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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN XXIII
A LA GRAN MISIÓN DE LA ARCHIDIÓCESIS DE MONTRAL
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Queridos hijos de la Archidiócesis de Montreal:

Hemos sabido con paternal alegría que tendrá lugar una "Gran Misión" en la ciudad de Montreal, durante las cinco semanas de Cuaresma de 1960, y vuestro bienamado Cardenal Arzobispo nos ha enviado el texto del mensaje que dirigirá con este motivo a todas las iglesias e instituciones de la diócesis.

Nos bendecimos de todo corazón esta hermosa iniciativa y estamos seguros de que producirá abundantes frutos para todas vuestras almas.

El tema elegido es una invitación a meditar sobre una de las verdades fundamentales del cristianismo, a saber: que Dios es Padre, que es "nuestro Padre". ¡Cuántas veces Cristo exhorta en el Evangelio a sus discípulos a tener fe en el poder del "Padre que está en los cielos", a tener confianza en su bondad! !Cómo Aquel que alimenta a los pájaros del cielo y viste a los lirios de los campos podría olvidar al hombre, "cuyos cabellos están todo contados" y que "vale más que todos los pájaros"! (Cf. Mt 6,26 y 10,30-31).

Esta bondad infinita del Padre se ha manifestado a los hombres; les ha enviado a su Hijo, y a todos aquellos que creyeron en Él les ha dado, nos dice San Juan, "el poder de ser hechos hijos de Dios" (Jn 1,12). Y de convertirse, a la vez, en coherederos y hermanos de Cristo, qua ha proclamado solemnemente: "El Padre y yo somos una misma cosa" (Jn 10,30).

Ingresados así en la familia de Dios, que es la Iglesia, por la fe y por el bautismo, nos hemos hecho sus hijos adoptivos; la base de la vida moral radica en tener para Él sentimientos filiales y vivir bajo su mirada con el anhelo de agradarle en todo. Pero si Dios es nuestro Padre, de ello se sigue que todos nosotros somos hermanos. De ahí que Nuestro Señor nos recuerde con insistencia que "el segundo Mandamiento es semejante al primero". "Amaos los unos a los otros" (Jn 13,34). El amor filial no es verdadero dentro de una misma familia si no se completa por el amor fraterno y si este amor no se traduce en obras. Tal es la gran ley del amor —amor filial y amor fraternal—, la ley del Evangelio. Sólo por ella encontrará el mundo el camino de la verdadera fraternidad y de la verdadera paz.

He aquí, queridos hijos de Montreal, los pensamientos que debéis meditar durante esa gran "parada" que será la misión. "Dios es nuestro Padre".Esta gran verdad se va a difundir por doquier en la diócesis, verdad muy nutritiva para el alma, muy llena de consuelo, de aliento, de invitación al bien, a la rectitud moral, a la confianza, a la serenidad. ¡Qué ella ilumine vuestros espíritus e inflame vuestros corazones! Y que los alejados, gracias a vuestras oraciones y a vuestro celo, retornen a la casa del Padre con ocasión de esta misión.

Nos confiamos este anhelo a María, Reina del mundo, Patrona de vuestra grande y hermosa diócesis y de todo corazón os otorgamos a todos, comenzando por el querido y celoso Cardenal Léger, y sin olvidar a los devotos predicadores y a los organizadores de la Misión, una amplia y paternal bendición apostólica.

Y ahora, una palabra de saludo a nuestros amados hijos de habla inglesa de la Archidiócesis de Montreal.

Conociendo vuestra sólida piedad y vitalidad de vuestra creencia católica, estamos seguros de que participaréis con todo vuestro corazón en la "Gran Misión" dedicada a "Dios Nuestro Padre", tal como ha deseado vuestro celoso Arzobispo, Nuestro querido hijo el Cardenal Emilio Léger.

Con todo el afecto de Nuestro paternal corazón, os exhortamos seriamente a practicar los ejercicios espirituales de la Misión y a abrir vuestros espíritus a las copiosas gracias divinas que, sin duda alguna, alcanzaréis. Por encima de todo, Nos os pedimos que oréis por su éxito, a través del cual el nombre de nuestro Padre que está en los cielos pueda ser santificado, venga su Reino y su voluntad se haga en la tierra como en el cielo.

Queremos también dirigirnos a los queridos hijos de lengua italiana, que sabemos son numerosos y activos en la Archidiócesis de Montreal.

Estamos seguros de que la próxima gran misión cuaresmal encontrará en vuestro corazón, abierto y generoso, una ejemplar correspondencia de asistencia y de fervor. El terna escogido, "Dios nuestro Padre", que abre sobre la vida humana amplios horizontes de serena confianza, suscita también en vosotros un eco de profunda emoción; hijos de una tierra de antigua fe cristiana, predilecta de Dios y, sin embargo, alejados de ella, vosotros comprenderéis las amables verdades de Dios, Padre de todos, siempre cercano a sus hijos, aun cuando se esparzan por el mundo; cercano para sostenerlos, para confortarlos, para iluminarlos con su gracia y su providencia.

Nos os auguramos que obtengáis de la anunciada misión copiosos frutos de fecunda vida cristiana; y especialmente un renovado amor a Dios y a su Iglesia, el respeto de su santo nombre, el cumplimiento generoso de su voluntad en el espíritu del "Padrenuestro" a fin de que "buscando primero el Reino de Dios y su justicia" (Mt 6,33), podáis gozar con tranquila seguridad de los bienes terrenos procurados con vuestro trabajo, en el suave vínculo del recíproco amor fraterno.


* Discorsi, messaggi, colloqui, vol. II, págs. 862-864.



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