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RADIOMENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
AL CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL DE BOLIVIA
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Domingo 13 de agosto de 1961

 

Amadísimos bolivianos:

Un día de febrero, cuatro siglos atrás, al pie de unas suaves colinas y entre cristalinos arroyos, en la parte oriental del territorio que tiene a sus espaldas las postreras eminencias de los Andes y se despliega en extensas praderas, tupidas florestas y campos rasos, un capitán español, para rendir homenaje a la cruz de Cristo y en recuerdo del nombre de su pueblo natal, fundaba en el lugar bendecido por el padre Francisco Pérez, una ciudad: Santa Cruz de la Sierra. El cometido de ésta habría de ser el de civilizar y difundir la fe cristiana en aquellas regiones, las más apartadas de la tierra. Y Santa Cruz fue siempre fiel a esta misión.

Hoy vuestra hermosa ciudad ya crecida en miles de habitantes, está convertida en foco de luz y faro de esperanza al ofrecer en el cuarto centenario de su fundación digna sede al Congreso Eucarístico Nacional que con tanto fervor Bolivia entera está celebrando. A todo ese pueblo amadísimo va Nuestra palabra de afecto y de aliento.

Hoy todos los bolivianos queréis rendir testimonio solemne, público y oficial de pleitesía al misterio más consolador de Nuestra sacrosanta Religión: el Sacramento del Altar. Misterio del amor infinito de Dios a los hombres, símbolo de paz y vínculo de unión.

In Christo unum. Todos una sola cosa en Cristo. Tal es el lema de vuestro Congreso: no es otra la aspiración de todo boliviano amante de Cristo y de su patria; y tal quiere ser también Nuestra exhortación en esta oportunidad en que enviamos a través de la radio Nuestra palabra a esa amada tierra.

Quiso el Señor que esta admirable unión por la que los cristianos están vinculados entre sí y con su divina Cabeza, se manifestase de un modo singular por predio del sacrificio eucarístico. Cristo en esta oblación pura se ofrece a Sí mismo como cabeza de la Iglesia, y ofrece consigo a sus miembros místicos, ya que a todos, aun a los más enfermos y débiles, los incluye en su corazón amoroso. El Sacramento de la Eucaristía, imagen viva y admirable de la unidad la Iglesia —el pan se forma de la unión de numerosos granos de trigo— nos da al mismo Autor de la gracia sobrenatural para que tomemos de El aquel espíritu ele caridad que nos haga vivir no ya nuestra vida sino la de Cristo y amar al Redentor en todos los miembros de su cuerpo místico.

La unión hará, por encima de cualquier otro factor, fuerte y próspera vuestra patria, de inmensos recursos, de grandes esperanzas. Esa unión de mentes y corazones, amasada en la caridad, fundada en la justicia y en el respeto a la dignidad humana, vemos complacidos que quiere ser el presente prometedor que en este día estáis ofreciendo a Cristo, nuestro hermano y a María la Madre de todos los hombres

La solidaridad cristiana y la comunicación de bienes entre los individuos, entre patronos y obreros, entre el que cultiva el campo y se afana en la industria, entre el que no tiene hogar y el que abunda en casas, ese espíritu de solidaridad —al que acabamos de invitar a todos en Nuestra Encíclica Mater et Magistra— ha de animar todo orden social que se diga inspirado en la doctrina de la Iglesia y pretenda conducir nuevamente a una colaboración orgánica los diversos estamentos de la comunidad nacional.

Que Nuestra Señora la Purísima Concepción de Cocotá, al ver los sentimientos de armonía que alimentan vuestras almas, os sonría bondadosa desde su histórico Santuario. Confiad a Cristo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan, el destino de vuestra Patria, pero confiadle sobre todo vuestra voluntad de una renovación cristiana de la vida entera: individual, familiar y social.

"Que el Dios de la esperanza y del consuelo, os diremos con San Pablo, os conceda tener mutuamente sentimientos de concordia, a imitación de Jesucristo, a fin de que con un solo corazón y con una sola boca glorifiquéis al Dios y al Padre del Señor Nuestro Jesucristo" (Rom. 15, 5-6). Que sobre vosotros extienda María su manto virginal y que el amor y la gracia de Nuestro Señor se extiendan con abundancia sobre vosotros. Así lo pedimos mientras a todos, en primer lugar a Nuestro dignísimo Cardenal Legado, al venerable Episcopado, a las autoridades y pueblo amadísimo de Bolivia, impartimos de corazón Nuestra Bendición Apostólica.


* AAS LIII (1961) 566- 567. Discorsi, messaggi, colloqui, vol. III, págs. 387-389.



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