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21 - 21.10.2010
RESUMEN
-
DUODÉCIMA CONGREGACIÓN GENERAL (JUEVES, 21 DE OCTUBRE DE 2010 -
POR LA MAÑANA) - CONTINUACIÓN
- INTERVENCIONES “IN SCRIPTIS” DE LOS PADRES SINODALES
DUODÉCIMA CONGREGACIÓN GENERAL (JUEVES, 21 DE OCTUBRE DE 2010 - POR
LA MAÑANA) - CONTINUACIÓN
- AUDICIÓN DE LOS DELEGADOS FRATERNOS (II)
AUDICIÓN DE LOS DELEGADOS FRATERNOS (II)
En la Duodécima Congregación General han intervenido los siguientes
Delegados fraternos, cuyas intervenciones han llegado tras el cierre
del Boletín precedente:
-
S. Em. Emmanuel ADAMAKIS, Metropolitano de Francia (FRANCIA)
-
S. G. Munib YOUNAN, Obispo de la Iglesia Evangélica Luterana de
Jordania y Tierra Santa, Presidente de la Federación Mundial
Luterana (ISRAEL)
Publicamos a continuación el resumen de las intervenciones de los
Delegados fraternos:
- S. Em. Emmanuel ADAMAKIS, Metropolitano de Francia (FRANCIA)
Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé me ha rogado que les
haga llegar, en nombre del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla y
hermana Iglesia, sus mejores deseos para esta Sínodo de los Obispos
para Oriente Medio que se celebra estos días.
Oriente Medio intriga tanto como fascina. Es propiedad de todos y no
es exclusivo de nadie. Tierra sagrada, los es para nosotros
cristianos en tanto en cuanto es a esta región del mundo donde Dios
vino a ofrecer las más increíble de las promesas: la resurrección.
Esta tierra, primer testimonio durante siglos de la obra salvadora
de Cristo, participa sin embargo de lo que el pensador Pascal
describía como su agonía a través de los siglos. En efecto, la
actualidad no cesa de recordarnos las divisiones, las separaciones,
los sufrimientos cotidianos a los que están sometidos ciertas
franjas de la población, en primer lugar los cristianos de la
región.
Sólo podemos felicitarnos por el hecho que se lleve a cabo esta
Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos. El
mundo espera de esta reunión una mensaje fuerte y actos concretos.
No se trata solamente de la responsabilidad de la Iglesia Católica
en calidad de organizadora de este Sínodo, sino de cada una de las
Iglesias que participan en calidad de “Delegados fraternos”, en la
transcendencia de nuestras diferencias y a los cuales se pidió
explícitamente su participación activa en el debate.Desde ese
momento, deseamos apoyar dos ejes que nos parecen esenciales.
El primero concierne la progresiva desaparición del cristianismo en
Oriente Medio. ¿Cómo hacer que la presencia de los cristianos en la
región sea perenne, en vista de nuestros diálogos bilaterales?
Recordemos que el documento de trabajo del Sínodo, el Instrumentum
laboris, fue hecho público por el Papa Benedicto XVI en su viaje
oficial a Chipre, en junio de 2010. Se trata, pues, de un signo
dirigido no solamente a los orientales católicos, sino también a la
Iglesia Ortodoxa y a sus fieles. A este respecto, conviene recordar
la importancia de la presencia ortodoxa en el interior de las
sociedades orientales. Así, el pluralismo deberá hacer avanzar
nuestras diferentes iniciativas de diálogo, materializándolas en
colaboraciones necesarias y útiles para el bien de un gran número de
personas y la transmisión eficaz del testimonio evangélico. De
hecho, subrayando las buenas relaciones actuales de nuestras
Iglesias, la esperanza tangible de una próxima unión tendría un
efecto catalizador. Una unión garantizaría la presencia continua
cristiana a nivel local.
En un segundo tiempo, desearíamos dar un enfoque especial sobre
nuestra capacidad de diálogo con los otros componentes religiosos de
la región, en particular nuestros hermanos musulmanes y judíos. La
inflación de iniciativas que el diálogo interreligioso tiene en
nuestros días no debe hacernos perder de vista que las iniciativas
institucionales son pertinentes sólo si el conjunto de la sociedad
otorga importancia a la necesidad de vivir juntos en la paz. En
efecto, Oriente Medio debe invalidar la tesis del choque de
civilizaciones. Pues sí, vivir juntos es posible, según modalidades
que no deben ser dictadas por terceros, sino más bien por los que la
viven día a día. Son ellos los que constituyen “la sal de la
tierra”. Ahora bien, la primera condición inalienable para toda
cohabitación es garantizar la libertad religiosa para todos.
