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26 - 24.10.2010
RESUMEN
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COMIDA FRATERNA
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CAPILLA PAPAL PRESIDIDA POR EL SANTO PADRE PARA LA CLAUSURA DE LA
ASAMBLEA ESPECIAL PARA ORIENTE MEDIO DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS
- ANGELUS DOMINI
COMIDA FRATERNA
Durante el encuentro convivial en el Atrio del Aula Pablo VI, en el
Vaticano, el Secretario General del Sínodo de los Obispos, S.E.R.
Mons. Nikola Eterović, ha presentado al Papa los datos principales
de los trabajos en los que han participado 173 Padres sinodales. Se
llevaron a cabo 14 Congregaciones Generales y 6 reuniones de
Círculos Menores. Se compartieron 10 entre reflexiones y homilías.
Hubo 125 intervenciones, más 5 entregadas por escrito. Intervinieron,
también, 12 Delegados Fraternos y se realizaron 12 informes.
Adicionalmente, hubo 111 intervenciones libres ante la presencia del
Papa. El Presidente Delegado S.B. Ignace Youssif III Younan,
agradeció al Pontífice por la oportunidad concedida a las Iglesias
de Oriente Medio para que expresaran sus voces, asegurando que los
pastores de las Iglesias Orientales regresarán a sus tierras para
proclamar, sin temor alguno, el Evangelio en la caridad y en la
verdad, y lo vivirán día tras día. El Patriarca greco-melquita S.B.
Gregorius III Laham, regaló al Santo Padre un precioso indumento
litúrgico oriental. El Papa ha dicho que el don más hermoso de la
Asamblea sinodal es la comunión en la diversidad de las Iglesias de
Oriente, una comunión que se convierte en testimonio:
Queridos
amigos,
Según una bella tradición creada por el Papa Juan Pablo II, los
Sínodos se concluyen con una comida, un acto de convivencia que
igualmente se inscribe bien en el clima de este Sínodo, que habla de
la comunión: no solo ha hablado de ella, sino que nos ha permitido
realizar la comunión.
Este es para mí el momento de decir gracias. Gracias al Secretario
General del Sínodo y a sus colaboradores, que han preparado y están
preparando asimismo el seguimiento de los trabajos. Gracias a los
Presidentes delegados, gracias sobre todo al Relator y al Secretario
adjunto, que han hecho un trabajo increíble. ¡Gracias! Yo también
fui relator en el Sínodo de la Familia y puedo imaginar un poco el
trabajo que han llevado a cabo. ¡Gracias también a todos los Padres
que han presentado la voz de la Iglesia en Oriente, a los Oyentes, a
los Delegados fraternos, a todos!
Comunión y testimonio. En este momento damos gracias al Señor por la
comunión que nos ha dado y que nos da. Hemos visto la riqueza, la
diversidad de esta comunión. Siete Iglesias de ritos distintos que,
sin embargo forman, junto con los demás ritos, la única Iglesia
Católica. Es hermoso ver esta verdadera catolicidad que es tan rica
en diversidad, tan rica en posibilidades, en culturas distintas y, a
pesar de ello, es justamente así como crece la polifonía de una
única fe, de una verdadera comunión de los corazones que sólo el
Señor puede dar. Por esta experiencia de la comunión damos gracias
al Señor, doy gracias a todos ustedes. Me parece tal vez éste el don
más importante del Sínodo que hemos vivido y realizado: la comunión
que nos une a todos y que es, también en sí misma, testimonio.
Comunión. La comunión católica, cristiana es una comunión abierta,
dialogal. Así, estábamos también en diálogo permanente, interior y
exteriormente con los hermanos ortodoxos, con las demás Comunidades
eclesiales. Y hemos sentido que justamente en esto estamos unidos –
aunque haya divisiones exteriores: hemos sentido la profunda
comunión en el Señor, en el don de su Palabra, de su vida, y
esperamos que el Señor nos guíe para avanzar en esta comunión
profunda.
