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07 - 09.10.2012
RESUMEN
- TERCERA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES,
9 DE OCTUBRE DE 2012 - POR LA MAÑANA)
TERCERA
CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 9 DE OCTUBRE DE 2012 - POR LA MAÑANA)
- INTERVENCIONES EN
EL AULA (CONTINUACIÓN)
- AUDICIÓN DE LOS
DELEGADOS FRATERNOS (I)
- INTERVENCIÓN DEL
INVITADO ESPECIAL, DR. LAMAR VEST, PRESIDENTE DE LA AMERICAN BIBLE
SOCIETY (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
A las 9.05 horas del
día de hoy, martes 9 de octubre de 2012, ante la presencia del Santo
Padre, con el canto de la Hora Tercia, tuvo lugar la Tercera
Congregación General para la continuación de las intervenciones de
los Padres sinodales en el Aula sobre el tema sinodal «La nueva
evangelización para la transmisión de la fe cristiana».
En la apertura de la
Congregación el Secretario General del Sínodo de los Obispos, S.E.R.
Mons. Nikola ETEROVIĆ, Arzobispo Tit. de Cibale (CIUDAD DEL
VATICANO), aseguró la viva participación en oración del Santo Padre,
de los Padres Sinodales y de los demás Participantes en el drama que
están viviendo los ciudadanos de Siria, deseando una solución justa
y pacífica del conflicto.
Al final de la Congregación han intervenido un
Delegado Fraterno y un Invitado Especial.
Presidente Delegado de turno Em. R. Card.
Francisco ROBLES ORTEGA, Arzobispo de Guadalajara (MÉXICO).
En esta Congregación General, que concluyó a las
12.30 con la oración del Angelus Domini, estaban presentes 259
Padres, de los cuales 142 participan por primera vez en una Asamblea
Sinodal.
INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
Han intervenido los siguientes Padres:
-
S. E. R. Mons. José Horacio GÓMEZ, Arzobispo de Los Angeles (ESTADOS
UNIDOS DE AMÉRICA)
-
S. E. R. Mons. Luis Antonio G. TAGLE, Arzobispo de Manila
(FILIPINAS)
-
S. E. R. Mons. Salvatore FISICHELLA, Arzobispo titular de Voghenza,
Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva
Evangelización (CIUDAD DEL VATICANO)
-
S. Em. R. Card. Giuseppe BETORI, Arzobispo de Florencia (ITALIA)
-
S. Em. R. Card. Timothy Michael DOLAN, Arzobispo de Nueva York,
Presidente de la Conferencia Episcopal (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
-
S. Em. R. Card. Zenon GROCHOLEWSKI, Prefecto de la Congregación para
la Educación Católica (CIUDAD DEL VATICANO)
-
S. E. R. Mons. John CORRIVEAU, O.F.M. Cap., Obispo de Nelson
(CANADÁ)
-
S. E. R. Mons. Gerhard Ludwig MÜLLER, Arzobispo Emérito de
Ratisbona, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe
(CIUDAD DEL VATICANO)
-
S. E. R. Mons. Jan BAXANT, Obispo de Litoměřice (REPÚBLICA CHECA)
-
S. E. R. Mons. Alonso Gerardo GARZA TREVIÑO, Obispo de Piedras
Negras (MÉXICO)
-
S. E. R. Mons. Gerald Frederick KICANAS, Obispo de Tucson (ESTADOS
UNIDOS DE AMÉRICA)
-
S. E. R. Mons. Gustavo GARCÍA-SILLER, M.Sp.S., Arzobispo de San
Antonio (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
-
S. E. R. Mons. Alberto Francisco María SANGUINETTI MONTERO, Obispo
de Canelones (URUGUAY)
-
S. E. R. Mons. Nicolas DJOMO LOLA, Obispo de Tshumbe, Presidente de
la Conferencia Episcopal (REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO)
-
S. E. R. Mons. Socrates B. VILLEGAS, Arzobispo de Lingayen-Dagupan
(FILIPINAS)
-
S. E. R. Mons. Joseph Edward KURTZ, Arzobispo de Louisville,
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal (ESTADOS UNIDOS DE
AMÉRICA)
-
S. E. R. Mons. Rogelio CABRERA LÓPEZ, Arzobispo de Monterrey
(MÉXICO)
-
S. E. R. Mons. Carlos María FRANZINI, Obispo de Rafaela (ARGENTINA)
-
S. E. R. Mons. Antonio ARREGUI YARZA, Arzobispo de Guayaquil,
Presidente de la Conferencia Episcopal (ECUADOR)
-
S. B. R. Nerses Bedros XIX TARMOUNI, Patriarca de Cilicia de los
Armenios, Jefe del Sínodo de la Iglesia Armenia Católica (LÍBANO)
-
S. E. R. Mons. Fabio SUESCÚN MUTIS, Ordinario Militar de Colombia
(COLOMBIA)
-
S. E. R. Mons. José Elías RAUDA GUTIÉRREZ, O.F.M., Obispo de San
Vicente (EL SALVADOR)
-
S. E. R. Mons. Dionisio LACHOVICZ, O.S.B.M., Obispo titular de
Egnazia, Visitador apostólico para los fieles Ucranianos de rito
bizantino residentes en Italia y España (ITALIA)
-
S. E. R. Mons. Catalino Claudio GIMÉNEZ MEDINA, dei Padri di
Schönstatt, Obispo de Caacupé, Presidente de la Conferencia
Episcopal (PARAGUAY)
-
S. E. R. Mons. Claude DAGENS, Arzobispo de Angoulême (FRANCIA)
Publicamos a
continuación el resumen de las intervenciones:
- S. E. R. Mons. José Horacio GÓMEZ, Arzobispo de Los Angeles
(ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
La globalización es
uno de los “signos” de nuestro tiempo. El proceso de globalización
es tanto económico como financiero. Pero la globalización es también
social y cultural, como indican claramente los Lineamenta (n. 6).
Los modelos de migraciones de masa en todo el mundo han traído un
nuevo encuentro y una nueva “mezcla” de culturas.
El intensivo encuentro de culturas supone un desafío para la nueva
evangelización de la Iglesia. Primero, exige de la Iglesia que
proteja a la población inmigrante para que ésta no sea marginada y
explotada. La Iglesia debe ser siempre un signo en nuestro mundo de
que Dios está con nosotros y de que a sus amantes ojos nadie es
extranjero para Él, por lo que todos somos hermanos y hermanas.
En un sentido positivo, la globalización se nos presenta como un
momento providencial para seguir adelante en la misión de la Iglesia
de transformar a la humanidad en una única familia de Dios.
Evangelizar en esta era de la globalización nos llama a una nueva
proclamación del misterio de la Iglesia como la familia universal de
Dios.
En nuestra nueva evangelización, la Iglesia debe ser el “sacramento”
- el signo y el instrumento - por el cual la familia universal de
Dios se realiza en la historia. La era de la globalización también
nos llama a utilizar nuestras ricas tradiciones de piedad popular y
espiritualidad en nuestro trabajo de evangelización.
Nuestra tradiciones de piedad popular forman un rico tesoro
espiritual que es parte de la Buena Nueva que podemos ofrecer para
invitar a los hombres y mujeres a que participen en Su Cuerpo y Su
Sangre, convirtiéndolos en partícipes de su vida divina.
En esta era de la globalización, los campos de nuestro mundo están
maduros para la cosecha de la fe.
Estamos “llamados a la santidad” y nuestra misión es usar los medios
de la Gracia para santificar y hacer santos, ayudando a los hombres
y mujeres de hoy a encontrar los caminos a la santidad en su vida
diaria.
El desafío pastoral de la nueva evangelización es “situar” esa
llamada universal a la santidad dentro de las realidades de nuestro
mundo “globalizado”. Tenemos que encontrar nuevos métodos y nuevos
modos de ayudar a los hombres y mujeres de nuestros días a practicar
su fe en esta cultura globalizada. Necesitamos entender mejor el
impacto que esta cultura tiene en nuestra identidad y nuestra
práctica católicas.