Solamente en base a esto las relaciones entre las religiones, los
pueblos y las culturas estarán en posición de favorecer la
emergencia de lo que Lévi-Strauss llamaba: “la coexistencia de
culturas ofreciendo entre ellas la máxima diversidad”.
Por último, deseamos que este Sínodo fortalezca los vínculos que
unen a todos los cristianos de la región con claridad, valentía y
amor. Pero también para que nosotros, evitando todo paternalismo
exagerado en relación con los cristianos de oriente, aprendamos de
su realidad. Por lo tanto, es nuestro deber, por no decir nuestra
responsabilidad, que este Sínodo no quede relegado en la larga lista
de encuentros sin mañana, al menos por respeto a los que sufren y
por compromiso con nuestra fe.
Recemos para que el Señor inspire a todos los participantes de este
encuentro y que en la paz Él conceda a “la multitud de creyentes un
solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32).
[00205-04.05] [DF011] [Texto original: francés]
- S. G. Munib YOUNAN, Obispo de la Iglesia Evangélica Luterana de
Jordania y Tierra Santa, Presidente de la Federación Mundial
Luterana (ISRAEL)
Carta a los Efesios 4, 1- 6: “Yo, que estoy preso por el Señor, los
exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han
recibido. Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense
mutuamente por amor. Traten de conservar la unidad del Espíritu
mediante el vínculo de la paz. Hay un solo Cuerpo y un solo
Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han
sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo
Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de
todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos”.
Su Santidad, sus Eminencias, sus Excelencias,
Les traigo saludos desde Jerusalén, la ciudad del sufrimiento y
muerte de nuestro Señor, la ciudad de su resurrección y ascensión,
la ciudad de Pentecostés y del nacimiento de la Iglesia. El apóstol
Pablo nos dice en Efesios 4, 3 “Traten de conservar la unidad del
Espíritu mediante el vínculo de la paz”. Y yo subrayo aquí “con
mucha humildad y mansedumbre” al hablar de nuestras preocupaciones
comunes por el Cuerpo de Cristo.
El 21 de octubre de 1999, en Augsburg (Alemania), nos reunimos para
firmar la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación
de la fe- un evento histórico que alivió condenas del pasado y sentó
las bases para un futuro común. Es positivo que la relación entre
Luteranos y Católicos se haya desarrollado de este modo y que siga
progresando. El verano pasado la Federación Luterana Mundial se
reunió en una asamblea en Stuttgart (Alemania)bajo el tema “Danos
hoy nuestro pan de cada día”. Compartimos el mismo pan y compartimos
la misma responsabilidad en un mundo hambriento, hambriento de
espiritualidad y de justicia. Compartimos la responsabilidad de
asegurar el alimento, erradicar la pobreza y combatir las
enfermedades mortales.
De modo particular, quisiera mencionar la buena relación entre la
Iglesia Evangélica y Luterana en Jordania y Tierra Santa (ELCHJHL) y
la Iglesia Católica en Palestina, Israel y Jordania. Me siento
bendecido de tener relaciones armoniosas y fraternas con los obispos
y prelados católicos en Jerusalén, lo que debe continuar por el
bienestar de nuestros pueblos, en aras de dar un testimonio común.
Quisiera también ofrecer una palabra de agradecimiento por su
iniciativa y por preocuparse por los cristianos de Oriente Medio a
lo largo de este Sínodo. Oriente Medio es la cuna del Cristianismo.
Sería trágico que después de dos mil años este testimonio
desapareciera. Les pregunto: ¿qué sería de Oriente Medio sin los
cristianos?
Compartimos esta preocupación común y aunque no quisiera considerar
solo los problemas, mencionaré solo tres y brevemente: la inestable
situación política; la falta de trabajo como consecuencia de la
situación económica; y el aumento del extremismo, tanto político
como religioso, que desestabiliza la región y da pie a la
emigración. Para mí, el futuro del Cristianismo depende de la paz y
de la justicia en Oriente Medio. Juntos, ¿cómo podemos ofrecer un
testimonio vivo y dinámico? Es esencial que no nos centremos
solamente en un testimonio confesional, sino que hablemos con una
sola voz en un testimonio común.
Nuestras comunidades de base esperan que actuemos juntos, demos
testimonio juntos, vivamos juntos y amemos juntos. Es por esta razón
esencial que fortalezcamos nuestras relaciones ecuménicas tanto en
Israel y Palestina, como en todo Oriente Medio.
¿Cómo podemos llevarlo a cabo? En primer lugar, el Consejo de
Iglesias de Oriente Medio es el único organismo en el mundo que
reúne a las cuatro familias de Iglesias: Católica, Ortodoxa,
Oriental y Evangélica. Actualmente no estamos caminando tan
decididamente como deberíamos, sino que vamos cojeando a lo largo
del camino. Hago un llamado para que nos ayuden a revivir una
estructura ecuménica donde todos podamos trabajar juntos.
