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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A BOGOTÁ

DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS INFORMADORES DE LA PRENSA, RADIO Y TELEVISIÓN

Viernes 23 de agosto de 1968

 

Señores de la Prensa, Radio y Televisión:

En estos días estáis aproximando Bogotá a las más apartadas regiones del mundo y facilitáis el que muchos sigan de cerca las vivencias eucarístico-eclesiales que aquí se verifican. ¿Cómo no agradeceros este fiel y precioso servicio?

Bien sabéis el respeto y la estima que vuestra vocación profesional nos merece. Tenéis la delicada responsabilidad de contribuir al bien común con vuestra información que, como dice el Concilio Vaticano II, ha de ser siempre verdadera y, salvadas la justicia y la caridad, integra; respetando las leyes morales y los legítimos derechos y dignidad del hombre, tanto en la obtención de la noticia como en su difusión (Cfr. Decreto «Inter Mirifica» n. 5).

Es cierto que muchas veces os veis obligados a referir sucesos dolorosos, que entristecen o apasionan a la opinión pública. Pero también es cierto que frecuentemente lo bueno, lo bello, los valores profundos, pasan inobservados. Anotadlos vosotros y describidlos con palabras que dejen la impresión real de que, por fortuna, no faltan ejemplos que inspiran serenidad, confianza y estímulo a su imitación. La paz, las virtudes, los heroísmos callados, también tienen su historia: sed vosotros sus cronistas exactos y alentadores.

Y, como hicimos en Bombay, también aquí os confiamos un mensaje: que las Naciones cesen en su carrera hacia los armamentos; que dediquen al menos una parte de tan ingentes gastos a un fondo internacional para aliviar los graves problemas que angustian a tantos Pueblos, reducidos a un lastimoso nivel de vida. Lanzad de nuevo a la opinión pública este llamamiento!

Y decid también que en nuestro pensamiento angustiado están, sobre todo en estos días, los pueblos de Checoslovaquia no menos que esas partes de Asia y de África afligidas por la guerra, cuyos sufrimientos y preocupaciones llevamos tan dentro de nuestro corazón en nuestros votos y plegarias. A las personas responsables de la suerte de esas queridas poblaciones Nos dirigimos pidiéndoles insistentemente que se empeñen con toda la buena voluntad y dediquen todos sus esfuerzos a la solución de los dramáticos problemas pendientes, en el respecto de los derechos de la persona humana y de las naciones.

Difundid pues vosotros estos mensajes de justicia y de paz. Los hombres os lo agradecerán y Dios os colmará de sus dones. En prenda de ellos, otorgamos a vosotros y a vuestros seres queridos, una cordial Bendición Apostólica.

 

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