Necesitamos encontrar el “lenguaje” que presente mejor los métodos
tradicionales de santificación - los sacramentos, la oración, las
obras de caridad - de una manera que sea atractiva y accesible a la
gente que vive en la realidad de una sociedad globalizada, secular y
urbana.
Con nuestro rico tesoro de espiritualidad - sacado de la
inculturación del Evangelio en “cada nación bajo el cielo”, y con
nuestra buena nueva del “plan familiar” de Dios para la historia,
tenemos poderosos recursos para nuestra evangelización de la cultura
en el contexto de la globalización y la creciente secularización de
nuestras sociedades.
[00027-04.04]
[IN004] [Texto original: inglés]
- S. E. R. Mons. Luis Antonio G. TAGLE, Arzobispo de Manila
(FILIPINAS)
Una joven me
preguntó “¿Somos nosotros la juventud perdida o es la Iglesia quien
nos ha perdido?” Su pregunta expresa el vivo deseo de una Iglesia en
la cual Jesús pueda salir a su encuentro y ella lo pueda encontrar a
Él. Pero la Iglesia, a fin de ser el “espacio” de un encuentro de fe
con el Señor, debe aprender de nuevo de Jesús, en el cual
encontramos a Dios.
La Iglesia debe aprender de Jesús la humildad. El poder y la fuerza
del Señor se muestran en el anonadamiento del Hijo, en el amor que
es crucificado pero salva realmente, porque se vacía de sí mismo por
el bien de los demás.
La Iglesia está llamada a seguir a Jesús en el respeto que Él tiene
por cada persona. Defendió la dignidad de todas las gentes, en
particular la de aquellos a los que el mundo abandonó y menospreció.
Amando a sus enemigos, afirmó su dignidad.La Iglesia debe descubrir
el poder del silencio. Cuando se encuentra con las penas, las dudas
y las incertidumbres de las personas, no puede pretender darles
soluciones fáciles. En Jesús, el silencio se convierte en un modo de
atenta escucha, compasión y oración. Es el camino a la verdad.
Las sociedades de nuestro tiempo, aparentemente indiferentes y sin
rumbo, están buscando decididamente a Dios. La humildad, el respeto
y el silencio de la Iglesia pueden revelar de manera más clara el
rostro de Dios en Jesús. El mundo disfruta con un sencillo testigo
de Jesús, manso y humilde de corazón.
[00028-04.03]
[IN005] [Texto original: inglés]
- S. E. R. Mons. Salvatore FISICHELLA, Arzobispo titular de
Voghenza, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la
Nueva Evangelización (CIUDAD DEL VATICANO)
La nueva
evangelización se presenta como un proyecto pastoral que tendrá
ocupada a la Iglesia en los próximos decenios. Antes de “hacer” es
necesario encontrar el fundamento de nuestro “ser” cristianos, de
modo que la NE no sea vivida como un añadido en un momento de
crisis, sino como la constante misión de la Iglesia. Se debe
conjugar la exigencia de unidad, para ir más allá de lo
fragmentario, con la riqueza de las tradiciones eclesiales y
culturales. Unidad de un proyecto pastoral no equivale a uniformidad
de realización; indica, más bien, la exigencia de un lenguaje común
y de signos compartidos que muestran el camino de toda la Iglesia
más que la originalidad de una experiencia particular. Habría que
explicar por qué en un período de transición histórica como el
nuestro, marcado por una crisis general, se nos pide que vivamos hoy
de manera extraordinaria nuestra ordinaria vida eclesial. Tenemos
que saber presentar la novedad que Jesucristo y la Iglesia
representan en la vida de las personas. Sin embargo, el hombre de
hoy no percibe la ausencia de Dios como algo que falta a su vida. La
ignorancia de los contenidos básicos de la fe se conjuga con una
forma de presunción que no tiene precedentes. ¿De qué manera se
puede expresar la novedad de Jesucristo en un mundo impregnado sólo
de cultura científica, modelado en la superficialidad de contenidos
efímeros e insensible a la propuesta de la Iglesia? Anunciar el
Evangelio equivale a cambiar de vida; pero el hombre de hoy parece
muy ligado a este tipo de vida de la que se siente dueño porque
decide cuándo, cómo y quién debe nacer y morir. Nuestras comunidades
ya no presentan tal vez los rasgos que permiten reconocernos como
portadores de una bella noticia que transforma. Parecen cansadas,
repetitivas con fórmulas obsoletas que no comunican la alegría del
encuentro con Cristo y no están seguras del camino que deben
emprender. Nos hemos encerrado en nosotros mismos, mostramos una
autosuficiencia que nos impide relacionarnos como una comunidad viva
y fecunda que genera vocaciones a causa de lo mucho que hemos
burocratizado la vida de fe y sacramental. En una palabra, ya no se
sabe que estar bautizados equivale a ser evangelizadores. Incapaces
de proponer el Evangelio, débiles en la seguridad de la verdad que
salva y cautos a la hora de hablar porque nos sentimos oprimidos por
el control del lenguaje, hemos perdido credibilidad y nos
arriesgamos a hacer vano el Pentecostés. No nos sirve en este
momento echar de menos los tiempos pasados ni la utopía para seguir
los sueños, sino, más bien, un análisis lúcido que no esconda las
dificultades ni tampoco el gran entusiasmo de tantas experiencias
que en estos años han permitido poner en práctica la NE.
[00035-04.05]
[IN017] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Giuseppe BETORI, Arzobispo de Florencia (ITALIA)
Al igual que Jesús
fue un atento conocedor de la vida de su tiempo, hoy la Iglesia debe
volverse hacia la cultura contemporánea, segura de que nada puede
resistirse al poder de sanar que tiene el Evangelio. Lo demuestran
los hechos de la Iglesia en el mundo antiguo, así como la
inspiración de fe que animó la renovación de la cultura entre
finales del Medievo y comienzos de la Edad moderna. Se trata de
escuchar y comprender al mundo, sin subordinarse: la palabra de Dios
juzga el mundo.
San Basilio el Grande —refiriéndose al cultivador de sicomoros, que
logra que sea comestible el fruto haciéndole un corte antes de
recogerlo— interpretaba el encuentro entre la fe y la cultura en su
tiempo como una incisión que la hacía sana y válida. El entonces
Card. Josef Ratzinger hizo referencia a san Basilio, comentando: “La
evangelización no consiste simplemente en adaptarse a la cultura, o
revestirse con elementos de la cultura en el sentido de un concepto
superficial de inculturación [...] No, el Evangelio es un corte, una
purificación, que se convierte en maduración y saneamiento” (de la
intervención del entonces Card. Ratzinger en el Congreso sobre
Comunicación y Cultura: Nuevos recorridos para la Evangelización en
el Tercer Milenio, del 9 de noviembre de 2002). El corte lo da
precisamente la íntima esencia de la fe, de sus misterios, de los
cuales el pensamiento humano se ha alimentado para crecer de forma
sustancial.
Evangelizar requiere promover la conciencia y la acogida de las
culturas de hoy, una disponibilidad a la que se deben unir la
valentía y la fidelidad a la hora de mostrar la fuerza curativa de
la palabra de la fe para lograr un verdadero humanismo.
Un camino significativo de esta relación entre fe y cultura es el de
la belleza y, por tanto, del arte, que es su matriz humana.
[00030-04.04]
[IN007] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Timothy Michael DOLAN, Arzobispo de Nueva York,
Presidente de la Conferencia Episcopal (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
El gran predicador
americano, el Venerable Arzobispo Fulton J. Sheen, comentó: “La
primera palabra de Jesús en el Evangelio fue ‘ven”; la última
palabra de Jesús fue ‘id’”.
La Nueva Evangelización nos recuerda que los verdaderos agentes de
la evangelización deben ser evangelizados primero.
San Bernardo dijo: “Si quieres ser un canal, antes debes ser un
embalse”.
Por eso yo creo que el primer sacramento de la Nueva Evangelización
es el sacramento de la penitencia, y agradezco al Papa Benedicto que
nos lo haya recordado.
Sí, los sacramentos de iniciación - Bautismo, Confirmación,
Eucaristía - encomiendan, retan y equipan a los agentes de la
evangelización.
