toda
la Iglesia, más aún para todo el mundo. Para Usted, Santidad, será
la 4ª Asamblea sinodal en 5 a os de Pontificado. El venerable Siervo
de Dios, el Papa Juan Pablo II, afirmó una vez que, considerado el
número de Sínodos que él había presidido, se le recordaría como el
Papa del Sínodo, "Papa sinodal" [1]. Parece que también Vuestra
Santidad se está encaminando en el mismo sentido, con la solicitud
propia del Obispo de Roma, en comunión con los hermanos del
episcopado y al servicio de los fieles confiados a sus cuidados
pastorales.
Durante su Pontificado, Vuestra Santidad ha ido tres veces a Oriente
Medio. La primera Visita Apostólica, del 28 de noviembre al 1 de
diciembre de 2006, fue enTurquía. Permanece viva en la memoria su
Peregrinación del 8 al 15 de mayo de 2009 por Jordania, Israel y
Palestina. El momento culminante de la mencionada Visita a Chipre
fue la entrega del Instrumentum Laboris a los representantes
del episcopado católico de Oriente Medio, dignamente representados
por 7 Patriarcas y por el Presidente de la Conferencia Episcopal de
Irán. Lamentablemente no pudo asistir a esta cita Su Excelencia
Monse or Luigi Padovese, O.F.M. Cap., Vicario Apostólico de Anatolia
y Presidente de la Conferencia Episcopal de Turquía, ya que fue
bárbaramente asesinado la víspera de su Visita Apostólica. Con
ocasión de la entrega del Instrumentum Laboris, Su Santidad
tuvo para él palabras afectuosas, agradeciéndole también la notable
contribución a la redacción de los documentos de preparación de la
Asamblea sinodal, es decir, de los Lineamenta y del
Instrumentum laboris. Dirigimos nuestra oración al Se or para
que acoja a su fiel siervo en su Reino de luz, de paz y de eterno
júbilo, para que desde el cielo pueda interceder por el éxito de
esta Asamblea sinodal. Que su sacrificio pueda abrir nuevos caminos
de mutuo conocimiento, de colaboración en el respeto de la verdadera
libertad religiosa en todos los Países de Oriente Medio y del mundo.
Al mismo tiempo, rogamos por el arrepentimiento de cuantos
estuvieron involucrados en su trágica muerte.
Con ocasión de la entrega del Instrumentum laboris, Vuestra
Santidad recordó el lema de la Asamblea sinodal: "La multitud de
los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma" (Hch
4, 32), subrayando la actualidad de la comunión y del testimonio
para la vida cristiana. También indicó la finalidad de la presente
Asamblea en dos puntos: 1) "profundizar los vínculos de comunión
entre los miembros de vuestras Iglesias locales, así como entre esas
mismas Iglesias y con la Iglesia universal" y 2) "animaros en el
testimonio que dais de vuestra fe en Cristo, en los países donde
esta fe nació y creció" [2]. Además de dichos fines principales,
existen también otras razones por las que la Asamblea Especial para
Oriente Medio ha sido convocada. Esta representa la ocasión propicia
"para los cristianos del resto del mundo de ofrecer apoyo espiritual
y solidaridad a sus hermanos y hermanas de Oriente Medio" [3], sobre
todo hacia aquellos que sufren grandes pruebas a causa de la difícil
situación actual de la región. Además, la Asamblea Especial permite
"poner de relieve el importante valor de la presencia y del
testimonio cristiano en los países de la Biblia, no sólo para la
comunidad cristiana mundial, sino también para vuestros vecinos y
vuestros conciudadanos"[4]. Los cristianos que desde hace casi 2.000
a os viven en Oriente Medio desean vivir en paz y armonía con sus
vecinos judíos y musulmanes. Los cristianos merecen reconocimiento
por el papel inestimable que desempe an, con frecuencia "como
artífices de paz en el difícil proceso de reconciliación" [5]. Por
ello se deberían respetar siempre todos sus derechos, incluido el
derecho a la libertad de culto y la libertad religiosa.
II) Algunos datos estadísticos
Juntos damos gracias al Dios bueno y misericordioso por los
abundantes dones que la Iglesia en Oriente Medio ha recibido durante
los casi 2.000 a os de su existencia. Los discípulos de nuestro Se
or Jesús, frecuentemente en situaciones adversas, llegando hasta el
martirio, han dado testimonio de viva fe, de ardiente esperanza y de
caridad activa. Gracias a la asistencia del Espíritu Santo, la
presencia continua de los cristianos en Tierra Santa ofrece un
válido motivo de esperanza para el presente y futuro de esta
importante región. Tierra Santa es su lugar nativo, su patria, a
cuya construcción en estados democráticos y prósperos desean dar una
contribución preciosa y única, dispuestos a colaborar con todos los
hombres de buena voluntad, especialmente con los fieles del judaísmo
y del Islam.
A este respecto, parece útil indicar algunos datos estadísticos
relativos a Oriente Medio. En la documentación de preparación de la
Asamblea sinodal, sobre todo en los Lineamenta y en el
Instrumentum laboris, con la denominación Oriente Medio se
entiende, además de Jerusalén y los territorios palestinos, los 16
Estados siguientes: Arabia Saudí, Bahrein, Chipre, Egipto, Emiratos
Árabes Unidos, Jordania, Israel, Irán, Iraq, Kuwait, Líbano, Omán,
Qatar, Siria, Turquía y Yemen.
Se trata de una región vasta, que se extiende sobre 7.180.912 km2.
En la tabla adjunta se ve que en Oriente Medio viven
356.174.000 personas, de las que 5.707.000 son católicos, que
representan el 1,60% de la población. Estos datos se han tomado del
Annuarium Statisticum Ecclesiae 2008, en su última edición
del a o 2010. No ha sido fácil, sin embargo, obtener datos
fiables acerca del número de cristianos en Oriente Medio. En la
tabla que aquí se presenta, su número aproximado sería de 20.101.866
personas, es decir, el 5,90% de la población. Los datos, aunque
indicativos, ofrecen una idea de la presencia de las minorías
cristianas en una región mayormente musulmana, con excepción de
Israel, donde los judíos serían el 75,6%, los musulmanes el 16,7%,
los cristianos el 2,1%, los drusos el 1,6%, y otros el 4% [6].
|
PRESENCIA DE CRISTIANOS en los Países de
Oriente Medio |
|
1/4 |
|
Fuente: Annuarium Statisticum Ecclesiae |
|
|
|
|
|
|
|
|
1980 |
|
|
|
|
|
CATÓLICOS |
|
PAÍS |
SUPERFICIE
(km2) |
|
POBLACIÓN |
|
% |
|
|
|
|
|
|
|
|
Chipre |
9251 |
|
630000 |
8.000 |
1,27 |
|
Egipto |
1001449 |
|
41990000 |
158.000 |
0,38 |
|
Jordania |
89324 |
|
3190000 |
76.000 |
2,38 |
|
Irán |
1648195 |
|
37450000 |
19.000 |
0,05 |
|
Iraq |
438317 |
|
13080000 |
378.000 |
2,89 |
|
Israel |
20770 |
|
3870000 |
147.000 |
3,8 |
|
Líbano |
10400 |
|
3160000 |
1.215.000 |
38,45 |
|
Siria |
185180 |
|
8980000 |
227.000 |
2,53 |
|
Turquía |
774815 |
|
44920000 |
17.000 |
0,04 |
|
TOTAL |
4177701 |
|
157270000 |
2.245.000 |
1,43 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Arabia Saudí |
2149690 |
|
8370000 |
135.000 |
1,61 |
|
Bahrein |
678 |
|
350000 |
6.000 |
1,71 |
|
Emiratos Árabes Unidos |
83600 |
|
800000 |
25.000 |
3,13 |
|
Kuwait |
17818 |
|
1360000 |
49.000 |
3,6 |
|
Omán |
212457 |
|
890000 |
4.000 |
0,45 |
|
Qatar |
11000 |
|
220000 |
5.000 |
2,27 |
|
Yemen |
527968 |
|
7900000 |
2.500 |
0,03 |
|
TOTAL |
3003211 |
|
19890000 |
226.500 |
1,14 |
|
|
|
|
|
|
|
|
TOTAL
GENERAL |
7180912 |
|
177160000 |
2.471.500 |
1,4 |
|
PRESENCIA DE CRISTIANOS en los países de
Oriente Medio |
|
40269 |
|
Fuente: Annuarium Statisticum Ecclesiae |
|
|
|
|
|
|
|
|
1997 |
|
|
|
|
|
CATÓLICOS |
|
PAÍS |
SUPERFICIE
(km2 ) |
|
POBLACIÓN |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Chipre |
9251 |
|
770000 |
17.000 |
2,21 |
|
Egipto |
1001449 |
|
62010000 |
218.000 |
0,35 |
|
Jordania |
89324 |
|
5770000 |
71.000 |
1,23 |
|
Irán |
1648195 |
|
60690000 |
12.000 |
0,02 |
|
Iraq |
438317 |
|
21180000 |
275.000 |
1,3 |
|
Israel |
20770 |
|
5830000 |
106.000 |
1,82 |
|
Líbano |
10400 |
|
3140000 |
1.967.000 |
62,64 |
|
Siria |
185180 |
|
14950000 |
309.000 |
2,07 |
|
Turquía |
774815 |
|
63750000 |
32.000 |
0,05 |
|
TOTAL |
4177701 |
|
238090000 |
3.007.000 |
1,26 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Arabia Saudí |
2149690 |
|
19490000 |
641.000 |
3,29 |
|
Bahrein |
678 |
|
620000 |
30.000 |
4,84 |
|
Emiratos Árabes Unidos |
83600 |
|
2580000 |
155.000 |
6,01 |
|
Kuwait |
17818 |
|
1810000 |
156.000 |
8,62 |
|
Omán |
212457 |
|
2400000 |
52.000 |
2,17 |
|
Qatar |
11000 |
|
570000 |
60.000 |
10,53 |
|
Yemen |
527968 |
|
16480000 |
3.000 |
0,02 |
|
TOTAL |
3003211 |
|
43950000 |
1.097.000 |
2,5 |
|
|
|
|
|
|
|
|
TOTAL
GENERAL |
7180912 |
|
282040000 |
4.104.000 |
1,46 |
|
PRESENCIA DE CRISTIANOS en los países de
Oriente Medio |
|
40270 |
|
Fuente: Annuarium Statisticum Ecclesiae |
|
|
|
|
|
|
|
|
2006 |
|
|
|
|
|
CATÓLICOS |
|
PAÍS |
SUPERFICIE
(km2 ) |
|
POBLACIÓN |
|
% |
|
|
|
|
|
|
|
|
Chipre |
9251 |
|
791000 |
17.000 |
2,15 |
|
Egipto |
1001449 |
|
75510000 |
197.000 |
0,26 |
|
Jordania |
89324 |
|
5600000 |
79.000 |
1,41 |
|
Irán |
1648195 |
|
70600000 |
17.000 |
0,02 |
|
Iraq |
438317 |
|
28810000 |
304.000 |
1,06 |
|
Israel |
20770 |
|
7050000 |
128.000 |
1,82 |
|
Líbano |
10400 |
|
3817000 |
1.836.000 |
48,1 |
|
Siria |
185180 |
|
18870000 |
401.000 |
2,13 |
|
Turquía |
774815 |
|
72970000 |
32.000 |
0,04 |
|
TOTAL |
4177701 |
|
284018000 |
3.011.000 |
1,06 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Arabia Saudí |
2149690 |
|
23680000 |
900.000 |
3,8 |
|
Bahrein |
678 |
|
757000 |
41.000 |
5,42 |
|
Emiratos Árabes Unidos |
83600 |
|
4006000 |
459.000 |
11,46 |
|
Kuwait |
17818 |
|
2532000 |
300.000 |
11,85 |
|
Omán |
212457 |
|
2580000 |
72.000 |
2,79 |
|
Qatar |
11000 |
|
679000 |
64.000 |
9,43 |
|
Yemen |
527968 |
|
22282000 |
6.000 |
0,03 |
|
TOTAL |
3003211 |
|
56516000 |
1.842.000 |
3,26 |
|
|
|
|
|
|
|
|
TOTAL
GENERAL |
7180912 |
|
340534000 |
4.853.000 |
1,43 |
|
PRESENCIA DE CRISTIANOS en los países de
Oriente Medio |
|
40271 |
|
Fuente: Annuarium Statisticum Ecclesiae |
|
|
|
|
|
|
|
|
2008 |
|
|
|
|
|
CATÓLICOS |
|
PAÍS |
SUPERFICIE
(km2 ) |
|
POBLACIÓN |
|
% |
|
|
|
|
|
|
|
|
Chipre |
9251 |
|
794000 |
25.000 |
3,15 |
|
Egipto |
1001449 |
|
79100000 |
196.000 |
0,25 |
|
Jordania |
89324 |
|
5850000 |
109.000 |
1,86 |
|
Irán |
1648195 |
|
72580000 |
19.000 |
0,03 |
|
Iraq |
438317 |
|
32150000 |
301.000 |
0,94 |
|
Israel |
20770 |
|
7300000 |
133.000 |
1,82 |
|
Líbano |
10400 |
|
3921000 |
2.030.000 |
51,77 |
|
Siria |
185180 |
|
19640000 |
428.000 |
2,18 |
|
Turquía |
774815 |
|
74840000 |
37.000 |
0,05 |
|
TOTAL |
4177701 |
|
296175000 |
3.278.000 |
1,11 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Arabia Saudí |
2149690 |
|
24810000 |
1.250.000 |
5,04 |
|
Bahrein |
678 |
|
1201000 |
65.000 |
5,41 |
|
Emiratos Árabes Unidos |
83600 |
|
4770000 |
580.000 |
12,16 |
|
Kuwait |
17818 |
|
2682000 |
300.000 |
11,19 |
|
Omán |
212457 |
|
2795000 |
120.000 |
4,29 |
|
Qatar |
11000 |
|
1541000 |
110.000 |
7,14 |
|
Yemen |
527968 |
|
22200000 |
4.000 |
0,02 |
|
TOTAL |
3003211 |
|
59999000 |
2.429.000 |
4,05 |
|
|
|
|
|
|
|
|
TOTAL
GENERAL |
7180912 |
|
356174000 |
5.707.000 |
1,6 |
En la tabla se distinguen dos regiones de Oriente Medio. La primera
en la que los cristianos están tradicionalmente presentes y que,
lamentablemente, muestra en su conjunto una fuerte disminución,
también en comparación con los datos del a o 1980, y esto no tanto
en el número de los católicos, como en el porcentaje de los
respectivos países. El número de los católicos no ha seguido el
crecimiento demográfico de los habitantes. El segundo grupo
representa a los países en los que la presencia cristiana ha
aumentado considerablemente en los últimos decenios, gracias a
muchos fieles que han venido a vivir aquí durante cierto tiempo en
busca de trabajo y de mejores condiciones de vida. Gracias a Dios,
en dichos países la tendencia es la contraria, dado que los
católicos aumentan tanto en número como en porcentaje. Es uno de los
signos de los tiempos que la Iglesia en su conjunto y los Pastores
de Oriente Medio deben valorar convenientemente, dando gracias a
Dios que puede escribir la historia de la salvación del mundo
incluso con modos y tiempos inesperados.
