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ALOCUCIÓN DE SU SANTIDAD PABLO VI
DURANTE LA SOLEMNE CEREMONIA DE ENTREGA
DE UN FRAGMENTO DE LAS RELIQUIAS DE SAN CIRILO


Capilla Sixtina
Jueves 14 de noviembre de 1963

 

Aceptamos el sagrado y precioso fragmento de las reliquias de San Cirilo, que, acompañado por el santo recuerdo de su hermano San Metodio, encontrará en nuestra gozosa y pía veneración la garantía de una protección celosa y fiel. La aceptamos con la promesa de un culto sincero, que se acrecentará en esta iglesia romana, en la que es costumbre recoger y honrar las humildes cenizas y el glorioso recuerdo de los santos seguidores de Cristo; tenemos ahora en nuestras manos una pequeña porción de los restos mortales, pero siempre son restos elocuentes de aquel Cirilo, hermano de Metodio, cuya historia se acaba de evocar y cuyo nombre basta para llamar nuestra atención sobre la magnitud de su espíritu y de sus empresas, por ambas cosas merecedor de un recuerdo imperecedero y de un honor universal.

La Historia, tejiendo sus hilos seculares y misteriosos, nos ofrece dos hechos, que hoy celebramos con plena devoción y admiración. De igual forma que un día lejano, en la segunda mitad del siglo nono, Cirilo trajo de Oriente los despojos mortales del celebérrimo San Clemente, cuarto obispo de Roma, al Papa Adriano II, así un digno e ilustre hijo de estirpe oriental, aunque ciudadano de Occidente, nos trae lo que ha sido posible recoger de un grande y santo hijo de la Iglesia bizantina, monje culto y austero, por obediencia apóstol de los pueblos eslavos, padre, se puede decir, de la liturgia y de la literatura eslava, inventor del alfabeto, que hoy todavía llama cirílicos a sus caracteres gráficos.

Esta reliquia representa, pues, una historia que se convierte en tradición. Es para Nos un deber, y a la vez un consuelo, reconocer en signo tan expresivo de espirituales recuerdos y de vicisitudes seculares un lazo piadoso y cordial, que une a nuestro tiempo épocas lejanas, países distantes de esta alma Roma, pueblos lejanos con la gran familia, con la Iglesia de Cristo.

El gesto devoto y confiado que hoy también nos ofrece estas “sacra pignora” (prendas sagradas), al cual responde el nuestro aceptándolos, no menos devoto y agradecido, pretende demostrar que Cirilo, con todos los acontecimientos y proyectos que forman parte de su vida, es justamente digno de ser honrado en el patrimonio de nuestra cultura y ser considerado una antorcha para nuestra vida presente.

Este episodio adquiere un valor simbólico ahora que en Roma se celebra el Concilio Ecuménico Vaticano II, el cual, como es sabido, cuenta entre sus aspiraciones abrir todos los caminos posibles a la restauración en la única Iglesia de Cristo de las diversas y venerables comunidades separadas que llevan el nombre y la gloria de Cristo; Cirilo surge como símbolo de encuentro y unión; Cirilo está entre nosotros, para que nosotros estemos con él. ¡Qué gran promesa de paz, qué prenda de fraternidad, qué fuente de nuevos progresos en la difusión del Evangelio y extensión de la santa Iglesia puede ser esta presencia de la reliquia de San Cirilo junto a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo!

Y si nuestra mirada humana no puede percibir más allá del horizonte de la esperanza cuáles serán los resultados efectivos de la historia del mañana a este respecto, es ya para Nos un gran consuelo saber que esta reliquia, lejos de detener nuestro pensamiento en la muerte que la consume, nos invita a profesar nuestra fe en la inmortalidad del destino humano, y el culto que le tributamos nos evoca el espíritu vivo y glorioso del Santo al que pertenece, y por ello nos recuerda que los santos son nuestros hermanos, nuestros protectores, nuestros intercesores ante Dios, del que procede todo bien. (Cfr. St 1, 17.)

Esto será Cirilo para nosotros; este santo querido que ha llegado peregrino a Roma y de Roma se ha hecho ciudadano, en esta Iglesia romana suya y nuestra, que lo acoge llena de gozo; esto seguirá siendo Cirilo en las regiones y pueblos de donde recibió la vida y la fe, y en aquellos otros pueblos y regiones a los cuales con su hermano Metodio consagró su vida y anunció la fe; esto será Cirilo para todos vosotros, venerables hermanos, y para todos vuestros hijos, hermanos y fieles.

Que nuestra bendición apostólica, juntamente con la invocación del Santo que ahora conmemoramos, avale y refuerce estos deseos.

 



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