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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

El escándalo de los hipócritas

Jueves, 20 de septiembre de 2018

 

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 12, viernes 22 de marzo de 2019

 

«La Iglesia, cuando camina en la historia, está perseguida por los hipócritas: hipócritas de dentro y de fuera» y «el diablo que es impotente con los pecadores penitentes», es fuerte precisamente con los hipócritas: «los usa para destruir a la gente, a la sociedad, a la Iglesia». Con una invitación a encomendarse cada vez más a la misericordia y al perdón de Dios, estando lejos del «escándalo de los hipócritas», el Papa Francisco celebró el jueves, 20 de septiembre, la misa en Santa Marta.

«En las lecturas de hoy hay tres grupos de personas: Jesús y sus discípulos; la mujer y Pablo; y los doctores de la ley». Refiriéndose al pasaje del Evangelio de Lucas (7, 36-50), «Jesús es invitado pero recibido sin mucha cortesía, las cortesías habituales de su tiempo, pero finge no darse cuenta y continúa. Y esta mujer aparece. El Evangelio dice una “pecadora” —así la calificaron— una de aquellas cuyo destino era o ser visitada en secreto, incluso por estos, los fariseos, o ser apedreada». Pero «esta mujer —señaló el Pontífice– se hace ver con amor, con tanto amor hacia Jesús, y no oculta que es pecadora, porque todos la conocían, incluso muchos allí en la mesa la habían visitado».

Señalando el pasaje de la primera carta a los Corintios (15, 1-11), el Papa señaló que «Pablo, después de haber hablado de muchas cosas, también de los carismas de la Iglesia, va al corazón de la salvación: “a vosotros os he transmitido, ante todo, lo que yo también recibí, es decir, que Cristo murió por nuestros pecados. De hecho, soy el más pequeño de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol porque perseguí a la Iglesia de Dios”».

Entonces, relanzó Francisco, «ambos buscaron a Dios con amor, pero amaron “a medias”». Pablo «porque pensó que el amor era una ley y su corazón estaba cerrado a la revelación de Jesucristo: perseguía a los cristianos, pero por el celo de la ley, por este amor inmaduro». Y «esta mujer —continuó el Papa— buscó el amor, como aquella otra, la mujer samaritana: pobre, muchos esposos y no encontró el amor, y lo buscaba. El pequeño amor. Y Jesús dice: “A esta fue perdonado tanto porque ha amado mucho”».

«Pero, ¿cómo amar? Estas no saben amar. Buscan el amor», dijo el pontífice. Y «Jesús, hablando de esto, dice —dijo una vez— que estarán ante nosotros en el reino de los cielos. “Pero qué escándalo...” —Los fariseos— “¡Pero esta gente!”». En cambio, «Jesús mira el pequeño gesto de amor, el pequeño gesto de buena voluntad, lo toma y lo lleva adelante. Esta es la misericordia de Jesús: perdona siempre, siempre recibe».

«Otro grupo», explicó Francisco, refiriéndose al pasaje del Evangelio del día, está compuesto por «doctores de la ley que miraban a Jesús para ver si lo podían encontrar en algún error tendiéndole una trampa».

Estas personas, agregó, «tienen una actitud que solo los hipócritas suelen usar: están escandalizados. “Pero mira, ¡qué escándalo! ¡No puedes vivir así! Hemos perdido los valores... Ahora todos tienen derecho a ingresar a la iglesia, incluso los divorciados, todos. Pero ¿dónde estamos?”». Y este es «el escándalo de los hipócritas».

«Este es el diálogo — insistió el Pontífice— entre el gran amor que perdona todo, de Jesús, el amor “a medias” de Pablo y de esta señora, y también el nuestro, que es un amor incompleto porque ninguno de nosotros es un santo canonizado. Digamos la verdad». Y «la hipocresía: la hipocresía de los “justos”, de los “puros”, de aquellos que se creen salvados por sus propios méritos externos». Pero «Jesús les dice —a los hipócritas— “sepulcros encalados”. Todos hermosos, hermosos cementerios, pero putrefacción y una podredumbre en el interior». Simplemente «así es el alma de los hipócritas».

«La Iglesia, cuando camina en la historia, es perseguida por los hipócritas: hipócritas de dentro y fuera», dijo el Papa. «El diablo no tiene nada que hacer con los pecadores arrepentidos, porque miran a Dios y dicen: “Señor, yo soy un pecador. Ayúdame”». Y si «el diablo es impotente» con los pecadores arrepentidos, «es fuerte con los hipócritas. Es fuerte, y los usa para destruir, destruir personas, destruir la sociedad, destruir a la Iglesia». Y «el caballo de batalla del diablo es la hipocresía, porque es un mentiroso: se muestra a sí mismo como un príncipe hermoso y poderoso, y por atrás es un asesino».

Así que hoy la liturgia propone a estos «tres grupos de personas», Francisco reafirmó: «Jesús, que perdona, recibe, que es misericordioso, una palabra tan a menudo olvidada cuando hablamos mal de los demás. Pensad en esto: debemos ser misericordiosos, como Jesús, y no condenar a los demás. Jesús en el centro». Luego están «Pablo, un pecador, un perseguidor, pero con un amor “a medias”» y «esta señora, una pecadora, también con un amor “incompleto”. Pero «Jesús los perdona a los dos. Y se encuentran con el verdadero amor: Jesús». Finalmente, hay «hipócritas, que son incapaces de encontrarse con el amor porque tienen un corazón cerrado, en sus propias ideas, en sus propias doctrinas, en su propia legalidad».

«Pidamos a Jesús —es la invitación de Francisco en la conclusión de la homilía— que siempre proteja a nuestra Iglesia, que como madre es santa pero llena de hijos pecadores como nosotros. Y que nos proteja a cada uno de nosotros con su misericordia y su perdón».

 



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