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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Los pasos para conocer a Jesús

Jueves, 25 de octubre de 2018

 

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 30, viernes 26 de julio de 2019

«Sería una bonita costumbre si todos los días, en algún momento, pudiéramos decir: “Señor, que te conozca y me conozca” y así ir adelante». Es la sugerencia propuesta por el Papa Francisco en la misa celebrada el jueves 25 de octubre en Santa Marta. No se necesitan «cristianos de palabra» que dicen el Credo como «un loro», ha afirmado el Pontífice, invitando a vivir la experiencia de sentirse realmente pecadores. «Si alguno —ha iniciado Francisco— nos pregunta “quién es Jesucristo”, nosotros seguramente diremos lo que hemos aprendido en catequesis, que ha venido a salvar al mundo, diremos la verdadera doctrina de Jesús: es el Salvador del mundo, el Hijo del Padre, Dios, hombre, lo que recitamos en el Credo».

Pero, ha observado, «un poco más difícil será responder a la pregunta: “Es verdad, pero para ti, ¿quién es Jesucristo?”». Y esta es una «pregunta» que «nos pone un poco en apuros, porque tengo que pensar y llegar a mi corazón para dar la respuesta».

Por tanto, ha reiterado el Papa, «para mí, ¿quién es Jesucristo? ¿Cuál es el conocimiento que yo tengo de Jesucristo? Cuando digo que para mí Jesucristo es el Salvador, es así —ha afirmado el Pontífice— pero cada uno de nosotros debe responder también desde el corazón, lo que sabe y siente de Jesucristo, porque todos sabemos que es el Salvador del mundo, que es el Hijo de Dios, que ha venido a la tierra para salvarnos, y también podemos contar muchos pasajes del Evangelio». Pero queda la pregunta directa: «para mí» ¿quién es Jesucristo? Precisamente «este es el trabajo de Pablo» ha explicado Francisco haciendo referencia al pasaje litúrgico tomado de la carta a los Efesios (3, 14-21), haciendo notar que el apóstol «tiene esta inquietud de transmitir la propia experiencia de Jesucristo». De hecho, ha insistido Francisco, Pablo «no ha conocido a Jesucristo a partir de los estudios teológicos, y después ha ido a ver cómo era anunciado Jesucristo en la Escritura». Al contrario, «él conoció a Jesucristo por propia experiencia, cuando se cayó del caballo, cuando el Señor le habló al corazón, directamente». Y «eso que Pablo escuchó quiere que nosotros cristianos lo escuchemos».

Si fuera posible preguntarle a Pablo «¿quién es Cristo para ti?», ha afirmado el Papa, él contaría «su propia experiencia, sencilla: “Me amó y se entregó por mí”». Pero Pablo, «está involucrado con Cristo, que ha pagado por él», y «esta experiencia Pablo quiere que los cristianos —en este caso los cristianos de Éfeso— la tengan, entren en esta experiencia hasta el punto que cada uno de ellos pueda decir: “Me amó y se entregó por mí”». Pero es importante «decirlo con la experiencia propia» ha sugerido el Papa.

Francisco ha querido releer un pasaje de la carta a los Efesios propuesta como primera lectura: «que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender —ahí va Pablo— con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios».

«Pablo nos quiere conducir a todos nosotros a esta experiencia» ha explicado el Pontífice, porque es «la experiencia que él ha tenido de Jesucristo: el encuentro con Jesucristo le ha hecho entender esta gran cosa».

Pero «¿cómo se puede llegar a esto, cuál es el camino?» es la cuestión propuesta por el Papa. Quizá, ha añadido, «¿debo recitar el Credo muchas veces? Sí, pero no es precisamente el mejor camino adecuado para llegar a esta experiencia: ayudará, pero no es la adecuada». De hecho, ha afirmado Francisco, «Pablo cuando dice que Jesús se ha entregado por él, que ha muerto por él, quiere decir “ha pagado por mí” y cuenta muchas veces en sus cartas la propia experiencia: “Yo era un pecador”, “yo perseguía a los cristianos”».