Estamos unidos con el Señor y de este modo - podemos decir - hemos
sido “encontrados” por la verdad. Y esta verdad no cierra, no pone
límites sino que abre. Por eso estábamos también en diálogo franco y
abierto con los hermanos musulmanes, con los hermanos judíos, todos
juntos responsables del don de la paz, de la paz precisamente en
esta parte de la tierra bendecida por el Señor, cuna del
cristianismo y de las otras dos religiones. Deseamos continuar en
este camino con fuerza, ternura y humildad y con el valor de la
verdad que es amor y que se abre en el amor.
He dicho que concluimos este sínodo con la comida. Pero la verdadera
conclusión mañana es la convivencia con el Señor, la celebración de
la Eucaristía. La Eucaristía, en realidad, no es una conclusión sino
una apertura. El Señor camina con nosotros, está con nosotros, el
Señor nos pone en movimiento. Y así, en este sentido estamos en
Sínodo, es decir, en un camino que continúa aunque estemos dispersos:
estamos en Sínodo, en un camino común. Pidamos al Señor que nos
ayude. ¡Y gracias a todos ustedes!
CAPILLA PAPAL PRESIDIDA POR EL SANTO PADRE PARA LA
CLAUSURA DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA ORIENTE MEDIO DEL SÍNODO DE
LOS OBISPOS
- HOMILÍA DEL SANTO PADRE
A las 9:30 de esta mañana, 24 de octubre de 2010, XXX Domingo del
tiempo "per annum", en la Basílica de San Pedro, ante la tumba del
apóstol Pedro, el Santo Padre Benedicto XVI ha presidido la
Celebración de la Eucaristía con los Padres Sinodales, para
clausurar la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los
Obispos, que se ha celebrado en el Aula del Sínodo en el Vaticano
desde el 10 de octubre de 2010, sobre el tema La Iglesia católica en
Oriente Medio:comunión y testimonio. "La multitud de los creyentes
no tenía sino un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32).
Con el canto de Iubilate Deo, a las 9:15, ha dado inicio el ingreso
en la Basílica. Los concelebrantes, guíados por los maestros de
ceremonias, se han situado en sus respectivos lugares alrededor del
Altar de la Confesión. A continuación, los señores cardenales y los
componentes de la Presidencia de la Asamblea Especial para Oriente
Medio del Sínodo de los Obispos han participado en la procesión de
ingreso con el Santo Padre.
Con el Papa han concelebrado 177 Padres Sinodales (entre los cuales
19 Cardenales, 9 Patriarchi, 72 Arzobispos, 67 Obispos y 10
Sacerdotes) y 69 colaboradores.
Han subido al altar para la Oración Eucarística los presidentes
delegados S. B. Em. Card. Nasrallah Pierre SFEIR, Patriarca de
Antioquía de los Maronitas, Obispo de Joubbé, Sarba y Jounieh de los
Maronitas (LÍBANO), ad honorem, S. B. Em. Card. Emmanuel III DELLY,
Patriarca de Babilonia de los Caldeos (IRAQ), ad honorem, S. Em. R.
Card. Leonardo SANDRI, Prefecto de la Congregación para las Iglesias
Orientales (CIUDAD DEL VATICANO), S. B. Ignace Youssif III YOUNAN,
Patriarca de Antioquía de los Sirios (LÍBANO); el Relator General S.
B. Antonios NAGUIB, Patriarca de Alejandría de los Coptos (REPÚBLICA
ÁRABE DE EGIPTO); el Secretario General S. E. R. Mons. Nikola
ETEROVIĆ, Arzobispo titular de Cibale (CIUDAD DEL VATICANO); el
Secretario Especial S. E. R. Mons. Joseph SOUEIF, Arzobispo de
Chipre de los Maronitas (CHIPRE).
