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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Conservar la memoria

Jueves, 7 de marzo de 2019

 

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 35, viernes 30 de agosto de 2019

 

«Al comienzo de la Cuaresma nos hará bien a todos nosotros pedir la gracia de conservar la memoria, de conservar la memoria de todo lo que el Señor ha hecho en mi vida: cómo me ha querido, cómo me ha amado. Es la propuesta lanzada por el Papa Francisco, que en la mañana del jueves 7 de marzo, celebrando la misa en Santa Marta, advirtió contra la caída en la idolatría de los «fuegos artificiales» de las elecciones cómodas y de ese bienestar espiritual que nos hace olvidar al Señor.

La primera lectura, señaló el Papa refiriéndose al pasaje del libro de Deuteronomio (30, 15-20), «forma parte del discurso que Moisés dirige al pueblo para prepararlo a entrar en la tierra que el Señor le había prometido». Y «el libro de Deuteronomio, al final, contiene esta preparación y hoy nos pone ante un desafío e incluso una elección. Elige: vida o muerte». «Según Moisés, somos nosotros los que debemos elegir», recordó Francisco. Y esto «es una llamada a nuestra libertad; nos antepone a nuestra libertad: soy libre de elegir la vida o la muerte». El texto bíblico, continuó el Pontífice, presenta «tres palabras clave al principio: “Pero si tu corazón retrocede —primera palabra— y si no escuchas —segunda palabra— y te dejas arrastrar para postrarte ante otros dioses —tercera palabra—. Cuando, explicó el Papa, «el corazón retrocede, cuando toma un camino que no es el correcto —ya sea hacia atrás u otro camino, pero no va por el correcto— pierde su orientación, pierde su brújula, con la que debe seguir adelante». Y «un corazón sin brújula es un peligro público: es un peligro para la persona y para los demás». Después de todo, «un corazón toma este camino equivocado cuando no escucha, cuando se deja llevar por los dioses, cuando se convierte en un idólatra». «Nosotros —relanzó Francisco— somos capaces de no escuchar. Hay tantas personas que son sordas en el alma. En algún momento también nosotros nos quedamos sordos en el alma, no escuchamos al Señor». Y «luego están los “fuegos artificiales” que nos llaman la atención, los falsos dioses que te llaman a la idolatría, ¿no es así? Este es el peligro a lo largo del camino hacia la tierra que nos ha sido prometida a todos nosotros: la tierra del encuentro con Cristo resucitado».

«La Cuaresma nos ayuda a recorrer este camino», recordó el Papa. Porque «no escuchar al Señor, no escuchar las promesas que nos ha hecho, es perder la memoria». Y, dijo, «esto es muy importante, cuando perdemos el recuerdo de las grandes cosas que el Señor ha hecho en nuestras vidas, que ha hecho en su Iglesia, en su pueblo, y nos acostumbramos a seguir adelante con nosotros, con nuestras fuerzas, con nuestra autosuficiencia». Por eso, sugirió el Papa, «es importante comenzar la Cuaresma pidiendo la gracia de la memoria: “Señor, que no pierda la memoria, que sepa escuchar”». Recordando las palabras de Moisés a su pueblo, una invitación a no olvidar nunca el camino que el Señor ha hecho, Francisco advirtió contra este «peligro: cuando estamos bien, lo tenemos todo a mano, espiritualmente estamos bien, existe el peligro de perder la memoria del camino».

He aquí, pues, el significado de las expresiones: «“Mira hacia atrás —¡que no es lo mismo que “vuelve hacia atrás”— el camino que has hecho”». Y «el bienestar, incluso el bienestar espiritual, conlleva el peligro de caer en una cierta amnesia, una falta de memoria: me siento bien así y me olvido de lo que el Señor ha hecho en mi vida, de todas las gracias que nos ha dado, y creo que es mi mérito y sigo así». Es precisamente en este momento cuando «el corazón comienza a retroceder, porque no escucha la voz de su propio corazón: la memoria». Esta es «la gracia de la memoria». «Hay otro paso, en la carta a los Hebreos, que parece seguir el mismo patrón», señaló el Papa, citando el paso en el que «el autor dice a los cristianos: recordad los primeros días, el fervor de los primeros días». Porque, dijo, «cuando empezamos a caminar por el camino de Jesús, por el camino del Evangelio, siempre estábamos alegres». De ahí la invitación a «recordar, porque perder la memoria es muy común».

«El pueblo de Israel —continuó Francisco— ha perdido la memoria también porque en este olvido hay algo selectivo: recuerdo lo que me conviene ahora y no recuerdo algo que me amenace». Por ejemplo, «el pueblo recordaba en el desierto que Dios lo había salvado ―no podía olvidarlo― pero empezó a quejarse —no tenemos agua, no tenemos carne, no tenemos grano— y a pensar en las cosas que tenía en Egipto: allí teníamos tantas cosas buenas, las cebollas, las cosas que comíamos». Pero este es un recuerdo «selectivo: ¡se olvidan de que todas estas cosas las comieron en la mesa de la esclavitud!».

«La memoria —insistió el Pontífice— nos pone en el camino correcto: recordad seguir adelante; no perdáis la historia: la historia de la salvación, la historia de mi vida, la historia de Jesús conmigo». Y así «siempre adelante, no os detengáis, no retrocedáis, no nos dejemos llevar por ídolos». Porque, señaló, «la idolatría no es sólo ir a un templo pagano y adorar una estatua. No, la idolatría es una actitud del corazón, cuando prefieres esta cosa porque es más cómoda para mí y no para el Señor, porque has olvidado al Señor». «Al comienzo de la Cuaresma —propuso el Pontífice— será bueno que todos pidamos la gracia de conservar la memoria, de conservar la memoria de todo lo que el Señor ha hecho en mi vida: cómo me ha querido, cómo me ha amado»; y «a partir de esa memoria, seguir avanzando». Además, el Papa propuso que «también nos hará bien repetir continuamente el consejo de Pablo a Timoteo, su discípulo amado: “Acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos”. Repito: “Acuérdate de Jesucristo resucitado”. Acuérdate de Jesús, que me ha acompañado hasta ahora y que me acompañará hasta el momento en que deba comparecer ante Él glorioso». En esta perspectiva, concluyó Francisco, «que el Señor nos conceda esta gracia para conservar nuestra memoria».

 



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