En el discurso con ocasión de la entrega en Nicosia del
Instrumentum Laboris, el Santo Padre Benedicto XVI destacó la
notable contribución de los cristianos al desarrollo integral de los
países en los que viven: "Vosotros contribuís de muchas maneras al
bien común, por ejemplo con la educación, la atención a los enfermos
y la asistencia social y trabajáis en la construcción de la
sociedad"[7].
Algunos datos disponibles ilustran claramente la afirmación del
Obispo de Roma que, durante su Viaje Apostólico a Jordania, el 9 de
mayo de 2009, bendijo la primera piedra de la Universidad de Madaba
del Patriarcado Latino de Jerusalén. En Oriente Medio la Iglesia
Católica administra 686 escuelas maternas con 92.661 alumnos, 869
escuelas primarias con 343.705 alumnos, 548 escuelas de segunda ense
anza con 183.995 alumnos. Existen también 13 Institutos de Estudios
Superiores, entre ellos 4 Universidades. Por lo que se refiere al
número de alumnos, 2.443 frecuentan Institutos Superiores, 1.654
estudios eclesiásticos y 34.506 otros estudios universitarios [8].
Es útil recordar que dichas escuelas no sólo las frecuentan
católicos o cristianos, sino que están abiertas a quienes pertenecen
a otras religiones, en particular a los musulmanes. Es un modo
práctico y eficaz, mediante el cual la Iglesia contribuye a la
educación de los jóvenes, esperanza para la Iglesia y para la
sociedad.
La Iglesia Católica está, además, en primera línea en el apostolado
de la caridad por lo que se refiere a los enfermos, ancianos,
discapacitados, pobres. En Oriente Medio, la Iglesia tiene 544
centros sanitarios católicos: 76 hospitales y sanatorios, 113
centros sanitarios para los ancianos, 331 consultorios y
dispensarios, 24 centros sanitarios para discapacitados, centros de
rehabilitación administrados por distintos Institutos de Vida
consagrada. Estas instituciones también están abiertas a otros
cristianos, a los musulmanes y a toda persona necesitada.
Numerosas iniciativas que se dedican a ayudar a los hermanos con
graves necesidades están administradas por las respectivas
Caritas nacionales de la Región MONA (Oriente Medio, Cuerno
de África y África del Norte).
Una valiosa ayuda a los hermanos y hermanas de Oriente Medio está
asegurada por la Orden Soberana Militar de Malta, por la Orden
Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén y, sobre todo, por la
benemérita Congregación para las Iglesias Orientales, que coordina
la ayuda de varios organismos, entre los que es preciso mencionar la
Reunión de las Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales (ROACO).
III) Convocación de la Asamblea Especial para Oriente Medio
El Santo Padre Benedicto XVI anunció la decisión de convocar la
Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos el 19
de septiembre de 2009, durante el encuentro con los Patriarcas y
Arzobispos Mayores de las Iglesias Orientales Católicas sui iuris.
La idea de convocar esta Asamblea sinodal fue el resultado de un
doble dinamismo pastoral. Por una parte, varios Obispos, sobre todo
de las regiones más atormentadas de Oriente Medio, como por ejemplo
Iraq, pidieron al Santo Padre reunir a los Obispos de la región para
escuchar de manera directa informaciones sobre la situación, con
frecuencia dramática, en que viven los fieles confiados a su cuidado
pastoral y para ver, con la gracia del Espíritu Santo y en la
comunión episcopal, posibles caminos para mejorar dicha situación,
comenzando por la comunión dentro de las Iglesias y entre ellas.
Algunos cardenales y prelados de la Curia Romana, que han mantenido
frecuentes contactos, institucionales y personales, con los Pastores
y los cristianos de Tierra Santa, se han hecho intérpretes de este
deseo de los Pastores en graves adversidades.
Por otra parte, durante sus viajes apostólicos a Turquía y luego a
Jordania, Israel y Palestina, el Santo Padre Benedicto XVI vio con
sus propios ojos y tocó con sus manos las alegrías y los dolores de
varias Iglesias locales. Acogió, por tanto, su deseo de no sentirse
solas, de reforzar los vínculos de comunión con la Iglesia universal
a través del Obispo de Roma que la preside en la caridad. Por lo
demás, el anuncio de la convocación de la Asamblea sinodal se hizo
en un ambiente de profunda comunión del Papa con los Jefes de las
Iglesias Orientales Católicas sui iuris, recibidos en Castel
Gandolfo. Este significativo gesto, encuentro y ágape fraterno,
estuvo también motivado por el deseo de Vuestra Santidad de
"escuchar la voz de las Iglesias a las que vosotros servís con
admirable abnegación y de reforzar los vínculos de comunión que las
unen a la Sede Apostólica" [9]. Usted, Santo Padre, expresó también
su voluntad de "promover aquella sinodalidad tan apreciada por la
eclesiología oriental y saludada con aprecio por el Concilio
Vaticano II"[10]. Recordando, además, el llamamiento de paz
que los Patriarcas le habían entregado durante la XII Asamblea
sinodal sobre la Palabra de Dios, Usted dirigió su pensamiento sobre
todo a las regiones atormentadas de Oriente Medio. En este contexto
dio el anuncio de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo
de los Obispos, confiando los resultados a la materna intercesión de
María Santísima, tan honrada por las venerables Iglesias Orientales
Católicas, como también por nuestros hermanos y hermanas de otras
Iglesias cristianas.
IV) Preparación de la Asamblea Especial para Oriente Medio
En la Audiencia que me fue concedida el 13 de junio de 2009, el
Santo Padre manifestó también su opinión sobre la propuesta de
convocar una Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los
Obispos. Para examinar adecuadamente la cuestión, dispuso llevar a
cabo una reunión de estudio en la Secretaría General el 8 de julio
de 2009. En dicho encuentro participaron los Responsables de los
cuatro Dicasterios de la Curia Romana que mantienen contactos más
frecuentes con la Iglesia Católica de Oriente Medio: los Prefectos
de la Congregaciones para las Iglesias Orientales y para la
Evangelización de los Pueblos, los Presidentes del Consejo
Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y del
Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Participó también
en dicho encuentro un representante de la Sección para las
Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado. Después de un
intercambio de información sobre la situación eclesial y social en
la región, se analizaron las propuestas de convocación de la
Asamblea Especial para Oriente Medio, los posibles temas de la
Asamblea sinodal, el número de participantes y la fecha de su
celebración. Se subrayó la necesidad de constituir un Consejo Pre
Sinodal para Oriente Medio con el fin de preparar los respectivos
documentos.
En la Audiencia que se me concedió el 7 de septiembre presenté al
Santo Padre Benedicto XVI los resultados de la citada reunión de
estudio. Después de una madura reflexión, Su Santidad hizo pública
su decisión de convocar la Asamblea Especial para Oriente Medio, del
10 al 24 de octubre de 2010 con el tema: La Iglesia Católica en
Oriente Medio: comunión y testimonio. "La multitud de los
creyentes tenía un solo corazón y una sola alma"(Hch 4, 32).
Como ya se ha dicho, el anuncio de este importante acontecimiento
fue realizado por el Santo Padre Benedicto XVI en persona el 19 de
septiembre de 2009. Su Santidad dispuso, además, que fueran miembros
del Consejo Pre Sinodal para Oriente Medio de la Secretaría General
los 7 Patriarcas, 6 de las Iglesias Orientales Católicas sui
iuris y el Patriarca latino de Jerusalén y también los dos
Presidentes de las Conferencias Episcopales de Turquía y de Irán.
Considerado el tiempo relativamente breve para la preparación de la
Asamblea sinodal, la Secretaría General programó la primera reunión
del Consejo Pre Sinodal para Oriente Medio para los días 21 y 22 de
septiembre de 2009, después del encuentro de los Patriarcas y de los
Arzobispos Mayores con el Santo Padre.
La finalidad de esta reunión era preparar los Lineamenta,
documento de reflexión sobre el tema de la Asamblea sinodal. Después
de un amplio intercambio de pareceres sobre la compleja situación de
Oriente Medio, los Miembros del Consejo concordaron el esquema de
los Lineamenta con precisas indicaciones sobre su contenido.
En la reunión del 24 y 25 de noviembre de 2009, los Miembros del
Consejo Presinodal examinaron el borrador del Documento. Tomando en
cuenta la experiencia pastoral en los diversos Países de Oriente
Medio, presentaron varias modificaciones que luego se incluyeron en
el texto. Este se envió por correo electrónico a los Miembros del
Consejo Especial para Oriente Medio para una última aprobación,
solicitando enviar eventuales observaciones antes de finalizar el
mes de noviembre. Examinadas las observaciones recibidas, la
Secretaría General del Sínodo de los Obispos elaboró la versión
definitiva del documento, que se tradujo en cuatro lenguas: árabe,
francés, italiano e inglés.
Los Lineamenta, que llevan la fecha del 8 de diciembre
de 2009, fueron presentados en la Oficina de Prensa de la Santa Sede
el 19 de enero de 2010 por el Excelentísimo Monse or Nikola
Eterović, Secretario General del Sínodo de los Obispos, y por el Sub
Secretario Monse or Fortunato Frezza. El documento se difundió
ampliamente, también a través del sitio internet vaticano en las
páginas de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos.
Las Iglesias Orientales Católicas sui iuris, las Conferencias
Episcopales, los Dicasterios de la Curia Romana, la Unión de
Superiores Generales y otros organismos interesados dispusieron de
tiempo hasta la Pascua del 2010 – que por providencial coincidencia
fue celebrada por todos los cristianos, incluidas todas las
tradiciones, en la misma fecha del 4 de abril – para enviar a la
Secretaría General del Sínodo de los Obispos las respuestas al
Cuestionario de los Lineamenta. Las respuestas debían
servir para redactar el Instrumentum laboris, documento de
trabajo de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los
Obispos.
El Instrumentum laboris
A pesar del poco tiempo a disposición para el estudio de los
Lineamenta, el porcentaje de las respuestas fue bastante
satisfactorio. Estas se dividieron en varias categorías, según las
instituciones con las que la Secretaría General del Sínodo de los
Obispos mantiene relaciones oficiales.
Instituciones: n° - Respuestas: %
Iglesias Orientales Católicas sui iuris: 6 - 6 (100 %)
Patriarcado latino de Jerusalén 1 - 1 (100 %)
Conferencias Episcopales: 3 - 3 (100 %)
Dicasterios de la Curia Romana: 26 [11] - 14 (56 %)
Unión de Superiores Generales: 1 - 1 (100 %)
A la Secretaría General del Sínodo de los Obispos llegaron también
contribuciones de varios Institutos de Ense anza Superior, de
algunas Universidades, así como de comunidades religiosas y de
fieles, incluso de personas laicas que se preocupan por el presente
y futuro de la Iglesia Católica en Oriente Medio.
El Consejo Pre Sinodal para Oriente Medio se reunió los días 23 y 24
de abril de 2010 para examinar las respuestas que habían llegado a
la Secretaría del Sínodo de los Obispos, y que fueron integradas en
un borrador de Documento, redactado por la Secretaría General con la
ayuda de algunos expertos. Este conservó substancialmente la
estructura de los Lineamenta, facilitando la tarea del
Consejo de examinar el Documento. Respetando las contribuciones
recibidas de los citados organismos de los Episcopados de cada País,
los Miembros del Consejo Presinodal enriquecieron los borradores con
aportaciones individuales, resultado de su fecunda experiencia
pastoral, dando válidas indicaciones para completar el texto, obra
que fue realizada por la Secretaría General. A continuación, por
correo electrónico, el Documento fue enviado a todos los Miembros
del Consejo Pre Sinodal con la petición de enviar eventuales
observaciones antes del 15 de mayo de 2010. Después de haber
integrado el texto con las observaciones que llegaron, el Documento
se completó y se tradujo en las 4 lenguas: árabe, francés, italiano
e inglés. El 7 de junio de 2010, el Santo Padre Benedicto XVI tuvo
la bondad de entregarlo personalmente en Nicosia, Chipre, a los
Miembros del Consejo Pre Sinodal, en representación de todo el
Episcopado de Oriente Medio.
