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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Tres pequeñas cosas para hacer la paz

Viernes, 26 de octubre de 2018

 

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 31, viernes 2 de agosto de 2019

 

Mansedumbre, paciencia, humildad: son las actitudes sencillas, las «pequeñas cosas» —indicadas por san Pablo a una comunidad cristiana de los orígenes, la de Éfeso— todavía hoy eficaces para «hacer» y «consolidar la unidad» en el mundo, en las sociedades humanas y en las familias que «necesitan paz». El Papa las ha propuesto de nuevo durante la misa celebrada en Santa Marta en la mañana del viernes 26 de octubre, haciendo referencia a la primera lectura, tomada de la carta del apóstol a los Efesios (4, 1-6).

«Pablo está en la cárcel» y «se dirige a los cristianos con este —podemos decir— “himno” a la unidad» ha indicado el Pontífice describiendo la escena antes de detenerse sobre un aspecto en particular: la soledad del protagonista. «Él – ha constatado – está solo. Un poco antes de este pasaje, se lamenta: “Me han dejado solo”. Después dice a Tito: “En mi primera audiencia delante del juez nadie me ha asistido”. Solo. Y esta soledad de prisionero condenado a muerte ya seguramente, le acompañará hasta Tre Fontane», donde «morirá solo, porque los cristianos están demasiado ocupados “en el frente interno”, en las luchas internas».

Por eso, ha señalado el Pontífice, «Saulo toma lo mejor de sí en este pasaje» sacando todas las energías que le quedan «para hacer referencia a la unidad, para hacer referencia a la dignidad de la vocación: “Comportaos de manera digna con la llamada que habéis recibido”. Hacia la unidad». Por otro lado, «el mismo Jesús, antes de morir, en la última Cena, pidió al Padre la gracia de la unidad por todos nosotros: “Que sean una sola cosa, como tú y yo, Padre”». Y esto contiene una lección también para la humanidad de hoy. Una lección que Francisco ha propuesto de nuevo actualizando la reflexión: «Nosotros estamos acostumbrados a respirar el aire de los conflictos. Cada día, en el telediario, en los periódicos, se habla de los conflictos, uno detrás del otro, de guerras, sin paz, sin unidad, el uno contra el otro». Hasta el punto de que, ha sido su denuncia, «incluso si se hacen pactos para detener un poco cualquier conflicto, como decía un sabio: “Los pactos se hacen para deshacerlos después”. Y así lo que ha sido firmado hace diez años, después se dice: “No, ya no vamos adelante con este pacto”». De esta manera, para ir adelante están «la carrera armamentística, la preparación a las guerras, a la destrucción». Con el resultado, ha hecho notar el Papa, de que «también las instituciones mundiales —hoy vemos— creadas con la mejor voluntad de ayudar a la unidad de la humanidad, por la paz, se sienten incapaces de encontrar un acuerdo: que hay un veto de aquí, un interés de allá… Y les cuesta encontrar los acuerdos de paz». En todo esto sin embargo, ha advertido Francisco, «mientras tanto los niños no tienen para comer, no van al colegio» y no son «educados; no hay hospitales porque la guerra destruye todo». En definitiva, «hay una tendencia nuestra a la destrucción, a la guerra, a la desunión». Y «es la tendencia que siembra en nuestro corazón el enemigo, el destructor de la humanidad: el diablo».

He aquí la perenne validez de la enseñanza paulina, que «aquí, en este pasaje —ha comentado el Papa— nos enseña el camino hacia la unidad». De hecho afirma que «la unidad está cubierta, está “blindada” —podemos decir— con el vínculo de la paz». Es decir, ha aclarado Francisco, «la paz lleva a la unidad». Para alcanzarla, el apóstol «nos enseña un camino sencillo: “Comportaos de manera digna con la llamada que habéis recibido, con toda humildad, paciencia y mansedumbre”».

