Aparente ausencia de Dios ante el mal
1 Job respondió así:
2 «Hoy también me quejo y me rebelo;
su mano intensifica mis gemidos.
3 ¡Si supiera al menos encontrarlo,
si pudiese entrar en su morada!
4 Expondría mi causa ante él,
llenaría mi boca de argumentos,
5 conocería los términos de su respuesta,
sabría lo que quiere decirme.
6 ¿Usaría en el pleito su gran fuerza?
No creo; me escucharía con atención.
7 Discutiría honradamente con él
y ganaría por fin el caso.
8 Si voy a Oriente, no está allí;
si a Occidente, no puedo distinguirlo;
9 en el Norte se oculta y no lo veo;
escondido en el Sur, no lo vislumbro.
10 Él, en cambio, conoce mi camino;
si me prueba, saldré como el oro:
11 he seguido de cerca sus huellas,
pegado a su camino, sin torcerme,
12 sin desviarme de las normas de sus labios,
guardando en el seno sus decretos.
13 Pero él es firme en su parecer,
¿quién podrá disuadirlo?;
siempre realiza sus proyectos.
14 Seguro que ejecuta mi sentencia,
como hace en casos semejantes.
15 Por eso tengo miedo de verlo,
pienso en ello y me espanto.
16 Dios me ha acobardado,
me ha aterrorizado el Todopoderoso.
17 ¡Ojalá me perdiera en la tiniebla
y la oscuridad velase mi rostro!
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