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05 - 11.10.2010
RESUMEN
-
PRIMERA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES 11 DE OCTUBRE DE 2010, POR LA
MAÑANA) - CONTINUACIÓN
-
SEGUNDA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES 11 DE OCTUBRE DE 2010, POR LA
TARDE)
- AVISOS
PRIMERA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES 11 DE OCTUBRE DE 2010, POR LA
MAÑANA)
- REFLEXIÓN DEL SANTO PADRE
En la apertura de la Primera Congregación General de esta mañana,
lunes 11 de octubre de 2010, tras la lectura breve de la Hora
Tercia, el Santo Padre Benedicto XVI hizo la siguiente reflexión:
Queridos hermanos y hermanas:
El 11 de octubre de 1962, hace cuarenta y ocho años, el Papa Juan
XXIII inauguraba el Concilio Vaticano II. Entonces el 11 de octubre
se celebraba la fiesta de la Maternidad divina de María y, con este
gesto, con esta fecha, el Papa quiso encomendar todo el Concilio a
las manos maternas, al corazón materno de la Virgen. También
nosotros empezamos el 11 de octubre, también nosotros queremos
encomendar este Sínodo, con todos los problemas, con todos los
desafíos, con todas las esperanzas, al corazón materno de la Virgen,
la Madre de Dios.
Pio XI, en 1930, había introducido esta fiesta, mil seiscientos años
después del Concilio de Éfeso, el cual había legitimado para María
el título Theotókos, Dei Genitrix. En esta gran palabra, Dei
Genitrix, Theotókos, el Concilio de Éfeso había resumido toda la
doctrina de Cristo, de María, toda la doctrina de la redención. Así,
vale la pena reflexionar un poco, un momento, sobre lo que nos dice
el Concilio de Efeso, o sea, de lo que nos dice en este día de hoy.
En realidad, Theotókos es un título audaz. Una mujer es Madre de
Dios. Podríamos decir: ¿cómo es posible? Dios es eterno, es el
Creador. Nosotros somos criaturas, estamos en el tiempo. ¿Cómo
podría una persona humana ser Madre de Dios, del Eterno, dado que
todos nosotros estamos en el tiempo, somos todos criaturas? Por lo
tanto se entiende que había una gran oposición, en parte, contra
esta palabra. Los nestorianos decían: se puede hablar de
Christotókos, sí, pero de Theotókos no: Theós, Dios, es más, está
por encima de los acontecimientos de la historia. Pero el Concilio
decidió esto y justamente así ha puesto en evidencia la aventura de
Dios, la grandeza de todo lo que ha hecho por nosotros. Dios no ha
permanecido en sí: ha salido de sí, se ha unido de tal modo, tan
radicalmente con este hombre, Jesús, que este hombre Jesús es Dios y
si hablamos con Él, podemos siempre hablar también con Dios. No sólo
ha nacido un hombre que tiene que ver con Dios, sino que en Él ha
nacido Dios en la tierra. Dios ha salido de sí. Pero podemos decir
también lo contrario: Dios nos ha atraído hacia sí, de forma que ya
no estamos fuera de Dios, sino que estamos en lo íntimo, en la
intimidad de Dios mismo.
La filosofía aristotélica, lo sabemos bien, nos dice que entre Dios
y el hombre existe sólo una relación no recíproca. El hombre se
refiere a Dios, pero Dios, el Eterno, está en sí, no cambia: no
puede tener hoy esta relación y mañana otra. Está en sí, no tiene
una relación ad extra. Es una palabra muy lógica, pero es una
palabra que nos desespera: por lo tanto Dios mismo no tiene relación
conmigo. Con la encarnación, con el advenimiento de la Theotókos,
esto ha cambiado de forma radical, porque Dios nos ha atraído hacia
sí mismo y Dios en sí mismo es relación y nos hace participar en su
relación interior. Así estamos en su ser Padre, Hijo y Espíritu
Santo, estamos en el interior de su relación, estamos en relación
con Él y Él realmente ha creado una relación con nosotros. En ese
momento Dios deseaba nacer de una mujer y ser siempre sí mismo: este
es el gran advenimiento. Y así podemos entender la profundidad del
acto del Papa Juan XXIII, que confió la asamblea conciliar, sinodal,
al misterio central, a la Madre de Dios que es atraída por el Señor
en Él mismo, y así todos nosotros con Ella.
El Concilio empezó con el icono de la Theotókos. Al final, el Papa
Pablo VI reconoce a la misma Virgen el título de Mater Ecclesiae. Y
estas dos imágenes, que abren y cierran el Concilio, están
intrínsecamente conectadas; son, al final, una imagen sola. Porque
Cristo no ha nacido como un individuo entre los otros. Ha nacido
para crearse un cuerpo: ha nacido - como dice san Juan en el
capítulo 12 de su Evangelio - para atraer a todos hacia Él y en Él.
Ha nacido - como dicen las Cartas a los Colosenses y a los Efesios -
para recapitular todo el mundo, ha nacido como primogénito de muchos
hermanos, ha nacido para reunir al cosmos en sí, para que así Él sea
la Cabeza de un gran Cuerpo. Donde nace Cristo inicia el movimiento
de la recapitulación, inicia el movimiento de la llamada, de la
construcción de su Cuerpo, de la Santa Iglesia. La Madre de Theós,
la Madre de Dios, es Madre de la Iglesia, porque es Madre de Aquél
que ha venido para reunirnos a todos en su Cuerpo resucitado.
San Lucas nos hace entender este paralelismo entre el primer
capítulo de su Evangelio y el primer capítulo de los Hechos de los
Apóstoles, que repiten en dos niveles el mismo misterio. En el
primer capítulo del Evangelio, el Espíritu Santo viene sobre María y
así alumbra y nos dona el Hijo de Dios. En el primer capítulo del
Hecho de los Apóstoles, María está en el centro de los discípulos de
Jesús que están rezando juntos, implorando la nube del Espíritu
Santo. Y así, de la Iglesia creyente, con María en el centro, nace
la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Este doble nacimiento es el único
nacimiento del Christus totus, del Cristo que abraza al mundo y a
todos nosotros.
Nacimiento en Belén, nacimiento en el Cenáculo. Nacimiento del Niño
Jesús, nacimiento del Cuerpo de Cristo, de la Iglesia. Son dos
advenimientos o un único advenimiento. Pero entre los dos están
realmente la Cruz y la Resurrección. Y sólo a través de la Cruz
tiene lugar el camino hacia la totalidad del Cristo, hacia su Cuerpo
resucitado, hacia la universalización de su ser en la unidad de la
Iglesia. Y así, teniendo presente que sólo del grano caído en la
tierra nace la gran cosecha, del Señor clavado en la Cruz viene la
universalidad de sus discípulos reunidos en este su Cuerpo, muerto y
resucitado.
Teniendo en cuenta este nexo entre Theotókos y Mater Ecclesiae,
nuestra mirada se dirige al último libro de la Sagradas Escrituras,
el Apocalipsis, donde en el capítulo 12 aparece justamente esta
síntesis. La mujer vestida de sol, con doce estrellas sobre la
cabeza y la luna bajo los pies, da a luz. Y alumbra con un grito de
dolor, alumbra con gran dolor. Aquí el misterio mariano es el
misterio de Belén ampliado al misterio cósmico. Cristo nace siempre
de nuevo en todas las generaciones y así asume, recoge la humanidad
en sí mismo. Y este nacimiento cósmico se realiza en el grito de la
Cruz, en el dolor de la Pasión. Y a este grito en la Cruz pertenece
la sangre de los mártires.
Así, en este momento, podemos echar una mirada al segundo Salmo de
esta Hora Media, el Salmo 81, donde se ve una parte de este proceso.
Dios está entre los dioses - aún están considerados en Israel como
dioses. En este Salmo, en una gran concentración, en una visión
profética, se ve el debilitamiento de los dioses. Los que aparecían
como dioses no son dioses y pierden su carácter divino, caen a
tierra. Dii estis et moriemini sicut homines (cfr. Sal 81, 6-7): el
debilitamiento, la caída de la divinidad.
