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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN LA PEREGRINACIÓN
JUBILAR DE BOSNIA-HERZEGOVINA


Jueves 30 de marzo de 2000

 

Señor cardenal;
venerados hermanos en el episcopado;
estimados presbíteros;
queridos hermanos y hermanas:
 

1. Llegue mi cordial saludo a cada uno de vosotros, pastores, y a vosotros fieles de las amadas Iglesias de Vrhbosna, Mostar-Duvno, Trebinja-Mrkan y Banja Luka, aquí reunidos. Os acojo a todos con gran alegría. Habéis venido a las tumbas de los apóstoles san Pedro y san Pablo y de los demás mártires de Roma para celebrar el gran jubileo del año 2000 y reafirmar vuestra comunión con la Iglesia de Roma y el Sucesor del Príncipe de los Apóstoles. Al daros con afecto mi bienvenida, agradezco al querido cardenal Vinko Puljic los sentimientos que me ha manifestado en nombre de todos vosotros.

Conservo siempre vivos los recuerdos de la visita pastoral que, después de diversos aplazamientos forzados, pude realizar los días 12 y 13 de abril de 1997. Entonces pude darme cuenta personalmente de la gran tragedia que, durante el último decenio, os ha afectado a vosotros y a los demás habitantes de la región. La Santa Sede ha estado siempre cerca de vosotros durante todo ese período, y lo seguirá estando también en el futuro. El Papa os lleva en el corazón y no sólo comparte vuestros dolores y preocupaciones, sino también vuestras alegrías y esperanzas.

2. Sí, queridos hermanos y hermanas, a pesar de las numerosas dificultades que encontráis diariamente a causa de la situación política y económica, y de las nubes que aún se ciernen sobre el horizonte de vuestra patria, ¡este es un tiempo de esperanza! Del mismo modo que en estos días muchos signos anuncian el despertar de la naturaleza, así también en el ámbito social no faltan síntomas de un florecimiento prometedor. Corresponde a los cristianos fortalecer este proceso positivo con la aportación de los fermentos de vida nueva contenidos en el Evangelio. El mensaje cristiano entraña un extraordinario potencial de esperanza. Es responsabilidad de cada fiel hacer partícipes de él a los hermanos y hermanas con quienes se encuentra.

Vuestro anuncio de esperanza, queridos hermanos, será convincente si va acompañado por el testimonio evangélico de la profunda comunión eclesial y de la caridad que no conoce confines

¡Que vuestra vida misma demuestre a todos que sois cristianos! Sed los primeros en perdonar y aceptar el perdón, liberando la memoria del odio, de los rencores y del deseo de venganza, y reconociendo como hermano también al que os ha hecho daño. No os dejéis vencer por el mal; al contrario, venced el mal con el bien (cf. Rm 12, 21). "Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros" (Col 3, 13).

Confío profundamente en que, con la ayuda de Dios, la llama de la fe, encendida en vuestra tierra hace muchos siglos, siga ardiendo en el tercer milenio. La Iglesia en vuestra patria seguirá llena de vida si permanece abierta a los impulsos del Espíritu Santo y se mantiene unida en torno a los obispos, sucesores de los Apóstoles. Los pastores son los garantes de la unidad católica de cada una de vuestras comunidades parroquiales y diocesanas.

El gran jubileo actual, si se vive con fervor, ofrece a todos los cristianos una ocasión propicia para profundizar la obra de la salvación que se realiza en la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo y sacramento universal de salvación. Ojalá que la celebración del jubileo dé abundantes frutos de conversión y santidad en las comunidades católicas que viven en vuestras regiones. Que la cruz de Cristo manifieste una vez más su fuerza salvífica en medio de vosotros.

3. Amadísimos católicos de la provincia eclesiástica de Vrhbosna, permaneced unidos entre vosotros para superar las dificultades del momento actual. Así, podréis construir en vuestra tierra, junto con los demás compatriotas, un futuro de paz lleno de esperanza. Tendréis éxito en esta empresa, ciertamente no fácil, si sois solidarios entre vosotros y sabéis desarrollar el espíritu de comunión y corresponsabilidad, ayudando sobre todo a los más débiles, a los pobres y a las víctimas de la guerra que se encuentran en medio de vosotros.

Bosnia-Herzegovina necesita diálogo leal y cooperación efectiva de todos los pueblos que la componen, así como respeto a los derechos y a la identidad de cada persona y de cada grupo. En efecto, si se quiere construir un futuro de paz y estabilidad social, no se debe favorecer a nadie en detrimento de los demás; hay que garantizar la igualdad a todos.

Durante los últimos cinco siglos y medio vuestra patria ha sido gobernada por sistemas cuya herencia dificulta mucho el actual desarrollo democrático. Para superar esta situación e impulsar la verdadera democracia, hacen falta el compromiso y la colaboración de todos. Una democracia auténtica es fruto de la valoración de las características culturales, sociales y religiosas particulares de los diferentes componentes del país, respetando la equidad, la justicia y la verdad. No puede importarse ni imponerse. Su buen funcionamiento depende, sobre todo, del grado en que se respete la dignidad de la persona y el carácter sagrado de la vida humana.

4. Saludo de corazón también a los peregrinos de las parroquias de Dol, Postira y Splitska. Durante la reciente guerra, su isla de Brac acogió al seminario mayor de Vrhbosna, Sarajevo, y a muchos otros prófugos. ¡Que Dios recompense abundantemente a todos los habitantes de esa bellísima isla!

Invoco la protección materna de la santísima Madre de Dios sobre todos vosotros aquí presentes y sobre vuestras comunidades diocesanas, al mismo tiempo que os imparto de corazón a cada uno la bendición apostólica.

Alabados sean Jesús y María.

 



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