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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Identidad y herencia

Martes, 23 de octubre de 2018

 

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 28, viernes 12 de julio de 2019

La identidad y la herencia del cristiano están hechas de esperanza, tal vez «la virtud teologal más olvidada» y «más difícil de entender». Lo subrayó  el Papa Francisco en la misa celebrada en Santa Marta el martes por la mañana, 23 de octubre. Tomando, como de costumbre, la inspiración en las lecturas (extraídas de la Carta de San Pablo a los Efesios 2, 12-22 y del evangelio de Lucas 12, 35-38), el Pontífice identificó de inmediato en la homilía «dos palabras con las que podemos describir el Mensaje litúrgico de este día: ciudadanía y herencia».

Reflexionando sobre la primera, explicó que en la lectura el apóstol «nos habla sobre esto». Se trata, aclaró de «un regalo que Dios nos ha dado a todos nosotros: nos hizo ciudadanos, es decir, nos dio identidad. Nos dio el documento de identidad». Además, el Señor «en Jesús abolió la Ley para recrear todo en sí mismo, para reconciliarlo todo, a nosotros también, a todos... eliminando la enemistad que teníamos con Él. Él vino a anunciar “paz a vosotros”, a todo el mundo. Y ahora, “podemos presentarnos unos a otros al Padre en un solo Espíritu”; nos hizo “uno”». En resumen, «esta es nuestra ciudadanía: “Así, pues, ya no sois ni extranjeros ni invitados, sino conciudadanos de los santos” en Jesús y en Él, vosotros también “edificáis juntos” para convertiros en la morada del Espíritu Santo». Por lo tanto, para Francisco «nuestra identidad es precisamente eso, el hecho de ser sanados por el Señor, de ser construidos en comunidad y de tener el Espíritu Santo dentro. Un cristiano es eso. Y la fuerza es el Espíritu que tiene en su interior». En consecuencia, «caminamos con esta fuerza, con esta confianza, con esta firmeza: somos conciudadanos y Dios está con nosotros. En efecto, nos lleva hacia adelante, nos hace caminar».

¿Hacia dónde? Hacia «la otra palabra» que el Pontífice quería proponer: es decir, «la herencia. Identidad y herencia. Y la herencia es lo que Jesús nos dice en el Evangelio: la herencia es lo que buscamos en nuestro viaje, lo que finalmente recibiremos; pero hay que buscarlo todos los días, ir hacia esta herencia». Y todo esto se resume, dijo el Papa, en la «gran virtud de la esperanza, quizás la virtud teologal más olvidada, quizás la más difícil de entender», pero «la que nos lleva adelante en el camino de nuestra identidad hacia la herencia» . De hecho, los cristianos saben «qué es la fe: es fácil de entender y no es difícil practicarla». Las tres —fe, caridad y esperanza— son un regalo. Fe, lo entendemos bien. La caridad es aún más fácil de entender: es hacer el bien, con Dios y con los demás. Pero la esperanza, ¿qué es?», se preguntó Francisco. Y la respuesta fue que «nuestra herencia es un poco difícil de entender». Así que imaginando una especie de diálogo, aclaró: «“Sí, sí, es esperar: pero esperar, aguardar... ¿qué es? ¿Qué esperas tú ? —“Yo, sí, espero el cielo!” —“¿Pero qué es el cielo para ti?” —“Sí, es luz, sí, es conocer a todos los Santos, es una felicidad eterna...” pero no es fácil de entender, lo que es esperanza. Vivir con esperanza es caminar, sí, hacia una recompensa, hacia la felicidad que no tenemos aquí, pero la tendremos allí... es una virtud difícil de entender».

Pero más allá de las dificultades, la esperanza también tiene otras características, que el Papa ha enumerado: por ejemplo, «es una virtud humilde, muy humilde»; y, sobre todo, «es una virtud que nunca decepciona: si esperas, nunca te decepcionará. Nunca, nunca». Además «es también una virtud concreta». Pero, podría ser la objeción, «¿cómo puede ser concreto, si no conozco el cielo o lo que me espera?» Y una vez más, la respuesta no deja lugar a dudas: la esperanza es la herencia del cristiano, por lo tanto, la esperanza «hacia algo», no hacia «una idea» o hacia «un lugar hermoso». Más: es «un encuentro». Hasta el punto de que «Jesús —señaló el Papa— siempre enfatiza esta parte de la esperanza, esta expectativa». Como en el Evangelio de hoy, en la que está representada en el encuentro con «el dueño, cuando regresa de una fiesta». O como cuando Jesús «habla en la parábola de las jóvenes necias y sabias»: incluso en ese caso es «un encuentro con el Señor que viene de la boda, con el novio». Porque «siempre es un encuentro, un encuentro con el Señor. Es concreto».

Desafortunadamente, sin embargo, observó Francisco: «muchas veces no lo sabemos... o nos hacemos una idea extraña... “Sí, estaremos en el cielo, allí... hay música, hay canciones, una buena fiesta...” —“¿Pero será aburrida?” —“No, no, no, pero será hermosa...”: No. Es encontrarse con el Señor. Es un encuentro». Y ofreciendo una confidencia personal, el Papa explicó que cuando piensa en la esperanza, una imagen le viene a la mente en particular: «la mujer embarazada, la mujer que está esperando un hijo». «Va al médico y le muestra la ecografía. “Ah, sí, el bebé... vale..” ¡No!». Por el contrario «¡está alegre! Y todos los días se toca la barriga para acariciar a ese niño, espera al niño, vive esperando a ese niño». Y «esta imagen puede hacernos comprender qué es la esperanza: vivir para ese encuentro. Esa mujer imagina cómo serán los ojos del niño, cómo será la sonrisa, cómo será, rubio o moreno... pero imagina el encuentro con el niño. Imagina el encuentro con el niño». Por lo tanto, el pontífice reiteró: «esta imagen, esta figura puede ayudarnos a entender qué es la esperanza» y a «preguntarnos: “¿Yo espero así, concretamente, o espero un poco difuso, algo gnóstico?” La esperanza es concreta, es cotidiana porque es un encuentro. Y cada vez que nos encontramos con Jesús en la Eucaristía, en la oración, en el Evangelio, en los pobres, en la vida comunitaria, cada vez que damos un paso más hacia este encuentro definitivo». De ahí la esperanza de que los cristianos tengan «la sabiduría de saber cómo regocijarse en los pequeños encuentros de la vida con Jesús, preparándose para esa reunión definitiva».

Un deseo reiterado en los comentarios finales, en los que, resumiendo, Francisco explicó que la identidad es el «gran don de Dios que nos hizo una comunidad, nos hizo herederos de esto»; y que la herencia es «esa fuerza con la que el Espíritu Santo nos lleva adelante con esperanza». Con la exhortación final a pensar «hoy en estas dos palabras: mi carné de identidad, ¿cuál es? ¿Cómo soy cristiano?» Y luego: «¿cómo es mi esperanza? ¿Qué espero en herencia?».

 



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