Este proceso que se lleva a cabo en el largo camino de la fe de
Israel y que aquí está resumido en una única visión, es un proceso
verdadero de la historia de la religión: la caída de los dioses. Y
así la transformación del mundo, el conocimiento del Dios verdadero,
el debilitamiento de las fuerzas que dominan la tierra, es un
proceso de dolor. En la historia de Israel vemos como este liberarse
del politeísmo, este reconocimiento - “solo Él es Dios” - se produce
con tantos dolores, empezando por el camino de Abraham, el exilio,
los Macabeos, hasta Cristo. Y en la historia continua este proceso
de debilitamiento, del cual habla el Apocalipsis en el capítulo 12;
habla de la caída de los ángeles, que no son ángeles, no son
divinidades en la tierra. Y se lleva a cabo realmente, justo en el
tiempo de la Iglesia naciente, donde vemos como con la sangre de los
mártires se debilitan las divinidades, empezando por el divino
emperador, de todas estas divinidades. Es la sangre de los mártires,
el dolor, el grito de la Madre Iglesia que las hace caer
transformando así el mundo.
Esta caída no es sólo el conocimiento de que ellas no son Dios; es
el proceso de transformación del mundo, que cuesta la sangre, cuesta
el sufrimiento de los testigos de Cristo. Y, si miramos bien, vemos
que este proceso no se ha acabado nunca. Se lleva a cabo en
distintos periodos de la historia con modos siempre nuevos; y
también hoy, en este momento, en el cual Cristo, el único Hijo de
Dios, debe nacer para el mundo con la caída de los dioses, con el
dolor, con el martirio de los testigos. Pensemos en las grandes
potencias de la historia de hoy, pensemos en los capitales anónimos
que esclavizan al hombre, que no son más que el hombre, pero que son
un poder anónimo al cual sirven los hombres, por el cual son
atormentados los hombres e incluso masacrados. Son un poder
destructivo, que amenaza el mundo. Y, después, el poder de las
ideologías terroristas. Aparentemente en nombre de Dios se aplica la
violencia, pero no es Dios: son falsas divinidades, que deben ser
desenmascaradas, que no son Dios. Y la droga, este poder que, como
una bestia voraz, extiende sus manos sobre todas las partes de la
tierra y destruye: es una divinidad, pero es una divinidad falsa,
que debe caer. O también el modo de vivir propagado por la opinión
pública: hoy se hace así, el matrimonio ya no cuenta, la castidad no
es una virtud y así por el estilo.
Estas ideologías que dominan, de forma que se imponen con la fuerza,
son divinidades. Y en el dolor de los santos, en el dolor de los
creyentes, de la Madre Iglesia de la cual nosotros somos parte,
deben caer estas divinidades, debe realizarse cuanto dicen las
Cartas a los Colosenses y los Efesios: las dominaciones, los poderes
caen y se convierten en súbditos del único Señor Jesucristo. De esta
lucha en la cual nosotros estamos, de esta debilitamiento de Dios,
de esta caída de los falsos dioses que caen porque no son
divinidades sino poderes que destruyen el mundo, habla el
Apocalipsis en el capítulo 12, también con una imagen misteriosa
para la cual me parece que, sin embargo, hay distintas bellas
interpretaciones. Se dice que el dragón lanza un gran río de agua
contra la mujer en fuga para derribarla. Y parece inevitable que la
mujer se ahogue en este río. Pero la buena tierra absorbe este río y
éste no puede causar daño. Yo pienso que el río se puede interpretar
fácilmente: son las corrientes que nos dominan a todos y que quieren
hacer desaparecer la fe de la Iglesia, la cual parece no tener lugar
ante la fuerza de estas corrientes que se imponen como la única
racionalidad, el único modo de vivir. Y la tierra que absorbe estas
corrientes es la fe de los sencillos, que no se deja derribar por
estos ríos y salva a la Madre y salva al Hijo. Por esto el Salmo
dice - el primer Salmo de la Hora Media - la fe de los sencillos es
la verdadera sabiduría (cfr. Sal 118,130). Esta sabiduría verdadera
de la fe sencilla, que no se deja devorar por las aguas, es la
fuerza de la Iglesia. Y volvemos al misterio mariano.
Y hay también una última palabra en el Salmo 81, “movebuntur omnia
fundamenta terrae” (Sal 81,5), vacilan los cimientos de la tierra.
Lo vemos hoy, con los problemas climáticos, cómo están amenazados
los cimientos de la tierra, pero están amenazados por nuestro
comportamiento. Vacilan los cimientos exteriores porque vacilan los
cimientos interiores, los cimientos morales y religiosos, la fe de
la cual sale el recto modo de vivir. Y sabemos que la fe es el
cimiento y, en definitiva, los cimientos de la tierra no pueden
vacilar si permanece firme la fe, la verdadera sabiduría.
Y después el Salmo dice: “¡Álzate, oh Dios, juzga a la tierra!” (Sal
81,8). Así decimos también nosotros al Señor: “Álzate en este
momento, toma la tierra entre tus manos, protege a tu Iglesia,
protege a la humanidad, protege a la tierra”. Y nos encomendamos de
nuevo a la Madre de Dios, a María, y oramos: “Tú, la gran creyente,
tú que has abierto la tierra al cielo, ayúdanos, abre también hoy
las puertas, para que sea vencedora la verdad, la voluntad de Dios,
que es el verdadero bien, la verdadera salvación del mundo”. Amén.
[00013-04.13] [NNNNN] [Texto original: italiano]
En esta Congregación General estaban presentes 170 Padres.
SEGUNDA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES 11 DE OCTUBRE DE 2010, POR LA
TARDE)
-
RELACIONES SOBRE LOS CONTINENTES
- INTERVENCIONES EN EL
AULA (INICIO)
Hoy, a las 16:30, con la oración del Adsumus ha comenzado la Segunda
Congregación General, para la lectura de las Relaciones de los
Continentes y para abrir las intervenciones de los Padres sinodales
en el Aula sobre el tema del Sínodo: La Iglesia católica en Oriente
Medio:comunión y testimonio. "La multitud de los creyentes no tenía
sino un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32).
Presidente Delegado de turno S. Em. R. Card. Leonardo SANDRI,
Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales (CIUDAD DEL
VATICANO).
Los Padres sinodales, tras las intervenciones sobre el tema del
Sínodo, dispusieron de tiempo para intervenciones libres, en
presencia del Santo Padre.
En esta Congregación General, que concluyó a las 18:55 con la
oración del Angelus Domini, estaban
presentes 163 Padres.
RELACIONES SOBRE LOS
CONTINENTES
Por África: S. Em. R. Card.
Polycarp PENGO, Arzobispo de Dar-es-Salaam, Presidente del
"Symposium of Episcopal Conferences of Africa and Madagascar"
(S.E.C.A.M.) (TANZANIA)
Para Norte América: S. Em. R. Card. Roger Michael MAHONY, Arzobispo
de Los Angeles (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
Per Asia: S. E. R. Mons. Orlando B. QUEVEDO, O.M.I., Arzobispo de
Cotabato, Secretario General de la "Federation of Asian Bishops'
Conferences" (F.A.B.C.) (FILIPINAS)
Per Europa: S. Em. R. Card. Péter ERDŐ,
Arzobispo de Esztergom-Budapest, Presidente de la Conferencia
Episcopal, Presidente del "Consilium Conferentiarum Episcoporum
Europae" (C.C.E.E.) (HUNGRÍA)
Per Oceanía: S. E. R. Mons. John Atcherley DEW, Arzobispo de
Wellington, Presidente de la "Federation of Catholic Bishops'
Conferences of Oceania" (F.C.B.C.O.) (NUEVA ZELANDA)
Para América Latina: S. E. R. Mons. Raymundo DAMASCENO ASSIS,
Arzobispo de Aparecida, Presidente del "Consejo Episcopal
Latinoamericano" (C.E.L.AM.) (BRASIL)
Publicamos a continuación las Relaciones sobre los Continentes:
Por África: S. Em. R. Card.
Polycarp PENGO, Arzobispo de Dar-es-Salaam, Presidente del
"Symposium of Episcopal Conferences of Africa and Madagascar"
(S.E.C.A.M.) (TANZANIA)
Hablo en nombre del Simposio de las Conferencias Episcopales de
África y Madagascar (SECAM) del que soy el actual presidente.
El Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar
tienen un lazo intrínseco con la Iglesia en Oriente Medio,
especialmente a través de la Iglesia de Egipto, que forma parte
tanto de África como de Oriente Medio.
Egipto, a pesar de las diferencias culturales y lingüísticas con
África subsahariana es, por necesidad geográfica, parte de la
Iglesia de África (SECAM) y, gracias a factores lingüísticos y
culturales, parte de la Iglesia de Oriente Medio. Seguramente, los
dos factores que constituyen su pertenencia a la Iglesia de Egipto
no son incompatibles. Al contrario, pueden ser aprovecharse de
manera positiva, por el bien de la Iglesia tanto en África como en
Oriente Medio.