Para hacerlo, ha proseguido el Papa, él «inicia por el propio pecado, la propia experiencia pecadora, y la primera definición que Pablo da de sí mismo es “pecador”: elegido por amor, pero pecador». Así, hizo presente el Pontífice, «el primer paso para el conocimiento de Cristo, para entrar en este misterio, es el conocimiento del propio pecado, de los propios pecados».

«Todos nosotros nos acercamos al sacramento de la reconciliación y decimos nuestros pecados» ha proseguido Francisco. «Pero —ha especificado— una cosa es decir los pecados, reconocer los pecados y otra es reconocerse “pecador”, de naturaleza “pecador”, capaz de hacer cualquier cosa». En resumen, «reconocerse una inmundicia». Y «Pablo tiene esta experiencia».

Es necesario, por tanto, la conciencia de que «el primer paso para el conocimiento de Jesucristo es el conocimiento propio, de la propia miseria, que necesita ser redimida, que necesita a alguien que pague: que pague el derecho a decirse “hijo de Dios”». En realidad, ha explicado el Papa, «todos los somos» pero para «decirlo, sentirlo, era necesario el sacrificio de Cristo y, partiendo de esto, Pablo va adelante con estas experiencias religiosas que él tiene, una tras otra, a través de la oración y la caridad».

Es así entonces, ha reafirmado el Pontífice, que «el primer paso» es «reconocerse pecadores, pero no en teoría, sino en práctica». Decir «he empezado a hacer esto, me he detenido, pero si hubiera seguido por ese camino, habría terminado mal, muy mal» es «la raíz del pecado que te lleva adelante». Por tanto «el primer paso es este: reconocerse pecador y decirse a sí mismo las propias miserias, avergonzarse de sí mismo: es el primer paso».

«El segundo paso para conocer a Jesús es la contemplación, la oración» ha afirmado el Papa, proponiendo la simple invocación: «Señor, que yo te conozca”». Y añadiendo que «hay una oración bonita, de un santo: “Señor, que te conozca y me conozca”». Se trata, ha explicado Francisco, de «conocerse a sí mismo y conocer a Jesús». Y «aquí se da esta relación de salvación: la oración» ha reiterado el Pontífice, invitando a «no conformarse con el decir tres, cuatro palabras adecuadas sobre Jesús» porque «conocer a Jesús es una aventura, pero una aventura de verdad, no la aventura de un niño».

Conocer a Jesús, ha proseguido el Papa, «es una aventura que te lleva toda la vida, porque el amor de Jesús no tiene límites». Lo recuerda también en la carta a los Efesios: «cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad» es una expresión para indicar, precisamente, que «no tiene límites». Pero «esto podemos encontrarlo solamente con la ayuda del Espíritu Santo: es la experiencia de un cristiano». Y «el mismo Pablo lo dice: Él tiene todo el poder para hacer mucho más de lo que podemos pedir o pensar. Tiene el poder de hacerlo». Pero «tenemos que pedirlo: “Señor, que yo te conozca; que cuando yo hable de ti, no diga palabras como un loro, diga palabras que nacen de mi experiencia, y como Pablo pueda decir: “Me amó y se entregó por mí” y decirlo con convicción». Precisamente esta es nuestra fuerza, este es nuestro testimonio». «Cristianos de palabra, tenemos muchos; también nosotros, muchas veces lo somos» ha advertido Francisco. Pero «esta no es la santidad: santidad es ser cristianos que realizan en la vida lo que Jesús ha enseñado y lo que Jesús ha sembrado en el corazón». Para hacerlo es necesario «conocer a Jesús» con «ese conocimiento que no tiene límites: la altura, la anchura, la plenitud, todo».

El «primer paso» ha repetido el Papa, es «conocerse a sí mismo pecadores: sin este conocimiento, y también sin esta confesión interior de que soy un pecador, no podemos ir adelante. Después, ha recordado, el «segundo paso» es «la oración al Señor que, con su poder, nos haga conocer este misterio de Jesús que es el fuego que él ha traído a la tierra».

 



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