Estas son entonces las «tres cosas» indicadas por Pablo «para hacer la paz, la unidad entre nosotros: “humildad, paciencia —nosotros que estamos acostumbrados a insultarnos, a gritarnos… paciencia— y mansedumbre”». Como para decir: «Déjalo pasar, abre el corazón».

Pero, se ha preguntado el Pontífice, «¿se puede hacer la paz en el mundo con estas tres pequeñas cosas»? La respuesta solo podía ser afirmativa: «Sí, es el camino. ¿Se puede llegar a la unidad? Sí, por ese camino: “humildad, paciencia y mansedumbre”». Y si como «Pablo es práctico», en el pasaje bíblico «continúa con un consejo muy práctico: “soportaos unos a otros en el amor”. Soportaos los unos a los otros». Un consejo que «no es fácil» concretizar en la cotidianidad. El Papa se ha dicho favorable, haciendo notar «que siempre sale el juicio, la condena, que lleva a la separación, a la distancia. Cuántas veces —ha observado— uno pregunta a una persona: “¿Cómo va tu familia? ¿Cómo van tus primos?” “No, no, nosotros estamos distanciados…” Y el diablo está feliz con esto. Es el inicio de la guerra, porque no sois capaces de soportaros».

Insistiendo en el origen “doméstico” de los conflictos, el Papa ha subrayado como esta dimensión es «una cosa que empieza por la mañana, cuando nos levantamos, y termina por la noche cuando vamos a la cama». Por eso es necesario «soportarnos, porque todos nosotros damos motivos de fastidios, de impaciencia, porque todos nosotros somos pecadores, todos tenemos nuestros defectos. Pero soportar: es un camino bonito, sencillo, teniendo en el corazón: “¿Por qué hacéis esto?” dice Pablo, “teniendo en el corazón conservar la unidad del espíritu por medio del vínculo de la paz”. Si yo quiero conservar la unidad, debo hacer estas pequeñas cosas, no hay grandes recetas». Prosiguiendo en el comentario al pasaje paulino, el Papa después ha explicado que el autor de la carta a los Efesios «sigue adelante, seguramente bajo la inspiración de las palabras de Jesús en la última Cena: “Un solo cuerpo y un solo espíritu, como una sola es la esperanza a la cual estáis llamados, esa de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, obra por medio de todos y está presente en todos”». Por tanto Pablo «se entusiasma y va adelante: y de la paciencia, de la humildad, de la mansedumbre, después va adelante y nos hace ver el horizonte de la paz, con Dios; como Jesús nos ha hecho ver el horizonte de la paz en la oración: “Padre, que sean uno, como tú y yo”. La unidad. Y así se va adelante paso a paso». Refiriéndose después al pasaje del Evangelio del día, tomado de Lucas (12, 54-59), el Papa ha constatado lo práctico que es «Jesús con este consejo que hemos escuchado: “Cuando vas con tu adversario delante del magistrado – pelear – a lo largo de camino trata de encontrar un acuerdo con él”». Y ha definido el de Jesús como un «buen consejo», porque «no es difícil encontrar un acuerdo al principio del conflicto. No es difícil». Basta pensar al respecto en «los esposos, cuando pelean, también cuando vuelan los platos, y hay viento de tormenta en casa»: en esas situaciones de hecho, «el mejor consejo para darles es: “Sí, sí, sí, tirad todos los platos, pero no terminéis el día sin hacer las paces”. ¿Por qué? Porque la guerra fría al día siguiente es peligrosísima. El consejo de Jesús: poneos de acuerdo al principio, haced la paz al principio: esto es humildad, esto es paciencia, esto es mansedumbre. Se puede construir la paz en el mundo entero con estas pequeñas cosas, porque estas actitudes son las actitudes de Jesús: humilde, manso, perdona todo».

De aquí la oración final de Francisco: «El mundo hoy —ha concluido— necesita paz, nuestra sociedad necesita paz. Empecemos por casa para practicar estas cosas sencillas: mansedumbre, paciencia, humildad. Vamos adelante por este camino del siempre hacer la unidad, consolidar la unidad». Con el deseo de «que el Señor nos ayude en este camino».

 



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