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16 - 17.10.2010
RESUMEN
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CAPILLA PAPAL (DOMINGO, 17 DE OCTUBRE DE 2010)
CAPILLA PAPAL (DOMINGO, 17 DE OCTUBRE DE 2010)
- HOMILÍA DEL SANTO PADRE
Hoy, 17 de octubre de 2010, XXIX Domingo del Tiempo “per annum”, a
las 10 de la mañana, el Santo Padre, Benedicto XVI, ha celebrado la
Eucaristía en el atrio de la Basílica Vaticana y ha procedido a la
Canonización de los Beatos: Stanisław Kazimierczyk Sołtys, Sacerdote
de la Orden de los Canónigos Regularares de Letrán, André (Alfred)
Bessette, Religioso de la Congregación de Santa Cruz, Cándida María
de Jesús (Juana Josefa) Cipitria y Barriola, Virgen fundadora de la
Congregación de las Hijas de Jesús, Mary of the Cross (Mary Helen)
MacKillop, Virgen fundadora de la Congregación de las Hermanas de
San José del Sagrado Corazón, Giulia Salzano, Virgen fundadora de la
Congregación de las Hermanas Catequistas del Sagrado Corazón de
Jesús, Battista Camilla Da Varano, Virgen de la Orden de Santa
Clara.
Han concelebrado 5 Cardenales, 10 Arzobispos, 13 Obispos e 20
Sacerdotes. Entre los 48 celebrantes, se encontraban los 6 Obispos
de las Causas de Canonización: S. Em. R. Card. Jean-Claude TURCOTTE,
Arzobispo de Montreal, S. Em. R. Card. Crescenzio SEPE, Arzobispo de
Nápoles, S. Em. R. Card. George PELL, Arzobispo de Sydney, S. Em. R.
Card. Stanisław DZIWISZ, Arzobispo de Cracovia, S. E. R. Mons.
Francesco Giovanni BRUGNARO, Arzobispo de Camerino-San Severino
Marche, S. E. R. Mons. Carlos López HERNÁNDEZ, Obispo de Salamanca.
Los ritos de introducción de la Celebración Eucarística estuvieron
acompañados con el canto de ingreso Te alabamos, Trinidad
Antes de la Bendición, el Santo Padre dirigió su palabra a los
fieles y guió la oración del Angelus Domini.
HOMILÍA DEL SANTO PADRE
¡Queridos hermanos y hermanas!
Se renueva hoy en la Plaza de San Pedro la fiesta de la santidad.
Con alegría dirijo mi cordial bienvenida a ustedes que han llegado,
incluso de muy lejos, para tomar parte en ella. Un saludo particular
a los Cardenales, a los Obispos y a los Superiores Generales de los
Institutos fundados por los nuevos Santos, así como a las
Delegaciones oficiales y a todas las Autoridades civiles. Juntos
procuramos acoger lo que el Señor nos dice en las Sagradas
Escrituras proclamadas hace poco. La liturgia de este domingo nos
ofrece una enseñanza fundamental: la necesidad de rezar siempre, sin
cansarse. A veces nos cansamos de rezar, tenemos la impresión de que
la oración no es tan útil para la vida, que es poco eficaz. Por eso
somos propensos a dedicarnos a la actividad, a emplear todos los
medios humanos para alcanzar nuestros objetivos, y no recurrimos a
Dios. Jesús en cambio afirma que hay que rezar siempre, y lo hace
mediante una parábola específica (cfr. Lc 18, 1-8).
Esta habla de un juez que no teme a Dios y no siente respeto por
nadie, un juez que no tiene ninguna actitud positiva, sino que sólo
busca su interés. No tiene temor del juicio de Dios y no tiene
respeto por el prójimo. El otro personaje es una viuda, una persona
en una situación de debilidad. En la Biblia, la viuda y el huérfano
son las categorías más necesitadas, porque están indefensas y sin
medios. La viuda va ante el juez y le pide justicia. Sus
posibilidades de ser escuchadas son casi nulas, porque el juez la
desprecia y ella no puede hacer ninguna presión sobre él. No puede
tampoco apelar a unos principios religiosos porque el juez no teme a
Dios. Por lo tanto esta viuda parece no tener ninguna posibilidad.
