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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Servicio y gratuidad

Martes, 11 de junio de 2019

 

Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 38, viernes 20 de septiembre de 2019

 

«Servicio» y «gratuidad» son las dos palabras clave en torno a las cuales el Papa Francisco construyó la meditación de la misa celebrada en Santa Marta en la mañana del martes 11 de junio. Estas son las características fundamentales que deben acompañar al cristiano «en el camino», dijo el Pontífice; a lo largo de ese camino. Es el «caminar» lo que debe caracterizar la vida, «porque un cristiano no puede quedarse quieto».

La enseñanza se desprende directamente del Evangelio: es ahí donde encontramos, como nos enseña el pasaje de Mateo de la liturgia del día (10, 7-13), las indicaciones de Jesús para los apóstoles que iban a ser enviados. Una misión que, dijo el Papa, también es la de «los sucesores de los apóstoles» y de «cada uno de los cristianos que son enviados». Así que, en primer lugar, «la vida cristiana significa caminar, siempre. No os quedéis quietos». Y, ¿qué recomienda el Señor a los suyos en este camino? «Sanad a los enfermos, predicad que el reino de los cielos está cerca, resucitad a los muertos, purificad a los leprosos, expulsad a los demonios». Esto es, «una vida de servicio».

El primer elemento esencial que destacó el Pontífice fue el siguiente: «La vida cristiana consiste en servir». Y es muy triste, añadió, ver «a los cristianos que al principio de su conversión o de su conciencia de ser cristianos, sirven, están abiertos a servir, sirven al pueblo de Dios», y luego, en cambio, «acaban sirviéndose de él». Esto hace mucho daño, muchísimo, al pueblo de Dios. La vocación del cristiano es, por tanto, «servir» y nunca «aprovecharse».

Continuando su reflexión, Francisco siguió un concepto que, subrayó, «nos lleva directamente al centro de la salvación: “habéis recibido gratuitamente, dad gratuitamente”. La vida cristiana es una vida de gratuidad». El hecho de que «la salvación no se compra; la salvación se nos da gratuitamente, se desprende claramente de la recomendación de Jesús a los apóstoles que iban a ser enviados. Dios nos ha salvado, nos salva gratis. Él no nos hace pagar». Es un principio, explicó el Papa, «que Dios ha empleado con nosotros» y que nosotros debemos aplicar «con los demás». Y es «una de las cosas más hermosas» saber «que el Señor tiene muchos dones para nosotros» y que al hombre sólo se le pide una cosa: «que abra su corazón». Esto lo vemos en la oración del Padre Nuestro, en la que «rezamos, abrimos nuestros corazones, para que llegue esta gratuidad. No hay relación con Dios sin gratuidad».

Partiendo de esta piedra angular de la vida cristiana, el Pontífice subrayó la existencia de posibles malentendidos que pueden ser peligrosos. Así, dijo: «a veces, cuando necesitamos algo espiritual o una gracia, decimos: “Bueno, ahora ayunaré, haré penitencia, haré una novena...”». Todo esto está bien, pero «tengamos cuidado: no se trata de “pagar” por la gracia, de “comprar” la gracia; se trata de ensanchar tu corazón para que la gracia venga». Que quede claro: «La gracia es gratuita. Todos los bienes de Dios son gratuitos. El problema es que el corazón se encoge, se cierra y no es capaz de recibir tanto amor, tanto amor gratuito». Por eso «todo lo que hagamos para obtener algo, incluso una promesa (“Si consigo esto, haré lo otro”) debe ensanchar el corazón, y no entrar en negociaciones con Dios.... No, con Dios no se negocia». Con Dios vale «simplemente el lenguaje del amor, del Padre y de la gratuidad».

Y si esto vale para la relación con Dios, también vale para los cristianos: «Habéis recibido gratuitamente, dad gratuitamente»; y vale, especialmente, para los «pastores de la Iglesia», enfatizó Francisco. La gracia «no se vende», reiteró, y añadió: «Es tan doloroso cuando encuentras pastores que negocian con la gracia de Dios: “Esto cuesta tanto, y eso tanto, y tanto...”. Y la gracia de Dios se queda en eso, la salvación se convierte en un negocio». Todo esto, insistió vehementemente, «no es el Señor. La gracia del Señor es gratuita y hay que darla gratuitamente». Desgraciadamente, explicó, en la vida espiritual existe «siempre el peligro de descuidarnos y querer pagar, siempre, incluso cuando hablamos con el Señor, como si quisiéramos sobornarlo». Pero la relación con el Señor no puede seguir «ese camino».

Por consiguiente, el Pontífice reiteró que no valen las dinámicas del tipo: «Señor, si me ayudas en esto, te daré lo otro». Sí que vale eventualmente una promesa si con ella se abre el corazón «para recibir» lo que «es gratis para nosotros». Y «esta relación de gratuidad con Dios nos ayudará a tenerla con los demás, tanto en el testimonio como en el servicio cristiano y en la vida pastoral de los pastores del Pueblo de Dios».

«Haciendo camino»: de esta manera resumió el Papa su razonamiento al final de la homilía. «La vida cristiana —dijo— es andar. Predicar, servir, no “abusar”. Servid y dad gratis lo que habéis recibido gratis». Y concluyó: «Que nuestra vida de santidad sea eso: ensanchar el corazón, para que la gratuidad de Dios y los dones de Dios que están ahí, gratis, y que Él quiere regalarnos, lleguen a nuestro corazón».

 

 



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