La Primera Lectura ha sido pronunciada en francés, el Salmo
responsorial en latín y la Segunda Lectura en inglés. El Evangelio
ha sido proclamado en latín y en griego. La Oración de los fieles ha
sido pronunciada en árabe, inglés, farsi, turco y hebreo. Los cantos
“Maior est Caritas” en latín e “Himno de los Querubines” en griego
han acompañado el Ofertorio, y “Bonus Pastor” en latín y “Alcemos
las alabanzas” en árabe, la Comunión. Al final de la celebración se
entonó la antífona mariana “Ave Regina Caelorum”.
Durante el Sagrado Rito, después de la lectura del Evangelio, el
Santo Padre ha pronunciado la siguiente Homilía:
HOMILÍA DEL SANTO PADRE
¡Venerados Hermanos,
ilustres señores y señoras,
queridos hermanos y hermanas!
A distancia de dos semanas de la Celebración de apertura, nos
reunimos de nuevo en el día del Señor, alrededor del Altar de la
Confesión de la Basílica de San Pedro, para concluir la Asamblea
Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos. En nuestros
corazones hay una profunda gratitud a Dios que nos ha donado esta
experiencia de verdad extraordinaria, no sólo para nosotros, sino
para el bien de la Iglesia, del Pueblo de Dios que vive en las
tierras entre el Mediterráneo y Mesopotamia. Como Obispo de Roma,
deseo compartir este reconocimiento con vosotros, venerados Padres
Sinodales: Cardenales, Patriarcas, Arzobispos, Obispos. Doy las
gracias de manera particular al Secretario General, a los cuatro
Presidentes Delegados, al Relator General, al Secretario Especial y
a todos los colaboradores que, en estos días, han trabajado sin
ahorrar esfuerzos. Esta mañana hemos dejado el Aula del Sínodo y
hemos venido “al templo para rezar”; por esto, nos atañe
directamente la parábola del fariseo y del publicano relatada por
Jesús y referida por el evangelista San Lucas (cfr. Lc 18, 9-14).
También nosotros podríamos tener la tentación, como el fariseo, de
recordar a Dios nuestros méritos, tal vez pensando en el trabajo de
estas jornadas. Pero, para subir al Cielo, la oración debe salir de
un corazón humilde, pobre. Y, por tanto, también nosotros, al
término de este evento eclesial, deseamos ante todo rendir gracias a
Dios, no por nuestros méritos, sino por el don que Él no ha hecho.
Nos reconocemos pequeños y necesitados de salvación, de
misericordia; reconocemos que todo viene de Él y sólo con su Gracia
se realizará todo cuanto el Espíritu Santo nos ha dicho. Sólo así
podremos “volver a casa” verdaderamente enriquecidos, más justos y
más capaces de caminar por las vías del Señor.
La Primera Lectura y el Salmo responsorial insisten en el tema de la
oración, subrayando que ésta es más potente en el corazón de Dios
cuanto mayor es la condición de necesidad y aflicción de quien la
reza. “ La oración del humilde atraviesa las nubes” afirma el
Eclesiástico (Si 35,21); y el salmista agrega: “Yahvé está cerca de
los desanimados, él salva a los espíritus hundidos” (Sal 34,19).
Tenemos presentes a tantos hermanos y hermanas que viven en la
región medio-oriental y que se encuentran en situaciones difíciles,
a veces muy duras, tanto por los problemas materiales como por el
desánimo, el estado de tensión y, a veces, el miedo. La Palabra de
Dios hoy nos ofrece también una luz de esperanza consoladora, allí
donde presenta la oración, personificada, que “ no desiste hasta que
el Altísimo le atiende, juzga a los justos y les hace justicia” (Si
35, 21-22). También este vínculo entre oración y justicia nos hace
pensar en tantas situaciones en el mundo, en particular en Oriente
Medio. El grito del pobre y del oprimido encuentra inmediato eco en
Dios, que quiere intervenir para abrir una vía de salida, para
restituir un futuro de liberad, un horizonte de esperanza.