En segundo lugar, debemos actuar juntos para generar empleo,
proporcionar una vivienda segura y con costos accesibles, mejorar
las escuelas y fortalecer las instituciones cristianas, que sirven a
todos, independientemente del género, etnia, creencias políticas o
religiosas. Nuestras escuelas Luteranas, por ejemplo, educan a un
número igual de Cristianos y Musulmanes, niños y niñas, uno al lado
del otro, creando un ambiente de respeto mutuo; es esta nuestra
fortaleza. Debemos continuar nuestros esfuerzos para que los
cristianos permanezcan imperturbables en nuestros países, como parte
integral del tejido de las sociedades mismas, trabajando por el bien
de todos.En tercer lugar, los testigos comunes de la Iglesia, a
pesar de su disminución, son esenciales para construir una sociedad
civil moderna, que sea democrática, respetuosa de los derechos
humanos, que promueva la libertad de religión, una conciencia para
todo Oriente Medio, para el mundo árabe y musulmán, para Israel y
Palestina. A lo largo de estos dos mil años, el Cristianismo no ha
desempeñado un papel predominante en el gobierno de la región, pero
siempre hemos presentado un testimonio vivo, al ser como la levadura
en la masa de nuestras sociedades. Nuestra Iglesia no es tímida ni
se esconde temerosa de su propia supervivencia, sino que se siente
segura de la fortaleza que le da el Espíritu para que sea profética,
para que diga la verdad a los poderosos, para que promueva la
justicia, la reconciliación y el perdón.
En cuarto lugar, nuestro testimonio ecuménico se hace presente en el
activo diálogo interreligioso, que debería manifestarse en varios
ámbitos, uno de los cuales es la promoción de mejores relaciones
entre musulmanes y cristianos. Apreciamos considerablemente la carta
abierta de los líderes musulmanes de 2007, “Una Palabra Común”, que
describe la esencia de la religión como “amar a Dios y amar al
prójimo”. Como refleja el mensaje de Amman de 2005 del Rey Abdullah
II de Jordania, debemos apoyar a aquellos que representan al Islam
verdadero y que combaten el extremismo. Yo apoyé esta propuesta el
mes pasado ante las Naciones Unidas para la Semana Mundial de
Armonía Interreligiosa. Dónde mejor que en Jerusalén pueden los
cristianos presentar un paradigma de como vivir y dialogar con el
Islam.
Un segundo aspecto del diálogo interreligioso es la promoción entre
la relación Musulmanes - Cristianos y Judíos. El Consejo de las
Instituciones Religiosas en Tierra Santa une a los líderes de los
tres credos par promover juntos la coexistencia, combatir el
extremismo y buscar soluciones a los problemas sociales. Los
actuales consejeros académicos están estudiando cientos de libros de
escuelas Israelíes y Palestinas, en un esfuerzo por cubrir y
eliminar fragmentos discriminatorios o despectivos de los mismos.
Este proyecto constituye un camino privilegiado para la justicia, la
paz y la reconciliación.
El Consejo también está escribiendo documentos que sirvan de base
para los futuros diálogos inter-religiosos, una sencilla declaración
sobre el hogar espiritual común de las tres religiones. La pregunta
es la siguiente: ¿por qué Jerusalén es sagrada para los musulmanes,
los judíos y los cristianos? Nuestro desafío es amar a nuestros
hermanos como a nosotros mismos. Muchos confiesan amar a Dios, pero
¿cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano,
a quien ve? (1Jn 4, 20).
Nosotros, Luteranos, estamos comprometidos a trabajar juntos con
ustedes, católicos, al igual que con las Iglesias Ortodoxas y con
las principales Iglesias Evangélicas, por el bien de nuestro
testimonio común en Oriente Medio.
Nos comprometemos entonces a “Tratar de conservar la unidad del
Espíritu mediante el vínculo de la paz”.
[00206-04.07] [DF012] [Texto original: inglés]
Esta mañana el Santo Padre ha recibido en audiencia a los cuatro
Delegados Fraternos que han intervenido en la Duodécima Congregación
General.
