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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS OFICIALES, CADETES Y MARINEROS DE
LA NAVE ESCUELA ARGENTINA
«LIBERTAD»

Miércoles 13 de noviembre de 1968

 

Señor Comandante,
Señores Oficiales, Cadetes y Marineros
de la Nave Escuela Argentina «Libertad»:

Hace exactamente una semana tuvimos la grata oportunidad de recibir a una representación de la Escuela de Aviación Militar de vuestra Patria. Llegáis ahora vosotros, amadísimos Hijos, quienes también habéis querido, en el itinerario de instrucción y de fraternidad por diversos mares y puertos del mundo, dedicar unos momentos para encontraros con quien tiene la tremenda misión de guiar la mística barca de Pedro que es la Iglesia.

¡Bienvenidos! Sois ciudadanos de una Nación, por Nos particularmente recordada, que refleja su vinculación histórica al catolicismo hasta en los nombres marítimos de la geografía. ¿Como no evocar que en el estuario del Río de La Plata surgió la ciudad «de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Aire»? ¡Cuántas veces vuestros estudios y rutas se han encontrado con huellas de cristianismo: la Bahía de San Blas, los Golfos de San José, San Matías, el Puerto de Santa Cruz, el Cabo del Espíritu Santo, y tantos otros nombres de vuestros litorales!

Este índice del patrimonio espiritual de vuestro País requiere en vosotros una continuidad de vivencia personal y coherente para dar a vuestra conducta disciplinar, a vuestro compañerismo, a vuestras actitudes de servicio a la Patria y a la humanidad, la orientación y el mérito que caracterizan a los actos de la conciencia cristianamente responsable. Que en las vicisitudes de la vida, sobre todo en los momentos en que para ser fieles a vuestra fe se requieren entusiasmo y valor, resuene confortadora aquella palabra del Señor quien en la noche gritó a los discípulos que navegaban: «Soy yo, no temáis» (Matth. 14, 27).

El Señor, Amigo, Padre, nos tiende siempre una mano de guía providencial, de sostén de consuelo. Asirse a ella quiere decir caminar seguros y felices. En este camino os acompaña también, con Nuestra gratitud por vuestra visita, la Bendición que a vosotros y a vuestros familiares otorgamos de todo corazón.

 



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