Por otro lado, los cristianos emigran de Oriente Medio debido a lo
que se considera como condiciones opresivas contra la fe cristiana
en algunos países de Oriente Medio. Por otro lado, muchos jóvenes
cristianos africanos cada año emigran desde África subsahariana al
norte de África (incluyendo Egipto), por estudios, empleo o en
tránsito hacia Europa y Oriente Medio. Muchos de estos jóvenes dejan
sus países siendo fervientes practicantes cristianos, pero cuando
llegan al norte de África se encuentran en un ambiente de
predominancia islámica que les da poca libertad para practicar su fe
cristiana.
Esto me recuerda una situación que se presentó en África del este no
hace muchos años. Hasta hace cincuenta años el Islam era tan
predominante en las costas del este africano del Océano Índico, que
amenazaba la fe de los jóvenes cristianos que venían del interior
del continente buscando trabajo en plantaciones de sisal y en
oficinas gubernamentales en las áreas costeras.
Lo que salvó la situación en el este de África fue la estrecha
colaboración entre los misioneros cristianos del interior y los de
la costa. Los jóvenes que iban hacia el norte llevaban consigo unas
cartas de presentación de los misioneros de sus lugares de origen
dirigidas a los misioneros de las costas, quienes los recibían en
centros cristianos, donde podían practicar libremente su fe.
Hoy en día, ningún cristiano en las costas de África del este se
siente obligado a esconder su identidad cristiana, a pesar del hecho
que el Islam sigue siendo la religión mayoritaria. Tampoco son
necesarios asentamientos cristianos aisladas.
Con respecto a la situación anteriormente descrita en África y en
Oriente Medio, los métodos de acción pueden ser muy diferentes. Sin
embargo, la estrecha cooperación entre la Iglesia subsahariana y la
Iglesia en África del norte y en Oriente Medio sigue siendo de suma
importancia para la supervivencia del cristianismo en ambas partes,
y el SECAM es una herramienta excelente para lograr dicha
cooperación.
[00018-04.06] [RC001] [Texto original: inglés]
Para Norte América: S. Em. R. Card. Roger Michael MAHONY, Arzobispo
de Los Angeles (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
En nombre de los Obispos y los Católicos de América del Norte, tengo
el placer de saludar a todos nuestros hermanos Obispos y Católicos
de las distintas Iglesias de Oriente Medio, reunidos para esta
histórica Asamblea Especial. Nuestros países están bendecidos por la
gran presencia de vuestros miembros que viven entre nosotros, y en
solidaridad con la Iglesia Católica de Estados Unidos.
Mi intervención se centrará en cómo viven el misterio de la comunión
los Cristianos de Oriente Medio en la diáspora, entre ellos y con
otros Cristianos. Después dirigiré mi atención al testimonio
específico que los Cristianos de Oriente Medio están llamados a dar.
A pesar de que mis observaciones pueden aplicarse en general a toda
Norteamérica, hablaré de algunos ejemplos de mi experiencia en la
Archidiócesis de Los Angeles, ya que todas las Iglesias Católicas
Orientales están representadas en nuestra Archidiócesis.
Testimonio de la Comunión
Además de reconocer su unión con Roma, hay que alentar las
relaciones intereclesiales, no sólo entre las Iglesias sui iuris en
Oriente Medio, sino especialmente en la diáspora. Observando la
hemorragia de cristianos de Oriente Medio hacia Europa, Australia y
el continente americano, hemos buscado varias maneras de transformar
la emigración en una nueva oportunidad de apoyo para estos
cristianos que se están estableciendo tras la diáspora (par. 47-48).
Intentamos apoyar a las Iglesias Orientales Católicas sui iuris
acogiendo y ayudando a crear parroquias y escuelas, instituciones
culturales y organizaciones que presten servicio a las necesidades
de su gente mientras se asientan en Occidente.
Hemos acogido a Católicos de las Iglesias Sirio-Caldea, Copta,
Greco-Melquita, Maronita y Siria y la Archidiócesis ha ayudado a
algunos de ellos durante años con préstamos financieros y otros
medios para que pudieran construir su hogar en Los Angeles. En mis
veinticinco años como Arzobispo he visitado cada una de estas
comunidades, animándolas “a ser ellas mismas” mientras vivían en el
área geográfica de la Archidiócesis Romano-Católica de Los Angeles.
Entre otros recursos, tenemos la Asociación Pastoral
Católico-Oriental, que prevé unas reuniones bimensuales del clero de
estas y otras Iglesias Católicas Orientales para orar y apoyarse
mutuamente en su esfuerzo por coordinar las actividades pastorales
en un espíritu de construcción conjunta más que de rivalidad (par.
55).
La comunión es el corazón de la vida divina: diversidad en la
unidad; unidad en la diversidad. Unidad en la diversidad, diversidad
en la unidad, yace en el corazón de la comunión que es la Iglesia.
En los Estados Unidos el profundo respeto por la diversidad crea
unos desafíos únicos. “Los fieles de las distintas Iglesias sui
iuris a menudo frecuentan una Iglesia Católica diversa de la propia”
(p.ej., una Iglesia Católica Romana). “Se pide a esta gente que
mantenga sus lazos con su propia comunidad, p. ej., en la que fueron
bautizados” (cfr. IL par. 56).
Pero muchos católicos orientales provenientes de Oriente Medio no
hacen esto y, simplemente, se convierten en romano-católicos. Será
suficiente poner dos ejemplos prácticos de la tensión entre
diversidad y unidad. Cuando se llega a la cuestión de inscribir a
sus hijos en las escuelas primarias romano-católicas, donde hay un
reducción de las cuotas escolares para los niños cuyos padres son
“parroquianos” activos, ¿cómo van a mantener los cristianos de las
iglesias orientales su vínculo con la iglesia en la que fueron
bautizados? ¿Cómo podemos formar y animar a los pastores,
administradores y directores de los colegios romano-católicos para
que ayuden a estos emigrantes a mantener su conexión con su propia
comunidad y que no tengan cargas adicionales como el tener que
escoger entre una parroquia Romano-Católica por el beneficio de una
reducción en los costes de la enseñanza o el mantener su pertenencia
a una parroquia de su propia Iglesia Oriental?
Un segundo ejemplo quizás evidencie más esta tensión: muchas
Iglesias Orientales admiten a niños en la Eucaristía desde el
Bautismo. Cuando los parroquianos de estas Iglesias acuden a las
Misas de las Iglesias Romanas con sus niños, a menudo a éstos,
acostumbrados a recibir la Eucaristía, se les prohíbe hacerlo.
Una mayor sensibilidad hacia cuestiones prácticas como estas
aliviaría la grave situación de los emigrantes católico-orientales
de Oriente Medio. Nuestros cursos y seminarios, ¿prestan suficiente
atención a los desafíos prácticos a los que sacerdotes y pastores
deben enfrentarse si quieren ayudar a esta diáspora a vivir el
misterio de la comunión de un modo que respete la legitima
diversidad de la gente de estas Iglesias?
En toda Norteamérica hay muchos institutos católicos de estudios
superiores. La preparación de catequistas, la formación espiritual y
litúrgica y la enseñanza teológica de estos institutos católicos es
casi exclusivamente Romana en su orientación. ¿Dónde encajan los
emigrantes católico-orientales en estos institutos de educación
católicos que, con entusiasmo, ofrecen cursos y seminarios sobre
otras religiones, ya sea Judaísmo, Islam, Budismo o Hinduismo, pero
poca o nula atención a la teología, liturgia o espiritualidad de las
Iglesias Orientales? Especialmente en las zonas con una gran
concentración de estos emigrantes ¿cómo podemos ayudar a estos
institutos de estudios superiores, así como a nuestros seminarios, a
que reconozcan la necesidad de dichos cursos para que los miembros
de la diáspora puedan “adquirir suficiente conocimiento de teología
y espiritualidad propia de la Iglesia a la que pertenecen” (cfr. IL
par. 64).
Testimonio del Perdón.
En los Lineamenta 90f “El deseo y la dificultad del diálogo con el
Judaísmo” y 95f “Relaciones con los musulmanes” se aborda un desafío
especial en la asistencia a la gente de las Iglesias Orientales para
que vivan plenamente el Evangelio. Muchas de estas iniciativas ya
han sido tomadas en nuestro país y en nuestra Archidiócesis, donde
tenemos un legado ecuménico, interreligioso y de intercambio de fe
muy importante. Desgraciadamente, estas iniciativas tienen lugar sin
mucha participación por parte de los emigrantes cristianos de
Oriente Medio. De hecho, a menudo son muy críticos con nuestros
esfuerzos en este campo, especialmente en materia de perdón (cfr.
Par. 68, 69 y 113).