Después de la entrega del Instrumentum laboris por parte del
Santo Padre, al que una vez más damos las gracias más profundas, el
Documento fue ampliamente difundido por la Secretaría General del
Sínodo, haciendo uso, entre otros medios, de la propia página en el
sitio vaticano.
Nombramiento de los Miembros de la Presidencia de la Asamblea
sinodal
El 24 de abril de 2010, el Sumo Pontífice Benedicto XVI nombró a los
miembros de la Presidencia de la Asamblea Especial para Oriente
Medio:
- dos Presidentes Delegados ad honorem: Su Beatitud Se
or. Card. Nasrallah Pierre SFEIR, Patriarca de Antioquía de los
Maronitas, Líbano, y Su Beatitud Se or. Card. Emmanuel III DELLY,
Patriarca de Babilonia de los Caldeos, Iraq.
- dos Presidentes Delegados: Su Eminencia Se or Card.
Leonardo SANDRI, Prefecto de la Congregación para las Iglesias
Orientales y Su Beatitud Ignace Youssif III YOUNAN, Patriarca de
Antioquía de los Sirios, Líbano.
- Relator General: Su Beatitud Antonios NAGUIB, Patriarca de
Alejandría de los Coptos, Egipto.
- Secretario Especial: Su Excelencia Mons. Joseph SOUEIF,
Arzobispo de Chipre de los Maronitas, Chipre [12].
V) Observaciones de carácter metodológico
El Sínodo de los Obispos es el lugar privilegiado de la comunión
episcopal. Con ocasión del mismo, los Obispos consolidan entre ellos
y con el romano Pontífice los vínculos de comunión efectiva y
afectiva. No se trata solamente de un sentimiento, por muy noble que
sea. Es una realidad eclesial que exige asidua presencia, paciente
escucha, gran disponibilidad, atención al prójimo, consideración por
las necesidades del otro, colaboración con los hermanos, sacrificio
orientado al bien de todos. Tengo la seguridad de que con este
espíritu de servicio eclesial, cada Padre sinodal estará dispuesto a
aceptar y cumplir el encargo que le será confiado, por elección, por
designación o por nombramiento, ofreciendo la propia aportación para
el éxito de la Asamblea sinodal. Con frecuencia se trata de
servicios escondidos, pero muy importantes para el éxito de la
Asamblea sinodal. Para que el mayor número posible de Padres
sinodales pueda desempe ar un papel activo a favor de toda la
Asamblea, se recomienda vivamente que cada uno ejerza solamente un
cargo.
En la Audiencia que se me concedió el 26 de marzo de 2010, el Santo
Padre Benedicto XVI, aprobó los criterios sobre la participación en
la Asamblea sinodal, acordados en seno al Consejo Presinodal para
Oriente Medio de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos,
que se reunió los días 24 y 25 de noviembre de 2009. Después de la
aprobación del Sumo Pontífice, dichos criterios se comunicaron a los
Patriarcas de las Iglesias Orientales Católicas sui iuris y a
los Presidentes de las Conferencias Episcopales de la región.
Según la decisión del Santo Padre Benedicto XVI, en la Asamblea
sinodal participan ex officio todos los Obispos activos de
Oriente Medio: Ordinarios y Auxiliares, y quienes se equiparan a
ellos. En dicho número están incluidos los cardenales sin límite de
edad y los Jefes de las mayores Iglesias Orientales Católicas sui
iuris. Además, tienen derecho a participar en la Asamblea
sinodal los Obispos de la Diáspora de las respectivas Iglesias
Orientales Católicas.
El Santo Padre aprobó también que los Países del África nororiental
estén representados por un Obispo. Además, su Santidad dispuso que
participen en la Asamblea sinodal los Presidentes de las
Conferencias Episcopales de los cinco continentes. Su presencia es
signo de la cercanía del episcopado universal a los hermanos obispos
de Oriente Medio. A ellos se a aden también los Obispos
representantes de Países que acogen fieles provenientes de Oriente
Medio y que ofrecen una notable ayuda a la Iglesia Católica en la
región, ya mediante misioneros y misioneras, ya de naturaleza
financiera. Conforme a las normas del Ordo Synodi Episcoporum,
el Santo Padre completó el número de los Padres sinodales con
nombramientos propios.
El Santo Padre Benedicto XVI aceptó con agrado la propuesta del
Consejo Pre Sinodal de invitar un significativo número de Oyentes,
hombres y mujeres, comprometidos en la evangelización y en la
promoción humana en Oriente Medio. Su presencia y su palabra
permitirán tener una visión amplia sobre la vida eclesial y social
en la región, considerada también por parte de los laicos. En la
Asamblea sinodal está presente un significativo número de Expertos,
dispuestos a asistir con su preparación y experiencia al Secretario
Especial y al Relator General durante los trabajos sinodales.
La metodología sinodal no ha sufrido grandes cambios en relación a
la que se ha ya verificado en los recientes sínodos presididos por
el Santo Padre Benedicto XVI. Sin embargo, puede ser útil recordar
algunos elementos importantes.
1) Se invita vivamente a todos los Padres sinodales a leer
atentamente el Vademecum que cada participante ha recibido.
Siguiendo las normas de la Carta Apostólica Apostolica
sollicitudo y del Ordo Synodi Episcoporum, como también
la praxis sinodal, en dicho documento se describe detalladamente el
modo de proceder en la presente Asamblea sinodal.
.
2) El Vademecum está impreso en cuatro lenguas: árabe, francés,
italiano e inglés, mientras para mayor comodidad el Kalendarium
de los trabajos se presenta en lengua latina, que es aún la lengua
oficial del Sínodo de los Obispos. De este resulta que se prevén 14
Congregaciones generales y 6 Sesiones de Círculos menores.
3) También en la presente Asamblea, con el fin de facilitar una
mayor participación, cada Padre sinodal podrá intervenir en el Aula
sinodal durante 5 minutos. Se espera que tome la palabra el
mayor número posible. De todas formas, cada Padre sinodal podrá
entregar por escrito su intervención, que se examinará con atención
y se tendrá en cuenta en el momento de redacción de las propuestas
de los documentos.
4) Para favorecer una mayor profundización de los temas en el orden
del día, al final de las Congregaciones Generales de la tarde, desde
las 18 a las 19, habrá una hora de discusión libre. Los
Padres sinodales que pidan la palabra, podrán hablar no más de 3
minutos.
A propósito de esto, permítanme indicar dos aspectos. Es importante
tener presente que la discusión libre se deberá circunscribir al
tema del Sínodo: "La Iglesia Católica en Oriente Medio: comunión
y testimonio". Es un argumento muy importante y rico de
contenido, que necesita ser profundizado en varios aspectos
eclesiales y que se debe intentar traducir en iniciativas de
actividad pastoral. Se ruega por tanto a los Presidentes Delegados
que presten atención para que la discusión no salga del tema
establecido. Es oportuno, además, que en la discusión libre, los
Padres hablen sin leer el texto escrito, como en el caso de las
intervenciones oficiales durante las Congregaciones generales.
Eventualmente pueden tener apuntes, pero se han de preferir las
intervenciones libres, incluidas las preguntas, las reflexiones
espontáneas, aunque no sean perfectas en su formulación.
5) Para evitar la innecesaria repetición de los temas, he pedido a
los Patriarcas de las Iglesias Orientales Católicas que se pongan de
acuerdo sobre los argumentos de las intervenciones de cada miembro,
de tal forma que la posición del respectivo Sínodo de los Obispos de
cada Iglesia sui iuris pueda ser presentada fielmente, en su
globalidad, con una rica variedad de temas. La Secretaría General
actuará de forma que se pueda escuchar la voz de todas las Iglesias
Orientales Católicas, incluso de las que tienen menos Obispos. Para
ordenar las intervenciones es muy importante que los Padres
sinodales pidan cuanto antes la palabra. Por lo demás, dado que la
Asamblea sinodal dura dos semanas, solamente la primera semana se
reserva a las intervenciones de los Padres sinodales en esta aula.
6) Se pide amablemente a los Padres sinodales que tengan cuidado con
las síntesis de los textos pronunciados, que normalmente son
publicadas. Si alguno, por alguna razón, no quiere que se difunda su
intervención, se ruega indicarlo a la Secretaría General. Lo mismo
vale también para los textos in scriptis, que siempre se
pueden entregar a la Secretaría General.
7) La Secretaría General ha asegurado la traducción simultánea en
las 4 lenguas oficiales de la Asamblea sinodal: árabe, francés,
italiano e inglés. En dichas lenguas es posible realizar
intervenciones durante los trabajos.
8) También las Proposiciones se pueden redactar en estas
cuatro lenguas. Se recomienda encarecidamente que cada proposición
sea concisa, centrada sobre un único argumento. Teniendo presente la
doctrina de la Iglesia, que no es preciso repetir, los Padres
sinodales deberían más bien proponer consejos finalizados a
profundizar la comunión eclesial y a reavivar el testimonio
cristiano en Oriente Medio para el bien de la Iglesia Católica.
9) Para favorecer lo más posible la comunión entre los Padres
sinodales, los Círculos menores serán en tres lenguas: árabe,
francés e inglés. Próximamente recibirán Uds. la lista de los
miembros de cada círculo, compuesto en general según vuestras
indicaciones sobre el conocimiento de las lenguas. Se puede cambiar
de círculo menor solamente por un grave razón y de acuerdo
con el Secretario General.
10) Para facilitar el trabajo, en la actual Asamblea sinodal se
utilizarán también los medios electrónicos. En el Vademécum
encontrarán indicaciones precisas sobre el modo de usarlos. Si fuera
necesario, los Padres podrán ayudarse recíprocamente, sobre todo al
inicio de los trabajos, indicando al que está al lado cómo utilizar
dichos medios. En cualquier caso, en el aula estarán presentes
técnicos, a los que eventualmente podrán pedir asistencia. Es
importante que cada Padre respete el lugar que le ha sido asignado
según la precedencia, ya que cada una de las sillas está relacionada
con un número en el sistema electrónico de voto. Además, con el
sistema electrónico todos los días se efectuará el control de las
presencias. Habrá, además, varias elecciones y votaciones con el
instrumento que tenéis a vuestra disposición.
11) La presencia de algunos Delegados fraternos,
representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales, es ya una
praxis afianzada. Su participación es particularmente significativa
en esta Asamblea sinodal, teniendo en cuenta su presencia en Tierra
Santa y en Oriente Medio. Podrán dirigirse a la Asamblea y
participar en los trabajos de los círculos menores. Los cristianos
están llamados en todas partes, pero de modo especial en la Tierra
de Jesús, a proceder en el camino hacia la plena unidad de todos los
que creen en el Se or Jesús, que han recibido el Espíritu Santo para
glorificar con las palabras y sobre todo con su vida a nuestro Padre
que está en los cielos.
12) Se esperan también a tres invitados especiales durante los
trabajos sinodales. Se trata del rabino David Rosen, Director
del Departamento para los Asuntos Interreligiosos del American
Jewish Committee y Heilbrunn Institute for International
Interreligious Understanding, Israel, y de los Se ores: Muhammad
al-Sammak, Consejero Político del gran Muftí de Líbano, para el
Islam suní, y del Ayatolá Dr. Seyed Mostafa Mohaqhegh
Ahmadabadi, Ph. D., Profesor en la Facultad de Derecho en la
Shahid Beheshti University de Teherán y Miembro de la Academia
Iraniana de las Ciencias, para el Islam chií. Agradecemos a
los tres invitados que hayan aceptado la invitación del Santo Padre
a participar en esta Asamblea. Se trata de un gesto significativo
que confirma la voluntad de la Iglesia Católica de continuar el
diálogo con el judaísmo, con el que comparte la mayor parte de los
libros del Antiguo Testamento. La presencia de dos ilustres
musulmanes representa, además, la voluntad de seguir adelante en el
diálogo vital entre los cristianos y el mundo del Islam para el bien
de los fieles de las respectivas religiones, como también de los
habitantes de Oriente Medio y de todo el mundo.
VI) Conclusión
"Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la
creación" (Mc 16, 15). Jesús resucitado pronunció
estas palabras en Jerusalén antes de subir al cielo y sentarse a la
diestra de Dios (cfr. Mc. 16, 19) El Maestro
había asegurado a los discípulos: "He aquí que yo estoy con
vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,
20). Por tanto, el Se or acompa aba la difusión del Evangelio que
desde Tierra Santa se extendía a todo el mundo: "Ellos
salieron a predicar por todas partes, colaborando el Se or con ellos
y confirmando la Palabra con los signos que la acompa aban" (Mc
16, 20). El anuncio de la Buena Nueva presuponía dos dimensiones
esenciales: la comunión y el testimonio. Estas son connaturales al
cristianismo desde los inicios. Jesucristo había elegido a los doce
apóstoles (cfr Mt 10, 1-4: Mc 13, 13-19; Lc 6,
13-16), formando con ellos el núcleo de la Iglesia. A continuación,
Jesús designó otros setenta y dos discípulos, enviándolos "de dos
en dos, a todas las ciudades y sitios adonde él había de ir".(Lc
10, 1). Entre sus discípulos, cuyo número crecía cada vez más, se
encontraban "algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus
malignos y enfermedades…que les servían con sus bienes" (Lc
8, 2.3). A pesar de la variedad de las vocaciones y tareas
impartidas, todos tenían el compromiso de vivir el ideal de la vida
cristiana: "la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y
una sola alma" (Hch 4, 32). Por otra parte, el Se or
antes de subir al cielo dijo a los discípulos: "recibiréis una
fuerza cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y de este modo
seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y en Samaria, y
hasta los confines de la tierra (Hch 1, 8).