INTERVENCIONES “IN SCRIPTIS” DE LOS PADRES SINODALES
Los siguientes Padres sinodales han entregado una intervención sólo
por escrito:
-
S. B. Em. Card. Lubomyr HUSAR, M.S.U., Arzobispo Mayor de
Kyiv-Halyč (UCRANIA)
-
S. E. R. Mons. Antonio Maria VEGLIÒ, Arzobispo
titular de Eclano, Presidente del Pontificio Consejo de la Pastoral
de los Emigrantes e Itinerantes (CIUDAD DEL VATICANO)
-
S. E. R. Mons. Raboula Antoine BEYLOUNI, Arzobispo titular de
Mardin de los Sirios, Obispo de Curia de Antioquía de los Sirios
(LÍBANO)
-
S. E. R. Mons. Flavien Joseph MELKI, Obispo titular de Dara de los
Siros, Obispo de Curia de Antioquía de los Sirios (LÍBANO)
-
S. E. R. Mons. Mounged EL-HACHEM, Arzobispo titular de Darnis,
Nuncio Apostólico (LÍBANO)
Publicamos a continuación el resumen de las intervenciones no
pronunciadas en el Aula, entregadas por escrito por los Padres
sinodales:
- S. B. Em. Card. Lubomyr HUSAR, M.S.U., Arzobispo Mayor de
Kyiv-Halyč (UCRANIA)
Quiero intervenir sobre dos argumentos que, entre muchos otros,
están presentes en el Instrumentum Laboris y que constituyen
elementos de profunda atención, a mi juicio, y de continua
preocupación, en cuanto nos interpelan como Iglesias Orientales, y
que superan nuestros confines geográficos e históricos. Concluyo,
después, con dos propuestas concretas.
1 - El primer punto sobre el que intervengo es todo el mundo de la
emigración. Nosotros, Greco-católicos Ucranianos, compartimos con
los Hermanos de Oriente Medio el drama de la migración de nuestros
fieles, aunque movidos por motivos diversos. Los datos estadísticos
documentan que en estos últimos años han emigrado hacia todo el
mundo y, en particular, cinco millones de ucranianos hacia Europa
occidental, mitad de los cuales provenientes de regiones en las que
vive la mayoría de nuestros fieles.
Hemos de reconocer que en los países hacia los que se han dirigido,
han encontrado generalmente una buena acogida de las Diócesis
latinas, pero esto no nos exime de la grave responsabilidad que
tenemos de salvaguardar la fe según la Tradición Oriental a la que
pertenecen y en la que se deben afirmar con un adecuado cuidado
pastoral específico de su Rito, según cuanto prescribe rigurosamente
también el Derecho Canónico.
En el Instrumentum Laboris se reconoce este nuestro derecho-deber,
cuando en el n. 6 se lee: “los miembros de las Iglesias sui iuris
son fieles entendidos como personas individuales y como miembros de
las respectivas comunidades”. Parece, pues, evidente que ellos,
aunque fuera de la patria, han de ser puestos en condiciones de
ejercer esta su pertenencia originaria con la garantía de todos los
medios de que dispone su Iglesia para la atención pastoral:
sacerdotes propios, rito propio, espiritualidad propia, vida
comunitaria propia.
Es posible que surja la objeción que esta garantía puede constituir
un impedimento a la integración en las nuevas realidades en las que
nuestros fieles han decidido vivir. Pero nuestra experiencia ultra
secular nos enseña que esto no es absolutamente verdad: nuestros
fieles en las Américas y en Australia, además de los distintos
países de Europa, hoy están perfectamente integrados, aunque
conservan intacto su patrimonio y ejercen la plena pertenencia a la
Iglesia Greco-católica Ucraniana.
Se me permita una observación a este respecto: un Padre de la
Iglesia la ha definido “circumdata varietate”, para significar que
la unidad de la Iglesia no se identifica con la uniformidad, sino
que expresa la riqueza de Dios Creador en la armonía de las
diversidades o multiplicidades, si se quiere usar el término elegido
y utilizado también en el Instrumentum Laboris. Como explica muy
bien San Ignacio de Antioquía, con la imagen de las cuerdas unidas
en la cítara y de la sinfonía del coro que canta, la diversidad no
es un peligro, sino un irrenunciable tesoro para la Iglesia
Universal, teniendo en cuenta, naturalmente, el hecho de que el
Sucesor de Pedro tiene el mandato divino de dirigir el coro, para
que no haya desarmonías y se garantice la sinfonía de la verdad y de
la caridad.
Debemos tener el valor, en el Espíritu Santo, de vivir la armonía en
la multiplicidad o diversidad en todas aquellas regiones que, hasta
hace pocos decenios, se han caracterizado, por motivos históricos,
por la presencia de un único Rito y se han acostumbrado a una
especie de monopolio. Conviene observar que el territorio no es hoy,
ante el desafío creciente de las migraciones, un concepto
geográfico, sino un concepto antropológico. Aplicando el principio
enunciado precisamente en la cita, más arriba señalada, del
Instrumentum Laboris, me parece deber argumentar que el territorio
de todas las Iglesias sui iuris está constituido por personas, en
cuanto fieles, allí donde, por distintas necesidades, han decidido
vivir. Se deben, por tanto, repensar y rever los instrumentos,
también jurídicos, para garantizar prácticamente este principio,
para asegurar la salus animarum de nuestros fieles, de los que somos
responsables en todas partes como pastores, y para superar el
eventual peligro de asimilaciones que empobrecen la naturaleza
estructural de la Iglesia, como querida por nuestro Señor
Jesucristo.