Pero ella insiste, pide sin cansarse, e importuna, y así, al final
logra obtener del juez el resultado. Aquí Jesús hace una reflexión,
usando el argumento a fortiori: si un juez deshonesto, al final, se
deja convencer por el ruego de la viuda, mucho más Dios, que es
bueno, escuchará a quien le ruega. Dios es, en efecto, la
generosidad en persona, es misericordioso y, por lo tanto, está
siempre dispuesto a escuchar los rezos. Por tanto, nunca debemos
desesperar, sino insistir siempre en la oración.
La conclusión del pasaje evangélico habla de la fe: “Pero cuando el
Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (Lc
18,8). Es una pregunta que quiere suscitar un aumento de fe por
nuestra parte. Está claro, de hecho, que la oración debe ser
expresión de fe, de otro modo no es verdadera oración. Si uno no
cree en la bondad de Dios, no puede rezar de modo verdaderamente
adecuado. La fe es esencial como base de la actitud de la oración.
Es cuanto han hecho los seis nuevos Santos que hoy se presentan a la
veneración de la Iglesia universal:
Stanisław Solłtys, André Bessette, Cándida María de Jesús Cipitria y
Barriola, Mary of the Cross MacKillop, Giulia Salzano y Battista
Camilla Varano.
San Stanisław Kazimierczyk, religioso del siglo XV, puede ser
también para nosotros ejemplo e intercesor. Toda su vida estaba
ligada a la Eucaristía. Ante todo en la iglesia del Corpus Domini de
Kazimierz, en la actual Cracovia, donde, junto a la madre y al
padre, aprendió la fe y la piedad; donde tomó los votos religiosos
en la Orden de los Canónigos Regulares; donde trabajó como
sacerdote, educador, dedicado al cuidado de los necesitados. Sin
embargo, estaba ligado de forma especial a la Eucaristía mediante un
amor ardiente por Cristo presente bajo la especie del pan y del
vino; viviendo el misterio de la muerte y de la resurrección, que de
modo incruento se cumple en la Santa Misa; a través de la práctica
del amor al prójimo, del cual la Comunión es fuente y signo.
El Hermano André Bessette, originario de Quebec, Canadá, y religioso
de la Congregación de Santa Cruz, conoció muy pronto el sufrimiento
y la pobreza. Estas lo llevaron a recurrir a Dios mediante la
oración y una vida interior intensa. Portero del colegio de Notre
Dame de Montreal, manifiesta una caridad sin límites y se esfuerza
por aliviar las angustias de quienes se confiaban a él. Muy poco
instruido, comprendió así dónde se situaba lo esencial de su fe.
Para él, creer significa someterse libremente y por amor a la
voluntad divina. Lleno del misterio de Jesús, vivió la
bienaventuranza de los corazones puros, la de la rectitud personal.
Gracias a esta sencillez hizo que muchos vieran a Dios. Hizo
construir el Oratorio Saint Joseph de Mont Royal del que será
guardián fiel hasta su muerte en 1937. Fue testigo de innumerables
curaciones y conversiones. “No intenten evitar las pruebas” decía,
“más bien pidan la gracia de soportarlas”. Para él, todo hablaba de
Dios y de su presencia. ¡Como él, busquemos también nosotros a Dios
con sencillez para descubrirle siempre presente en el corazón de
nuestra vida! ¡Qué el ejemplo del Hermano André inspire la vida
cristiana canadiense!
Cuando el Hijo del Hombre vendrá para hacer justicia a los elegidos,
¿encontrará esta fe en la tierra? (cf. Lc 18,18). Hoy podemos decir
que sí, con alivio y firmeza, al contemplar figuras como la Madre
Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola. Aquella muchacha de
origen sencillo, con un corazón en el que Dios puso su sello y que
la llevaría muy pronto, con la guía de sus directores espirituales
jesuitas, a tomar la firme resolución de vivir «sólo para Dios».
Decisión mantenida fielmente, como ella misma recuerda cuando estaba
a punto de morir. Vivió para Dios y para lo que Él más quiere:
llegar a todos, llevarles a todos la esperanza que no vacila, y
especialmente a quienes más lo necesitan. «Donde no hay lugar para
los pobres, tampoco lo hay para mí», decía la nueva Santa, que con
escasos medios contagió a otras Hermanas para seguir a Jesús y
dedicarse a la educación y promoción de la mujer. Nacieron así las
Hijas de Jesús, que hoy tienen en su Fundadora un modelo de vida muy
alto que imitar, y una misión apasionante que proseguir en los
numerosos países donde ha llegado el espíritu y los anhelos de
apostolado de la Madre Cándida.