Esta confianza en el Dios cercano, que libera a sus amigos, es la
que testimonia el Apóstol Pablo en la epístola hodierna, extraída de
la Segunda Epístola a Timoteo. Al ver cercano el final de la vida
terrenal, Pablo hace un balance. “He competido en la noble
competición, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la
fe” (2 Tm 4, 7). Para cada uno de nosotros, queridos hermanos en el
episcopado, este es un modelo que hay que imitar: ¡que la Bondad
divina nos conceda hacer nuestro un similar balance! “Pero el Señor,
-prosigue Pablo - me asistió y me dio fuerzas para que, por mi
medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los
gentiles” (2 Tm 4, 17). ¡Es una palabra que resuena con especial
fuerza en este domingo en que celebramos la Jornada Misionera
Mundial! Comunión con Jesús crucificado y resucitado, testimonio de
su amor. La experiencia del Apóstol es paradigmática para cada
cristiano, especialmente para nosotros Pastores. Hemos compartido un
momento importante de comunión eclesial. Ahora nos separamos para
volver cada uno a su misión, pero sabemos que permanecemos unidos,
permanecemos en su amor.
La Asamblea sinodal que hoy se concluye ha tenido presente siempre
la imagen de la primera comunidad cristiana, descrita en los Hechos
de los Apóstoles: “La multitud de los creyentes tenía un solo
corazón y una sola alma” (Hch 4, 32). Es una realidad experimentada
en los días pasados, durante los cuales hemos compartido las
alegrías y los dolores, las preocupaciones y las esperanzas de los
cristianos de Oriente Medio. Hemos vivido la unidad de la Iglesia en
la variedad de las Iglesias presentes en esa región. Guiados por el
Espíritu Santo, nos hemos convertido en “un solo corazón y una sola
alma” en la fe, en la esperanza y en la caridad, sobre todo durante
las Celebraciones eucarísticas, fuente y culmen de la comunión
eclesial, como también en la Liturgia de las Horas, celebrada cada
mañana en uno de los 7 ritos católicos de Oriente Medio. Así, hemos
valorado la riqueza litúrgica, espiritual y teológica de las
Iglesias Orientales Católicas, además de la de la Iglesia Latina. Se
ha tratado de un intercambio de dones preciosos, de los cuales se
han beneficiado todos los Padres sinodales. Deseamos que esta
experiencia positiva se repita también en las respectivas
comunidades de Oriente Medio, favoreciendo la participación de los
fieles en las celebraciones litúrgicas de los demás ritos católicos
y, por lo tanto, la apertura a la dimensión de la Iglesia universal.
La oración común nos ha ayudado también a afrontar los desafíos de
la Iglesia Católica en Oriente Medio. Uno de ellos es la comunión en
el interior de cada Iglesia sui iuris, así como en las relaciones
entre las varias Iglesias Católicas de distintas tradiciones. Como
nos ha recordado la hodierna página del Evangelio (cfr. Lc 18,
9-14), necesitamos humildad para reconocer nuestros límites,
nuestros errores y nuestras omisiones, con objeto de poder formar
verdaderamente “un solo corazón y una sola alma”. Una comunión más
plena en el interior de la Iglesia Católica favorece también el
diálogo ecuménico con las otras Iglesias y Comunidades eclesiales.
En esta Asamblea Sinodal la Iglesia Católica ha corroborado también
su profunda convicción de proseguir este diálogo, con el fin de que
se realice cumplidamente la oración del Señor Jesús “para que todos
sean uno” (Jn 17,21).