2 - El segundo tema, sobre el que deseo detener la común reflexión,
me lo ofrece el n. 20 de nuestro Instrumentum Laboris, que tiene
como objeto la “apostolicidad y vocación misionera”. Allí se afirma:
“En cuanto apostólicas, nuestras Iglesias tienen la misión
particular de llevar el Evangelio a todo el mundo, como ha sucedido
durante la historia”. Con dolor tengo que estar de acuerdo con lo
que se afirma, a penas después, con términos críticos, al referirse
a cierta cerrazón típica de la mentalidad de quien se siente
asediado o de quien ha vivido dentro de unos confines étnicos o
ideológicos absolutistas, como nos ha sucedido a nosotros durante 70
años con el régimen comunista soviético. Es cierto que ha sido
frenado el “impulso evangélico”. Me pregunto: las pruebas hodiernas
que sufren nuestras Iglesias sui iuris - también en la Iglesia de
Ucrania se perciben indicios de nuevas dificultades - y el singular
fenómeno de la migración masiva de nuestros fieles, que nos afecta
tan profundamente, ¿no es quizás un signo enviado por el Espíritu
Santo para que, como Abraham, abandonemos las certezas de Ur de
Caldea y nos pongamos en camino en todo el mundo? Y no temo afirmar
en todo el mundo, es decir, también allí donde la Iglesia ha
conocido, hasta hace poco, situaciones que podría definir de
posesión pacífica, pero que actualmente se encuentra en profunda
crisis a causa de la defección, superficialidad o contrariedad de
personas o culturas anticristianas. Me pregunto: si toda la Iglesia
Universal es misionera, ¿no es, quizás, esta situación una
provocación a nosotros, de Tradición Oriental, para decidirnos a ir
ad gentes, en cualquier parte donde estas gentes tienen necesidad o
esperan la Palabra que salva? La riqueza de nuestra espiritualidad y
de nuestras Liturgias es un patrimonio a compartir y no a custodiar
con celo o incluso a esconder en nuestras comunidades. Es cierto que
somos pobres con respecto a muchos otros hermanos, pero nunca
debemos olvidarnos de que Dios elige siempre a los humildes y pobres
para realizar sus obras maravillosas, como ha hecho, para sublime
ejemplo, con María, la Theotokos.
3 - Los dos temas que he ofrecido a la común atención, son sólo una
pequeña parte de los grandes desafíos que cotidianamente debemos
afrontar y ante los cuales nos sentimos con frecuencia desprovistos,
inadecuados o débiles, en cualquier caso, en dificultad. Tenemos
necesidad de la ayuda de Pedro.
Y he aquí la propuesta-llamada que, con toda sencillez y profunda
confianza, adelanto: constituir un organismo integrado por los
Patriarcas y Arzobispos Mayores de las Iglesias Orientales en
comunión con Roma, semejante al Sínodo permanente de la Tradición
Oriental, a través del cual el Sucesor de San Pedro pueda
confortarnos, apoyarnos y aconsejarnos para dar plenitud evangélica
a nuestro ministerio y a nuestra misión.
4 - Consiguientemente a esta propuesta, adelanto una segunda. Pido a
los Participantes en este Sínodo solicitar al Santo Padre dedicar al
tema general de la naturaleza y del papel de las Iglesias Católicas
Orientales un Sínodo en un futuro próximo.
[00192-04.12] [IS001] [Texto original: italiano]
- S. E. R. Mons. Antonio Maria VEGLIÒ, Arzobispo titular de Eclano,
Presidente del Pontificio Consejo de la Pastoral de los Emigrantes e
Itinerantes (CIUDAD DEL VATICANO)
En los últimos decenios, los cristianos y, de manera particular los
jóvenes, de muchos países medio-orientales abandonan su patria en
masa. Está a la vista de todos, por tanto, que los cristianos en
Oriente Medio se encuentran en situaciones de dificultad difusa, en
número escaso y se ven con frecuencia impotentes y resignados. En
esta importante asamblea surgen espontáneamente unos sentimientos de
espiritual cercanía, de apoyo y de ánimo para los cristianos en
Oriente Medio, también gracias al recuerdo del sacrificio de la vida
que ofrecieron al mundo Mons. Faraj Raho, Mons. Luigi Padovese,
Padre Andrea Santoro y otros sacerdotes y tantos hombres y mujeres,
que las comunidades cristianas locales conocen bien y admiran.