Pero los sacramentos de reconciliación evangelizan a los
evangelizadores, pues sacramentalmente nos acercan a Jesús, quien
nos llama a una conversión del corazón y nos inspira a responder a
Su invitación de arrepentimiento.
El Concilio Vaticano II hizo un llamamiento a la renovación del
sacramento de la penitencia; en cambio lo que tristemente
conseguimos, en muchos lugares, fue la desaparición de dicho
sacramento.
Nos hemos ocupado mucho en reformar estructuras, sistemas,
instituciones y a la gente más que a nosotros mismos. Sí, esto es
bueno.
Pero la respuesta a la pregunta: “¿Qué es lo que va mal en el
mundo?” no es la política, la economía, el secularismo, la
contaminación, el calentamiento global... no. Como escribió
Chesterton: ‘La respuesta a la pregunta ‘¿Qué es lo que va mal en el
mundo? son dos palabras: Soy yo’”.
¡Soy yo! Admitir esto lleva a la conversión de nuestro corazón y al
arrepentimiento, el centro de la invitación del Evangelio.
Esto sucede en el Sacramento de la Penitencia. Este es el sacramento
de la Nueva Evangelización.
[00031-04.03]
[IN008] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Card. Zenon GROCHOLEWSKI, Prefecto de la Congregación
para la Educación Católica (CIUDAD DEL VATICANO)
Es preciso plantear
seriamente la pregunta: ¿Por qué el aumento constante del número de
nuestras instituciones educativas va acompañado por una creciente
crisis de fe? ¿Qué las hace tan poco eficaces a la hora de despertar
la fe y en el campo de la evangelización? Al respecto querría
exponer tres intuiciones que, aunque no revistan carácter de
novedad, requieren un planteamiento nuevo, una reflexión seria y
quizá una profundización mayor.
He leído el siguiente y significativo juicio de un laico acerca de
un sacerdote: “Es muy bueno dando catequesis y pronunciando
homilías, pero no lo es tanto en la evangelización [...] Realmente
sabe mucho sobre Dios, pero no estoy seguro de que conozca
suficientemente a Dios. Parece que no tiene suficiente experiencia
de Jesús”. Para reforzar nuestra fe, para conocer a Dios y ser
instrumento eficaz de evangelización no basta con el estudio, el
conocimiento intelectual, sino que es necesario un contacto vivo y
personal con Dios. Si esta conciencia se convirtiera realmente en
vida, seguro que nuestras instituciones educativas, sobre todo de
estudios superiores, aunque también las escuelas, serían más
conscientes de su tarea de evangelización y serían unos instrumentos
importantes de su realización.
A pesar de que a ese propósito contemos con las indicaciones del
Concilio Vaticano II y del Magisterio postconciliar, además de que
la cuestión se tratara en el reciente documento de la Comisión
Teológica Internacional (La Teología hoy: perspectivas, principios y
criterios, 29 XI 2011, nn. 37-44), en la práctica todavía está poco
clara la relación entre el papel de la teología y el Magisterio de
la Iglesia. Jesús no dejó nuestra comprensión de las Sagradas
Escrituras y de la Tradición a merced de las diversas opiniones, que
evidentemente podrían ser incluso muy divergentes y extravagantes,
aparte de sembrar continuamente incertidumbre y confusión, sino que
nos dejó el gran tesoro del Magisterio, “cuya autoridad se ejerce en
el nombre de Jesucristo [...] con la asistencia del Espíritu Santo”
(Dei Verbum, 10b). Esto, obviamente, no disminuye el papel y la
creatividad de los teólogos, sino que los responsabiliza. En
cualquier caso, el papel de los teólogos en la obra de la
evangelización con frecuencia se ve anulado porque no se es
conscientes de la importancia vital del Magisterio.
El mayor obstáculo para convertirse en un teólogo (o pastor)
constructivo y, por tanto, eficaz en la perspectiva de la nueva
evangelización, es, sin duda, la soberbia con su aliado natural: el
egoísmo. Por la manía de llegar a ser grande, original, importante,
muchos se reducen a ser “pastores que se apacientan a sí mismos, y
no al rebaño” (cf. Ez 34, 8); cf. San Agustín, Sermón sobre los
pastores) y, en realidad, así son poco relevantes para el Reino de
los Cielos, contraproducentes para el crecimiento de la Iglesia y
para la evangelización. Puesto que en cadauno de nosotros, después
del pecado original, hay una dosis de soberbia, en esta materia
debemos hacer constantemente un serio examen de conciencia y al pie
de la cruz aprender la humildad y el amor auténticos.
Las tres observaciones muestran la importancia de nuestra conversión
para poder acercarnos a Cristo y enriquecernos con los tesoros del
Evangelio.
[00032-04.04]
[IN009] [Texto original: italiano]
- S. E. R. Mons. John CORRIVEAU, O.F.M. Cap., Obispo de Nelson
(CANADÁ)
El Papa Juan Pablo
II enseñaba que la comunión es la misión y la respuesta profética de
la Iglesia al individualismo de nuestro tiempo. Él hacia hincapié en
que la Iglesia cumplirá su misión sólo si fomenta una espiritualidad
de comunión (NMI, 43). Una espiritualidad de comunión es
profundamente Trinitaria. Cuando el amor Trinitario surgió en el
mundo con la encarnación, un nuevo y vital poder de relación y
unidad se reveló a la familia humana. La llamada a la comunión es
más que un eslogan: es la conversión del corazón.
En la gran explosión misionera de la Iglesia durante el siglo XIX y
principios del XX, hubo una gran coherencia entre la comprensión de
sí misma por parte de la Iglesia y la espiritualidad que expresaba.
La Iglesia se describía a sí misma como una “sociedad perfecta que
guiaba a las almas hacia Dios”. Esto halló su expresión en una
espiritualidad ascética, una espiritualidad de perfección personal,
dando lugar a una gran cantidad de Congregaciones religiosas
apostólicas y movimientos eclesiales que llevaron el Evangelio a
todo el mundo.
La espiritualidad de comunión debe generar una renovación similar en
la Iglesia de hoy, para que dé vida a Congregaciones religiosas y
movimientos eclesiales. Los movimientos eclesiales y las
Congregaciones religiosas que ya existen deben renovar también su
espiritualidad y su misión a la luz de la identidad común de la
Iglesia. Los ministros y agentes pastorales, así como los
movimientos eclesiásticos y las Congregaciones religiosas, cuya
espiritualidad esté formada y vivificada por el Misterio de la
Santísima Trinidad, deben abrir nuevos caminos para el diálogo con
nuestro mundo secularizado, contribuyendo de forma importante a la
nueva evangelización.
[00033-04.03]
[IN010] [Texto original: inglés]
- S. E. R. Mons. Gerhard Ludwig MÜLLER, Arzobispo Emérito de
Ratisbona, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe
(CIUDAD DEL VATICANO)
Todos nosotros
vivimos en un mundo que diariamente se nutre de “novedades”. Las
miles de novedades nos preguntan sobre qué es, en verdad, la
novedad. El mundo hodierno, trastornado por mil cambios, está
efectivamente falto de novedades porque es prisionero de un
pensamiento débil, siempre a la búsqueda de emociones porque está
entorpecido por mil cosas que no le satisfacen completamente. Surge,
por tanto, la gran pregunta: ¿dónde está verdaderamente la novedad?
Al respecto, siguen siendo actuales las palabras de San Ireneo de
Lyon: Cristo “ha traído todas las novedades al venir Él mismo”
(Adversus haereses, IV, 34, 1). En Él están concentradas todas las
novedades.
La nueva evangelización requiere la superación de ciertos debates
intra-eclesiales en los cuales, desde
hace muchos años, se vuelven a proponer siempre los mismos temas, para
proponer de nuevo, en cambio, la fe cristiana en su plenitud y
novedad perenne. En esta plenitud y novedad halla consistencia y
fuerza de comunión la colegialidad de los Obispos, la cual sin
embargo no puede ser un pretexto para un autonomía mal entendida. El
Concilio Vaticano II enseña que el Señor, para “que el mismo
Episcopado fuese uno solo e indiviso, puso al frente de los demás
Apóstoles al bienaventurado Pedro e instituyó en la persona del
mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de
fe y de comunión” (LG 18). La nueva evangelización exige alcanzar
esta comunión, que será eficaz sólo si está fundada en la unidad de
los Obispos con el Sucesor de Pedro, y entre ellos. Esta unidad es
la piedra angular sobre la cual el Señor edifica su Iglesia.