La Palabra del Se or Jesús se puso en práctica. Basta recordar las
misiones de los Apóstoles en el mundo entonces conocido, su
testimonio hasta el martirio, como también la fundación de las
primeras comunidades cristianas según el ideal evangélico de "un
solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32). Encontrándonos
en Roma, es justo evocar de nuevo con gratitud el ejemplo de los
Santos Pedro y Pablo que, abandonando sus tierras de origen,
llevaron el Evangelio al centro del imperio romano y concluyeron su
predicación con el martirio, expresión suprema del testimonio
cristiano. Desde aquel tiempo, en Roma existe una floreciente
comunidad cristiana, cuya cabeza es el propio Obispo que, por divina
Providencia, preside en la caridad toda la Iglesia. El 264 sucesor
del apóstol Pedro, como también de la herencia apostólica de Pablo,
Papa Benedicto XVI, acoge cordialmente a los hermanos de Tierra
Santa, que han venido a Roma a la Asamblea Especial para presentarle
en persona la situación de la Iglesia Católica en Oriente Medio,
para profundizar el sentido de comunión católica, teniendo presente
también su dimensión ecuménica, y para reavivar el testimonio
cristiano. No cabe duda de que bajo la sabia presidencia de Su
Santidad Benedicto XVI tales propósitos se realizarán. Al mismo
tiempo, los Padres sinodales de Oriente Medio están muy agradecidos
al Santo Padre por el constante apoyo, del que es expresión
privilegiada esta Asamblea sinodal, por el incansable compromiso en
la busca de soluciones justas y duraderas a los graves problemas de
la región, sobre todo el advenimiento de la paz en la justicia.
Están igualmente agradecidos al Sumo Pontífice porque con el carisma
petrino ayudará a los Obispos de Oriente Medio a lograr la finalidad
de esta Asamblea sinodal. Es de esperar que, volviendo de Roma, al
final de la Asamblea sinodal, los Pastores de las beneméritas
Iglesias Orientales Católicas, como también la Iglesia de tradición
latina, podrán glorificar a Dios por un renovado sentido de comunión
y por un nuevo vigor en el testimonio cristiano, en los ambientes en
los que viven y en los contactos que mantienen no solamente con los
cristianos, sino también con los miembros de otras denominaciones
religiosas, sobre todo con los judíos y musulmanes.
Para que dicho deseo pueda realizarse, invocamos la intercesión de
todos los santos de la región, en particular de los numerosos
mártires de Tierra Santa y, sobre todo, de la Beata Virgen María,
madre de Jesús y madre de la Iglesia. Ella no cesará de velar por la
amada Iglesia Católica en la tierra donde Ella vivió colaborando en
la realización del sublime misterio de la encarnación y de la
redención del hombre y de la humanidad. Invitándonos: "haced lo
que él os diga" (Jn 2, 5), Ella nos exhorta a tener
confianza no en nuestras fuerzas y proyectos, sino más bien en la
promesa: "no temas, peque o reba o, porque a vuestro Padre le ha
parecido bien daros a vosotros el Reino" (Lc 12, 32).
Gracias por la paciente escucha. Que la gracia del Espíritu
Santo nos acompa e en nuestro trabajo sinodal.
Nicola Eterović
Arzobispo titular de Cibale
Secretario General
NOTAS
[1] Organizzare sessioni continentali del Sinodo in preparazione
al Terzo Millennio, L’Osservatore Romano, 16-17 de enero de
1995, pág. 4.
[2] Benedicto XVI, Discurso en Nicosia con ocasión de la entrega
del Instrumentum laboris del Sínodo para Oriente Medio,
L’Osservatore Romano 7-8 de junio de 2010, pág. 9.
[3] Ibidem
[4] Ibidem
[5] Ibidem
[6] Cfr. Calendario Atlante De Agostini 2010, Istituto
Geográfico De Agostini, Pioltello (MI) 2009, pág. 678.
[7] Benedicto XVI, Discurso en Nicosia con ocasión de la entrega
del Instrumentum laboris del Sínodo para Oriente Medio,
L’Osservatore Romano 7-8 de junio de 2010, pág. 9.
[8] Los datos estadísticos se han tomado del Annuarium
Statisticum Ecclesiae 2008, Citt del Vaticano 2010, páginas 281
y 285-287.
[9] Benedicto XVI, Ad Patriarcas et Archiepiscopos Maiores
Orientales, AAS 101 (209) pág. 858.[10] Ibidem, pág. 858.
[11] Aunque los Lineamenta se enviaron también a los 26
Dicasterios, las respuestas llegaron de aquellos que más siguen la
situación eclesial en Oriente Medio Y cuyos Responsables participan
en la Asamblea sinodal.
[12] Cfr. L’Osservatore Romano, 25 de abril de 2010, pág. 1.
[00001-04.14] [NNNNN] [Texto original: italiano]
RELACIÓN ANTERIOR A LA DISCUSIÓN DEL RELATOR GENERAL, S. B.
ANTONIOS NAGUIB, PATRIARCA DE ALEJANDRÍA DE LOS COPTOS (REPÚBLICA
ÁRABE DE EGIPTO)
Santísimo Padre,
Eminencias, Beatitudes, Excelencias,
Hermanos Delegados de las Iglesias Hermanas
y Comunidades Eclesiales,
Queridas hermanas y hermanos, invitados y expertos,
Ante todo agradezco a Su Santidad el Papa por haberme nombrado para
el cargo de Relator General de la Asamblea. Es la primera vez que me
toca desempe ar un cargo tan notable. Intentaré llevarlo a cabo de
la mejor manera posible, contando con la ayuda del Se or y con
vuestra indulgencia.
Prólogo
San Lucas refiere en los Hechos que Jesús, en el momento de dejar a
los suyos, les dió esta consigna: «
Recibiréis una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre
vosotros, y de este modo seréis mis testigos en Jerusalén, en toda
Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» (Hch
1, 8).
Los Apóstoles llevaron a cabo esta misión desde el momento en que
recibieron el Espíritu Santo, y comenzaron a anunciar sin temor la
Buena Noticia de la vida, la muerte y la resurrección del Se or (cf.
Hch 2, 32). El fruto del primer discurso de Pedro fue la
conversión y el bautismo de alrededor de tres mil personas; muchas
otras lo siguieron. Su vida se transformó de manera radical. «La
multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.
Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común
entre ellos.» (Hch 4, 32).
Son éstos los acontecimientos fundacionales que han inspirado el
tema y los objetivos de nuestra Asamblea Especial para el Oriente
Medio del Sínodo de los Obispos: Comunión y testimonio, testimonio
comunitario y personal, que surge de una vida arraigada en Cristo y
vivificada por el Espíritu Santo. Este ejemplo de la Iglesia
apostólica ha sido siempre el modelo para la Iglesia a lo largo de
los siglos. Nuestra Asamblea sinodal se propone ayudarnos a retomar
ese ideal, para una revisión de vida que nos dé un nuevo ímpetu y
una nueva vitalidad, que nos purifique, nos renueve y nos
fortalezca.
Hemos recibido de manos del Santo Padre personalmente el
Instrumentum laboris de esta Asamblea Especial, en ocasión de su
Visita Apostólica a Chipre, como una expresión de su preocupación
especial por nuestras Iglesias. La Concelebración Eucarística
solemne, presidida ayer por la ma ana por Su Santidad es la mejor
prueba de la bendición divina sobre esta Asamblea. Seguros de este
apoyo, y contando con la ayuda y el acompa amiento de la Virgen
Santa, emprendemos nuestra labor con confianza.
Introducción
Todos hemos acogido el anuncio de esta Asamblea Especial del Sínodo
de los Obispos con mucha alegría, entusiasmo, gratitud y fervor.
Hemos visto en él la acogida paterna y comprensiva por parte del
Santo Padre de una expectativa tan anhelada y la solicitud especial
del Obispo de Roma para con nuestras Iglesias, en su calidad de
Pastor Supremo de la Iglesia Católica. Ya habíamos experimentado esa
atención especial en varias ocasiones y, a menudo, en los discursos
y homilías de Su Santidad. En especial la habíamos constatado en sus
Viajes Apostólicos a Turquía (2006), luego a Jordania, Israel y
Palestina (2009) y, recientemente, a Chipre (2010). Pero la
presencia actual del Santo Padre entre nosotros nos trae el amor, la
solidaridad, la oración y el apoyo del Sucesor de Pedro, de la Santa
Sede y de toda la Iglesia.
Inmediatamente después de que el Santo Padre anunciara el
acontecimiento, el 19 de septiembre de 2009, la Secretaría General
del Sínodo de los Obispos, junto con el Consejo presinodal de
Oriente Medio, preparó en primer lugar el texto de los
Lineamenta, luego el del Instrumentum laboris. Éste se
basa ante todo en la Sagrada Escritura y se refiere fundamentalmente
a los documentos del Concilio Vaticano II, al Código de los Cánones
de las Iglesias Orientales y al Código de Derecho Canónico. También
se ha dedicado una atención especial a las diez Cartas Pastorales
del Consejo de los Patriarcas Católicos de Oriente. Estoy convencido
de que la labor ha sido exitosa, a pesar de la urgencia impuesta por
el poco tiempo disponible.
En referencia al Instrumentum laboris considero útil indicar
los puntos siguientes para que sean profundizados durante nuestros
trabajos.
A. LA FINALIDAD DEL SÍNODO (3-6)
El doble objetivo del Sínodo ha sido bien percibido y apreciado por
nuestras Iglesias:
1) Confirmar y reforzar a los cristianos en su identidad, gracias a
la Palabra de Dios y a los Sacramentos.
2) Reanimar la comunión eclesial entre las Iglesias sui iuris,
para que pueda ofrecer un testimonio de vida auténtico y eficaz. En
el contexto en que vivimos, la dimensión ecuménica, el diálogo
interreligioso y el aspecto misionero son parte integrante de este
testimonio.
El documento insiste en la necesidad y la importancia de que los
Padres Sinodales proporcionen a los cristianos de nuestros países
las razones de su presencia, para confirmarlos en su misión de ser y
seguir siendo testigos auténticos de Cristo resucitado en cada uno
de sus países. En medio de condiciones de vida algunas veces muy
difíciles, pero también prometedoras, ellos son el icono visible de
Cristo, la encarnación viviente de Su Iglesia y el instrumento
actual de la acción del Espíritu Santo.
B. REFLEXIÓN GUIADA POR LA SAGRADA ESCRITURA (7-12)
Nos sentimos orgullosos de pertenecer a las tierras en que los
hombres inspirados por el Espíritu Santo han escrito los Libros
Santos en algunos de nuestros idiomas. Pero este hecho nos impone
asimismo obligaciones imperiosas. La Sagrada Escritura debe ser el
alma de nuestra vida religiosa y de nuestro testimonio, tanto a
nivel comunitario como individual. La santa Liturgia constituye el
centro y el punto culminante de nuestra vida eclesial. En ella
celebramos y escuchamos regularmente la Palabra de Dios. Bajo la luz
de la Santa Biblia, leída, rezada y meditada en la Iglesia, en peque
os grupos y también individualmente, debemos buscar y encontrar
respuestas al sentido de nuestra presencia, de nuestra comunión y de
nuestro testimonio, adaptados al contexto y a los desafíos de
circunstancias constantemente nuevas.
El documento llama la atención sobre la insuficiencia de la
respuesta a la gran sed que tienen nuestros fieles de la Palabra de
Dios, de su comprensión y su arraigo en sus corazones y sus vidas.
Se deberán concebir, lanzar, animar y sostener iniciativas adecuadas
y suficientes, utilizando también los medios modernos. Quienes, en
virtud de su vocación, están en contacto más directo con la Palabra
de Dios, tienen la obligación de asumir un compromiso de testimonio
e intercesión por el pueblo de Dios. La memorización de los textos
es siempre eficaz y fecunda.
En la exégesis y la presentación del sentido de las Escrituras, se
debe poner en evidencia «La historia de la Salvación». Ésta revela
el plan divino único que se realiza en el tiempo, en un vínculo
estrecho entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y encuentra su
centro y su cumbre en Cristo. Al ser el Libro de la comunidad
cristiana, el texto bíblico no puede ser interpretado correctamente
sino en su seno. La Tradición y la ense anza de la Iglesia, sobre
todo en nuestros países de Oriente son, pues, una referencia
insoslayable en la comprensión y la interpretación de la Biblia.
La Palabra de Dios es la fuente de la teología, la moral, la
espiritualidad y la vitalidad apostólica y misionera. Ilumina la
vida, la transforma, la guía y la fortalece. Algunas personas, por
ignorancia o mala intención, usan la Biblia como libro de recetas o
de prácticas supersticiosas. Es nuestro deber educar a nuestros
fieles para que no les den crédito. La Palabra de Dios también
ilumina las elecciones comunitarias y personales para responder a
los desafíos de la vida, inspirar el diálogo ecuménico e
interreligioso y orientar el compromiso político. Así pues, debería
ser el centro de referencia de los cristianos en la educación y el
testimonio. Y también ayudará a los hombres de buena voluntad a
encontrar pistas en su búsqueda de Dios.
I. LA IGLESIA CATÓLICA EN EL ORIENTE MEDIO
A. LA SITUACIÓN DE LOS CRISTIANOS EN ORIENTE MEDIO
1. Breve mirada histórica: unidad en la multiplicidad (13-18)
El conocimiento de la historia del cristianismo en Oriente Medio es
importante para nosotros mismos, pero también para el resto del
mundo cristiano. En esas tierras Dios ha elegido y guiado a los
Patriarcas, a Moisés y al pueblo de la Antigua Alianza. Ha hablado
por medio de los Profetas, los jueces, los reyes y las mujeres de
fe. En la plenitud de los tiempos Jesucristo, el Salvador, allí se
ha encarnado, ha vivido, ha escogido y formado a sus discípulos y ha
llevado a cabo su obra de salvación. La Iglesia de Jerusalén, nacida
el día de Pentecostés, ha sido la fuente de todas las Iglesias
particulares, que han continuado y continúan en el tiempo la obra de
Cristo, por la acción del Espíritu Santo, bajo la guía del Papa,
sucesor de Pedro.
