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CARTA DEL CARDENAL SECRETARIO DE ESTADO,
EN NOMBRE DEL PAPA JUAN XXIII,
A LA III SEMANA NACIONAL DE LA PARROQUIA DE BARCELONA

 

Excmo. y Rvdmo. Sr. Dr. D. Gregorio Modrego Casáus,
Arzobispo-Obispo de Barcelona.

Excelentísimo y reverendísimo señor:

Con renovado empeño se va a celebrar próximamente la III Semana Nacional de la Parroquia en la industriosa ciudad de Barcelona, para estudiar, dentro del marco general de revitalización de las funciones de esta institución, los principales problemas de orden pastoral que en torno a su eficacia se ofrecen en la actualidad, y concretar la cooperación de los seglares en el desarrollo de su misión en favor de las almas.

Tan iluminado programa ha complacido al Vicario de Cristo que ha acogido con gratitud el testimonio de adhesión expresado por vuestra excelencia al presentárselo en nombre propio y del Comité organizador de la Semana. Su Santidad quiere enviar a cuantos en ella participen Su paternal saludo, que les sirva de estímulo en los trabajos que van a realizar.

Es notorio el interés con que el Augusto Pontífice en las diversas ocasiones en que se ha dirigido a representantes del clero o del laicado ha puesto de relieve la importancia que, para la conservación y crecimiento de la vida cristiana en el pueblo, desempeña la parroquia.

La Iglesia santa de Dios, fundada por Cristo para realizar en la tierra el ideal de su Reino, tiene una gama variada de aspectos admirablemente hermanados en la unidad total del cuerpo místico. Institución eclesiástica, pero de suma importancia en la consecución de este ideal es la parroquia, cuya imagen completa nos la da aquella síntesis armoniosa de todas sus notas: por una parte el espíritu interior que late en la misma, y por otra, el cuerpo social con sus elementos jurídicos externos que de aquél reciben cohesión y vida. De este modo es ella una porción de la diócesis con pueblo y pastor propios, normalmente dentro de unos límites de territorio determinados (cfr. canon 216) y es asimismo "una célula de un cuerpo que en este caso es el Cuerpo místico de Cristo, es un ser vivo con su alimento propio, con sus órganos y sus actividades" (Su Santidad Pío XII, discurso a una peregrinación de la parroquia de San Medín de Barcelona; 18 de agosto de 1957).

Si, pues, la Iglesia, considerada en su totalidad tiene como misión específica la de hacer presente a Cristo en la sociedad, la parroquia será la encargada de proyectar a Cristo hasta el individuo en orden a una vida auténticamente cristiana, desarrollar en un primer plano y de modo estable, este programa grandioso de evangelización y de comunicación de vida divina a las almas.

Ahora bien, en esa unidad de vida que es la célula, en esa comunidad viviente o familia, todos los elementos o miembros deben tener conciencia de su responsabilidad y hacerse solidarios del empeño común. Al párroco, por misión jerárquica que le confía el obispo, y a los fieles en la medida de sus posibilidades y en calidad de miembros vivos de la Iglesia y de una parte de ella cual es la parroquia, e incluso con la llamada expresa de la jerarquía a colaborar en el apostolado jerárquico, toca mantener viva la llama del fuego que Cristo vino a traer al mundo (cfr. Lc 12, 49) y que no era otro que la expansión de su reino. Tal cooperación seglar al apostolado sacerdotal es aquel "auditorium" del clero "que expresa y sella, en unión con el sacerdocio católico, la conformidad de ideales y de amor por el adveniat regnum sobre la tierra y por la salvación de cada una de las almas" (Su Santidad Juan XXIII, disc. a la Acción Católica italiana, 10 de enero de 1960).

Motivo constante y exhortación insistente en labios del Santo Padre es la idea de que la acción parroquial eficaz es la resultante de la unión orgánica de todas las fuerzas activas en medio de la variedad necesaria. Tal unidad en la ordenación del frente católico encontrará su vértice orientador en el párroco, centro propulsor y coordinador de las iniciativas apostólicas dentro de la comunidad parroquial.