Estando de nuevo ante Cristo, nosotros alcanzamos esta novedad de
vida, capaz de cambiarnos profundamente. Se trata, efectivamente, de
renovar la fe en nuestros corazones, de “despertar la Iglesia en las
almas” (R. Guardini). Sólo si estamos renovados seremos nuevos
evangelizadores. De Cristo Resucitado nace la Iglesia como
sacramento de su presencia y de la unidad con Dios y entre los
hombres (cfr. LG 1). De Él proviene la fe de la Iglesia: una fe
siempre nueva aunque se nutra, siempre, de los mismos dones.
Radicados en Cristo y en la Iglesia, nos apoyamos en la fe de Pedro,
alrededor del cual encontramos esa sólida unidad que no procede de
nosotros y que no disminuye nunca (cfr. UR 4). Pertenecemos todos a
esta unidad. A esta unidad queremos servir “para que el mundo crea”
(Jn 17, 21).
[00048-04.03]
[IN011] [Texto original: italiano]
- S. E. R. Mons. Jan BAXANT, Obispo de Litoměřice (REPÚBLICA CHECA)
La nueva evangelización es para la República
Checa una solución feliz y una oportunidad. Durante largos decenios
de régimen comunista no se dijo nada positivo de Cristo y tampoco se
podía oír hablar de Él.
Tres fenómenos provenientes del ambiente checo moravo:
Estamos dedicados a la búsqueda de nuevos evangelizadores, fieles y
coherentes seguidores de Cristo para la nueva evangelización.
Las raíces cristianas no fueron extirpadas completamente. Los que
viven en la cercanía de las bellas artes cristianas no pueden dejar
de percibirlas, sino más bien piden respuestas a las preguntas, por
ejemplo: ¿Por qué nuestros antepasados construyeron todo esto con
tanta diligencia?”
En nuestro ambiente pastoral checo moravo se multiplican varias
instituciones escolares estatales y eclesiales, universidades e
institutos científicos. Es interesante que en estas instituciones se
despierte el interés por los valores espirituales y por el estudio
de ellos.
Para estos casos no es necesario que, en lo inmediato, los
evangelizadores sean numerosos. Deben ser, sin embargo,
evangelizadores ardientes de celo por inflamar a los otros.
[00047-04.03]
[IN012] [Texto original: italiano]
- S. E. R. Mons. Alonso Gerardo GARZA TREVIÑO, Obispo de Piedras
Negras (MÉXICO)
De la misma manera
como muchos países se han visto altamente beneficiados con la
presencia de personas llegadas de otros lugares, así también la
Iglesia se nutre de manera significativa con el testimonio y la obra
evangelizadora de muchos de ellos comprometidos con el mandato
misionero: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a todas
las criaturas” (Mc 16,15)
Ante los riesgos o las amenazas de la fe que profesan las personas
que emigran, es importante que la Iglesia brinde el apoyo necesario
a través de una pastoral que incluya a ellos y a sus familias, y
recordarles sus tareas primordiales como célula viva de la sociedad
e Iglesia doméstica.
La Iglesia no sólo los debe atender desde la Pastoral de Migrantes
con una visión asistencial y de promoción humana, sino sobre todo
debe de encarnar a los inmigrantes en la actividad eclesíal.
Todos los miembros de la Iglesia debemos ver en el fenómeno
migratorio un llamado a vivir el valor evangélico de la fraternidad.
[00039-04.03] [IN013] [Texto original: español]
- S. E. R. Mons. Gerald Frederick KICANAS, Obispo de Tucson (ESTADOS
UNIDOS DE AMÉRICA)
Indisolublemente
ligados a la predicación del mensaje de salvación del Evangelio,
nuestros actos de amor y de justicia son un llamado evangélico
profético. Compartir y actuar según la doctrina social Católica
lleva la gente hacia Cristo.
Llevaremos los corazones a la visión de Cristo cuando, en este Año
de la Fe, todos demostremos nuestra fe como Católicos con renovado
impulso de caridad y justicia en casa y en todo el mundo. La gente
se maravillará ante el Espíritu de Cristo que nos mueve cuando
defendemos las vidas, la dignidad, los derechos de “los más
necesitados”.
El Sínodo puede afirmar con fuerza y de manera inequívoca que la
justicia y la caridad son fundamentales en el trabajo de
evangelización.
[00038-04.03]
[IN014] [Texto original: inglés]
- S. E. R. Mons. Gustavo GARCÍA-SILLER, M.Sp.S., Arzobispo de San
Antonio (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
Vivimos en un mundo
muy prometedor, pero a la vez muy necesitado, a veces marcado por la
oscuridad. Como Iglesia que trata de responder a la situación de
nuestro mundo y de evangelizar de modo nuevo, debemos también darnos
cuenta de que estamos en una Iglesia con dificultades. La realidad
de este mundo exige una nueva efusión del Espíritu Santo. Nuestros
Papas nos han exhortado a recordar que “no habrá nunca
evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo” (Evangelii
Nuntiandi, 75). A fin de que la salvación de Jesucristo llegue a
todo el mundo y lo transforme, de que la Iglesia se renueve y en
ella florezca la santidad, de que los cristianos avancen con la
nueva evangelización, necesitamos un nuevo Pentecostés. Para que
este Año de la Fe dé como fruto el nuevo Pentecostés que
necesitamos, os propongo, hermanos Obispos, que este Sínodo pida
humildemente al Santo Padre que consagre el mundo al Espíritu Santo.
[00037-04.04]
[IN015] [Texto original: inglés]
- S. E. R. Mons. Alberto Francisco María SANGUINETTI MONTERO, Obispo
de Canelones (URUGUAY)
De la manera de
celebrar los Sacramentos de la lniciación cristiana dependerá el
rostro futuro del cristianismo en Occidente (Ins. Lab.131; Lin.18).
Es incorrecto que la diferenciación práctica, que pospone la
Confirmación a la Eucaristía, sea de orden meramente pastoral y no
dogmático (1.1.136). Al contrario, el orden de los sacramentos -
bautismo - confirmación - eucaristía proviene de la Tradición
autentica de Oriente y Occidente. Este dato dogmático debe guiar
toda pastoral.
Por el bautismo y la confirmación somos insertos en la Nueva Alianza
por la participación en la muerte y glorificación de Jesucristo y la
efusión escato1ógica del Espíritu Santo. Esto proviene de las
misiones de las Personas Divinas y, últimamente, de las Procesiones
Trinitarias. La Misa es la actualización del sacrificio glorioso de
Cristo y del envío del Espiritu. Por eso, la Comunión Eucarística es
la culminación de toda la iniciación cristiana y su renovada
actualización.
Altera la economía sacramental dar la Primera Comunión al bautizado
no confirmado, que no está plenamente iniciado. Mayor violencia es
dejar sistemáticamente la Confirmación para después de la Primera
Comunión. La confirmación debe seguir al bautismo y anteceder a la
Primera Comunión.
[00036-04.04]
[IN016] [Texto original: español]
- S. E. R. Mons. Nicolas DJOMO LOLA, Obispo de Tshumbe, Presidente
de la Conferencia Episcopal (REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO)
Intervengo en nombre
de la Conferencia Episcopal Nacional de la República Democrática del
Congo (CENCO). Mi intervención se refiere al n. 94 del Instrumentum
laboris.
Durante los últimos decenios, la Iglesia en la República Democrática
del Congo ha sentido la necesidad y la urgencia de proceder a lo que
ella denomina una “evangelización en profundidad”.
Nuestro contexto, como en otros países africanos, ha estado, y sigue
estándolo, dominado por las guerras y la violencia con sus
consecuencias desastrosas sobre el hombre y la sociedad. Las guerras
y la violencia han desestructurado a las personas y la vida social
tanto a nivel psicológico, como moral y espiritual. Cristianos y no
cristianos, frágiles, desorientados y angustiados se ponen a la
búsqueda de soluciones fáciles. Las encuentran recurriendo, en
nuestro perjuicio, tanto a la brujería como a las sectas e iglesias
llamadas “del despertar”. Éstas, en su propuesta del Evangelio,
privilegian la lucha contra los malos espíritus, a menudo
identificados con los miembros cercanos de la familia, lo que
destruye aún más las relaciones en el seno familiar.