Tras algunos peque os conflictos al principio de su marcha, la
Iglesia ha conocido las divisiones sucesivas en ocasión de los
Concilios de Éfeso (431) y de Calcedonia (451). Nacieron así la
«Iglesia apostólica asiria de Oriente» y las «Iglesias ortodoxas
orientales»: copta, siríaca y armenia. En el siglo XI se produjo el
gran cisma entre Constantinopla y Roma. Estas divisiones surgieron
alrededor de cuestiones teológicas, pero los motivo
político-culturales han tenido un papel fundamental. Los estudios
históricos y teológicos tienen la responsabilidad de ilustrar mejor
esos períodos y acontecimientos trágicos, para contribuir al diálogo
ecuménico.
Frutos amargos del pasado, todas estas divisiones subsisten aún en
nuestros países. Gracias a Dios, el Espíritu obra en las Iglesias
para que se realice la plegaria de Cristo: «Que todos sean uno:
como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno
en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn
17, 21).
2. Apostolicidad y vocación misionera (19-23)
Nuestras Iglesias, bendecidas por la presencia de Cristo y los
Apóstoles, fueron la cuna del cristianismo y las primeras
generaciones cristianas. Por esta razón, su vocación específica es
la de mantener viva la memoria de los orígenes, reforzar la fe de
sus fieles y vivificar en ellos el espíritu del Evangelio, para que
guíe sus vidas y sus relaciones con los demás, cristianos y no
cristianos.
Nuestras Iglesias, de origen apostólico, tienen a su vez la misión
particular de cooperar en el anuncio del Evangelio. El estudio de la
historia misionera de nuestras Iglesias ayudaría a estimular ese
impulso evangelizador que había caracterizado nuestros orígenes. «El
ser misionero» es un deber gratuito que se nos impone, como Iglesias
arraigadas en los orígenes y a causa de nuestro patrimonio tan rico
y variado. Tenemos el deber de hacer que lo que hemos recibido
beneficie a quienes no lo han recibido. Nuestras Iglesias deben
comprometerse para vivificar en ellas el ímpetu evangelizador
misionero.
Esta apertura a la acción del Espíritu nos ayudará a compartir con
nuestros numerosos conciudadanos la riqueza del amor y la luz de la
esperanza que están en nosotros (cf. Rm 5, 5). De hecho
«Somos, en medio de la sociedad en que vivimos, un signo de la
presencia de Dios en nuestro mundo. Ello nos llama a ser ‘con’, ‘en’
y ‘para’ la sociedad en que vivimos. Es una exigencia esencial de
nuestra fe, de nuestra vocación y nuestra misión». [1] «La Iglesia
no se mide estadísticamente a través de los números, sino a través
de la conciencia viva que sus hijos tienen de su vocación y
misión».[2]
Para asegurar el futuro de nuestras Comunidades, los Pastores deben
prestar especial atención a la pastoral de las vocaciones, con
medios adecuados y eficaces, sobre todo entre los jóvenes y las
familias. Gracias a Dios, nuestras Iglesias tienen vocaciones, pero
faltan seriamente en algunas diócesis o eparquías. Quizá debamos
comenzar a vivir «el ser misionero» entre nuestras
eparquías/diócesis y entre nuestras Iglesias en la región. El
ejemplo de sacerdotes, religiosos y religiosas, píos, felices,
alegres y unidos, es el mejor instrumento para atraer a los jóvenes
a la consagración total a Dios. Este Sínodo podría ser una ocasión
para revisar el estilo, los métodos y los programas en los
seminarios y las casas de formación.
La coordinación y la ayuda recíproca entre las congregaciones, las
órdenes religiosas y los Obispos ayuda a suscitar vocaciones.
También será necesario encontrar los medios adecuados para sostener
y reforzar las congregaciones y los institutos de vida consagrada.
La vida contemplativa, allí donde existe, deberá ser alentada. Con
la oración, podemos preparar el terreno para la acción del Espíritu
Santo para suscitarla allí donde no existe. Las Órdenes existentes
en nuestros países podrían tomar la iniciativa de establecer
comunidades en otras áreas o países de la región.
3. El papel de los cristianos en la sociedad, a pesar de su número
reducido (24-31)
Nuestras sociedades, a pesar de sus diferencias, tienen
características comunes: el apego a la tradición, el modo de vida
tradicional, el confesionalismo y la diferenciación basada en la
religión. Estos factores pueden acercar y unificar, pero también
alejar y dividir. En sus países, los cristianos son «ciudadanos
nativos», miembros de pleno derecho de su comunidad civil. Están en
su casa, a menudo desde hace muchísimo tiempo. Su presencia y
participación en la vida del país es una riqueza preciosa, que hay
que proteger y preservar. Una laicidad positiva permitiría a la
Iglesia dar un aporte eficaz y fecundo, y contribuiría a reforzar la
ciudadanía de todos los miembros del país, sobre la base de la
igualdad y la democracia.
En su acción pastoral, cultural y social, la Iglesia necesita usar
más y mejor la tecnología y los medios modernos de comunicación. Es
necesario formar dirigentes especializados para esta finalidad. Los
cristianos orientales deben comprometerse para el bien común, en
todos sus aspectos, como siempre lo han hecho. Pueden ayudar a crear
condiciones sociales que favorezcan el desarrollo de la personalidad
y de la sociedad, en colaboración con los esfuerzos de la
autoridades políticas. Aun siendo reducidas minorías, su dinamismo
es resplandeciente y es apreciado. Necesitan ser sostenidos y
alentados para mantener esta actitud, aun en circunstancias
difíciles. El fortalecimiento de su vida de fe y, al mismo tiempo,
del vínculo social y de la solidaridad recíproca, los ayudaría
mucho, sin replegarse sobre sí mismos en una actitud de gueto.A
través de la presentación de la Doctrina social de la Iglesia,
nuestras comunidades ofrecen un aporte valedero para la construcción
de la sociedad. La promoción de la familia y la defensa de la vida
deberían ocupar un lugar fundamental en la ense anza y en la misión
de nuestras Iglesias. La educación es un ámbito privilegiado para
nuestra acción y una inversión de gran importancia. En lo posible,
nuestras escuelas podrían dar mayor ayuda a los más desfavorecidos.
Gracias a sus actividades sociales, sanitarias y caritativas,
accesibles a todos los miembros de la sociedad, colaboran de manera
visible al bien común. Ello es posible gracias a la generosidad de
las Iglesias locales y a la caridad de la Iglesia universal. Para
asegurar su credibilidad evangélica, la Iglesia debe valerse de los
medios para asegurar la transparencia en la gestión del dinero,
distinguiendo claramente entre lo que le pertenece y lo que le
pertenece al personal de la Iglesia. En vista de esto son necesarias
estructuras adecuadas.
B. LOS DESAFÍOS A LOS QUE DEBEN ENFRENTARSE LOS CRISTIANOS
1. Los conflictos políticos de la región (32-35)
Las situaciones político-sociales de nuestros países tienen
repercusiones directas sobre los cristianos, que experimentan con
mayor fuerza las consecuencias negativas. En los Territorios
palestinos la vida es muy difícil, a veces insostenible. La
posición de los cristianos árabes es muy delicada. Condenamos la
violencia de cualquier proveniencia y reclamamos una solución justa
y duradera del conflicto israelo-palestino, expresamos nuestra
solidaridad para con el pueblo palestino, cuya situación actual
favorece el fundamentalismo. Escuchar la voz de los cristianos del
lugar podría ser valioso para comprender mejor la situación. El
estatuto de Jerusalén debería tomar en cuenta su importancia para
las tres religiones: cristiana, musulmana y judía.
Es lamentable que la política mundial no tome en suficiente
consideración la situación trágica de los cristianos en Iraq,
quienes son las víctimas principales de la guerra y sus
consecuencias. En Líbano, una mayor unidad entre los
cristianos ayudaría a asegurar más estabilidad en el país. En
Egipto, sería muy ventajoso si las Iglesias coordinaran sus
esfuerzos para confirmar a sus fieles en la fe y para realizar obras
comunes por el bien del país. Según la posibilidades que se den en
cada país, los cristianos deberán favorecer la democracia, la
justicia y la paz, además de la laicidad positiva en la distinción
entre religión y Estado, y el respeto de cada religión. Una actitud
de compromiso positivo en la sociedad es la respuesta constructiva,
ya sea para la sociedad que para la Iglesia.
2. Libertad de religión y de conciencia (36-40)
Los derechos humanos son la base que garantiza el bien de la persona
humana integral, criterio de todo sistema político. Esto deriva del
orden mismo de la creación. Quien no respeta a la criatura de Dios
según el orden que Él ha establecido, tampoco respeta al Creador. La
promoción de los derechos humanos exige paz, justicia y estabilidad.
La libertad religiosa es un elemento esencial de los derechos del
hombre. La libertad de culto es sólo un aspecto de la libertad
religiosa. En la mayor parte de nuestros países está garantizada por
las constituciones, Pero aun en esos casos, en algunos países,
algunas leyes o prácticas limitan su aplicación. Otro aspecto es la
libertad de conciencia, basada en la libre elección de la persona.
Su ausencia pone trabas a la libre elección de quienes desearían
adherir al Evangelio, por temor a represalias contra sí mismos y sus
familias. No puede existir ni desarrollarse sino en la medida en que
crece el respeto por los derechos del hombre en su totalidad e
integridad.
La educación en este sentido es un aporte valioso al progreso
cultural del país, para una mayor justicia e igualdad ante la ley.
La Iglesia Católica condena con firmeza todo proselitismo. Sería
positivo discutir serenamente estas cuestiones en las estructuras e
instancias para el diálogo, sobre todo dentro de cada país. Los
numerosos institutos educativos de que disponen nuestras Iglesias
son un instrumento privilegiado para promover esta educación. Los
centros hospitalarios y de servicios sociales también constituyen un
testimonio elocuente del amor al prójimo, sin distinción ni
discriminación alguna. La valorización de las jornadas, los eventos
y las celebraciones locales e internacionales dedicados a estos
temas ayudan a difundir y reforzar esta cultura. Los medios de
comunicación se deben utilizar para propagar este espíritu.
3. Los cristianos y la evolución del Islam contemporáneo (41-42)
A partir del a o 1970, en la región observamos la expansión del
Islam político, que abarca distintas corrientes religiosas. Ello
afecta a la situación de los cristianos, sobre todo en el mundo
árabe. Éste desea imponer un modo de vida islámico a todos los
ciudadanos, a veces con la violencia. Constituye, por lo tanto, una
amenaza para todos y juntos debemos afrontar estas corrientes
extremistas.
4. La emigración (43-48)
En Oriente Medio, la emigración comienza hacia fines del siglo XIX,
por motivos políticos y económicos. Los conflictos religiosos han
sido determinantes en algunos períodos trágicos. Actualmente la
emigración se ha acentuado en nuestros países. Las principales
causas son: el conflicto israelo-palestino, la guerra de Iraq, las
situaciones políticas y económicas, el crecimiento del
fundamentalismo islámico y las restricciones de las libertades y la
igualdad. Los jóvenes, las personas instruidas y las personas
pudientes se van en mayor número, privando a la Iglesia y al país de
recursos muy valiosos.
Corresponde a los responsables políticos consolidar la paz, la
democracia y el desarrollo, para promover un clima de estabilidad y
confianza. Los cristianos, así como todas las personas de buena
voluntad, están llamados a comprometerse positivamente en la
realización de este objetivo. Una mayor sensibilización de las
Instancias internacionales sobre el deber de contribuir al
desarrollo de nuestros países sería de gran ayuda en este sentido.
Las Iglesias particulares de Occidente podrían tener una influencia
beneficiosa y eficaz en esta acción. Los Pastores deberían hacer que
los fieles adquieran conciencia acerca de su papel histórico. Son
portadores del mensaje de Cristo en sus países, incluso en medio de
las dificultades y las persecuciones. Su ausencia comprometería
gravemente el futuro. Es importante evitar todo discurso derrotista,
así como alentar la emigración como opción preferencial.
Por otra parte, la emigración constituye un apoyo notable a nuestros
países e Iglesias. La Iglesia del país de origen debe encontrar los
medios para preservar vínculos estrechos con sus fieles emigrados y
asegurar su asistencia espiritual. Es indispensable asegurar la
Liturgia, en su propio rito, a los fieles de las Iglesias orientales
que se encuentran en territorio latino. La liquidación de las
propiedades en la patria es muy lamentable. La conservación o la
compra de bienes territoriales sería un aliciente para el retorno.
Las comunidades de la Diáspora tienen el papel de alentar y
consolidar la presencia cristiana en Oriente, con la finalidad de
reforzar su testimonio y apoyar sus causas, por el bien del país.
Una pastoral adecuada debe ocuparse de la emigración interna del
país.
5. La inmigración cristiana internacional en Oriente Medio (49-50)
Los países de Oriente Medio conocen un nuevo fenómeno importante: la
acogida de muchísimos trabajadores inmigrados africanos y asiáticos,
en su mayoría mujeres. A menudo deben enfrentarse a situaciones de
injusticia y abuso, y de infracción de las leyes y las convenciones
internacionales. Nuestras Iglesias deben hacer un esfuerzo mayor
para ayudarlos, acogerlos y acompa arlos en lo religioso y lo
social. Necesitan una pastoral adecuada, desde una acción coordinada
entre los Obispos, las Congregaciones religiosas y las
Organizaciones sociales y de beneficencia.