A menudo, los cristianos medio-orientales llegan a Norteamérica con
actitudes y opiniones tanto hacia los musulmanes como hacia los
judíos que no están en línea con el Evangelio, o con los progresos
que hemos hecho en la relación de la Iglesia con otras religiones.
En Los Angeles vivimos “muy cerca” de personas con muchos credos
distintos por lo que ¿cómo podemos asistir a las personas de esta
diáspora especial para que corrijan estas creencias erróneas que
pueden influir sobre su tierra natal a través de los cristianos que
viven en Occidente? Aunque a lo mejor no quieren oírlo, los
cristianos que viven en Oriente Medio y los que emigran al Oeste
necesitan ser desafiados para que convertirse en un signo de
reconciliación y paz. El sine qua non de ambos es el perdón.
He observado que el mayor desafío al que nos enfrentamos con
nuestros emigrantes - ya sean católicos medio-orientales o
vietnamitas católicos que han dejado sus países para venir al sur de
California, o cubanos que han abandonado Cuba por las costas de
Miami - no es ayudarles a que vivan el misterio de la comunión entre
y en medio de los cristianos y las Iglesias Cristianas. El mayor
desafío es ayudarles a que respondan a la gracia de testimoniar el
Evangelio perdonando a esos enemigos que tan a menudo son la razón
principal de su abandono de la tierra natal para encontrar paz y
justicia en nuestras costas.
Haríamos bien en recordar al Santo Padre, el Papa Juan Pablo II.
Después de entregar su mensaje para el Día Mundial de la Paz de 2002
a los diplomáticos de todo el mundo, resumió todo en esta desafiante
frase: “No habrá paz sin justicia, no habrá justicia sin perdón”.
[00022-04.10] [RC00S] [Texto original: inglés]
Per Asia: S. E. R. Mons. Orlando B. QUEVEDO, O.M.I., Arzobispo de
Cotabato, Secretario General de la "Federation of Asian Bishops'
Conferences" (F.A.B.C.) (FILIPINAS)
En nombre de la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia,
les quiero expresar nuestra profunda gratitud por invitarme a
representar a la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia
(FABC) y a participar en este importante Sínodo. Asimismo en nombre
de ellas quiero expresar nuestra comunión y solidaridad con los
Padres sinodales reunidos hoy aquí, muy especialmente con nuestros
hermanos Obispos de Oriente Medio.
Nuestro tema es Comunión y Testimonio. Éste es un tema muy cercano
al corazón de la Iglesia en Asia. En el nº 55 del Instrumento de
trabajo se expresa un deseo significativo: promover la unidad en la
diversidad, animar a las comunidades a que cooperen entre sí, “...
se podría sugerir que de vez en cuando (por ejemplo cada cinco años)
una asamblea reuniera a todo el episcopado de Oriente Medio”.
Quisiera compartir con ustedes la experiencia de los Obispos de
Asia. Reuniéndose cada cuatro años desde 1974, los Obispos de la
Federación de las Conferencias Episcopales de Asia, han tenido una
experiencia muy positiva en la promoción de la comunión. Piensen que
la FABC tiene 25 miembros regulares y asociados, incluidos dos
antiguos ritos Orientales, el Siro-Malabar y el Siro Malankar, en 28
países y territorios. Esta cubre la vasta región de Asia cuyos
límites son Kazakistán en el oeste, Mongolia en el norte, Japón en
el este, Paquistán e India en el sur, Indonesia y Timor Este en el
sudeste. A pesar de las diferentes situaciones sociales, económicas,
políticas, culturales y religiosas, los obispos de Asia han logrado
un cierto nivel de comunión, fraternidad, solidaridad y cooperación.
Esto se debe a una visión común de la misión y la prioridad
pastoral.
En 1970 los Obispos de Asia reunidos en Manila se inspiraron en el
mensaje del Papa Pablo VI, quien había hablado sobre los desafíos
pastorales en Asia. En 1974 se reunieron por primera vez como
Federación en una Asamblea Plenaria aprobada por la Santa Sede y
elaboraron una visión común de la misión para proclamar a Jesús como
Señor y Salvador. Entonces se plantearon:
El deber de la Iglesia de proclamar con la palabra y el testimonio
el Evangelio del Señor se cumple mediante la evangelización. En Asia
esta tarea se lleva a cabo de la siguiente forma:
La inserción del Evangelio en las culturas hace que la Iglesia local
esté verdaderamente presente en la vida y en la cultura de nuestros
pueblos;
Mediante la inserción del Evangelio en las tradiciones religiosas,
las religiones asiáticas son introducidas en un diálogo vivo con el
Evangelio, de tal modo que la semilla de la Palabra en ellas pueda
florecer y fructificar en la vida de nuestros pueblos.
Por último, mediante la predicación de la buena nueva a los pobres
(Lc 4,18), la vida renovada en Cristo y el poder del Su misterio
Pascual, se injertan en la búsqueda de desarrollo humano, de
justicia, fraternidad y paz para nuestra gente. (Cfr. FABC I, 1974,
nºs 25-28).
Ellos también expresaron una prioridad pastoral común que es la
construcción de la Iglesia local.
La Iglesia local es una Iglesia encarnada en un pueblo, una Iglesia
autóctona e inculturada. Esto significa concretamente una Iglesia en
continuo diálogo, humilde y amoroso, con las tradiciones vivas, las
culturas, las religiones -en fin, con todas las realidades de la
vida de los pueblos entre los que han hundido unas profundas raíces
y cuya historia y cuya vida han hecho suyas.
Para los Obispos de Asia esta visión de una Iglesia local y su
misión se refleja del mejor modo en la construcción de las
comunidades eclesiales de base, gracias a las cuales una parroquia o
una diócesis se convierten en “comunión de comunidad”.
Apoyados por las distintas oficinas pastorales de la FABC, los
Obispos de Asia trabajan juntos por esta visión de la misión y la
prioridad pastoral. Gracias a su guía, la Iglesia en Asia sigue
viviendo movimientos de conversión y renovación hacia una nueva
evangelización y una vida como discípulos, una Iglesia renovada en
la Palabra y el Pan de Dios. Ayer, durante la homilía, el Santo
Padre nos recordó que la “comunión es un don del Señor”, la
comunión, en última instancia, en la vida de Dios. Esto nos exige
una respuesta de renovación profunda o conversión.
El Santo Padre también nos ha recordado: “sin comunión no puede
haber testimonio, el gran testimonio es precisamente la vida de
comunión”. Estas palabras son un imperativo para toda la Iglesia en
Asia, incluido Oriente Medio.
Nosotros somos un “pequeño rebaño” en Asia, menos del 3% de más de
tres billones de asiáticos. A la luz de las crecientes desconfianzas
religiosas y extremismos que desembocan en violencia y muerte,
nosotros seguramente podemos estar atemorizados o ser tímidos. Pero
nos fortalecemos con las palabras del Señor, “no temas pequeño
rebaño”. Por tanto debemos hacer, con confianza, de nuestra comunión
una realidad y un testimonio del Señor. En muchos lugares de Asia
donde no hay libertad de religión, “el testimonio silencioso ...
sigue siendo hoy el único modo de proclamar el reino de Dios...”
(Juan Pablo II, Ecclesia in Asia, nro. 23), con una vida de amor
hacia Dios y de servicio hacia nuestro prójimo.
Este testimonio nos pide a nosotros, obispos en comunión con el
Santo Padre y entre nosotros, que afrontemos seriamente los grandes
desafíos pastorales que tenemos en Asia, tales como el fenómeno de
la emigración que también es llamado la nueva esclavitud, el impacto
negativo de la globalización económica y cultural, las cuestiones de
los cambios climáticos, de los extremismos religiosos, la
injusticia, la violencia, la libertad religiosa y los problemas
biogenéticos que amenazan la vida humana en el útero y desde la
concepción hasta la muerte natural.
En nuestro diálogo como una expresión de comunión en la familia de
Dios, rogamos para que podamos establecer una visión pastoral común
de estos problemas como forma de testimonio de la fe que tenemos en
el Señor Jesús.
[00019-04.10] [RC002] [Texto original: inglés]
Per Europa: S. Em. R. Card. Péter ERDŐ,
Arzobispo de Esztergom-Budapest, Presidente de la Conferencia
Episcopal, Presidente del "Consilium Conferentiarum Episcoporum
Europae" (C.C.E.E.) (HUNGRÍA)
En nombre de los obispos europeos, representados por los Presidentes
de todas las Conferencias Episcopales del continente reunidos hace
diez días en Zagreb en la cuarenta sesión plenaria del Consejo de
las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), presento mis más
sentidos y cordiales saludos a los Prelados aquí presentes y a todos
los católicos de Oriente Medio.