“Recuerden quienes fueron sus maestros - de ellos aprenderán la
sabiduría que lleva a la salvación a través de la Fe en Jesucristo”.
Durante muchos años, innumerables jóvenes a lo largo y ancho de
Australia han sido bendecidos con profesores inspirados por el
ejemplo del entusiasmo santo y valiente, la perseverancia y la
oración de la Madre Mary MacKillop. Ella se dedicó en su juventud a
la educación de los pobres en la difícil zona rural de Australia,
inspirando a otras mujeres para que se unieran a ella en la primera
comunidad de religiosas de ese país. Atendió a las necesidades de
los jóvenes que se confiaron a ella, sin reparar en el rango o la
riqueza, proporcionándoles tanto una formación espiritual como
intelectual. A pesar de los muchos desafíos, sus oraciones a san
José y su inquebrantable devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a
quien dedicó su nueva congregación, le confirieron a esta santa
mujer las gracias necesarias para permanecer fiel a Dios y a la
Iglesia. ¡Qué mediante su intercesión sus seguidores sigan sirviendo
hoy a Dios y a la Iglesia con fe y humildad!
En la segunda mitad del siglo XIX, en Campania, en el sur de Italia,
el Señor llamó a una joven maestra de la escuela primaria, Giulia
Salzano, e hizo de ella un apóstol de la educación cristiana,
fundadora de la Congregación de las Hermanas Catequistas del Sagrado
Corazón de Jesús. Madre Giulia comprendió bien la importancia de la
catequesis en la Iglesia y, uniendo la preparación pedagógica al
fervor espiritual, se dedicó a ella con generosidad e inteligencia,
contribuyendo a la formación de personas de toda edad y posición
social. Repetía a sus hermanas que deseaba hacer catecismo hasta la
última hora de su vida, demostrando con todo su ser que si “Dios nos
ha creado para conocerLo, amarLo y servirLo en esta vida”, nada
había que anteponer a esta tarea. ¡Qué el ejemplo y la intercesión
de santa Giulia Salzano sostengan la Iglesia en su perenne tarea de
anuncia a Cristo y a formar auténticas conciencias cristianas!
Santa Battista Camilla Varano, monja clarisa del siglo XV,
testimonió hasta el fondo el sentido evangélico de la vida,
especialmente perseverando en la oración. Entró a los 23 años en el
monasterio de Urbino y se integró como protagonista de aquel vasto
movimiento de reforma de la espiritualidad femenina franciscana que
se proponía recuperar plenamente el carisma de santa Clara de Asís.
Promovió nuevas fundaciones monásticas en Camerino, donde fue
elegida abadesa
en varias ocasiones, en Fermo y en San Severino. La vida de santa
Battista, totalmente inmersa en las profundidades divinas, fue una
elevación constante en el camino de la perfección, con un amor
heroico hacia Dios y el prójimo. Estuvo marcada por grandes
sufrimientos y místicos consuelos; en efecto, había decidido, como
ella misma escribe, “entrar en el Sagrado Corazón de Jesús y
ahogarse en el océano de sus amargos sufrimientos”. En un tiempo en
el que la Iglesia sufría un relajamiento de las costumbres, ella
recorrió con decisión el camino de la penitencia y de la oración,
animada por el ardiente deseo de renovación del Cuerpo místico de
Cristo.
Queridos hermanos y hermanas, demos gracias al Señor por el don de
la santidad, que resplandece en la Iglesia y hoy se refleja en el
rostro de estos hermanos y hermanas nuestros. Jesús invita también a
cada uno de nosotros a seguirlo para tener en herencia la vida
eterna. Dejémonos atraer por estos ejemplos luminosos, dejémonos
guiar por sus enseñanzas, para que nuestra existencia sea un cántico
de alabanza a Dios. ¡Qué la Virgen María y la intercesión de los
seis nuevos Santos que hoy con alegría veneramos obtengan nos
concedan esta gracia! Amén
[00190-04.02] [NNNNN] [Texto original: plurilingüe]
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