La parroquia debe estar en el centro del apostolado organizado de los seglares, que no ha de entenderse como una acción paralela a la del párroco, sino como una fuerza activa a él subordinada, al igual que la de éste lo debe estar a su obispo. El apostolado "no está dejado a la libre iniciativa de cada uno". Es una misión, es la ejecución de una orden: "Como el Padre me ha enviado así os envío yo a vosotros... Id y enseñad a todas las gentes" (Jn 20, 21; Mt 28, 19). Esta es la carta fundamental del apostolado. Este será tanto más fructuoso cuanto más perfecta sea la ejecución de la orden recibida (Su Santidad Juan XXIII, disc. a la Acción Católica francesa, 13 de mayo de 1961). No exime ello, sin embargo, de que si, en algunos casos las exigencias de la sociedad o los peligros que amenazan a las almas y las posibilidades apostólicas reclaman una acción apostólica y formas de organización supraparroquiales, a ellas igualmente han de estar abiertos el párroco y sus colaboradores con el ideal puesto en el bien general que sin duda redundará también en provecho particular de su propia grey.

Jesús, vida de todas las almas; Jesús conocido,amado y seguido por todos: fin primordial de la vida parroquial que tiene su desarrollo en torno al templo parroquial, al sagrario. Junto a esta vida eucarística y sacramental, fermento de la comunidad, la parroquia ofrecerá sus brazos para cuanto sea elevación social de sus miembros, llámense escuelas, patronatos, centros de formación profesional o de recreo, dispensarios y otras variedades de formas de desarrollo de la persona humana y manifestaciones de caridad o de difusión del bien.

Cooperando en este servicio a la Iglesia y a las almas, los seglares hallarán también su gloria y su gozo. La colaboración en el laboreo de la vida, sobre todo si se trata de ambientes cerrados a la acción del sacerdote, la ayuda en la catequesis, en la organización de las funciones de culto y en las asociaciones de caridad, la generosidad y contribución a las necesidades económicas de la parroquia que viene considerada Como "cosa suya", su dedicación a las obras marginales de la misma, que siempre son útiles y frecuentemente necesarias, como el cine o teatro parroquial, oratorios festivos, centros deportivos, etc. ¿No son éstas otras tantas ocasiones donde el seglar demostrará su afecto de una manera efectiva a la propia familia parroquial?

Estas y otras posibles formas de colaboración seglar al apostolado jerárquico serán tanto más eficientes cuanto más sólida formación individual las preceda y más intensa caridad sobrenatural las impregne, dando la primacía del espiritual a cualquier otro elemento en las instituciones y obras católicas, pues sólo cuando "se tiene esta exquisita formación y aprecio de la vida interior y de los inmensos recursos que ella asegura el feliz éxito de las mismas actividades exteriores, se podrán quedar tranquilos acerca del desarrollo y asistencia, incluso técnica, de las obras caritativas, recreativas y cívicas" (S. S. Juan XXIII, discurso a la Acción Católica italiana; 10 de enero de 1960).

El Santo Padre mucho confía en que la pericia de los ilustres ponentes habrá de hacer realidad y aun superar las buenas esperanzas que en el desenvolvimiento de esta Semana Nacional de la Parroquia se han colocado: El les transmite a cuantos en la misma intervengan Sus más cordiales votos y mientras eleva fervientes plegarias al Cielo implorando escogidos dones les envía a ellos con vuestra excelencia, una especial bendición apostólica.

Aprovecho la oportunidad para reiterarle el testimonio de mi más distinguida consideración con que me profeso ele vuestra excelencia reverendísima devotísimo en el Señor.

Vaticano, 24 de abril de 1962.

A. G. Card. Cicognani
Secretario de Estado

 

 
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