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MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
EN LA CLAUSURA DE LA GRAN MISIÓN DE BARCELONA

 

Amadísimos barceloneses:

"Cristo en todas las almas y en el mundo la paz".

Como una sublime aspiración, con un clamor de miles de corazones, quedó flotando este grito en la tibia serenidad de los días del Congreso Eucarístico Internacional que hace nueve años tuvo por escenario la hidalga, hospitalaria e industriosa Barcelona, con cuyo dulce recuerdo se recrea de continuo nuestra mente, y ahora, de nuevo, con todos vosotros en contacto con Cristo, Maestro y Salvador, en una renovación de espíritu silenciosa, pero eficaz, en un coloquio íntimo, salpicado de maravillas de la gracia.

Al acabar esta gran misión de Barcelona y su comarca, una sola palabra queremos deciros para confirmar vuestros propósitos, para infundir nuevo aliento a vuestras decisiones: "Id creciendo en el conocimiento del Señor nuestro Salvador, Jesucristo" (2 Petr. 3, 18).

Queridos barceloneses : En vuestro ánimo ha quedado impreso con luz y fuego el misterio de Cristo, que, oculto "por tiempos eternos" en el seno mismo de Dios y notificado a los hombres por los profetas, está manifestado "ahora" en la dulce realidad del Evangelio (Rom. 1, 5-26). Su anuncio por boca de los misioneros se ha introducido más y más en el reino de la verdad y de la plenitud de este mismo "misterio", sobre cuyas insondables riquezas, asombrados, "los ángeles se inclinan para contemplarlas" (Ofr. Ipetr. 1, 12).

¿Qué frutos espera el Vicario de Cristo de este conocimiento? Con San Pedro os diremos : «Sin haber visto a Jesús, amarlo; sin haberlo oído, creer en Él; y en virtud de esta fe y de este amor, mantener siempre vivo el júbilo de una felicidad incomparable, presentida y hecha anticipadamente vuestra por la esperanza (1 Petr. 1, 8-9).

Cristo ayer y hoy, el mismo para siempre, porque en ningún otro hay salvación (cf. Hebr. 13, 8. Act. 4, 12). Cuando se hacen viejos los libros y caen en el olvido los maestros permanece y queda el mensaje evangélico y es seguido con fervor el único que ha podido decir: "Magister vester unus est, Christus" (Mateo 23, 10).

Las palabras de Cristo se han sembrado en todos los siglos y cada una es grano prometedor de mieses sin fin. La doctrina es una, pero basta para la salvación de todos. Tarea del católico consciente será la de laborar por hacerla penetrar en el mundo de hoy con el fin de transformarla y de restaurar todas las cosas en Cristo. Esta empresa será fruto de un esfuerzo común, en que cada cual une a la propia vida religiosa una acción temporal en conformidad con los postulados de su fe. Cristo, en todas las almas, Maestro y Salvador del operario, a quien enseña el valor sobrenatural de su fatiga; del patrono, a quien pone en condición de salvarse por el cumplimiento de la justicia social y de la caridad; del intelectual, al que exige que sea consciente de su responsabilidad como guía del pensamiento; del gobernante, al que desea compenetrado con su misión de servicio al bien común en la sociedad; de los padres de familia, cuya fecundidad bendice y a quienes urge la fidelidad conyugal y el cuidado por la educación cristiana de la prole, y todos en la más sincera fraternidad.

Que Cristo reine siempre en Barcelona y que entre vosotros, como fruto de verdad, haya continua paz y amor. Así lo suplicamos a su Madre Santísima de la Merced, mientras de todo corazón os bendecimos

JUAN XXIII



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