Considerando estos desafíos arriba mencionados y basándonos en la
experiencia de la Iglesia familia de Dios de la República
Democrática del Congo, sugerimos:
- Insistir sobre un nuevo dinamismo de las experiencia de las
comunidades eclesiales vivas de base, como lugar donde debe ser
agudizado el sentido eclesial, viviendo en una comunidad a escala
humana, que se preocupe por una fe viva, de amor y de esperanza, que
celebre, que rece.
- Recordar la importancia de la evangelización como proceso de
educación y de formación continua en la fe, poniendo al alcance de
los evangelizados la Palabra de Dios gracias a la lectio divina,
muchas veces recordada por el Santo Padre. Se trata de poner el
acento sobre la dimensión de la experiencia de la fe, como encuentro
personal con Cristo a través de la oración, la vía sacramental y una
vida comprometida al servicio de los demás.
- Prestar una mayor atención a la pastoral familiar. La familia es
el lugar donde se forja el futuro de la humanidad y se concreta la
frontera decisiva de la nueva evangelización. La familia debe ser
transfigurada por la Buena Nueva de Cristo; tiene que volver a ser
el lugar donde se aprende el camino de la fraternidad, del amor, de
lo auténticamente humano más allá de cualquier frontera entre tribus
y pueblos.
- Recordar la urgente necesidad de la formación, la educación y el
acompañamiento de los jóvenes. En la perspectiva de una nueva
evangelización, debemos poder desarrollar una catequesis susceptible
de orientar a los jóvenes hacia el encuentro personal e íntimo con
Cristo. Así formados y sobrecogidos por la fuerza del Evangelio, los
jóvenes podrán contribuir generosamente al surgimiento de una África
tranquilizada, justa, segura y próspera.
[00029-04.03]
[IN006] [Texto original: francés]
- S. E. R. Mons. Socrates B. VILLEGAS, Arzobispo de Lingayen-Dagupan
(FILIPINAS)
“¿Por qué hay una
fuerte ola de secularización, una tormenta de antipatía o
sencillamente una fría indiferencia hacia la Iglesia en algunas
partes del mundo, que requieren una nueva ola de programas de
evangelización?”
La nueva evangelización exige una nueva humildad. El Evangelio no
puede prosperar con el orgullo. Cuando el orgullo se infiltra en el
corazón de la Iglesia, la proclamación del Evangelio sale
perjudicada. La tarea de la nueva evangelización debe comenzar con
un profundo sentido de admiración y veneración por la humanidad y su
cultura. La evangelización se ha visto perjudicada por la arrogancia
de sus mensajeros, que la siguen impidiendo. La jerarquía debe
rehuir la arrogancia, la hipocresía y la intolerancia. Debemos
castigar a quienes entre nosotros se han descarriado en lugar de
encubrir sus errores. Somos humanos en medio de nuestro rebaño
humano. Toda nuestra belleza y santidad se la debemos a Dios. Esta
humildad nos hará nuevos evangelizadores, más creíbles. Nuestra
misión es proponer humildemente y no imponer con arrogancia.
En segundo lugar, la nueva evangelización debe hacerse mediante
nuevos santos y esos santos debemos ser nosotros. La gran pobreza
que sufre el mundo actual es la pobreza de los santos. Tanto si
procedemos de países del Primer mundo como del Tercer mundo, todos
estamos buscando modelos en los que inspirarnos y a los que emular.
Nuestros jóvenes necesitan modelos en los que inspirarse. Necesitan
héroes vivos que inflamen sus corazones y despierten su entusiasmo
por conocer a Jesús y amarlo. Nuestra experiencia en el Tercer mundo
me dice que el Evangelio se puede predicar a quien tiene el estómago
vacío, pero sólo si el estómago del predicador está vacío como el de
sus parroquianos.
Por último, la nueva evangelización debe ser una llamada a una nueva
caridad. Seremos portadores creíbles de la alegría del Evangelio si
la proclamación va acompañada de su hermana gemela: la caridad. La
caridad de Jesús coincide con el don de sí mismo. La caridad de la
nueva evangelización debe ser el don de Jesús.
La nueva evangelización necesita una nueva humildad; una renovación
en santidad y un nuevo rostro de caridad para que sea creíble y
fructuosa.
[00034-04.03]
[IN018] [Texto original: inglés]
- S. E. R. Mons. Joseph Edward KURTZ, Arzobispo de Louisville,
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal (ESTADOS UNIDOS DE
AMÉRICA)
“La Bendición del
Niño en el Seno Materno”, aprobada el 8 de diciembre de 2011 por la
Congregación para el Culto Divino, para uso en los Estados Unidos de
América, es un momento pastoral de evangelización inicial del niño y
nueva evangelización de la familia. Este gesto sagrado, que extiende
calurosamente el amor de Cristo a las familias que se preparan para
el nacimiento de su niño, es a la vez una manera positiva y llena de
esperanza de anunciar a la sociedad el gran don de la vida humana y
una amable invitación a los padres, para que comiencen a preparar el
bautismo del niño una vez que ha nacido.
[00040-04.03]
[IN019] [Texto original: inglés]
- S. E. R. Mons. Rogelio CABRERA LÓPEZ, Arzobispo de Monterrey
(MÉXICO)
El método que Dios
mismo ha escogido para hacerse encontradizo a todos nosotros es el
Misterio de La Encarnación. Este método implica acoger todo lo
humano con un simpatía originaria.
Con la ayuda del Santo Padre hemos redescubierto con alegría que
recomenzar siempre desde la Persona viva de Jesucristo sólo es
posible al interior de una experiencia comunitaria y discipular en
la que sigamos con docilidad al único maestro.
Somos conscientes que los medios de evangelización y catequesis y la
educación de los padres e incluso la vivencia de la religiosidad
popular es un proceso que parece detenerse.
Urge emprender por ello una nueva evangelización para que las raíces
cristianas sigan robusteciendo la vida de las nuevas generaciones.
Es necesaria una educación para la aceptación cada vez más plena de
la fe como don que coincide con la educación que requiere la persona
para que encuentre su destino y realización humana.
La educación es una dimensión constitutiva de la evangelización. Por
ello la emergencia educativa es emergencia evangelizadora.
Somos conscientes que todo modelo educativo posee una antropología
implícita. De ahí la necesidad de una visión de la persona humana
basada en la verdad revelada en Cristo.
Hay que insistir que las experiencias educativas deben ser un
auténtico camino para la maduración de la fe en Jesucristo.
No podemos evangelizar bien si no educamos bien. Y no educamos bien
si no evangelizamos.
[00041-04.03]
[IN020] [Texto original: español]
- S. E. R. Mons. Carlos María FRANZINI, Obispo de Rafaela
(ARGENTINA)
El Instrumentum
laboris pide una más lograda comprensión de la identidad
presbiteral, considerando los nuevos escenarios para la nueva
evangelización y las situaciones de crisis y escándalo, que la
afectan directamente. En relación a este tema, los obispos
latinoamericanos señalaron en la Conferencia de Aparecida varios
desafíos para la nueva evangelización y sus respuestas, que pueden
ser tenidos en cuenta por el Sínodo. Reconocemos que la inmensa
mayoría de los pastores vive fielmente su ministerio en medio de los
desafíos del presente. Esto ha de ser motivo de gratitud y esperanza
para toda la Iglesia. Las situaciónes de escándalo por parte de
algunos obispos y presbíteros, y las necesarias medidas que se han
de tomar para evitar que dichas situaciones se repitan, no deberían
hacer perder de vista que también es necesario favorecer el
desarrollo de un ministerio pleno y fecundo de los pastores. Un
ministerio presbiteral vigoroso reclama el compromiso personal de
cada presbítero en su formación permanente, pero también necesita la
propuesta instituciónal de las Iglesias particulares, por sí mismas
o junto a otras Iglesias de la misma región o país. Los Obispos
tenemos la responsabilidad primaria en esta tarea. Además, hay que
tener presente que sin el testimonio entusiasta y contagioso de los
sacerdotes es inútil cualquier intento de pastoral vocacional que
interpele y motive a los jóvenes para una respuesta generosa al
llamado a la vida sacerdotal. Se pide que el Sínodo agradezca y
aliente el servicio fiel de los presbíteros y que oriente a las
Iglesias locales sobre una pastoral presbiteral sistemática, que
favorezca la genuina renovación de la vida y el ministerio de los
pastores, para que sean los “primeros nuevos evangelizadores”.
