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23 - 13.10.2009
RESUMEN
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DÉCIMOTERCERA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 13 DE OCTUBRE DE 2009 -
POR LA MAÑANA) - CONTINUACIÓN
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DÉCIMOCUARTA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 13 DE OCTUBRE DE 2009 -
POR LA TARDE)
- REGALO DEL SANTO PADRE
DÉCIMOTERCERA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 13 DE
OCTUBRE DE 2009 - POR LA MAÑANA) - CONTINUACIÓN
Publicamos a continuación el resumen de la intervención de un Padre
sinodal, alcanzado después del cierre del Boletín 22 de esta mañana:
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S. E. R. Mons. Zygmunt ZIMOWSKI, Arzobispo emérito de Radom,
Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Operadores
Sanitarios (CIUDAD DEL VATICANO)
1. A pesar del hecho de que, como ha afirmado el Santo Padre
Benedicto XVI en la homilía de la Misa de apertura del Sínodo: “Dios
es el Creador y la fuente de la vida”, la vida hoy está sometida a
una dura prueba como valor, por las políticas de salud reproductora.
Por consiguiente, los obispos y las Iglesias locales están invitados
a hacer oír la voz de la Iglesia sobre las temáticas relativas a la
vida desde su inicio hasta su natural conclusión.
2. En África conviven muchas religiones, desde las tradicionales
africanas hasta las grandes religiones monoteístas, que influyen
todas juntas en las culturas africanas. En los últimos decenios, el
esfuerzo coral profuso de las distintas confesiones religiosas para
afrontar juntos algunos grandes temas de la salud como el HIV/SIDA,
la malaria y la tuberculosis, es el testimonio del ecumenismo de las
obras que en el campo de la sanidad es particularmente fecundo.
3. Por su misma naturaleza de obras de la Iglesia, las instituciones
sanitarias se están dedicando a promover la salud a través del
respeto del derecho a su tutela, garantía de justicia y equidad en
el acceso a los tratamientos sanitarios, especialmente para los
enfermos de sida.
4. Aun tomando las debidas distancias de las falsas e ilusorias
prácticas de curación, la Iglesia en África está llamada a
redescubrir el rico patrimonio espiritual, doctrinal y sacramental
de la Iglesia sobre la curación espiritual que se basa en la oración
y en los Sacramentos.
5. La medicina tradicional es uno de los patrimonios importantes de
la cultura africana. Tiene un coste inferior a la medicina moderna y
al estar cerca de la población se utiliza con frecuencia.
Pedimos a los obispos que actúen con discernimiento para distinguir
las buenas de las malas prácticas y que apoyen los estudios
científicos sobre la medicina tradicional, dentro de las
instituciones católicas.
6. Muchos de los servicios sanitarios de la Iglesia en África son
reconocidos y utilizados por su importancia, pero sufren las
presiones ideológicas de la globalización y de la secularización con
la evidente baja de las ayudas financieras que los pueden poner en
riesgo de quiebra.
7. El Santo Padre Benedicto XVI resume la especificidad del servicio
que la Iglesia ofrece al enfermo en estos términos: “La salud del
hombre, de todo el hombre, fue el signo que Cristo escogió para
manifestar la cercanía de Dios, su amor misericordioso que cura el
espíritu, el alma y el cuerpo”. Esta ha de ser siempre la referencia
fundamental de todas las iniciativas de la Iglesia en el seguimiento
de Cristo, que los Evangelios nos presentan como “médico” divino
(Benedicto XVI, Discurso a la VII Asamblea plenaria del Consejo
Pontificio para la Pastoral de la Salud, 2007).
[00277-04.04] [IN178] [Texto original: italiano]
DÉCIMOCUARTA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 13 DE
OCTUBRE DE 2009 - POR LA TARDE)
- RELATIO POST DISCEPTATIONEM
A las 16:30 de hoy, martes 13 de octubre de 2009, con la oración
Adsumus, guiada por el Santo Padre, ha comenzado la Décimocuarta
Congregación General, para la Relatio post disceptationem (Relación
después de la Discusión).
Presidente Delegado de turno S. Em. Card. Francis ARINZE, Prefecto
emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos (CIUDAD DEL VATICANO).
Durante el intermedio, el Santo Padre Benedicto XVI ha recibido en
audiencia los grupos de los Círculos Menores Gallicus E y Lusitanus.
En esta Congregación General, que se ha concluido a las 19.00 horas,
con la Oración del Angelus Domini, estuvieron presentes 223 Padres.
RELATIO POST DISCEPTATIONEM
En esta Décimocuarta Congregación General, ha intervenido el
Relatore General, S. Em. Card. Peter Kodwo Appiah TURKSON, Arzobispo
de Cape Coast (GHANA), para la lectura de la Relatio post
disceptationem (Relación después de la Discusión). En su segunda
relación, como conclusión de la discusión general sobre el tema
sinodal en Aula, el Relator General ha sintetizado las varias
intervenciones realizadas en estas jornadas en las Congregaciones
Generales y ha ofrecido algunas líneas de orientación para facilitar
las labores de los Círculos menores.
Publicamos a continuación el texto integral.