En el fenómeno migratorio hay también aspectos positivos, ya que ha
hecho que aumente el número de católicos en la región que se
extienden por algunas áreas de Oriente Medio, a tal punto que no son
pocas las comunidades cristianas compuestas casi exclusivamente por
inmigrantes, cada vez más en contacto con poblaciones de otras
religiones, en especial con los musulmanes.
En este escenario es de importancia decisiva solicitar un compromiso
político a nivel mundial que afronte las causas de la hemorragia de
hombres y mujeres que vacía las Iglesias de Oriente Medio y los
lugares en los cuales nació el cristianismo y se desarrolló. ¡Sería
terrible si la Tierra Santa y los países limítrofes, cuna del
Cristianismo y patria del Príncipe de la Paz, se convirtiesen en un
museo de piedras, un querido recuerdo de los tiempos pasados!
Igualmente indispensable es el compromiso cultural, es decir, la
formación para el respeto de la centralidad y la dignidad de cada
persona humana, la oposición a la xenofobia, a veces favorecida por
los medios de comunicación, y el apoyo a la integración que salve la
identidad de las personas.
Mientras asisto con preocupación a los problemas sociales
emergentes, observo también el riesgo de que cada Iglesia Oriental
Católica se encierre en sí misma. Las comunidades cristianas de
Oriente Medio deben ser animadas a mejorar el recíproco
conocimiento, que las ayude a respetarse y a apreciarse más, a
colaborar y a trabajar juntas para tener un mayor peso.
Sin duda esta Asamblea manifestará su solidaridad y apoyo para los
cristianos de Oriente Medio con objeto de que se sientan animados a
quedarse en su patria, de manera que puedan desarrollar allí su
misión de “levadura”, mediante la vida y el testimonio de la
comunión y, donde es posible, también con el anuncio explícito de
Jesucristo único Señor y Salvador.
Por último, quiero hacerles una confidencia: estoy muy contento de
este Sínodo, que hará que se conozcan mejor entre ustedes, Iglesias
Orientales y entre ustedes y la Iglesia Latina. Y si nos conocemos,
nos amaremos y nos ayudaremos más.
[00193-04.07] [IS002] [Texto original: italiano]
- S. E. R. Mons. Raboula Antoine BEYLOUNI, Arzobispo titular de
Mardin de los Sirios, Obispo de Curia de Antioquía de los Sirios
(LÍBANO)
En Líbano tenemos un comité nacional de diálogo islamo-cristiano
desde hace varios años. También había una comisión episcopal
instituida luego de la Asamblea de Patriarcas y Obispos Católicos de
Líbano encargada del diálogo islamo-cristiano. Recientemente ha sido
suprimida para darle más importancia al otro comité, además no había
producido un resultado sensible.
A veces el diálogo se lleva a cabo en varios lugares en los países
árabes, como por ejemplo en Qatar, donde el propio Emir invita a su
país, y a sus expensas, personalidades de diferentes países y de
tres religiones: Cristiana, Musulmana y Judía. En Líbano, la cadena
Télé-lumière & Noursat y en otras cadenas de televisión a veces
transmiten programas de diálogo islamo-cristiano. A menudo se escoge
un tema, y cada parte la explica o la interpreta según su religión.
Estos programas son normalmente muy instructivos.
He querido en esta intervención llamar la atención sobre los puntos
que hacen que estos encuentros o diálogos sean difíciles y a menudo
ineficaces. Está claro que no se discute sobre los dogmas. Pero
incluso los otros asuntos de orden práctico y social son
difícilmente abordables cuando se los incluye en el Corán o la
Sunna. Estas son algunas de las dificultades que hay que afrontar:
El Corán inculca al musulmán el orgullo de tener la única religión
verdadera y completa, la religión enseñada por el más grande
profeta, pues es el último llegado. El musulmán forma parte de la
nación privilegiada, y habla la lengua de Dios, la lengua del
paraíso, la lengua árabe. Por eso afronta el diálogo con esta
superioridad, y con la seguridad de salir victorioso.
El Corán, escrito supuestamente por el mismo Dios desde el principio
hasta el fin, da el mismo valor a todo lo que está escrito: el dogma
así como otra ley o práctica.
En el Corán no hay igualdad entre el hombre y la mujer, ni siquiera
en el matrimonio, donde el hombre puede tomar varias mujeres y puede
divorciarse de ellas a su gusto; ni en la herencia donde el hombre
tiene derecho a una parte doble; ni en el testimonio ante los jueces
donde la voz del hombre tiene el mismo valor que la voz de dos
mujeres, etc.
El Corán permite al musulmán ocultar la verdad al cristiano y hablar
y actuar contrariamente a lo que él piensa o cree.