Si miramos desde Europa, Tierra Santa y Oriente Medio se encuentran
a Este. Y desde allí nos llega la luz de Cristo, que permanece para
siempre el verdadero Sol Invencible que no conoce ocaso. El rostro
de Jesús brilla como el sol (Mt 17, 2) e ilumina toda la historia de
la humanidad. Pero los discípulos elegidos vieron este resplandor en
el monte de la transfiguración cuando ya se estaba preparando el
drama de la pasión y la resurrección del Señor.
Europa es deudora de Oriente Medio. No sólo una multitud de
elementos fundamentales de nuestra cultura proviene de aquella
región, sino que los primeros misioneros de nuestro continente
vinieron de allí. Conservamos con gratitud el recuerdo del
acontecimiento narrado en los Hechos de los Apóstoles: “Por la noche
Pablo tuvo una visión. Un macedonio esta de pie suplicándole: ‘Pasa
a Macedonia y ¡ayúdanos!’ En cuanto tuvo la visión, inmediatamente
intentamos pasar a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había
llamado para evangelizarlos” (Hch 16, 9-10). Fue una decisión
providencial del Santo Padre Benedicto XVI haber dedicado un año
entero a san Pablo, apóstol de las naciones, cuyo fervor y sabiduría
son muy actuales para la nueva evangelización.
Debo recordar a este respecto nuestra peregrinación episcopal a
Tarso, ciudad de san Pablo, pero debo repetir también la expresión
de dolor y solidaridad que los obispos europeos manifestamos con
ocasión de la muerte violenta de Su Excelencia Mons. Luigi Padovese,
uno de los ex Presidentes de la Conferencia Episcopal de Turquía.
Cuando pensamos en Oriente Medio, nosotros, europeos, debemos
realizar un examen de conciencia. ¿Permanece todavía vivo entre
nosotros el mensaje del Evangelio, la buena nueva que hemos recibido
de los apóstoles? ¿O ya no se ve en nuestra vida esa luz y ese
entusiasmo que brota de la fe en Cristo?
¿Cuál es nuestra reacción cuando en nuestros días llegan a Europa
refugiados y emigrantes cristianos desde Oriente Medio? ¿Prestamos
la suficiente atención a las causas que obligan a miles de
cristianos, si no millones, a abandonar la tierra en la que han
vivido sus antepasados desde hace casi dos mil años? ¿Es verdad que
también nuestro comportamiento es responsable de lo que está
sucediendo? Nos encontramos ante un gran desafío. Debemos examinar
la naturaleza y los efectos de los cambios en Europa y en el mundo
occidental. ¿Sabemos expresar de forma eficaz nuestro apoyo a los
cristianos de Oriente Medio? Los factores principales de la vida
pública europea ¿son todavía sensibles a los valores humanos
iluminados por el cristianismo? ¿O se sienten más bien indiferentes
y desconfiados ante nuestra preciosa herencia? Una herencia sin la
que Europa no existiría ni siquiera en sentido cultural.
Los cristianos que llegan de Oriente Medio llaman a la puerta de
nuestros corazones y despiertan nuestra conciencia cristiana.
¿Cómo acogemos a estos hermanos y hermanas, como contribuimos al
hecho de que su antigua herencia - también eclesiástica - se
conserve en el futuro?
El tema de este Sínodo es La Iglesia Católica en Oriente Medio:
comunión y testimonio. En los Hechos de los Apóstoles leemos, de
hecho, que la multitud de los creyentes tenía “un solo corazón y una
sola alma” (Hch 4, 32).
Esta comunión también existe hoy en la Iglesia, es más, la comunión
de los santos es un artículo de nuestra profesión de fe. Esta
comunión esencial debe ser - como la misma Iglesia - visible e
invisible al mismo tiempo, debe realizarse en el mundo de la gracia,
pero también en la sociedad. Los católicos de Europa rezan,
trabajan, se esfuerzan y luchan para estar presentes y ser eficaces
también en la sociedad civil. A pesar de las tristezas, de tantas
desilusiones, de tantas experiencias negativas y a veces de
discriminaciones o presiones, que afectan a los cristianos que
quieren seguir su conciencia, no dejamos de esperar que también
nuestra Europa pueda encontrar su identidad, arraigada profundamente
en la cultura de la vida, de la esperanza y del amor. Cuanto más
conscientes seamos de nuestra vocación cristiana en la sociedad, más
capaces seremos de mostrar e irradiar la fuerza del Evangelio que es
poderosa y puede transformar la sociedad de nuestro tiempo. Fieles a
la enseñanza del Concilio Vaticano II, manifestada de forma especial
en la Constitución pastoral Gaudium et Spes, debemos seguir la
invitación de la Iglesia: “Quienes son o pueden llegar a ser capaces
de ejercer este arte tan difícil y tan noble que es la política,
prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio
interés y de toda ganancia venal. Luchen con integridad moral y con
prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia
y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político;
conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y
fortaleza política, al servicio de todos”.
“Médico, cúrate a ti mismo (Lc 4, 23) - escribe San Lucas, el
“médico querido” (Col 4, 14). Debemos, pues, curarnos - nosotros,
cristianos de Europa - con la ayuda del Espíritu Santo, para que
podamos reflejar la luz de Cristo, recibida de Oriente, e
intercambiar el don obtenido mediante nuestro valiente testimonio.
En este sentido, pido la bendición de Dios para el presente Sínodo y
para todos los cristianos de Oriente Medio. Stella Orientis ¡ruega
por nosotros!
[00020-04.09] [RC003] [Texto original: italiano]
Per Oceanía: S. E. R. Mons.
John Atcherley DEW, Arzobispo de Wellington, Presidente de la
"Federation of Catholic Bishops' Conferences of Oceania"
(F.C.B.C.O.) (NUEVA ZELANDA)
Geográficamente, Oceanía está lejos de Oriente Medio y, sin embargo,
los lazos entre ambas regiones es fuerte.
Yo represento a la Federación Católica de los Obispos de Oceanía:
Australia (32 diócesis), Papúa Nueva Guinea (22), Nueva Zelanda (6),
la Conferencia Episcopal del Pacífico compuesta por 17 diócesis y
territorios eclesiásticos. Es, en total, una comunidad diversa y
dispersa de 6 millones de católicos aproximadamente, pequeñas “islas
de humanidad” (Radcliffe) en la inmensidad del Océano Pacífico, que
cubre una tercera parte de la superficie de la tierra.
En noviembre de 1998, todos los obispos de Oceanía nos reunimos
aquí, en el sínodo de Oceanía, y fuimos retados a “caminar el camino
de Jesucristo, para contar su verdad y vivir su vida”. Es una
communio de fe y caridad que nos une con las Iglesias de Oriente
Medio, hemos venido a apreciar la rica diversidad que los miembros
de estas iglesias dan a Oceanía. Reconocemos su vulnerabilidad al
vivir como iglesias minoritarias y estamos “deseosos de apreciar,
entender y promover las tradiciones, liturgia, disciplina y teología
de las Iglesias de Este” ( cfr. EIO 12)
Además de los cinco millones de católicos de Australia, hay un
pequeño pero significativo número de católicos que pertenecen a las
Iglesias Católicas de Este. Las dos Iglesias Católicas Orientales
más extendidas en Australia son la Maronita y la Melquita, cada una
de las cuales es una diócesis constituida (Eparquía), con un obispo
(Eparca) que es miembro de la Conferencia Episcopal Australiana y
que, de tanto en tanto, acude a las reuniones de la conferencia de
Nueva Zelanda. Al igual que estas Iglesias Católicas Orientales,
están también presentes las Iglesias Caldea Siria, Siro-Malabar y
Copta.
Las Eparquías Maronita, Melquita y Caldea se extienden hacia Nueva
Zelanda, ofreciendo servicios pastorales y litúrgicos a sus
comunidades allí.
El vasto Oriente Medio está presente en Oceanía mediante los
emigrantes y refugiados que han hecho de la región su casa:
asentamientos de judíos europeos en Australia y Nueva Zelanda,
refugiados de Alemania en los años 1930 y sobrevivientes de la
Shoah, libaneses, palestinos, egipcios, iraquíes tanto cristianos
como musulmanes y, en los últimos años, refugiados curdos de Iraq,
Irán y Turquía.
Nuestros lazos históricos han estado, significativamente, marcados
por la guerra y la paz.
