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[ ES  - LA ]

RADIOMENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN XXIII
A LA JERARQUÍA Y A LOS FIELES DE LAS ISLAS FILIPINAS
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Sábado 7 de octubre de 1961

 

Venerables hermanos y queridos hijos:

Nuestro corazón de Padre se llena de gozo al tener la ocasión de hablaros a través de la radio en este esperado día, en que se inaugura el Seminario Pontificio de las islas Filipinas en Roma. Acontecimiento digno de ser registrado en los anales de vuestra historia religiosa y de ser, asimismo, publicado por Nos. Pues al edificar este colegio para vuestros seminaristas os habéis esforzado con tenacidad en realizar los consejos de nuestros predecesores, sobre todo de León XIII y Pío XII, que manifestaron con Cartas Apostólicas su preocupación constante por la formación y santificación de vuestros seminaristas y sacerdotes (cfr. Acta Leonis, PP. XIII, 22, 1902, p. 200; AAS XXXIV, 1942, p. 254).

Este Seminario Pontificio es a la vez romano y filipino. Pues aquí, junto a la sede de Pedro y próximos a la columna de la Iglesia, vuestros jóvenes, llamados por Dios al sacerdocio, encontrarán fe y cultura en fuente abundante y ambiente fraternal, y así pertrechados volverán a su patria, como escogidos pregoneros de la verdad. Estas aulas destinadas a formar a vuestros alumnos serán como canales por donde os fluya vicia católica y el vínculo que una más estrechamente con el Supremo Magisterio de la Iglesia a la ínclita y para Nos querida nación filipina.

Además, este centro de piedad y doctrina es una gloria para vosotros, puesto que para culminar tan gran empresa habéis necesitado cuantiosos gastos y singular esfuerzo. Con gusto Nos reconocemos y alabamos la solicitud de los pastores y la liberalidad de los fieles.

Y si hoy con razón Nos alegra la fundación en Roma de esta casa de formación para el clero, es de notar que ella es un fruto preclaro de la historia religiosa de vuestro pueblo. Pues vosotros habéis procurado conservar y propagar con interés la fe que recibisteis en el siglo XVI de los evangelizadores españoles.

Venerables hermanos y queridos hijos: A la vez que os manifestamos la alegría de nuestro corazón por la fundación de este colegio, paternalmente os exhortamos a permanecer intrépidos en la fe que recibisteis de vuestros antepasados, en esa fe engendradora de realizaciones apostólicas. También os rogamos que dediquéis vuestros principales cuidados a reunir y a educar convenientemente a muchos jóvenes llamados por Dios al sacerdocio. Pues la salvación del pueblo depende sobre todo del clero. La escasez de sacerdotes o su menor rendimiento engendran en determinados sectores la duda, el debilitamiento de la fe y el paganismo de las costumbres. Pero donde son muchos los seminaristas y el clero florece en virtud, el pueblo será religioso y se conservará la santidad de la familia. Procurad también lodos los fieles orar por vuestros sacerdotes y seminaristas y ayudadles con todas vuestras fuerzas.

Esto es lo que Nos hemos querido advertir en este fausto acontecimiento de la inauguración del Seminario Pontificio de las Islas Filipinas en Roma. Finalmente, pedimos a Dios celestiales dones, en primer lugar, para aquellos que con pastoral cariño os gobiernan, magistrados, sacerdotes y seminaristas. Sea augurio de ello la Bendición Apostólica que os impartimos en el Señor.


* AAS LIII (1961) 684-685; Discorsi, messaggi, colloqui, vol. III, págs. 454-458.



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