En el Corán hay versículos contradictorios y versículos anulados por
otros, lo que da al musulmán la posibilidad de usar unos u otros
según más le convenga, y así puede decir del cristiano que es
humilde, piadoso y creyente en Dios como puede considerarle impío,
apóstata e idólatra.
El Corán da al musulmán el derecho de juzgar a los cristianos y de
matarlos por la jihad (guerra santa). Ordena que se imponga la
religión por la fuerza, por la espada. La historia de las invasiones
es testigo. Por eso los musulmanes no reconocen la libertad
religiosa, ni para ellos ni para los demás. No hay que extrañarse si
todos los países árabes y musulmanes se niegan a aplicar por entero
los “Derechos del hombre” instituidos por las Naciones Unidas.
Ante todas estas prohibiciones y otros temas parecidos ¿habría que
suprimir el diálogo? No, seguramente no. Pero hay que elegir los
temas a ser abordados, y unos interlocutores cristianos capaces y
bien formados, valientes y piadosos, sabios y prudentes... que digan
la verdad con claridad y convicción...
A veces ciertos diálogos en la TV resultan deplorables pues el
interlocutor cristiano no está a la altura de su cometido y no llega
a transmitir toda la belleza y la espiritualidad de la religión
cristiana, lo que escandaliza a los espectadores. Y es todavía peor
cuando los interlocutores del clero, en el diálogo, para ganarse la
simpatía del musulmán llaman profeta a Mahoma y añaden la invocación
musulmana conocida y siempre repetida “Salla lahou alayhi wa sallam”
(que la paz y la bendición de Dios sean con él).
Para acabar sugiero lo siguiente: Puesto que el Corán habló bien de
la Virgen, insistiendo sobre su virginidad perpetua y su milagrosa y
única concepción, que nos dio a Cristo, y puesto que los musulmanes
la tienen en gran consideración y le piden su intercesión,
encomendémonos a Ella en cada diálogo y cada encuentro con los
musulmanes. Al ser la Madre de todos, Ella nos guiará en nuestras
relaciones con los musulmanes para mostrarles el verdadero rostro de
su Hijo Jesús, Redentor del género humano.
Quiera Dios que la fiesta de la Anunciación declarada en Líbano
fiesta nacional para los cristianos y los musulmanes sea también
fiesta nacional en los demás países árabes.
[00194-04.05] [IS003] [Texto original: francés]
- S. E. R. Mons. Flavien Joseph MELKI, Obispo titular de Dara de los
Siros, Obispo de Curia de Antioquía de los Sirios (LÍBANO)
El párrafo 25 del Instrumentum Laboris llama a los cristianos de
Oriente Medio a trabajar junto con los musulmanes moderados y sabios
con el fin de llegar a instaurar en los Estados islámicos, donde
viven, una “laicidad positiva” que garantizaría la igualdad de todos
los ciudadanos al reconocer el papel benéfico de las religiones.
Esta reforma del régimen político y teocrático de nuestros países
“facilitaría la promoción de una democracia sana”.
Estas propuestas, si bien deseables y legítimas, ¿tienen alguna
posibilidad de ser aplicadas? ¿Se puede pensar que los países árabes
de Oriente Medio, donde el integrismo se vuelve cada vez más duro,
aceptarían en un futuro próximo abandonar sus regímenes teocráticos
fundados en el Corán y la Sharía, que comportan una flagrante
discriminación hacia los no musulmanes? Me parece utópico para los
siglos venideros.
Con excepción de Líbano, los cristianos de Oriente Medio, que son
alrededor de 15.000.000, desde hace 14 siglos, están sometidos a
múltiples formas de persecución, masacres, discriminación,
arbitrariedades y humillación. Aún en nuestros días, en el tercer
milenio, asistimos impotentes, con gran dolor, a las pruebas de
nuestros hermanos de Iraq y a su éxodo masivo.
¿Deberemos esperar a la desaparición de los cristianos de Oriente
Medio para alzar nuestra voz y reclamar con fuerza la libertad,
igualdad y justicia para esas minorías religiosas amenazadas en su
existencia? ¿El mundo civilizado asistirá con indiferencia a su
extinción?
Es necesario por tanto actuar sin demora, para reformar estos
regímenes islámicos. Los cristianos de Oriente Medio no sabrían
alcanzar solos este objetivo. Deben ser ayudados por la Iglesia
universal y por los países democráticos.
1- La Santa Sede podría intervenir, en este sentido, ante los países
con los cuales tiene relaciones diplomáticas.
2. Los países europeos, los Estados Unidos y los países que respetan
los derechos del hombre deberían hacer presión, a todos los niveles,
sobre los regímenes que lesionan los derechos inalienables de la
persona humana, con objeto de inducirlos a reformar sus leyes,
inspiradas en la Sharía islámica, y que consideran a las minorías
religiosas como ciudadanos de segunda clase.