C. RESPUESTAS DE LOS CRISTIANOS EN LA VIDA COTIDIANA (51-53)
El testimonio cristiano a todos los niveles es la respuesta
principal en las circunstancias en que viven. Desde los orígenes, la
vida monástica ocupa un lugar importante. La vida contemplativa de
oración también tiene una misión de intercesión por la Iglesia y la
sociedad.
El perfeccionamiento del testimonio cristiano, siguiendo cada vez
más a Jesucristo, es una exigencia que se pide a todos los niveles:
clero, Órdenes religiosas, Congregaciones, Institutos y Sociedades
de vida apostólica; y también laicos, según la propia vocación. La
formación del clero y de los fieles, las homilías y la catequesis
deben profundizar y reforzar el sentido de la fe y la conciencia
acerca del papel y la misión en la sociedad, como traducción y
testimonio de esta fe. Una renovación eclesial queda por realizar:
conversión y purificación, profundización espiritual, determinación
de las prioridades de la vida y la misión.
Se debe dedicar un esfuerzo especial para descubrir y formar a los
‘cuadros’ necesarios a todos los niveles. Ellos deben ser modelo de
testimonio para sostener y alentar a sus hermanos y hermanas, sobre
todo en tiempos difíciles. También es oportuno formar dirigentes
para la presentación del Cristianismo tanto a los cristianos que
tienen poco contacto con la Iglesia o se han alejado de ella, como
también a los no cristianos. La calidad de los dirigentes es más
importante que su número. Es indispensable la formación permanente.
Se ha de prestar particular atención a los jóvenes, fuerza del
presente y esperanza para el futuro. Los cristianos deben ser
alentados para insertarse en las instituciones públicas para la
construcción de la ciudad.
II. LA COMUNIÓN ECLESIAL
La diversidad en la Iglesia Católica, lejos de atentar a su unidad,
la valoriza. El misterio de la Santa Trinidad es el fundamento de la
comunión cristiana. La Iglesia es misterio y sacramento de comunión.
El amor está en el centro de esta realidad: «Éste es mi
mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado»
(Jn 15, 12). Debiendo enfrentarnos continuamente a los
desafíos del pluralismo, estamos llamados a una conversión constante
para pasar de la mentalidad del confesionalismo al sentido auténtico
de Iglesia.
A. COMUNIÓN EN LA IGLESIA CATÓLICA Y ENTRE LAS DISTINTAS IGLESIAS
(55-56)
Los signos principales que manifiestan la comunión en la Iglesia
Católica son: el Bautismo, la Eucaristía y la comunión con el Obispo
de Roma, Corifeo de los Apóstoles (hâmat ar-Rusul). El Código
de las Iglesias Orientales reglamenta los aspectos canónicos de esta
comunión, acompa ada y asistida por la Congregación para las
Iglesias Orientales y los distintos Dicasterios romanos.
Entre las Iglesias católicas de Oriente Medio la comunión se
manifiesta a través del Consejo de los Patriarcas Católicos de
Oriente (C.P.C.O.). Sus cartas pastorales son documentos de gran
valor y actualidad. En cada país la comunión se refuerza a través de
la Asamblea de los Patriarcas y Obispos o de la Conferencia
episcopal. En un espíritu de fraternidad y cooperación estudia los
problemas comunes, da directivas para consolidar el testimonio
cristiano y coordina las acciones pastorales. Es deseable que una
Asamblea regional reúna al Episcopado de Oriente Medio, según un
ritmo periódico determinado por el Consejo de los Patriarcas
Católicos de Oriente. Aunque las Iglesias sui iuris estén
abiertas a todos los fieles católicos, sin embargo se debe evitar
con cuidado alejarlos de su Iglesia de origen.
Es oportuno también subrayar las relaciones entre nuestras Iglesias
de Oriente y la Iglesia de tradición latina («Iglesia de
Occidente»). Tenemos necesidad los unos de los otros. Necesitamos su
oración, su solidaridad y su larga y rica experiencia espiritual,
teológica y cultural. También ellos necesitan nuestras oraciones,
nuestro ejemplo de fidelidad a nuestro rico y variado patrimonio de
los orígenes y a nuestra unidad en la variedad y la multiplicidad.
«El tesoro antiguo y vivo de las tradiciones de las Iglesias
orientales enriquece a la Iglesia universal, y nunca debería ser
visto sólo como una realidad digna sólo de ser preservada» [3]. La
comunión entre Iglesias no implica de manera alguna uniformidad,
sino amor recíproco e intercambio de dones.
B. COMUNIÓN ENTRE OBISPOS, CLERO Y FIELES (57-62)
En una misma Iglesia, la comunión se realiza siguiendo el modelo de
comunión con la Iglesia universal y el Obispo de Roma. En la Iglesia
Patriarcal se expresa a través del Sínodo de los Obispo alrededor
del Patriarca, Padre y Jefe de su Iglesia. En la Eparquía se realiza
alrededor del Obispo, que debe velar por la armonía del conjunto.
Estructuras de trabajo conjunto y de coordinación pastoral
contribuirán a reforzar la comunión. Ésta sólo se puede realizar
sobre la base de los medios espirituales, en especial la oración, la
Eucaristía y la Palabra de Dios. Los Pastores, las personas
consagradas, los animadores y responsables diocesanos y parroquiales
tienen la gravosa responsabilidad de ser ejemplo y modelo para los
demás. Este Sínodo nos ofrece la ocasión para hacer una seria
revisión de vida, finalizada a la conversión efectiva. El modelo de
la comunidad cristiana primitiva ilumina el tema del Sínodo: «La
multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma».
La participación de los laicos en la vida y la misión de la Iglesia
es un postulado indispensable de la comunión. Las estructuras
aparentes pueden esconder una pasividad o un papel meramente
ejecutivo. Los laicos deberían participar efectivamente en la
reflexión, la decisión y la ejecución. En unión con los Pastores,
hay que alentar sus iniciativas pastorales válidas y positivas y,
asimismo, su compromiso para con la sociedad. El lugar y el papel de
la mujer, religiosa y laica, debe ser valorizado y ampliado en la
Iglesia. Se deben valorizar los Consejos pastorales, parroquiales,
diocesanos y nacionales. Las Asociaciones y los Movimientos
internacionales deben adaptarse más a la mentalidad, las
tradiciones, la cultura y la lengua de la Iglesia y del país que los
acogen, obrando en estrecha coordinación con el Obispo del lugar. Es
muy recomendable su integración en la tradición oriental. Esto se
aplica también a las Congregaciones religiosas de origen occidental.
III. EL TESTIMONIO CRISTIANO
A. TESTIMONIAR EN LA IGLESIA: LA CATEQUESIS
1. Una catequesis para hoy en día, por fieles bien preparados
(62-64)
Ser cristianos significa ser testigos de Cristo, vivificados y
guiados por el Espíritu Santo. La Iglesia existe para dar testimonio
de su Se or. Es su mensaje principal. Este testimonio se transmite a
través del ejemplo, las obras y la catequesis, sobre todo la
iniciación a la fe y los sacramentos. Debe dirigirse a todos los
grupos de edad: ni os, jóvenes y adultos. Después de una correcta
preparación, los jóvenes pueden ser buenos catequistas de otros
jóvenes. Bien preparados, los padres participarán en la actividad
catequética en la familia y la parroquia. Las escuelas católicas,
las asociaciones y los movimientos apostólicos son lugares
privilegiados para le ense anza de la fe.
La presencia y la asistencia de un director espiritual junto a los
jóvenes y otros grupos de edad es una ayuda valiosa para la
formación religiosa, que favorece la aplicación de la fe a la vida
concreta. En las parroquias, las instituciones educativas y
culturales, la formación religiosa tendrá el lugar oportuno y tendrá
en cuenta los problemas auténticos y los desafíos actuales. Será
necesario asegurar una adecuada formación de los educadores en la
fe. Sin el testimonio de su vida, la acción de los catequistas será
estéril. En primer lugar son testigos del Evangelio. La catequesis
también debe promover los valores morales y sociales, el respeto por
el otro, la cultura de la paz y la no violencia, además del
compromiso por la justicia y el ambiente. La Doctrina Social de la
Iglesia, poco presente, es un elemento integrante de la formación de
la fe.
2. Métodos de catequesis (65-69)
La acción catequética no puede limitarse, hoy en día, a la sola
transmisión oral. Son indispensables los medios activos. A ni os y
jóvenes les gusta el trabajo en grupos: litúrgicos, deportivos,
corales, scouts y otros. Se deberán formar grupos allí donde no
existen. Pero hay que velar para que no se transformen en una simple
actividad social, sin espacio para la formación de la fe.
Los nuevos medios de comunicación son muy eficaces para anunciar el
Evangelio y testimoniarlo. Nuestras Iglesias necesitan personas
especializadas en estos ámbitos. Tal vez podamos ayudar a los más
dotados a formarse y luego comprometerlos en esa labor. En Líbano,
«La Voix de la Charité» (Sawt al-Mahabba) y, sobre todo,
TéléLumi re / Noursat, prestan grandes servicios a los
cristianos de nuestra región, llegando hasta otros continentes.
Otros países han emprendido iniciativas semejantes. Todos tienen
necesidad de apoyo y estímulo.
La catequesis debe tener en cuenta el contexto conflictivo de los
países de la región. Debe consolidar a los fieles en la fe y
formarlos para vivir el mandamiento del amor y para ser artífices de
la paz, la justicia y el perdón. El compromiso en la vida pública es
un deber que imponen el testimonio y la misión de construir el Reino
de Dios. Todo ello requiere una formación para superar el
confesionalismo, el sectarismo y las hostilidades internas, para ver
el rostro de Dios en cada persona y colaborar conjuntamente para
construir un futuro de paz, estabilidad y bienestar.
B. UNA LITURGIA RENOVADA Y FIEL A LA TRADICIÓN (70-75)
La liturgia «es la cumbre a la cual tiende la actividad de la
Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza»
[4]. En nuestras Iglesia orientales, la Divina Liturgia está en el
centro de la vida religiosa. Desempa a un papel importante
custodiando la identidad cristiana, reforzando la pertenencia a la
Iglesia, vivificando la vida de fe y suscitando la atención de
quienes se encuentran lejos e incluso de quienes no creen. Es decir,
constituye un anuncio y un testimonio importantes de una Iglesia que
reza y no sólo obra.
La renovación de la liturgia es muy anhelada. Aunque siga arraigada
en la tradición, tomará en cuenta la sensibilidad moderna y las
necesidades espirituales y pastorales actuales. Para la labor de
reformar la liturgia es necesaria una comisión de expertos. También
es necesario adaptar los textos litúrgicos para las celebraciones
destinadas a ni os y jóvenes, siempre inspiradas en el propio
patrimonio. Se necesita para esta tarea un grupo interdisciplinario
de expertos. La renovación litúrgica es también necesaria para las
oraciones devocionales. En toda esta labor de adaptación y reforma
habrá que tener en cuenta la dimensión ecuménica. El espinoso
problema de la communicatio in sacris exige un estudio
especial.
C. EL ECUMENISMO (76-84)
«Que todos sean uno … para que el mundo crea que tú me enviaste»
(Jn 17, 21). Sus discípulos deben continuar esta oración de
Cristo en todos los tiempos. La división de los cristianos se opone
a la voluntad de Cristo, constituye un escándalo y es un obstáculo
para el anuncio y el testimonio. La misión y el ecumenismo están
estrechamente vinculados. Las Iglesias católicas y ortodoxas tienen
mucho en común, tanto que los Papas Pablo VI, Juan Pablo II y
Benedicto XVI hablan de ‘comunión casi completa’. Hay que destacar
este hecho más que las diferencias. El Bautismo es el fundamento de
las relaciones con las demás Iglesias y Comunidades eclesiales,
haciendo posibles y necesarias muchas acciones e iniciativas
comunes. La ense anza religiosa debe abarcar explícitamente el
ecumenismo. Toda acción o publicación ofensiva o turbadora deberían
ser cuidadosamente evitadas.
Un esfuerzo sincero se requiere para superar los prejuicios,
entenderse mejor y aspirar a la plenitud de la comunión en la fe,
los sacramentos y el servicio jerárquico. Este diálogo se efectúa a
varios niveles. A nivel oficial, la Santa Sede emprende iniciativas
con todas las Iglesias de Oriente. En ellas están representadas las
Iglesias orientales católicas. Una forma nueva de ejercicio del
primado, sin renunciar a lo esencial de la misión del Obispo de
Roma, debe aún ser encontrada [5]. Es deseable establecer comisiones
locales de diálogo ecuménico. El estudio de la historia de las
Iglesias orientales católicas, así como de la Iglesia de tradición
latina, permitiría aclarar el contexto, la mentalidad y las
perspectivas vinculadas a su surgimiento.
La acción ecuménica requiere comportamientos adecuados: la oración,
la conversión, la santificación y el intercambio recíproco de dones,
en un espíritu de respeto, amistad, caridad recíproca, solidaridad y
colaboración. Estas actitudes deben ser cultivadas y alentadas a
través de la ense anza y los distintos medios de comunicación. El
diálogo es un instrumento esencial del ecumenismo. Exige una actitud
positiva de comprensión, escucha y apertura al otro. Todo ello
contribuirá a la superación de las desconfianzas y a trabajar juntos
para desarrollar los valores religiosos y colaborar en los proyectos
de utilidad social. Los problemas comunes deben ser abordados de
forma conjunta.