- Las fuerzas militares de Australia y Nueva Zelanada (ANZACS) se
entrenaron en Egipto durante los primeros años de la primera guerra
mundial (1914-1918); tristemente, la generación sucesiva volvió al
desierto egipcio nuevamente a principios de los años 40, durante la
segunda guerra mundial.
- Las fuerzas de paz de las Islas Fiji han servido con las Naciones
Unidas tanto en Líbano como en Sinaí.
Estos lazos están consolidados hoy en día gracias a la presencia de
los muchos peregrinos de Oceanía que visitan Tierra Santa, a los
campamentos de refugiados, a los programas de ayuda al desarrollo de
Caritas Internationalis, a la presencia de órdenes religiosas
internacionales dedicadas al trabajo educativo, o al cuidado de los
lugares sagrados.
Respuesta al Instrumentum Laboris:
Hay dos temas del Instrumentum Laboris I a los que quisiera
responder desde las experiencias de Oceanía:
1. Comunión y Testimonio: El Instrumentum Laboris ha dirigido
nuestra atención de una manera nueva a los desafíos a los que se
enfrentan los cristianos en Oriente Medio: los complejos conflictos
políticos, cuestiones relacionadas con la libertad de religión y de
conciencia , el vivir diariamente como minoría dentro de una mayoría
islámica o judía, el constante movimiento de personas a través de
fenómenos como la inmigración y emigración. Estamos lejos pero somo
conscientes de que estamos unidos a todos los cristianos de Oriente
Medio gracias a un bautismo común, tradición eclesiástica, le fe en
Jesucristo y el compromiso con su misión. Quisiéramos que nuestros
hermanos y hermanas de Oriente Medio supieran que nosotros valoramos
esta comunión y que nos comprometemos a estar en solidaridad
mientras ellos sufren, y apoyarles con la oración y con la
asistencia práctica en los retos a los que se enfrentan día tras
día.
2. Un compromiso con las relaciones interconfesionales: Las Iglesias
de Oceanía son novicias en este ámbito. Tenemos mucho que aprender
del compromiso sostenido por las iglesias de Oriente Medio al
diálogo de las fes Abrahámicas. Reconocemos la complejidad de los
contextos históricos y culturales en los que se lleva acabo este
diálogo, con los signos de esperanza en los procesos de paz, así
como de atrasos debido a malentendidos, persecución y traición.
La introducción del Instrumentum Laboris habla de la necesidad de
los cristianos de conocer mejor a sus vecinos judíos y musulmanes
para colaborar en ámbitos de religión, de interacción social y
cultural por el bien de la sociedad.
[00021-04.06] [RC004] [Texto original: inglés]
Para América Latina: S. E. R. Mons.
Raymundo DAMASCENO ASSIS, Arzobispo de Aparecida, Presidente del
"Consejo Episcopal Latinoamericano" (C.E.L.AM.) (BRASIL)
En primer lugar quisiera agradecer al Santo Padre
Benedicto XVI mi nombramiento para participar, en mi calidad de
Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe, en
este Sínodo de las Iglesias que peregrinan en los países de Medio
Oriente. Muchísimas gracias, Santo Padre, por este nombramiento que
me honra y alegra y que es una señal de deferencia de su Santidad
por la Iglesia de América Latina.
Las Iglesias hermanas del Medio Oriente han sido la cuna de la
Iglesia de Jesucristo y lugar primero de su expansión y, más aún,
lugar privilegiado de manifestación de la "plenitud de los tiempos"
en la persona del Señor Jesús.
Al participar en este Sínodo para el Medio Oriente tengo que
reconocer con gratitud la inmensa riqueza que hemos recibido a
través de Uds. En primer lugar los libros sagrados de la Biblia que
nos alimentan en nuestro encuentro con el Señor y nos iluminan en
cada decisión que debemos tomar para nuestra vida personal y
eclesial. También la Tradición viva y los Concilios, que, en su
recepción dinámica, permiten a nuestras Iglesias con sus riquezas
únicas y diversas, hacer que nuestros pueblos compartan la vida de
Jesucristo. No quisiéramos olvidar la rica Pneumatología de las
Iglesias Orientales.
La multiculturalidad fundante de Uds. es un hecho desde la primera
expansión eclesial. Con el tiempo ciertamente ha sufrido muchos
ajustes y desequilibrios numéricos y social-políticos y sufrió
correcciones. También hoy día, en nuestro mundo globalizado y
marcado por muchas tensiones, es algo que todos experimentamos día a
día y para lo cual podemos aprender mucho de las historias y
dificultades presentes de estas Iglesias.
El tema de la laicidad de los gobiernos que dirigen nuestros pueblos
en muchos casos se ha tornado discriminatoria, sea por
intransigencias ideológicas sea, como para algunos de Uds, por una
imposición teocrática, una “islamización” de lo público. Esto es un
desafío que compartimos con Uds. que nos exige luchar por una
auténtica libertad religiosa en el ámbito público. Debemos también,
tener este hecho muy presente en la catequesis a fin de formar
cristianos y ciudadanos muy conscientes de sus derechos y deberes.
El Santo Padre Benedicto XVI, en su visita a Francia (2008), retomó
el valioso concepto de una “laicidad positiva”.
Desde esta situación surge un desafío del cual nosotros hemos tomado
nueva conciencia. Se trata de la formación de los laicos de nuestras
Iglesias. En nuestra última Conferencia General de Latinoamérica y
el Caribe (en el año 2007) realizada en Aparecida, Brasil, se
destacó que esta formación debe iniciarse por un profundo encuentro
personal con Jesucristo que marque y perdure como experiencia
constante en la vida de cada uno y con una adecuada formación en la
roca de la Palabra de Dios de cara a la nueva situación cultural que
vivimos. Esto debe permitir la presencia de los laicos en los nuevos
areópagos y en las tareas de servicio publico.
Al mencionar a los discípulos laicos no se puede dejar de mencionar
la enorme importancia de la familia como formadora de valores
humanos y cristianos. Todas las familias hoy día sufren de una
ruptura generacional causada por la velocidad con que todo cambia
hoy. Pero esto, no debe inhibir la fuerza educadora de la misma. En
algunos aspectos de la familia podemos coincidir con creyentes
musulmanes al respecto y lo hemos visto en votaciones en organismos
internacionales. Pero hay otros aspectos de la concepción concreta
de la familia que nos distancian de los mismos, por ej. en el rol de
la mujer en la familia y en la sociedad.
El formar laicos para los tiempos de hoy no dispensa, muy por el
contrario, requiere también formar presbíteros que se den cuenta de
la honda necesidad de una gran “conversión personal y pastoral” para
hacer de sus parroquias y servicios a ser lugares y ministerios de
animación misionera, a la manera de las primeras comunidades
cristianas. Es necesario pasar de una pastoral de conservación hacia
una pastoral animada por el espíritu misionero. En la Conferencia
General de Aparecida el Santo Padre afirmó que el ser “discípulos y
misioneros de Jesucristo” son dos caras de la misma medalla. No hay
discípulo, si no se es misionero, y no hay misioneros, si no se es
discípulo.
Esta necesaria “conversión” también tendrá profundas consecuencias
en la pastoral vocacional. El joven de hoy quiere darse con
generosidad al Dios de la Vida, pero se retrae cuando sólo percibe
esfuerzos de preservación y no descubre la novedad transformadora
del Evangelio en nuestra historia presente. La pastoral vocacional
debe ayudarles a los jóvenes a descubrir a Jesús como “Camino,
Verdad y Vida” y mostrarles los diversos caminos para seguir a
Jesús, destacando la vocación para el sacerdocio y la vida
consagrada.
En nuestros países latinoamericanos y del Caribe tenemos muchos
emigrantes del medio oriente - de primera y ya de segunda
generación- cuya mayoría son cristianos. Muchos se han incorporado a
la Iglesia latina y hay pequenos grupos con sus propias heptarquías.
Quisiéramos que se crezca aún más en la conciencia de nuestra fe
católica común y que se acercaran más hacia una acción misionera
compartida. En este momento desarrollamos en todas nuestras Iglesias
la llamada “Misión Continental”, fruto de la Conferencia General de
Aparecida. Sería hermoso testimonio poder unirnos en este esfuerzo
evangelizador.
Por último, queremos compartir con Uds. la preocupación del
conflicto Israelí-Palestino. En esto también estamos en comunión con
el Santo Padre en su esfuerzo por encontrar una solución al
conflicto. ¡Que la paz entre estos dos pueblos sea restablecida en
la tierra de Jesús!