Y por qué no se pide a las instancias internacionales que defiendan
la causa de los cristianos, víctimas de discriminación, y se exige a
los países islámicos que traten a los cristianos como hacen los
Estados europeos con los musulmanes, que son minoría y han adquirido
la ciudadanía, y a los que otorgan los mismos derechos que a los
habitantes autóctonos.
Si movilizamos así a la opinión internacional, los cristianos
tendrían motivos para esperar, reecontrarían la dignidad de ser
ciudadanos plenos y esto los llevaría a no abandonar la patria.
Debemos reclamar sin cesar por nuestros derechos lesionados y
nuestra dignidad pisoteada, y actuar incansablemente para recuperar
esta situación anormal siguiendo la palabra de Cristo:”Pedid y se os
dará, llamad y se os abrirá” (Mt 7,7). Aún más, debemos seguir el
ejemplo de la viuda del Evangelio, sin medios para defenderse, que a
fuerza de insistir pudo finalmente obtener por parte de un juez
inicuo, sin fe y sin corazón, la justicia debida.
[00196-04.05] [IS004] [Texto original: francés]
- S. E. R. Mons. Mounged EL-HACHEM, Arzobispo titular de Darnis,
Nuncio Apostólico (LÍBANO)
El Corán contiene algunos versículos que imponen la tolerancia,
sobre todo con respecto a los cristianos. Los primeros Califas y los
gobernantes de las provincias recurrieron a los cristianos para que
los ayudaran en el gobierno. Pero sobre todo fue en materia cultural
y de salud de lo que los cristianos se ocuparon en primer lugar.
Las relaciones se deterioran con las cruzadas y, sobre todo, bajo el
régimen de Mamlouks.
A fines del siglo XIXº e inicios del XXº, el mundo árabe y los
musulmanes afrontaron enormes dificultades: los países de África del
Norte estaban colonizados por Francia, la lengua árabe estaba casi
muerta, el Imperio turco comenzaba a convertirse en “el hombre
desorientado”. Numerosos intelectuales cristianos, en particular,
libaneses y sirios emigraron a Egipto y realizaron el renacimiento
de la lengua y la cultura árabes.
Actualmente, sobre todo a partir del 11 de septiembre de 2001, el
mundo musulmán afronta grandes desafíos, a pesar de sus riquezas,
sus conocidas e inmensas reservas de petróleo y gas.
Recordamos algunos de ellos:
-Sus difíciles relaciones con Occidente, sobre todo con Europa y
Estados Unidos de América.
-Sus regímenes políticos: dictaduras militares y monarquías
hereditarias.
-Ausencia de democracia, de libertades (de opinión, de expresión, de
asociación, de religión ...)
-Respeto de los derechos del hombre a pesar de haber firmado el
Tratado de 1948
-Situación de la mujer y su igualdad con respecto al hombre
-Tensión entre Suníes y Chiíes
-Guerra y conflictos: Palestina, Iraq, Yemen ...
-Confusión entre lo espiritual y lo temporal, la religión y el
estado.
Numerosos son los cristianos y las asociaciones que se ocupan del
Diálogo Islamo-Cristiano, a comenzar por la Sección Islam en el seno
del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.
Algunas sugerencias prácticas en vistas de una colaboración
concreta:
1. Favorecer un conocimiento exacto, incluso elemental, de unos y de
otros: “el hombre es enemigo de lo que no conoce”. Esta enseñanza
debe ser hecha a todos los niveles: desde la escuela maternal hasta
la universidad.
2. Elaborar manuales escolares que ofrezcan una enseñanza exacta de
las dos religiones.
3. Fomentar las escuelas, los intercambios entre escuelas cristianas
y musulmanes, que se hace cada vez más en Líbano.
4. Organizar campamentos en común donde los jóvenes musulmanes y
cristianos vivan juntos.
5. Realizar juntos actividades sociales, caritativas y humanitarias.
Es deseable que los Jefes religiosos, en un mismo país, lleven a
cabo iniciativas que fomenten la colaboración entre los fieles de
las dos religiones: en Líbano, por ejemplo, los Jefes de seis
Comunidades religiosas han instituido el Comité Nacional del Diálogo
Islamo-Cristiano que ha llevado a cabo un trabajo notable. El
gobierno ha elaborado dos manuales comunes de historia y de
educación cívica para todos los alumnos. Estos deben alcanzar a las
masas y no limitarse a las élites.
Este diálogo de vida es una puesta en práctica del tema de este
Sínodo: “Comunión y Testimonio”:
[00198-04.04] [IS005] [Texto original: francés]
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