[00042-04.03]
[IN021] [Texto original: español]
- S. E. R. Mons. Antonio ARREGUI YARZA, Arzobispo de Guayaquil,
Presidente de la Conferencia Episcopal (ECUADOR)
El encuentro con
Cristo reviste un caráter profundamente personal en firma de
amistad. Los amigos son los destinatarios de la entrega redentora
del Señor (Cf Jn 15,18), a quienes Jesús revela al Padre (Cf Jn,
15,15).
Jesús dedicó tiempo y apertura de corazón para cultivar fecundas
amistades, con Juan y Andrés, con Marta, María y Lázaro, etc.
Sorprenden los frutos del diálogo apostólico personal y amistoso del
Señor con personajes como Zaqueo, Nicodemo o la samaritana. Se
comprende que los discipulos buscaran entre sus amistades previas a
quienes proponer el descubrimiento del Mesías. Así lo experimentaron
Natanael, Santiago de Zebedeo y el mismo Pedro.
El Papa Pablo VI decía que “además de la proclamación que podriamos
llamar colectiva del Evangelio, conserva toda su validez e
importancia esa otra transmisión de persona a persona” (EN, 46). En
la vivencia del carisma de San Josemaria Escrivá, he podido apreciar
la fecundidad de la labor apostólica que convierte las amistades
personales en servicio al Evangelio.
Los obispos corremos el riesgo de perder humanidad y sensibilidad
pastoral, si otras tareas no dejan tiempo para tratos de amistad
concreta.
[00043-04.04]
[IN022] [Texto original: español]
- S. B. R. Nerses Bedros XIX TARMOUNI, Patriarca de Cilicia de los
Armenios, Jefe del Sínodo de la Iglesia Armenia Católica (LÍBANO)
La fe es el elemento
central de la vida cristiana que este Sínodo quiere transmitir a los
pueblos de antigua tradición cristiana y a los no bautizados.
El pueblo armenio forma parte de estos pueblos de antigua tradición
cristiana. En efecto, Dios envió un evangelizador, Gregorio,
denominado el Iluminador, porque iluminó a los armenios, a la luz
del Evangelio, lo que los impulsó a adoptar oficialmente la religión
cristiana en el 301 y a morir por ella, si era necesario.
Dios siguió este pueblo hasta nuestros días para arraigar en él el
tesoro divino de la fe durante los siglos.
En el 406, un monje, que se llamaba Mesrob Machdots, inventa el
alfabeto de la lengua armenia, con el fin de traducir la Biblia a la
lengua del pueblo y hacerla más comprensible a los fieles.
Al pueblo armenio le esperaba una dura prueba. El rey de Persia,
Yazdegerd II, deseando aliarse con los armenios contra la cristiana
Bizancio, y no habiendo podido convencer a los príncipes armenios,
les declaró la guerra en el 451 para imponerles por la fuerza la
religión mazdeena y de esta forma separarlos de Bizancio.
Yazdegerd gana la guerra, pero dándose cuenta de la resistencia
feroz de los armenios, tuvo que renunciar a su proyecto y les
concede la libertad de mantener su religión. Los armenios perdieron
la guerra pero salvaron su fe cristiana. Esta epopeya, realizada por
San Vartan y sus compañeros mártires, marca el arraigo definitivo de
la religión cristiana en el pueblo armenio.
En los siglos XI y XII, la Iglesia armenia da grandes teólogos, como
San Gregorio de Nareg, San Nersès el Gracioso, San Nersès de Lampron
y otros, que enriquecen con sus escritos la literatura religiosa
armenia. Este período marca el florecimiento y el esplendor de la fe
cristiana en la Iglesia armenia.
Otra prueba más dura golpea al pueblo armenio del Imperio Otomano en
1915, cuando casi un millón y medio de armenios fueron masacrados.
El guía de estos armenios masacrados fue el Arzobispo de Mardine,
Ignacio Maloyan. La Iglesia reconoció estas masacres como efectuadas
“contra fidem et in odio fidei”. Ignacio Maloyan fue reconocido
mártir y proclamado beato por Juan Pablo II en el año 2001. Este
acontecimiento, conocido como el primer genocidio del siglo veinte,
muestra una vez más, el apego de los armenios a su fe, a Cristo y al
Evangelio hasta el derramamiento de la sangre.
Por esto, nosotros podemos deducir que la historia del pueblo
armenio se identifica con la historia de lucha de este pueblo en
favor de su fe en Cristo y en el Evangelio, incluso pagando con su
vida, lo que se considera como su gran tesoro.
Dios, que jamás ha abandonado al pueblo armenio, sobre todo durante
las terribles persecuciones, tampoco lo abandonará hoy día. Esta
confianza en Dios es válida para todos los pueblos de la tierra, que
Jesús ha venido a salvar.
El llamamiento de la Iglesia al deber de propagar la fe con
urgencia, a partir del Vaticano II y mediante los Papas Pablo VI y
Juan Pablo II, ha recibido un nuevo impulso por parte de Su Santidad
Benedicto XVI con la convocación de este Sínodo y la proclamación
del Año de la Fe. Estas dos realidades constituyen una nueva etapa,
que nos estimula a redoblar nuestras energías para encontrar nuevos
y convincentes medios con el fin de vivificar la fe de nuestros
fieles y atraer a los no bautizados con el ejemplo de la vida y el
anuncio de la Palabra de Dios. Esto es un don de la gracia para
nuestro tiempo, en el que el temor y el miedo no tienen cabida,
porque estamos seguros de las palabras de Cristo, que nos prometió
estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cfr. Mt
28, 20).
[00044-04.04 [IN023]
[Texto original: francés]
- S. E. R. Mons. Fabio SUESCÚN MUTIS, Ordinario Militar de Colombia
(COLOMBIA)
La Iglesia
Particular requiere de un Plan de Pastoral para cumplir, en
circunstancias concretas de lugar y tiempo, la voluntad salvífica de
Dios Padre que se cumplió plenamente en su Hijo Jesús. El Obispo es
el responsable directo de la elaboración, ejecución y evaluación del
Plan que debe ser integral y comprometer las fuerzas vivas de la
comunidad creyente.
La confrontación entre la situación, la Palabra y la doctrina lleva
a establecer un diagnóstico sobre los retos que la Iglesia debe
enfrentar y las oportunidades para hacer efectivo el mandato de ir a
hacer discípulos de Jesús.
Gracias a un mundo cada vez mas globalizado se puede descubrir en
todas las Iglesias una realidad de fe muy semejante que lleva a un
objetivo fundamental: emprender en todas partes una “Nueva
Evangelización” para la transmisión de la fe. Se tiene la sensación
de que muchos fieles han abandonado la fe de la Iglesia, atraídos
por otras opciones religiosas o contagiados por un ambiente
secularista desconocen a Dios y rechazan la Iglesia Católica.
Ignorancia, cansancio, desaliento, indiferencia y rutina atacan el
espíritu de presbíteros y fieles.El plan diocesano misionero no es
una simple estrategia sino una acción del Espíritu. Se vive por
excelencia en la parroquia que depende directamente del Obispo y que
requiere una renovación, gracias a la acción entusiasta de
presbíteros enamorados de Cristo. Las parroquias hoy, a pesar de
muchas dudas, son fundamentales para una Nueva Evangelización, lo
cual exige que dejen de ser sólo centros de servicios cultuales y
administrativos para llegar a ser casas de la comunidad de
cristianos y escuelas de discípulos misióneros. Las comunidades
religiosas y los movimientos apostólicos, desde su propio carisma,
han de unirse al Plan Diocesano Evangelizador.