También debemos reforzar las iniciativas y estructuras que expresan
y sostienen la unidad, como el Consejo de las Iglesias de Oriente
Medio y la Semana de oración por la unidad de los cristianos. La
"purificación de la memoria" es un paso importante en la búsqueda de
la unidad plena. La colaboración y cooperación en los estudios
bíblicos, teológicos, patrísticos y culturales favorecen el espíritu
de diálogo. Una acción común podría tener lugar para la formación de
expertos en medios de comunicación en las lenguas locales. En el
anuncio y la misión se tendrá cuidado en evitar todo proselitismo y
todo medio que se oponga al Evangelio. Se debe hacer un esfuerzo
para unificar las fiestas de Navidad y Pascua.
D. RELACIONES CON EL JUDAÍSMO
1. Vaticano II: El fundamento teológico del vínculo con el judaísmo
(85-87)
La declaración ‘Nostra aetate’ del Concilio Vaticano II trata
de manera específica la relación entre la Iglesia y las religiones
no cristianas. En ella el judaísmo ocupa un lugar privilegiado. Este
documento se inscribe en el contexto de dos constituciones
dogmáticas: ‘Lumen gentium’, sobre la Iglesia, y ‘Dei
Verbum’, sobre la revelación. La primera afirma que el Pueblo
del Antiguo Testamento recibió las alianzas y las promesas y que
Cristo ha nacido, según la carne, de este pueblo, que se perpetúa en
el de la Nueva Alianza y enuncia las prefiguraciones
veterotestamentarias de la Iglesia. La segunda constitución
considera el Antiguo Testamento como una preparación al Evangelio y
como parte integrante de la historia de la Salvación.
2. Magisterio actual de la Iglesia (88-89)
Iniciativas de diálogo basadas en estos principios teológicos han
tenido lugar a nivel de la Santa Sede y de las Iglesias locales. El
conflicto israelo-palestino tiene repercusiones en las relaciones
entre Cristianos y Judíos. En varias ocasiones, la Santa Sede ha
expresado claramente su posición, en especial en ocasión de la
visita de S.S. el Papa Benedicto XVI a Tierra Santa en el a o
2009.Ha afirmado el derecho de los Palestinos a una patria soberana,
segura y en paz con sus vecinos, con fronteras internacionalmente
reconocidas [6]. En Jerusalén declaró: «La ciudad ha sido llamada la
madre de todos los hombres. Una madre puede tener muchos hijos, que
debe reunir y no separar» [7]. A los Israelíes ha deseado que los
dos pueblos puedan vivir en paz, cada uno en su patria, con
fronteras seguras, internacionalmente reconocidas. [8] Al jefe del
Estado de Israel ha dicho: «La cuestión de la seguridad duradera se
fundamenta en la confianza, se alimenta en las fuentes de la
justicia y la probidad, y se sella con la conversión de los
corazones» [9].
3. Deseo y dificultad del diálogo con el judaísmo (90-94)
Nuestras Iglesias rechazan el antisemitismo y el antijudaísmo. Las
dificultades en las relaciones entre los pueblos árabes y el pueblo
judío se deben sobre todo a la situación de conflicto. Distinguimos
la realidad religiosa de la realidad política. Los cristianos tienen
la misión de ser artífices de la reconciliación y la paz, basadas en
la justicia para las dos partes. Ha habido iniciativas pastorales
locales de diálogo con el judaísmo, por ejemplo, la oración en
común, sobre todo basada en los Salmos y la lectura y la meditación
de textos bíblicos.
Ello ha creado buena disposición para invocar juntos la paz, la
reconciliación, el perdón recíproco y buenas relaciones. Un problema
surge cuando algunos versículos bíblicos son sometidos a
interpretaciones tendenciosas, que justifican o favorecen la
violencia. La lectura del Antiguo Testamento y la profundización de
las tradiciones del judaísmo ayudan a conocer mejor la religión
judía. Ofrecen un terreno común para estudios serios y contribuyen a
un mejor conocimiento del Nuevo Testamento y de las Tradiciones
orientales. En el contexto actual se presentan otras posibilidades
de colaboración.
E. LAS RELACIONES CON LOS MUSULMANES (95-99)
La Declaración ‘Nostra aetate’ del Concilio Vaticano II
establece el fundamento de las relaciones de la Iglesia Católica con
los musulmanes. Leemos en ella: «La Iglesia mira también con aprecio
a los musulmanes, que adoran al único Dios vivo y subsistente,
misericordioso y omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, que
habló a los hombres»[10]. Después del Concilio numerosos encuentros
han tenido lugar entre los representantes de las dos religiones. Al
comenzar su pontificado, el Papa Benedicto XVI declaró: «El diálogo
interreligioso e intercultural entre cristianos y musulmanes no
puede reducirse a una elección pasajera. Es, de hecho, una necesidad
vital, de la que depende nuestro futuro en gran medida» [11].
Sucesivamente, el Santo Padre visitaría la Mezquita Azul de
Estambul, Turquía (30.05.2006) y la de Al-Hussein Bin Talal en
Ammán, Jordania (11.05.2009). El Consejo Pontificio para el Diálogo
Interreligioso sostiene ocasiones de diálogo de importancia
fundamental. Se recomienda la creación de comisiones locales de
diálogo interreligioso. Es necesario dar prioridad al diálogo de
vida, que ofrece el ejemplo de un testimonio silencioso elocuente y
que a veces es el único medio para proclamar el Reino de Dios. Sólo
los cristianos que ofrecen un testimonio de fe auténtico están
capacitados para un diálogo interreligioso creíble. Tenemos la
exigencia de educar a nuestros fieles al diálogo.
Las razones para tejer relaciones entre cristianos y musulmanes son
múltiples. Todos son conciudadanos, comparten el mismo idioma y la
misma cultura y, asimismo, las alegrías y los sufrimientos. Además,
los cristianos tienen la misión de vivir como testigos de Cristo en
sus sociedades. Desde su surgimiento, el Islam ha encontrado raíces
comunes con el Cristianismo y el Judaísmo, como ha mencionado el
Santo Padre [12]. Es necesario valorizar mejor la literatura árabe
cristiana.
El Islam no es uniforme: presenta una diversidad confesional,
cultural e ideológica. Dificultades en las relaciones entre
cristianos y musulmanes surgen del hecho que, en general, los
musulmanes no distinguen entre religión y política. Es ésta la
fuente del malestar de los cristianos, porque se sienten en una
situación de no ciudadanos, aunque se encuentren en su patria, en
sus países desde mucho antes que el Islam. Necesitamos un
reconocimiento que pase de la tolerancia a la justicia y la
igualdad, basado en la ciudadanía, la libertad religiosa y los
derechos humanos. Es la base y la garantía de una buena
coexistencia.
Los cristianos se deberán arraigar cada vez más en sus sociedades,
sin ceder a la tentación de replegarse en sí mismos en cuanto
minorías. Están llamados a trabajar juntos para la promoción de la
justicia, la paz, la libertad, los derechos del hombre, el ambiente
y los valores de la vida y la familia. Las problemáticas
sociopolíticas se han de encarar no como derechos que hay que
reclamar para los cristianos, sino como derechos universales que
cristianos y musulmanes defienden juntos por el bien de todos.
Debemos salir de la lógica de la defensa de los derechos de los
cristianos, para comprometernos por el bien de todos. Los jóvenes se
comprometerán a emprender iniciativas comunes desde estas
perspectivas.
Es necesario purificar los libros escolares de todo prejuicio con
referencia al otro y de toda ofensa o deformación. Se intentará más
bien entender el punto de vista del otro, en el respeto de las
creencias y las prácticas distintas. Los espacios comunes serán
valorizados, especialmente a nivel espiritual y moral. La Santa
Virgen María es un punto de encuentro de gran importancia. La
reciente declaración de la Anunciación como fiesta nacional en
Líbano es un ejemplo alentador. La religión es constructora de
unidad y armonía y expresión de comunión entre las personas y con
Dios.
F. EL TESTIMONIO EN LA CIUDAD (100-117)
Todos los ciudadanos de nuestros países deben enfrentarse juntos a
dos desafíos principales: la paz y la violencia. Las situaciones de
guerra y conflicto que vivimos generan violencia y son explotadas
por el terrorismo mundial. Occidente es identificado con el
Cristianismo y las decisiones de sus Estados son atribuidas a la
Iglesia. En cambio, actualmente sus gobiernos son laicos y cada vez
más se oponen a los principios de la fe cristiana. Es importante
explicar esta realidad y el sentido de una laicidad positiva, que
distingue lo político de lo religioso.
En este contexto, el cristiano tiene el deber y la misión de
presentar y vivir los valores evangélicos. También debe aportar la
palabra de la verdad (qawl al-haqq) ante las injusticias y la
violencia. La pedagogía de la paz es el único instrumento realista,
puesto que la violencia sólo ha traído fracasos y desastres. Ser
artífices de paz exige tener mucho valor. La oración por la paz es
indispensable, porque es en primer lugar un don de Dios.
1. La ambigüedad de la modernidad (103-105)
En nuestras sociedades, la influencia de la modernización, la
globalización y el laicismo tiene repercusiones sobre nuestros
cristianos. Todas nuestras sociedades están invadidas por la
modernidad, sobre todo a través de las cadenas mundiales de
televisión e internet. Ello aporta valores nuevos, pero hace que
otros se pierdan. Es una realidad ambigua. Por una parte, atrae con
sus promesas de bienestar, de liberación de las tradiciones, de
igualdad, de defensa de los derechos del hombre y de protección de
los débiles. Por otra parte, muchos musulmanes la ven como atea e
inmoral, una invasión de culturas desconcertantes y amenazadoras; a
tal punto que algunos de ellos la combaten con todas sus fuerzas.
También para los cristianos la modernidad constituye un riesgo y
conlleva la amenaza del materialismo, el ateísmo práctico, el
relativismo y el indiferentismo, que amenazan a nuestras familias,
nuestras sociedades y nuestras Iglesias. En nuestros institutos
educativos, pero también a través de los medios de comunicación,
hemos de formar a personas capaces de discernir, para que puedan
escoger sólo lo mejor. Debemos recordar el lugar de Dios en la vida
personal, familiar, eclesial y civil, y debemos rezar más.
2. Musulmanes y cristianos deben recorrer juntos el camino común
(106-110)
De aquí surge el deber que todos tenemos, musulmanes y cristianos,
como ciudadanos, de trabajar juntos por el bien común. Además, los
cristianos también están motivados por su misión de contribuir a
edificar una sociedad más conforme a los valores del Evangelio,
sobre todo la justicia, la paz y el amor. En ello seguiremos el
ejemplo y las huellas de generaciones de cristianos que han desempe
ado un papel esencial en la construcción de sus sociedades. Muchos
fueron pioneros del renacimiento de la cultura y la nación árabes.
También ahora, a pesar de ser una minoría, su papel es reconocido y
apreciado, sobre todo en los ámbitos de la educación, la cultura y
la promoción social. Será necesario alentar a nuestros laicos para
que se comprometan cada vez más con la sociedad.
La igualdad de los ciudadanos está afirmada en todas las
Constituciones. Pero, en los Estados con mayoría musulmana, el Islam
es, excepto en pocos casos, la religión de Estado y la sharia
es la fuente principal de la legislación. En algunos países o
regiones se aplica a todos los ciudadanos. Reconociendo el estatus
personal, algunos países conceden a los no musulmanes estatus
particulares y reconocen a sus tribunales en estos ámbitos. En otros
confían a los tribunales ordinarios la aplicación de los estatutos
particulares de los no musulmanes. La libertad de culto está
reconocida, pero no la libertad de conciencia. Con la expansión del
integralismo, los ataques contra los cristianos se multiplican.
G. CONTRIBUCIÓN ESPECÍFICA E INSUSTITUIBLE DEL CRISTIANO (111-117)
El aporte específico del cristiano a su sociedad es insustituible.
Con su testimonio y su acción, enriquece los valores que Cristo ha
aportado a la humanidad. Muchos de estos valores son comunes a los
de los musulmanes, lo cual ofrece la posibilidad y el interés para
promoverlos en común. La catequesis debe formar creyentes que sean
ciudadanos activos. El compromiso social y político desprovisto de
los valores del Evangelio es un testimonio en contra de ellos.
En el contexto del conflicto israelo-palestino, el cristiano puede y
debe dar su contribución específica a la justicia y la paz,
denunciando toda violencia, alentando el diálogo y haciendo un
llamado a la reconciliación, basada en el perdón recíproco por la
fuerza del Espíritu Santo. Es el único camino para crear una
realidad nueva. El aporte cristiano puede animar a los responsables
políticos a decidirse en este sentido. El cristiano también tiene la
misión de sostener a quienes sufren debido a situaciones de
conflicto y ayudarlos a abrir sus corazones a la acción del
Espíritu.
La aplicación de estos principios varía según la situación de cada
país. Es primordial educar a los cristianos para que contribuyan al
bien común, como un deber sagrado. Trabajarán con los demás por la
paz, el desarrollo y la armonía de las relaciones. Se esforzarán por
promover la libertad, la responsabilidad y la ciudadanía, para que
el individuo sea respetado por sí mismo y no en función de su
pertenencia confesional o social. También exigirán, con medios
pacíficos, el reconocimiento y el respeto de sus derechos.
El amor gratuito al hombre es nuestro testimonio más importante en
la sociedad. Lo expresamos y vivimos en nuestros institutos de
educación, médicos, sociales y caritativos, a través de la acogida y
el servicio ofrecidos a todos sin distinción. El servicio a los
demás, y no la pertenencia confesional, es el elemento que
caracteriza nuestra identidad como cristianos. Nuestra tarea
primordial es vivir la fe, dejar que hablen nuestras acciones, vivir
la verdad y proclamarla en la caridad, con coraje, y practicar la
solidaridad en nuestras instituciones. Debemos vivir una fe adulta,
no superficial, sostenida y vivificada por la oración. Nuestra
credibilidad exige la concordia en el seno de la Iglesia, la
promoción de la unidad entre los cristianos, una vida religiosa
convencida y que ello se traduzca concretamente en la vida. Este
testimonio elocuente requiere educación y acompa amiento permanente
a ni os, jóvenes y adultos.
