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JUBILEO DE LA MISERICORDIA

VIDEOMENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
 LOS MUCHACHOS REUNIDOS EN EL ESTADIO OLÍMPICO DE ROMA
CON OCASIÓN DEL JUBILEO DE LOS ADOLESCENTES

Sábado 23 de abril del 2016

 

Queridos chicos y chicas, ¡buenas tardes!

Os habéis reunido para un momento de fiesta y de alegría. No he podido ir, lo lamento. Y he decidido saludaros con este vídeo. Me hubiera gustado mucho poder ir al Estadio, pero no he podido hacerlo…

Os agradezco que hayáis aceptado la invitación de venir a celebrar el Jubileo aquí, en Roma. Esta mañana habéis transformado la plaza de San Pedro en un gran confesonario y después habéis cruzado la Puerta Santa. No os olvidéis que la Puerta indica el encuentro con Cristo, que nos introduce en el amor del Padre y nos pide que lleguemos a ser misericordiosos, como Él es misericordioso.

Más tarde, mañana, celebraremos juntos la misa. Era justo que hubiera también un espacio para estar juntos con alegría y escuchar algunos testimonios importantes, que os pueden ayudar a crecer en la fe y en la vida.

Sé que tenéis un pañuelo que lleva escrito las Obras de misericordia corporales: meteros en la cabeza estas obras porque son el estilo de vida cristiana. Como sabéis las Obras de misericordia son gestos sencillos, que pertenecen a la vida de todos los días, y permiten reconocer el rostro de Jesús en el rostro de muchas personas. ¡También jóvenes! También jóvenes como vosotros que tienen hambre, sed; que son refugiados o forasteros, o que están enfermos, y piden nuestra ayuda, nuestra amistad.

Ser misericordiosos quiere decir también ser capaces de perdonar. ¡Y esto no es fácil! Puede suceder que, a veces, en la familia, en la escuela, en la parroquia, en el deporte o en los lugares de diversión, alguien pueda hacernos mal y nos sintamos ofendidos; o bien en algún momento de nerviosismo nosotros podemos ofender a los demás. ¡No nos quedemos con el rencor o el deseo de venganza! No sirve de nada: es una carcoma que nos come el alma y no nos permite ser felices. ¡Perdonemos! Perdonemos y olvidemos el mal recibido, así podremos comprender la enseñanza de Jesús y ser sus discípulos y testigos de misericordia

Chicos, cuántas veces me sucede que debo llamar por teléfono a mis amigos, pero no puedo ponerme en contacto porque no hay cobertura. Estoy seguro que os pasa también a vosotros, que el móvil en algunos lugares no funciona... Bien, acordaos que ¡si en vuestra vida no está Jesús es como si no hubiera cobertura! No se logra hablar y uno se encierra en sí mismo. ¡Pongámonos donde siempre hay cobertura! La familia, la parroquia, la escuela, porque en este mundo siempre tendremos algo que decir que es bueno y verdadero.

Ahora me despido de todos, os deseo que viváis con alegría este momento y os espero a todos mañana en la plaza de San Pedro. ¡Hasta luego!



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