Como Ordinario Militar, a nombre de los Obispados Castrenses de
América Latina, quiero invitar a los Señores Obispos al cuidado
pastoral evangelizador de los soldados y policías del mundo que son
especialmente sensibles a la fe por la naturaleza de su servicio
social a la paz, al orden y al bien común de los pueblos.
[00045-04.05]
[IN024] [Texto original: español]
- S. E. R. Mons. José Elías RAUDA GUTIÉRREZ, O.F.M., Obispo de San
Vicente (EL SALVADOR)
Mi intervención
tiene como punto de referencia los números 69, 84 y 168 del
Intrumentum Laboris, que señalan los obstáculos internos y externos
para la Nueva Evangelización; uno de estos obstáculos lo constituye
el mismo clero: pérdida del entusiasmo pastoral; disminución del
impulso misionero; las celebraciones litúrgicas privadas de una
profunda experiencia espiritual; la falta de alegría y de esperanza
es tan fuerte que incide en la misma vida de nuestras comunidades
cristianas ... (IL 69), y en los sacerdotes se debilita la vivencia
de la fe y la caridad pastoral.
La Nueva Evangelización es propuesta en estos contextos como una
medicina para dar alegría y vida, contra cualquier tipo de miedo (IL
69, 168). Esta exige realizar la formación sacerdotal de manera que
tengamos sacerdotes formados integralmente, capaces de evangelizar
el mundo de hoy, convencidos, y fervientes ministros de la Nueva
Evangelización, servidores fieles y apasionados por Cristo, por su
misión y salvación (cf. PDV 10). Para lograr este proposito el
Seminario deberá ser escuela y casa para la formación de discípulos
y misioneros, en donde los candidatos vivan la vida a ejemplo de la
comunión apostólica en torno a Cristo Resucitado (DA, 316). Pero,
ante todo, deberá ser el lugar donde se forme y promueva la vida de
fe, y facilite en los seminaristas adquirir “el espíritu del
Evangelio y una relación profunda con Cristo” (CIC, 244). Sólo una
fe sólida y robusta, propia de los mártires y santos puede dar ánimo
a tantos proyectos pastorales, suscitar la creatividad pastoral e
impulsar las diócesis y parroquias, los sacerdotes y fieles, a que
transmitan con un nuevo ardor a través y los nuevos medios de
Comunicación social la fe cristiana y el Evangelio de Cristo (Mc.
16,16; EN 5).
[00046-04.04]
[IN025] [Texto original: español]
- S. E. R. Mons. Dionisio LACHOVICZ, O.S.B.M., Obispo titular de
Egnazia, Visitador apostólico para los fieles Ucranianos de rito
bizantino residentes en Italia y España (ITALIA)
Mi ponencia trata
del “fenómeno migratorio” de los fieles de las Iglesias “sui iuris”,
especialmente de los que llegaron numerosos desde el Este europeo
después de la caída del imperio soviético, como también de los del
Oriente cristiano en general.Con esta inmigración aparecieron
problemas y oportunidades, como se destaca en la sección “escenarios
de la nueva evangelización” del Documento de trabajo. Como afirma
este documento, la inmigración es una oportunidad, también dentro de
la Iglesia católica en su componente mayoritaria de rito latino
“para comprender con mayor profundidad los modos con los cuales la
fe cristiana expresa la religiosidad del ánimo humano. Al mismo
tiempo enriquece el patrimonio religioso de la humanidad con la
singularidad de la fe cristiana” (Documento de trabajo 67) y admite,
justamente, que “el encuentro y el intercambio de dones entre las
Iglesias particulares, con la posibilidad de recibir energías y
vitalidad de fe de las comunidades cristianas inmigradas” (n. 70),
como también el testimonio del “espíritu [de] la riqueza
incalculable de los signos del martirio vivido en primera persona”
(n. 75).
Como visitador apostólico para los fieles greco católicos ucranianos
presentes en Italia y España puedo constatar el maravilloso
recibimiento fraterno ofrecido por parte de la Iglesia católica
latina a estos fieles, abriendo el espacio de las propias iglesias,
proveyendo a la asistencia con sacerdotes del mismo rito,
prestándoles asistencia social, lo que para muchos de estos fieles
fue también una oportunidad para volver a descubrir la propia fe.
No obstante esto, en algunas realidades, a veces sin darse cuenta,
con el comprensible intento de promover la integración de los
inmigrantes en el tejido social y eclesial del país de acogida, esta
integración eclesial de los fieles pertenecientes a las Iglesias sui
iuris puede volverse problemática, porque puede dar a lugar a un
proceso de latinización muy dañino para los fieles mismos como, por
otra parte, lo atestiguan hechos históricos muy dolorosos, que
registran también el pasaje de estos fieles a otras confesiones no
católicas, o bien el abandono de la propia fe.
[00049-04.03]
[IN026] [Texto original: italiano]
- S. E. R. Mons. Catalino Claudio GIMÉNEZ MEDINA, dei Padri di
Schönstatt, Obispo de Caacupé, Presidente de la Conferencia
Episcopal (PARAGUAY)
La presencia de
María -en sus innumerables advocaciones- en la Primera
Evangelización en América Latina y el Caribe ha sido fundamental.
Como Madre de la Iglesia no la podemos soslayar en la N.E. en su
calidad original de Portadora de la Palabra y del Espíritu,
transmitiendo gozo.
La Visitacion resalta: 1) la figura de María como la primera mujer
laica misionera con participación activa protagónica (DA, 364). 2)
La reacción de María al instante: escucha la Palabra y se pone en
acción (Lc. 8,19-21; 11,27s). 3) Su permanencia con Isabel habla de
amor, paciencia, dedicación y espíritu de servicio (Lc. 1, 56). 4)
Cómo María visita hoy a sus hijos, transmitiendo a Cristo (DA,
553s). 5) Una N.E. con obras, y no sólo con palabras, con su
estancia de tres meses posibilitó un encuentro prolongado de Isabel
y su entorno familiar con la Palabra hecha carne en la
cotidianeidad. 6) Un modelo sencillo (paradigma) de una nueva
Iglesia en Misión Permanente, que se presenta más maternal, más
acogedora, más humilde, pobre y servicial, en medio de sus hijos, en
camino con el Pueblo de Dios, enseñando a vivir en Comunión
(DA,362).
Hoy María es la protagonista de una Nueva Visitación, a los hogares
de nuestros pueblos. Esta Nueva Visitación será bien acogida, a
semejanza de la reacción de Isabel que con humildad y goze salió a
recibir a María, preguntándose “quien era ella para que viniera a
visitarla la Madre de su Señor” (Lc. 1,43). Las personas que visitan
casa por casa ya están siendo bien recibidas en aquellas parroquias
donde se realiza la Misión Permanente con esa modalidad (DA, 550).
5) La Palabra hecha carne va de casa en casa. Esta es la imagen de
la N.E., producto de la Conversión Pastoral: la Iglesia como Madre,
va al encuentro de sus hijos dispersos (DA, 370). Este método trae
un nuevo ardor. Es una expresión eclesial que despierta mucha vida.
Es como una onda expansiva, que sola se abre camino en los barrios.
[00050-04.05]
[IN027] [Texto original: español]
- S. E. R. Mons. Claude DAGENS, Arzobispo de Angoulême (FRANCIA)
Este Sínodo es una
ocasión favorable para responder a la pregunta decisiva de Jesús a
sus discípulos: “¿Qué buscáis?”.
Buscamos ser más numerosos, reunir más fieles en la Eucaristía,
manifestar con más fuerza la presencia católica en nuestras
sociedades secularizadas.
Pero no nos conformamos con estas perspectivas de cantidad. Estamos
llamados también a un trabajo interior de renovación de nuestra vida
cristiana, que comporta tres exigencias:
Primera exigencia: un acto de discernimiento sobre este tiempo en el
que vivimos. Son tiempos de prueba para la misión cristiana debido a
los efectos de la secularización. Pero, en medio de las pruebas,
vemos manifestadas también expectativas espirituales sobre
cuestiones de vida y muerte. A ellas debemos dar respuesta.