Pedimos al Señor Jesús, por la intercesión de María Santísima, Reina
de los Apóstoles, que derrame sobre esta asamblea sinodal su
Espíritu que todo lo renueva
[00040-04.03] [RC006] [Texto original: español]
INTERVENCIONES EN EL AULA (INICIO)
Después han intervenido los siguientes Padres:
-
S. E. R. Mons. Elias CHACOUR, Arzobispo de Akka, San Giovanni
d'Acri, Tolemaida de los Greco-Melquitas (ISRAEL)
-
S. E. R. Mons. Boutros MARAYATI, Arzobispo de Alepo de los Armenios
(SIRIA)
-
S. E. R. Mons. Kyrillos WILLIAM, Obispo de Assiut, Lycopolis de los
Coptos (REPÚBLICA ÁRABE DE EGIPTO)
-
S. E. R. Mons. Botros FAHIM AWAD HANNA, Obispo titular de Mareotes,
Obispo de Curia de Alejandría de los Coptos (REPÚBLICA ÁRABE DE
EGIPTO)
-
S. E. R. Mons. Youhannes ZAKARIA, Obispo de Luxor, Tebas de los
Coptos (REPÚBLICA ÁRABE DE EGIPTO)
Damos a continuación el resumen de las intervenciones:
- S. E. R. Mons.
Elias CHACOUR, Arzobispo de Akka, San Giovanni d'Acri, Tolemaida de
los Greco-Melquitas (ISRAEL)
Decidieron sobrevivir y continuar su misión muy especial, siguiendo
las órdenes de su compatriota, el Hombre de Galilea, Jesús de
Nazaret. Mi Compatriota, Mi Paladín y mi Feligrés.
Lc 24, 45-49, Hch 1, 4-5 y muy especialmente Mc 16, 15. No temas
pequeño rebaño, “vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia
a toda la creación”. Desde entonces, mis antepasados comenzaron a
predicar por todas partes la extraordinaria noticia de un sepulcro
vacío y un Hombre resucitado. Nosotros nunca dejamos de predicar
esta extraordinaria noticia. Es por esto que Pedro y Pablo fueron
sacrificados y muertos aquí en Roma.
En estos veinte siglos fue como si nuestros cristianos de Tierra
Santa fuesen condenados y honrados por compartir la opresión, la
persecución y el sufrimiento con Cristo.
Él resucitó pero su cruz aún se eleva en lo alto en nuestro cielo.
Nuestros cristianos penden aún de esta terrible cruz. Viven bajo la
cotidiana amenaza de funcionarios que sueñan con transferir nuestra
minoría fuera de su tierra, de su casa, lejos de su patria
ancestral. Si no fuera por Él, la cruz sería maldecida y odiada.
Transcurrieron muchos siglos cargados con nuestros sufrimientos y
nuestras persecuciones.
Pero hoy nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI ha llamado a la
iglesia católica y a todos los cristianos de buena voluntad a volver
la mirada hacia el resto de la familia de Cristo. Nosotros hemos
venido aquí para invitarlos a reconsiderar sus prioridades relativas
a Tierra Santa y tener en cuenta a sus habitantes.
Por cierto, los santuarios y la Tierra Santa son importantes. Los
hermanos franciscanos han sido leales y fieles custodios y
protectores de los Lugares Santos.
Como arzobispo de la mayor comunidad católica en Tierra Santa, la
Iglesia Católica Melkita, los invito y ruego al Santo Padre para que
dedique cada vez más atención a las piedras vivas de la Tierra
Santa. Es más, si se nos presta atención a pesar de ser indignos de
ello y de manera inmerecida, podremos restituir la sonrisa de
esperanza a los rostros de nuestros niños.
Estamos en Galilea desde tiempos inmemoriales. Ahora estamos en
Israel. Deseamos permanecer donde estamos y necesitamos de su
amistad más que de su dinero.
[00024-04.05] [IN002] [Texto original: inglés]
- S. E. R. Mons. Boutros MARAYATI, Arzobispo de Alepo de los
Armenios (SIRIA)
El movimiento ecuménico está atravesando una auténtica crisis. La
mejor prueba de ello es la difícil situación que actualmente deben
enfrentar las iglesias del Consejo de Oriente Medio, que han estado
durante años a la vanguardia del trabajo ecuménico en nuestros
países. Esperamos que la crisis de hoy sea una fase pasajera del
progreso inicial, ahora que se abre una nueva página de trabajo
ecuménico, pasando de un estilo burocrático, del desarrollo de
proyectos y de una administración financiera, a animar un espíritu
de fraternidad, de diálogo y comunión entre las iglesias.
El Instrumetum Laboris, en todas sus páginas, tiene un aspecto
ecuménico porque concierne a todas las Iglesias de Oriente Medio.
Quisiéramos añadir que esta Asamblea Especial no conservará sus
verdaderas dimensiones cristiana y católica, a menos que sea leída a
la luz de nuestras relaciones con las Iglesias y con otras
Comunidades Cristianas. Se ha dicho: “Juntos somos o no somos en
absoluto”.
1)Considero que falta algo entre los párrafos 14 y 15. ¿No sería
importante mencionar que Damasco fue el lugar donde se produjo la
conversión de San Pablo, lugar desde donde partió hacia Arabia y
después hacia todas las demás naciones? Hemos conmemorado el año
Paulino, proclamado por su Santidad Papa Benedicto XVI. En
Antioquía, los discípulos de Cristo fueron llamados Cristianos. Al
norte de Alepo la vida monástica y religiosa fue próspera en el
siglo IV. Desde el anciano Simeón a San Marón y todos los lugares
arqueológicos aún hoy dan testimonio de esto. Éste es un hecho
ecuménico que nos retrotrae a nuestras comunes raíces cristianas.
Debemos reavivarlas no sólo a nivel local sino también universal,
para que estas raíces puedan sostener nuestra presencia cristiana a
lo largo de la historia.
2) En el párrafo 25 el Instrumentum Laboris se afirma que “ la
situación en cada uno de los países de Oriente Medio es diferente”;
lo que no es solamente un hecho, sino también un hecho innegable. Si
queremos que esta Asamblea Especial sea fructífera, debemos pensar
en una Conferencia Especial para cada país, que contenga un aspecto
ecuménico, donde podamos discutir los problemas según las
situaciones locales. Sin duda alguna, los retos son los mismos, pero
cada país tiene una situación propia.
3) Los desafíos mencionados en el Instrumentum Laboris,
especialmente el de la emigración (párrafos 43-48), es una
preocupación seria tanto para otras iglesias como para las
comunidades cristianas locales. Ésta es una auténtica preocupación
ecuménica. Y de aquí nuestra obligación de preguntar: ¿hay un plan
para evacuar a los cristianos de Oriente? En los últimos 100 años,
la emigración o la violenta deportación han continuado a sucederse
en Oriente. En 1915, cientos de miles de cristianos armenios fueron
deportados violentamente de sus propios países y vivieron el primer
genocidio del siglo XX en manos de los otomanos . Entre estos
mártires se encontraba el obispo Ignatius Maloyan. Lo mismo ocurrió
entre los caldeos y los sirios... muchos cristianos fueron
expulsados de sus aldeas y ciudades. Estos actos continuaron en los
acontecimientos palestinos. La guerra civil en Líbano, la revolución
islámica en Irán, la invasión de Iraq...los cristianos son
martirizados, obligados a emigrar, forzados a dejar todas las
iglesias sin distinción. ¿Es que estamos esperando el día en que el
mundo, como espectador y la indiferencia de las Iglesias
occidentales se quedarán quietos y observarán la “muerte de los
cristianos de Oriente?
A pesar de las crisis y dificultades que enfrenta nuestra vida
cristiana y nuestras relaciones ecuménicas, nosotros estamos
“esperando contra toda esperanza”. (Rom 4,18)
[00025-04.05] [IN003] [Texto original: árabe]
- S. E. R. Mons. Kyrillos WILLIAM, Obispo de Assiut, Lycopolis de
los Coptos (REPÚBLICA ÁRABE DE EGIPTO)
La liturgia, según el Instrumentum Laboris, es un aspecto
profundamente arraigado en la cultura oriental, de forma que no se
puede prescindir de su fuerza para preservar hoy la vivacidad de la
fe. La historia nos confirma que en nuestros países de Oriente Medio
la liturgia ha sido siempre una escuela para la educación de la fe y
la moral cristianas, sobre todo entre nuestras poblaciones sencillas
y en su mayoría analfabetas, gracias a las numerosas lecturas
bíblicas (seis lecturas cada día en nuestra liturgia copta, que
aumentan los días festivos y de ciertas celebraciones) y a las
oraciones compuestas de citas bíblicas yuxtapuestas.
Este es el motivo por el que debemos preservarla con reverencia,
como dice el texto de derecho canónico oriental (cfr. Canon 39 del
CCEO).