A los cristianos en Oriente Medio se les pueden aplicar las palabras
del Señor Jesús: “No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre
le ha parecido bien daros a vosotros el Reino” (Lc 12,32). En
efecto, aunque poco numerosos, ellos son portadores de la Buena
Nueva del amor de Dios por el hombre, amor que se reveló
precisamente en Tierra Santa en la persona de Jesucristo. Esta
Palabra de salvación, reforzada con la gracia de los Sacramentos,
resuena con particular eficacia en los lugares en los que, por la
divina Providencia, fue escrita, y es la única Palabra capaz de
romper el círculo vicioso de la venganza, del odio, de la violencia.
De un corazón purificado, en paz con Dios y con el prójimo, pueden
nacer propósitos e iniciativas de paz a nivel local, nacional e
internacional. A esta obra, a cuya realización está llamada toda la
comunidad internacional, los cristianos, ciudadanos de pleno
derecho, pueden y deben dar su contribución con el espíritu de las
bienaventuranzas, convirtiéndose así en constructores de paz y en
apóstoles de reconciliación para el beneficio de toda la sociedad.
Desde hace demasiado tiempo en Oriente Medio perduran los
conflictos, las guerras, la violencia, el terrorismo. La paz, que es
don de Dios, también es el resultado de los esfuerzos de los hombres
de buena voluntad, de las instituciones nacionales e
internacionales, y en particular de los Estados más implicados en la
búsqueda de la solución de los conflictos. Nunca debemos resignarnos
a la falta de paz. La paz es posible. La paz es urgente. La paz es
la condición indispensable para una vida digna de la persona humana
y de la sociedad. La paz es también el mejor remedio para evitar la
emigración de Oriente Medio. “Invocad la paz sobre Jerusalén” -nos
dice el Salmo (122, 6). Oremos por la paz en Tierra Santa. Oremos
por la paz en Oriente Medio, esforzándonos para que este don de Dios
ofrecido a los hombres de buena voluntad se difunda por el mundo
entero.
Otra contribución que los cristianos pueden aportar a la sociedad es
la promoción de una auténtica libertad religiosa y de conciencia,
uno de los derechos fundamentales de la persona humana que cada
Estado debería respetar siempre. En numeroso países de Oriente Medio
existe la libertad de culto, pero no pocas veces el espacio de la
libertad religiosa es muy limitado. Ampliar este espacio de libertad
es una exigencia para garantizar a todos los que pertenecen a las
distintas comunidades religiosas la verdadera libertad de vivir y
profesar su fe. Este argumento podría ser objeto de diálogo entre
los cristianos y los musulmanes, diálogo cuya urgencia y utilidad ha
sido ratificada por los Padres sinodales.
Durante los trabajos de la Asamblea se ha subrayado a menudo la
necesidad de volver a proponer el Evangelio a las personas que lo
conocen poco o que incluso se han alejado de la Iglesia. Se ha
evocado muchas veces la urgente necesidad de una nueva
evangelización también para Oriente Medio. Se trata de un tema muy
extendido, sobre todo en los países de antigua cristianización.
También la reciente creación del Pontificio Consejo para la
Promoción de la Nueva Evangelización responde a esta profunda
exigencia. Por eso, después de haber consultado al episcopado del
mundo entero y después de haber escuchado al Consejo Ordinario de la
Secretaría General del Sínodo de los Obispos, he decidido dedicar la
próxima Asamblea General Ordinaria, en 2012, al siguiente tema:
“Nova evangelizatio ad christianam fidem tradendam - La nueva
evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.
¡Queridos hermanos y hermanas de Oriente Medio! Que la experiencia
de estos días os asegure que no estáis nunca solos, que os acompañan
siempre la Santa Sede y toda la Iglesia, la cual, nacida en
Jerusalén, se ha extendido por Oriente Medio y después por el mundo
entero. Encomendamos la aplicación de los resultados de la Asamblea
Especial para Oriente Medio, así como la preparación de la General
Ordinaria, a la intercesión de la Beata Virgen María, Madre de la
Iglesia y Reina de la Paz. Amén.