Segunda exigencia: comprometerse para progresar en nuestro
conocimiento de Dios vivo, purificando nuestra fe de cuanto la
recarga, osando hablar a Dios de los otros que encontramos, antes de
hablar a éstos de Dios.
Tercera exigencia: comprender que el objetivo de la Iglesia no es la
misma Iglesia, sino el encuentro de los hombres con el Dios vivo. No
se trata sólo, por tanto, de estar presentes en el mundo, sino de
ser de Cristo para el mundo.
Estas tres exigencias han sido profundizadas y puestas en práctica
por Madelein Delbrêl, una francesa que ha comprendido a qué nos
compromete una nueva evangelización.
[00051-04.04]
[IN028] [Texto original: francés]
AUDICIÓN DE LOS
DELEGADOS FRATERNOS (I)
Ha intervenido el
siguiente Delegado Fraterno:
- S. E.
Simo PEURA, Obispo de Lapua (FINLANDIA)
Publicamos a
continuación el resumen de la intervención del Delegado fraterno:
- S. E.
Simo PEURA, Obispo de Lapua (FINLANDIA)
1. El papel de la
cristiandad está cambiado sorprendentemente en los países
cristianos. Por lo tanto, el tema del Sínodo de los Obispos, la
Evangelización, es crucial para todas las iglesias cristianas.
Reconocemos la necesidad de una renovación de la iglesia y de sus
miembros en comunión también con las iglesias luteranas. Tenemos sed
de vida espiritual fresca y de una nueva fortaleza en la fe. Por
este motivo, agradecemos la oportunidad de estar con ustedes en este
camino, en el cual encontraremos juntos la alegría de creer.
2. La fe cristiana es un encuentro entre el ser humano y Jesucristo.
Cuando la Iglesia proclama el Evangelio y se ocupa de los
sacramentos, crea la posibilidad de este encuentro de personas. Este
encuentro personal con Jesucristo a través de su Espíritu nos
transforma: afecta a la metanoia en nosotros; nos hace partícipes de
la vida divina; crea en nosotros amor hacia los otros cristianos y
el mundo que sufre; nos une y nos llama a ser testigos para Cristo y
su misericordia. Ha sido muy alentador ver la fuerza con la que el
Documento de estudio del Sínodo resalta le lectio divina y la
escucha de la Palabra de Dios. Es “para ambos, el creyente y la
Iglesia, un sencillo pero poderoso medio de evangelización y
renovación en la gracia de Dios” (cf. IL 28-32, 97).
3. El Instrumentum laboris nos llama a volver a las bases y nos guía
en este sentido. Uno de las bases de la fe cristiana es el
sacramento del bautismo.
El mundo actual nos desafía a defender el bautismo como la base
firme de la vida cristiana. El bautismo y la fe nos unen a Cristo y
a la Iglesia. Por esta razón, nos entristecemos al ver que muchos
padres bautizados no llevan a sus hijos al bautismo y a Cristo. Es
nuestro objetivo común hablar en nombre del bautismo de los niños,
animando a los padres cuando dudan.
4. El Catecismo de la Iglesia Católica fue publicado hace viente
años. Incluye cuatro partes principales: el Credo, los sacramentos,
los mandamientos y la Oración al Señor (100). El Sínodo debe también
debatir sobre cómo plantear un programa de catequesis, que es la
base, que permite transmitir íntegramente los elementos centrales de
la fe (104). Estas fueron exactamente las cuestiones a las que se
enfrentó Martín Lutero hace casi 500 años.
Él creó el Pequeño y el Gran Catecismo, en el cual los capítulos
principales fueron los mismos que en el Catecismo de la Iglesia
Católica. Desde entonces, nosotros los luteranos, hemos actualizado
los catecismos. Sin embargo, por ejemplo en mi propia iglesia, el
nuevo catecismo corresponde al de Lutero. Los elementos centrales de
la fe cristiana están explicados de forma breve pero completa y se
aprenden de memoria. El modo fundamental para leer y comprender la
fe cristiana y el dogma es el modo espiritual.
5. El Instrumentum laboris enfatiza la unión de fe y amor, si
queremos evangelizar el mundo. “Como la fe se manifiesta en el amor,
así el amor sin fe es, sencillamente, filantropía. Para los
cristianos, fe y amor son esenciales el uno para el otro; el uno
sostiene al otro” (123). Estoy muy agradecido de que en este punto,
p.ej., en la doctrina de la justificación, los cristianos católicos
y luteranos hayan alcanzado un consenso para que ya no nos tengamos
que condenar unos a otros. La Declaración Conjunta nos obliga a dar
un testimonio único, para que el mundo pueda creer y que nuestro
seguimiento de Cristo sea creíble. “Lo que une a los Cristianos es
más fuerte que lo que los divide” (125).
6. Sólo una Iglesia que sea misionera es también una Iglesia viva en
el futuro. Es fácil estar de acuerdo con el Papa Benedicto XVI
cuando dice que “todas las Iglesias presentes en los territorios
tradicionalmente cristianos necesitan un renovado impulso misionero”
(85). Desde un punto de vista luterano, ello incluye ser testigo de
Cristo, pero también la diakonia y la defensa de la justicia. Ser
consciente del hecho que la tarea misionera de la iglesia continúa,
es el modo que nos llevará, con esperanza, a una renovación interna
profunda.
El Concilio Vaticano II impulsó a muchas otras iglesias. Desde este
Sínodo de los Obispos espero algo similar. Es mi deseo que pueda
ofrecer un nuevo estímulo y dirección para la renovación en curso de
la Cristiandad. “Auméntanos la fe” (Lc 17, 5), es nuestra oración
común al Señor Jesús.
En nombre de la Federación Luterana Mundial les deseo a Ustedes y a
este Sínodo de los Obispos la Bendición del Dios Trino.
[00069-04.04]
[DF001] [Texto original: inglés]
INTERVENCIÓN DEL INVITADO ESPECIAL, DR. LAMAR VEST, PRESIDENTE DE LA
AMERICAN BIBLE SOCIETY (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
Este es un
maravilloso momento para celebrar. La American Bible Society, la
agrupación mundial Fellowship of United Bible Societies y la Iglesia
Católica Romana están unidas. Trabajando juntos hemos dado pasos
importantes - nuevas traducciones de la Biblia, nuevos programas de
investigación bíblica y una renovación global de la práctica de
Lectio Divina. Juntos hemos producido versiones en 10 lenguas de los
eventos de evangelización Misión Metrópolis, llevados a cabo en 10
ciudades europeas. Juntos hemos abrazado la función fundamental y
estimulante de la Palabra de Dios para su misión renovada en el
mundo.
Nuestras esperanzas, nuestras oraciones y nuestros deseos son los de
unirnos a vosotros para descubrir nuevamente el núcleo de la
evangelización: la experiencia de la fe Cristiana - el encuentro con
Jesucristo, Evangelio de Dios nuestro Señor para la humanidad - que
nos transforma. Esa misión es fundamental para la causa de la Bible
Society.
En esta nueva estación pido en mis oraciones nueva audacia y nueva
escucha para vosotros y para nosotros - la evangelización nos invita
a usar nuevos métodos y nuevos medios. Pero esto sigue siempre
igual: la transmisión de la fe arraigada en el encuentro con Cristo
a través de las Sagradas Escrituras y bajo la guía del Espíritu
Santo. En lo más profundo de nuestro compromiso con la fe Cristiana,
todos estamos de acuerdo en que la Palabra de Dios es el fundamento
de nuestra labor común - el testimonio de Cristo en nuestro mundo.
También sé otra cosa: por mucho que nuestro mundo cambie, la
historia de la Biblia, grande y magnífica sigue siendo nuestra mayor
esperanza y aspiración. Es aquí que la poderosa exhortación de
vuestro último Sínodo sigue resonando en mí cuando recuerdo la
declaración del Papa Benedicto XVI, según la cual toda “relación
personal y comunitaria con Dios depende del aumento de nuestra
familiaridad con la Palabra divina.”
Que el Señor, Fuente de Toda Vida, nos done la gracia de ser Sus
fieles mensajeros. Gracias.
[00070-04.05]
[NNNNN] [Texto original: inglés]
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