En la constitución Sacrosanctum Concilium, párrafo 4, el Vaticano II
declara la igualdad de todos los ritos en cuanto a los derechos y la
dignidad. En el decreto conciliar Orientalium Ecclesiarum, los
padres del Concilio declaran una estima particular al patrimonio de
las Iglesias Orientales, y subrayan los beneficios de estas para la
Iglesia Universal, citando la carta apostólica “Orientalium
Ecclesiarum” de León XIII del 30/11/1894.
El decreto conciliar sobre las Iglesias Orientales Católicas exhorta
además a todos los occidentales que están en contacto con estas
Iglesias a que se esfuercen por conocer y respetar las liturgias
orientales... y hace referencia al Motu Proprio “Orientis Catholici”
de Benedicto XV del 15/10/1917 y la Encíclica “Rerum Orientalium” de
Pío XI del 8/9/1926.El Canon 41 del CCEO así lo confirma y les exige
que conozcan con exactitud y que practiquen estas liturgias.
Sin embargo, comprobamos que no pocos religiosos latinos traducen en
árabe la liturgia latina y que la celebran para nuestros fieles
orientales induciéndoles de esta forma a alejarse de sus iglesias y
a debilitar su pertenencia a las mismas.
En cuanto a la lengua litúrgica (Instrumentum Laboris 72), nosotros
no hemos esperado al Vaticano II para traducir nuestros textos
litúrgicos en las lenguas corrientes del pueblo. Desde los orígenes
nuestra liturgia copta fue celebrada en los distintos dialectos del
Alto Egipto, y en las grandes ciudades en griego, lengua de la
cultura y la vida cotidiana. A partir del siglo X nos encontramos
todo en árabe. Un factor que ha ayudado a preservar la fe, y si nos
comparamos con otros países vecinos como el Norte de África,
comprobamos que al cabo de algunos siglos el cristianismo,
floreciente al principio, ha desaparecido; porque se le impuso una
liturgia extranjera en una lengua poco conocida.
Yo tengo que hacer una pregunta: en un país como el nuestro, Egipto,
donde todos (católicos y no católicos, incluidos los no cristianos)
son coptos ¿para qué sirve la celebración de la liturgia latina en
lengua árabe? Si hay latinos, tienen derecho a celebrar las misas
latinas, pero en otra lengua que no sea el árabe, pues esto atrae a
nuestros fieles y ayuda a su dispersión.
[00026-04.04] [IN004] [Texto original: francés]
- S. E. R. Mons. Botros FAHIM AWAD HANNA, Obispo titular de
Mareotes, Obispo de Curia de Alejandría de los Coptos (REPÚBLICA
ÁRABE DE EGIPTO)
Con una elección particular de Dios, la Sagrada Escritura nació en
nuestra tierra de Oriente, llevando consigo las características de
nuestra cultura. Con tal elección se ha encarnado el Verbo Divino y
ha compartido nuestra realidad, en Oriente. Se ha entregado a la
muerte en la Cruz para la salvación de todos.
Desde Oriente partió el primer anuncio del Evangelio. Nuestras
iglesias continúan su fidelidad al testimonio del Evangelio, con la
ayuda de Dios, de toda la Iglesia Católica y de todos los hombres de
buena voluntad, donando al mundo y a la Iglesia testimonios fieles a
su fe, a la Palabra, a la justicia y al amor fraterno. La Palabra de
Dios, de este modo, será siempre la guía de nuestro compromiso
misionero.
La Palabra de Dios ha nutrido siempre a los pueblos de Oriente y así
han producido unas tradiciones bíblicas, litúrgicas, teológicas y
espirituales ricas.
La fuente de la Palabra de Dios aún brota pero la sed de Ella es aún
grande sobre nuestras tierras. Necesitamos, por tanto, de otros
especialistas, centros, comunidades pastorales para estudiar,
meditar, vivir y difundir la cultura bíblica en nuestra realidad,
para que la Palabra sea el fundamento de toda educación, enseñanza y
diálogo para construir la civilización del Evangelio y del amor, por
el bien de todos.
[00030-04.03] [IN005] [Texto original: italiano]
- S. E. R. Mons. Youhannes ZAKARIA, Obispo de Luxor, Tebas de los
Coptos (REPÚBLICA ÁRABE DE EGIPTO)
Mi informe se centra en la renovación de las actividades misioneras
de las Iglesias Orientales, ya que el Instrumentum Laboris no ha
tratado este tema lo suficiente.
Desde el inicio de la historia de la Iglesia, los fieles de Oriente
se han caracterizado por su celo misionero y por su entusiasmo al
realizar los mandatos del Señor, que solicita la predicación del
Evangelio en el mundo entero.
La debilidad y la división del Imperio Romano, la violencia de los
conflictos nacionales, la adversidad de las discusiones dogmáticas
entre cristianos, las divisiones de la Iglesia y posteriormente, el
dominio árabe e islámico en Oriente Medio, han debilitado las
iglesias orientales y condicionado su presencia en Oriente. Como
consecuencia de ello, disminuyó el entusiasmo misionero y se redujo
el impulso evangélico, tal y como dice el número 20 del Instrumentum
Laboris.
No obstante la iglesia de Oriente Medio sea, actualmente, una
minoría que vive en medio de una mayoría no cristiana, que combate
contra el riesgo de su propio ocaso y lucha para conservar la fe
cristiana en los corazones de sus fieles, no debe tener temor ni
vergüenza, no debe vacilar en obedecer el mandato del Señor, que nos
pide continuar con la predicación del Evangelio.
Desde este sínodo solicito a nuestras Iglesias Orientales que
renueven su entusiasmo misionero y su actividad de predicación.
Ellas deben también promover la formación de todos sus hijos para
que descubran de nuevo su vocación misionera y los animen a
consagrar con entusiasmo la vida para anunciar el Evangelio
participando, así, con los hijos de la Iglesia occidental, al
servicio de la predicación de la palabra de Dios en todo el mundo.
[00027-04.03] [IN006] [Texto original: italiano]
AVISOS
- RUEDAS DE PRENSA
RUEDAS DE PRENSA
La segunda rueda de prensa sobre los trabajos sinodales (con la
traducción simultánea en italiano, inglés, francés y árabe) tendrá
lugar en el Aula Juan Pablo II de la Oficina de Prensa de la Santa
Sede el lunes 18 de octubre de 2010 (después de la Relación
posterior a la discusión), a las 12:45 aproximadamente.
Intervendrán:
- S. Em. R. Card. Leonardo SANDRI, Prefecto
de la Congregación para las Iglesias Orientales (CIUDAD DEL
VATICANO), Presidente Delegado
- S. B. Ignace Youssif III YOUNAN, Patriarca de Antioquía de los
Sirios (LÍBANO), Presidente Delegado
- S. Em. R. Card. John Patrick FOLEY, Gran Maestre de la Orden
Ecuestre del Santo Sepulcro enJerusalén (CIUDAD DEL VATICANO),
Presidente de la Comisión para la Información
- Rev.do P. Federico LOMBARDI, S.I., Director de la Oficina de
Prensa de la Santa Sede (CIUDAD DEL VATICANO),
Secretario Ex-oficio de la Comisión para la Información
La tercera rueda de prensa sobre los trabajos sinodales (con la
traducción simultánea en italiano, inglés, francés y árabe) tendrá
lugar en el Aula Juan Pablo II de la Oficina de Prensa de la Santa
Sede el sábado 23 de octubre de 2010 (después del Mensaje y la Lista
final de las propuestas), a las 12:45 aproximadamente. Intervendrán:
- S. B. Antonios NAGUIB, Patriarca de
Alejandría de los Coptos (REPÚBLICA ÁRABE DE EGIPTO), Relator
General
- S. E. R. Mons. Joseph SOUEIF, Arzobispo de Chipre de los Maronitas
(CHIPRE), Secretario Especial
- S. E. R. Mons. Cyrille Salim BUSTROS, S.M.S.P., Arzobispo de
Newton de los Greco-Melquitas (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA),
Presidente de la Comisión para el Mensaye
- Rev.do P. Federico LOMBARDI, S.I., Director de la Oficina de
Prensa de la Santa Sede (CIUDAD DEL VATICANO), Secretario Ex-oficio
de la Comisión para la Información
Se ruega a los operadores audiovisuales (cámaras y técnicos) y a los
fotógrafos que se dirijan al Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales para el permiso de acceso.
Aviso a los lectores
Errata corrige
En caso de observarse errores en el contenido del Boletín, rogamos
lo indiquen a la Redacción mediante correo electrónico a:
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