CONCLUSIÓN
¿QUÉ FUTURO PARA LOS CRISTIANOS DE ORIENTE MEDIO?
«¡NO TEMAS, PEQUE O REBA O!»
A. ¿QUÉ FUTURO PARA LOS CRISTIANOS DE ORIENTE MEDIO? (118-119)
Los contextos actuales son fuente de dificultades y preocupación.
Animados por el Espíritu Santo y guiados por el Evangelio, nos
enfrentamos a ellas con la esperanza y la confianza filial en la
Divina Providencia. Hoy somos un ‘peque o resto’, pero nuestro
comportamiento y nuestro testimonio pueden hacer de nosotros una
presencia que cuenta en estos contextos. Los conflictos y problemas
locales, así como la política internacional, han generado en la
región el desequilibrio, la violencia y la huida hacia otras
tierras. Es un motivo de gran relevancia para asumir nuestra
vocación y nuestra misión de testimonio al servicio de la sociedad.
Frente a la tentación del desánimo, debemos recordar que somos
siempre discípulos de Cristo resucitado, que ha vencido el pecado y
la muerte. Él nos repite: «¡No temas, peque o reba o!» (Lc
12, 32). Por Él, con Él y para Él, ¡tenemos un futuro! Depende de
nosotros tomarlo en nuestras manos, en colaboración con los hombres
de buena voluntad, para la vitalidad de nuestras Iglesias y el
crecimiento de nuestros países, en la justicia, la paz y la
igualdad. «Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un
espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad» (2
Tm 1, 7). Nos guía nuestra fe en la vocación que el Se or nos ha
confiado, sabiendo que Él mismo se ha comprometido con nosotros,
para que seamos artífices de la paz y creadores de una cultura de
paz y amor.
B. LA ESPERANZA (120-123)
Cristo, nacido en Tierra Santa, ha traído la única esperanza
verdadera a la humanidad. Desde entonces ésta ha animado y sostenido
a las personas y los pueblos que sufren. Y sigue siendo fuente de
fe, caridad y alegría, aun en medio de las dificultades y los
desafíos, para formar a testigos de Cristo resucitado, presente
entre nosotros. Con Él y por Él, podemos cargar con nuestra cruz y
nuestros sufrimientos. La esperanza también nos da la fuerza de ser
«cooperadores de Dios» (1 Co 3, 9), para contribuir en
la construcción del Reino de Dios en la tierra. De este modo
prepararemos un futuro mejor para las generaciones venideras.
Todo ello nos exige más fe, más comunión y más amor. Nuestras
Iglesias necesitan creyentes testigos, ya sea a nivel de los
Pastores que de los fieles. El anuncio de la Buena Noticia no puede
ser fecundo si los obispos, los sacerdotes, los religiosos, las
religiosas y los laicos no están inflamados por el amor de Cristo e
iluminados por el celo de darlo a conocer y amar. Confiamos en que
este Sínodo no será un mero evento pasajero, sino que permitirá
realmente que el Espíritu ponga en movimiento a nuestras Iglesias.
A los cristianos de Tierra Santa, el Santo Padre Benedicto XVI ha
dirigido estas palabras en Jerusalén el 12 de mayo de 2009: «Estáis
llamados a servir, no sólo como una luz-testigo de fe, sino también
como levadura de armonía, sabiduría y equilibrio, en la vida de una
sociedad que tradicionalmente ha sido plural, multiétnica y
multirreligiosa, y que seguirá siéndolo … aquí hay lugar para todos»
[13].
Imploremos a la Santa Virgen María, tan venerada y amada en nuestras
Iglesias, que forme nuestros corazones según el ejemplo del corazón
de su Hijo, Jesús. Y acojamos su invitación: «Hagan todo lo que
él les diga» (Jn 2, 5).
NOTAS
[1] Cartas de los patriarcas Católicos de Oriente, 1992
[2] Cartas de los patriarcas Católicos de Oriente, 1991
[3] Benedicto XVI, Discurso a los consagrados y los movimientos
eclesiales, Amán, 09-05-2009
[4] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Sacrosanctum
Concilium sobre la Sagrada Liturgia, 10
[5] Cf. Juan Pablo II. Carta Encíclica "Ut unum sint", 20.05.1995
[6] Cf. Benedicto XVI, Ceremonia de Bienvenida en Belén, 13.05.2009
[7] Custodia de Tierra Santa, Comentario sobre la Misa en la Valle
de Josaphat en Jerusalén, 11.05.2009
[8] Cf. Benedicto XVI, Discurso en el aeropuerto de Tel Aviv,
11.05.2009
[9] Cf. Benedicto XVI, Discurso al Presidente de Israel, 11.05.09
[10] Concilio Ecuménico Vaticano II, Declaración Nostra aetate,
3.
[11] CF. Benedicto XVI, Encuentro con los representantes de
comunidades musulmanas, Colonia, 20.08.2005
[12] Cf. Benedicto XVI. Conversación con los periodistas durante el
vuelo, 08.05.2009
[13] Cf. Benedicto XVI. Discurso a los cristianos de Tierra Santa,
Jerusalén, 12.05.2009
[00002-04.10] [NNNNN] [Texto original: francés]
AVISOS
- RUEDA DE PRENSA
- "BRIEFING"
- "POOLS"
- BOLETÍN SYNODUS EPISCOPORUM
- COBERTURA TELEVISIVA EN DIRECTO
- BOLETÍN TELEFÓNICO
-
HORARIO DE APERTURA DE LA OFICINA DE PRENSA DE LA SANTA SEDE
RUEDA DE PRENSA
La primera Rueda de Prensa sobre los trabajos sinodales (con
traducción simultánea en italiano, inglés, francés y árabe) tendrá
lugar en el Aula Juan Pablo II de la Oficina de Prensa de la Santa
Sede, el lunes 11 de octubre de 2010 a las 12:45,
aproximadamente (tras la Relación anterior a la discusión) .
Intervendrán:
- S. B. Antonios NAGUIB, Patriarca de Alejandría de los Coptos
(REPÚBLICA ÁRABE DE EGIPTO), Relator General
- S. E. R. Mons. Béchara RA , O.M.M.,
Obispo de Jbeil de los Maronitas (LÍBANO)
- Rev. P.
Federico LOMBARDI, Director de la Oficina de Prensa de la Santa
Sede, Secretario Ex-oficio de la Comisión para la Información
(CIUDAD DEL VATICANO)
Las próximas ruedas de prensa tendrán lugar:
- Lunes 18 de octubre de 2010 (tras la Relación posterior a la
discusión)
- Sábado 23 de octubre de 2010 (tras el Mensaje y la Lista
final de las propuestas)
Se ruega a los operadores audiovisuales (cámaras y técnicos) y a los
fotógrafos que se dirijan al Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales para el permiso de acceso.
"BRIEFING"
Para una información más eficaz sobre los trabajos sinodales se han
organizado 4 grupos lingüísticos para los periodistas acreditados.
A continuación se detalla el lugar del "briefing" y el nombre del
Responsable de Prensa para cada grupo lingüístico:
Grupo lingüístico italiano
Responsable: Rev. Mons. Giorgio COSTANTINO
Lugar: Sala de periodistas, Oficina de Prensa de la Santa Sede
Grupo lingüístico inglés
Responsable: Dr. Tracey Alicia McCLURE
Lugar: Aula Juan Pablo II, Oficina de Prensa de la Santa Sede
Grupo lingüístico francés
Responsable: Sra. Romilda FERRAUTO
Lugar: Sala "Blu" 1er
Piso, Oficina de Prensa de la Santa Sede
Grupo lingüístico árabe
Responsable: Rev. P. Jean MOUHANNA, O.M.M.
Lugar: Sala de telecomunicaciones, Oficina de Prensa de la Santa
Sede
En los siguientes días está previsto un "briefing" de los
Responsables de Prensa a las 13:10, aproximadamente:
- Martes 12 de octubre de 2010
- Miércoles 13 de octubre de 2010
- Jueves 14 de octubre de 2010
- Viernes 15 de octubre de 2010
- Sábado 16 de octubre de 2010
- Martes 19 de octubre de 2010
- Jueves 21 de octubre de 2010
- Viernes 22 de octubre de 2010
En algunas ocasiones a los responsables de prensa les acompa ará un
Padre sinodal o un Experto.
Los nombres de los participantes y los eventuales cambios de fechas
y horarios se comunicarán lo antes posible.
"POOLS"
Los siguientes días habrá "pools" de periodistas acreditados para
acceder al Aula del Sínodo, aproximadamente durante la oración de
apertura de las Congregaciones Generales de la ma ana:
- Martes 12 de octubre de 2010
- Jueves 14 de octubre de 2010
- Viernes 15 de octubre de 2010
- Sábado 16 de octubre de 2010- Lunes 18 de octubre de 2010
- Jueves 21 de octubre de 2010
- Sábado 23 de octubre de 2010
En la Oficina de información y acreditación de la Oficina de Prensa
de la Santa Sede (en la entrada a la derecha) estarán a disposición
de los redactores las listas de inscripción a los "pools.
Para los "pools" los fotógrafos y los cámaras deben dirigirse
al Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.
Los participantes en los "pools" tienen que estar a las 8:30 en el
Sector de Prensa, montado en el exterior frente a la entrada del
Aula Pablo VI, desde donde les acompa ará un oficial de la Oficina
de Prensa de la Santa Sede (a los redactores) y del Pontificio
Consejo para las Comunicaciones Sociales (a los fotógrafos y equipos
de TV). Es necesario llevar indumentaria apropiada para la
circunstancia.
BOLETÍN SYNODUS
EPISCOPORUM
El Boletín informativo de la Comisión para la información de la
Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos,
titulada Synodus Episcoporum, publicado por la Oficina de
Prensa de la Santa Sede, saldrá en 6 ediciones lingüísticas
(plurilingüe, italiana, inglesa, francesa, espa ola y árabe), con 2
números cada día (matinal y vespertino) o según sea necesario.
La edición de la ma ana saldrá una vez finalizada la Congregación
General de la ma ana y la edición de la tarde, durante la ma ana
siguiente.
La distribución a los periodistas acreditados se efectuará en la
Sala de periodistas de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
La edición plurilingüe reproducirá los resúmenes de las
intervenciones de los Padres Sinodales, elaborados por ellos mismos,
en las lenguas en las que serán entregados para su publicación. Las
5 ediciones restantes recogerán las versiones en italiano, inglés,
francés, espa ol y árabe.
El tercer número del Boletín contendrá la homilía del Santo Padre
para la Solemne Concelebración Eucarística de apertura del domingo
10 de octubre de 2010 por la ma ana (bajo embargo, estará a
disposición de los periodistas acreditados cuando se abra la Oficina
de Prensa de la Santa Sede).
El cuarto número contendrá los informes que serán presentados en la
Primera Congregación General del lunes 11 de octubre de 2010 por la
ma ana (televisada también en directo en la Oficina de Prensa de la
Santa Sede).
COBERTURA TELEVISIVA EN
DIRECTO
Se televisarán en directo por las pantallas de la Sala de
telecomunicaciones, la Sala de periodistas y el Aula Juan Pablo II
de la Oficina de Prensa de la Santa Sede:
- Domingo 17 de octubre de 2010 (a las 10:00): Solemne
Concelebración Eucarística con Canonización (Plaza de San Pedro)
- Lunes 18 de octubre de 2010 (a las 9:00): Parte de la Congregación
General en la que se presenta la Relación posterior a la
discusión
- Domingo 24 de octubre de 2010 (a las 9:30): Solemne Concelebración
de la Santa Misa con motivo de la clausura del Sínodo (Basílica de
San Pedro)
Las eventuales variaciones se publicarán lo antes posible.
BOLETÍN TELEFÓNICO
Durante el Sínodo funcionará un boletín telefónico:
- +39-06-698.19 con el Boletín ordinario de la Oficina de Prensa de
la Santa Sede;
- +39-06-698.84051 con el Boletín del Sínodo de los Obispos (edición
de la ma ana);
- +39-06-698.84877 con el Boletín del Sínodo de los Obispos (edición
de la tarde).
HORARIO DE APERTURA DE LA OFICINA DE PRENSA DE LA SANTA SEDE
Con motivo de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de
los Obispos la Oficina de Prensa de la Santa Sede observará el
siguiente horario del 8 al 24 de octubre de 2009:
- Del lunes 11 de octubre al sábado 16 de octubre: de 9:00 a 16:00
- Domingo 17 de octubre (Santa Misa con Canonización): de 9:00 a
13:00
- Del lunes 18 de octubre al sábado 23 de octubre: de 9:00 a 16.00
- Domingo 24 de octubre (Santa Misa de clausura): de 9:00 a 13:00
El personal de la Oficina de información y acreditación estará
disponible (en la entrada a la derecha):
- De lunes a viernes de 9:00 a 15:00
- El sábado de 9:00 a 14:00
Si hay cambios se comunicarán lo antes posible en el tablón de
anuncios de la Sala de periodistas, en la Oficina de Prensa de la
Santa Sede, en el Boletín informativo de la Comisión para la
Información de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de
los Obispos y en el apartado "Comunicaciones de servicio" de la
página web de la Santa Sede.
Aviso a los lectores
Errata corrige
En caso de observarse errores en el contenido del Boletín, rogamos
lo indiquen a la Redacción mediante correo electrónico a:
fungogenerale@pressva-fungo.va |