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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Rezar por los obispos

Martes, 12 de septiembre de 2018

 

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 51-52, viernes 21 de diciembre de 2018

 

«En estos tiempos parece que el Gran Acusador se haya soltado y la haya tomado con los obispos», tratando «de desvelar los pecados, que se vean, para escandalizar al pueblo». Pero «la fuerza del obispo —hombre de oración, en medio del pueblo y que se siente elegido por Dios — contra el Gran Acusador es la oración, la de Jesús sobre él y la propia». Es una oración «por nuestros obispos: por mí, por estos que están aquí delante y por todos los obispos del mundo» que el Papa Francisco pidió, celebrando, el martes 11 de septiembre, la misa en Santa Marta. Y a los obispos los aconsejó estar siempre «cerca del pueblo de Dios, sin ir hacia una vida aristocrática» que les quita su «unción» y sin ser el «que trata de escalar» o «buscar el refugio de los poderosos y de las élites».

«Toca el corazón la sencillez, también la transparencia, con la cual Lucas nos cuenta la elección de los apóstoles, de los primeros obispos» hizo presente el Papa, comentado el pasaje evangélico propuesto hoy por la liturgia (Lucas 6, 12-19). Y enseguida actualizó la reflexión, recordando que en este periodo «aquí en Roma se están haciendo —uno ya ha terminado— tres cursos para los obispos». Ha sido promovido, contó, un curso «de actualización para los obispos que han hecho diez años de episcopado» y «terminó en estos días».

Y mientras tanto, explicó el Pontífice, «en este momento están haciendo dos cursos: uno para setenta y cuatro obispos que pertenecen a las diócesis que hacen referencia a la Congregación de Propaganda Fide». Y otro en el que participan «ciento treinta – ciento cuarenta» prelados «que pertenecen a la Congregación para los obispos». Por tanto, reiteró el Papa, todos «nuevos obispos, más de doscientos», participantes en «estos dos cursos».

Y así, confió, «pensé que en este tiempo así», en el que «en el Vaticano se hace este trabajo con los nuevos obispos, quizá será bueno meditar un poco sobre esta elección de los obispos: como Jesús la hizo, la primera vez, y qué nos enseña».

«Son tres cosas —afirmó Francisco al respecto— las que conmueven de la actitud de Jesús». Sobre todo «que Jesús reza». Escribe el evangelista Lucas: «Jesús se fue al monte a rezar y pasó toda la noche rezando a Dios». La «segunda» actitud es que «Jesús elige: es Él quien elije a los obispos». Y, «tercero, Jesús baja con ellos a un lugar llano y encuentra al pueblo: en medio del pueblo». Precisamente estas, aclaró el Pontífice, son las «tres dimensiones del oficio episcopal: rezar, ser elegido y estar con el pueblo».

«Jesús reza, y reza por los obispos» prosiguió el Papa. «Es el gran consuelo que un obispo tiene en los momentos feos: Jesús reza por mí. En este momento, Jesús reza por mí». Por otro lado, «lo dijo explícitamente a Pedro: “Yo rezaré por ti, para que tu fe no desfallezca”». De hecho, insistió Francisco, Jesús «reza por todos los obispos. En este momento, delante del Padre, Jesús reza. El obispo encuentra consuelo y encuentra fuerza en esta conciencia que Jesús reza por él, está rezando por él». Y «esto lo lleva a rezar». Porque «el obispo es un hombre de oración».

«Pedro tenía esta convicción —hizo notar el Pontífice— cuando anuncia al pueblo la tarea de los obispos: “A nosotros la oración y el anuncio de la palabra”. No dice: “A nosotros la organización de los planes pastorales”». Espacio a la «oración» y al «anuncio de la palabra», por tanto. De esta manera «el obispo se sabe protegido por la oración de Jesús, y esto lo lleva a rezar». Que además «es la primera tarea del obispo. Rezar por el pueblo de Dios, por sí mismo, por el pueblo de Dios. El obispo es hombre de oración».

«La segunda dimensión que vemos aquí —continuó el Papa— es que Jesús “eligió” a los doce: no son ellos los que eligen». Y esto también en los discípulos: ese endemoniado en Gerasa quería ir detrás de Jesús», después de la liberación de los demonios. Pero Jesús le responde «no, yo no te elijo, tú quédate aquí y haz el bien aquí». Porque «el obispo fiel sabe que él no ha elegido; el obispo que ama a Jesús no es uno que quiere escalar que va adelante con su vocación como si fuera una función, quizá mirando a otra posibilidad de ir adelante y de ir arriba». En realidad «el obispo se siente elegido. Y tiene precisamente la certeza de haber sido elegido. Y esto lo lleva al diálogo con el Señor: “Tú me has elegido, que soy poca cosa, que soy pecador”. Tiene humildad. Porque él, cuando se siente elegido, siente la mirada de Jesús sobre la propia existencia y esto le da fuerza».

En resumen, el obispo es «hombre de oración, hombre que se siente elegido por Jesús». Y después como tercer elemento, añadió Francisco, es «hombre que no tiene miedo de bajar en un lugar llano y estar cerca del pueblo: es precisamente el obispo quien no se aleja del pueblo; es más, sabe que en el pueblo hay una unción por su trabajo y encuentra en el pueblo la realidad de ser apóstol de Jesús». He ahí «el obispo que no permanece distante del pueblo —afirmó el Pontífice— que no usa actitudes que lo llevan a estar distante del pueblo; el obispo toca al pueblo y se deja tocar por el pueblo. No va a buscar el refugio de los poderosos, de las élites, no. Serán las élites las que critiquen al obispo; el pueblo tiene esta actitud de amor hacia el obispo, y tiene esta, por así decirlo, unción especial: confirma al obispo en la vocación».

«Hombre en medio del pueblo, hombre que se siente elegido por Dios y hombre de oración: esta es la fuerza del obispo», repitió el Papa, sugiriendo que «hace bien recordarlo en estos tiempos en los que parece que el Gran Acusador se ha haya soltado y la haya tomado con los obispos. Es verdad, los hay, todos somos pecadores, nosotros obispos». El Gran Acusador, afirmó el Pontífice, «trata de desvelar los pecados, que se vean, para escandalizar al pueblo. El Gran Acusador que, como él mismo dice a Dios en el primer capítulo del Libro de Job, “da vueltas por el mundo buscando cómo acusar”. La fuerza del obispo contra el Gran Acusador es la oración, la de Jesús sobre él y la propia; y la humildad de sentirse elegido y permanecer cerca del pueblo de Dios, sin ir hacia una vida aristocrática que le quita esta unción».

En conclusión, Francisco invitó a rezar «hoy por nuestros obispos: por mí, por estos que están aquí delante y por todos los obispos del mundo».

 



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