[00210-04.03] [NNNNN] [Texto original: italiano]
ANGELUS
DOMINI
Después
la
conclusión de la solemne Concelebración Eucarística en la Basílica
de San Pedro, antes de recitar el Ángelus Domini en la Plaza de San
Pedro, el Santo Padre ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas,
Con la solemne celebración de esta mañana en la Basílica de San
Pedro se concluyó la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo
de los Obispos bajo el tema: “La Iglesia Católica en Oriente Medio:
comunión y testimonio”. Este domingo, además, se celebra la Jornada
Misionera Mundial que tiene por lema: “La construcción de la
comunión eclesial es la clave de la misión”. Sorprende la similitud
entre los temas de estos dos acontecimientos eclesiales. Ambos
invitan a ver a la Iglesia como misterio de comunión que, por su
naturaleza, está destinado a todo el hombre y a todos los hombres.
El siervo de Dios, el Papa Pablo VI, afirmaba que la Iglesia “existe
para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del
don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el
sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y
resurrección gloriosa”. (Exhort. Ap. Evangelii nuntiandi, 8
diciembre 1975, 14: AAS 68, [1976], p. 13). Por ello, la próxima
Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en 2012, será
dedicada al tema “La nueva evangelización para la transmisión de la
fe cristiana”. En cualquier momento y en cualquier lugar- también
hoy en Oriente Medio- la Iglesia está presente y actúa para acoger a
cada hombre y ofrecerle en Cristo, la plenitud de la vida. Como
escribía el teólogo italo-alemán Romano Guardini: “La realidad
“Iglesia” implica toda la plenitud del ser cristiano que se
desarrolla en la historia, en cuanto ésta comprende la plenitud de
lo humano que se relaciona con Dios” (Formación Litúrgica, Brescia
2008, 106-107).
Queridos amigos, en la Liturgia de hoy, leemos el testimonio de San
Pablo con relación al premio final que el Señor nos entregará “a
todos los que hayan esperado con amor su manifestación” (2 Tm 4,8).
No se trata de una espera inactiva o solitaria, ¡al contrario! El
apóstol vivió en comunión con Cristo resucitado para que “se
proclamara plenamente el mensaje del Evangelio” y para que “todas
las gentes lo escuchasen” (2 Tm 4, 17). La tarea misionera no es
revolucionar al mundo sino transfigurarlo, tomando la fuerza de
Jesucristo que “nos convoca a la mesa de su Palabra y de la
Eucaristía para gustar el don de su Presencia, formarnos en su
escuela y vivir cada vez más conscientemente unidos a Él, Maestro y
Señor”. (Mensaje para la 84ª Jornada Misionera Mundial). También los
cristianos de hoy, como está escrito en la carta a Diogneto:
“muestran, que la vida es maravillosa y extraordinaria su vida en
común. Transcurren su tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadanía
en el cielo. Obedecen a las leyes establecidas, pero con su vida
sobrepasan las leyes. Se los mata y en ello se les da la vida.
Incluso haciendo el bien, son perseguidos y cada día son más
numerosos.” (Cfr. V, 4.9.12.16; VI, 9 [SC 33], Paris 1951, 62-66).
A la Virgen María que de Jesús Crucificado recibió la nueva misión
de ser Madre de todos aquellos que desean creer en Él y seguirlo,
encomendamos las comunidades cristianas de Oriente Medio y a todos
los misioneros del Evangelio.
Después
de recitar el Ángelus Domini, el Papa ha dicho:
[En francés] En este día termina también la Asamblea Especial para
Oriente Medio del Sínodo de los Obispos. Los invito a rezar por
todos los pueblos de esta región, pidiéndole al Señor que suscite,
en todos los rincones del mundo, hombres y mujeres de paz y
reconciliación.
[En inglés] Te damos gracias Señor por las bendiciones recibidas
durante la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los
Obispos, que concluyó esta mañana en la Basílica de San Pedro.
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