INTRODUCCIÓN
La Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos
ofrece la singular oportunidad de profundizar en la comprensión de
la Iglesia como Familia de Dios y para reflexionar acerca de su
misión continua en África y sus Islas. En este sentido, sería
deseable que, al referirse a la Iglesia en África en el tema de este
Sínodo, se lea como la "Iglesia Familia de Dios en África.
Cuando, en su apostólico discernimiento, el Siervo de Dios Juan
Pablo II reconoció que había llegado el tiempo de pasar de poner en
práctica el “Ecclesia in Africa” a convocar la Segunda Asamblea para
África, se refirió una vez más a las "luces y sombras" del
Continente y sus Islas, para exhortar al Continente a un esfuerzo
colaborativo y a reforzar su fe en Cristo. "...África -dijo- se
enfrenta siempre a terribles azotes, como los conflictos armados, la
persistente pobreza, las enfermedades y sus devastadoras
consecuencias, empezando por el drama social del SIDA, la extendida
inseguridad y, últimamente, la corrupción existente en muchas
regiones. Todo esto debilita África y agota sus energías, diezma a
las jóvenes generaciones e hipoteca su futuro. Para construir una
sociedad próspera y estable, África necesita de todos sus hijos para
reunir fuerzas... ¡Que las futuras Asambleas para África del Sínodo
de los Obispos puedan alentar el fortalecimiento de la fe en Cristo,
nuestro Salvador, nuestra genuina reconciliación![1]
Son estas "futuras Asambleas Especiales para África" las que
agradecemos a Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, quien
graciosamente ha confirmado el proyecto de su predecesor y formulado
el tema para el mismo.[2]
Calculando las instancias y reflexiones de estas "luces y sombras",
como ha sido expresado por los Padres Sinodales, debemos
considerarlas desafíos y oportunidades para la conversión, a la luz
de nuestra fe en Cristo, a quien el Sínodo llamó "nuestra esperanza
y nuestra resurrección". La transformación de estas "luces y
sombras" en Cristo, nos permitirá llegar a un fortalecimiento de
nuestra vida en Cristo, nuestro salvador, nuestra reconciliación,
nuestra justicia y nuestra paz (Instrumentum Laboris nº 46).
REUNIDOS DE NUEVO EN UNA ASAMBLEA ESPECIAL PARA ÁFRICA DEL SÍNODO DE
LOS OBISPOS
Está claro que la mayor parte de los participantes de nuestra
Asamblea son africanos o están relacionados con África; pero ello no
debe restar méritos o disminuir el universalmente verdadero carácter
eclesial de nuestra reunión ni de este ejercicio colegial. Es un
ejercicio de comunión eclesial; y nuestra Asamblea recuerda esto muy
pocas veces. Así que éste, como todo Sínodo, celebra el estrecho
lazo o la unión entre el Sumo Pontífice y los Obispos, asiste al
Obispo de Roma en su misión universal y, junto al Santo Padre,
estudia y reflexiona acerca de los problemas y asuntos que atañen a
las actividades de la Iglesia en el mundo. Así, orando cada uno con
el Santo Padre y los Padres Sinodales y expresando sus puntos de
vista o lo que echa en falta, pero unidos en pensamiento y oración
con la Asamblea Sinodal, es la Iglesia Universal la que se reúne en
el Sínodo acerca de su presencia en África (Iglesia en África). Este
es un ejercicio de la universal Familia de Dios y del Cuerpo
Místico… perteneciendo juntos y compartiendo una común fe en Cristo.
Es, por lo tanto, no sólo un asunto y una Asamblea africanos, con
participantes no africanos. Es más bien un discernimiento de la
Iglesia Universal sobre cómo mantener sano el enorme pulmón
espiritual de África para toda la humanidad (Homilía del Papa), en
cumplimiento de su misión como sal y luz.
OTRAS ESTRUCTURAS DE COMUNIÓN ECLESIAL
Derivado de la naturaleza del “Sínodo” como "ejercicio de comunión
eclesial", los Padres Sinodales han observado y subrayado la
necesidad de la unidad de los Obispos (Instrumentum Laboris nº 110),
viviendo en comunión eclesial, y de ser testimonio de la misma en
las diferentes formas y órganos del ministerio colaborativo. A este
respecto, muchos de los Padres Sinodales han mencionado la SECAM,
así como la necesidad de pastores del propio Continente para
colaborar con dicho órgano, cuyos predecesores fundaron hace
cuarenta años para promover la "Evangelización en
co-responsabilidad". El CELAM, la FABC, y la CCEE miran hacia
delante para establecer y perpetuar los lazos con la SECAM, así como
con la USCBC, etc…
De la SECAM se espera que introduzca un observador en la Unión
Africana y las Conferencias Regionales, así como en los Parlamentos
regional y nacional, como en Sudáfrica.
Un testimonio actual de este deseo de ser testigos y de vivir en
comunión eclesial, es la decisión de la hasta la fecha definida como
Conferencia Episcopal Regional de Angloparlantes del África
Occidental (AECAWA) y la de Francófonos del África Occidental
(CERAO) para formar una única Conferencia Episcopal Regional
(RECOWA/CERAO).
En la misma línea, los Institutos de Vida Consagrada han confirmado
su necesidad de vivir en comunión, y en sus varios cuerpos agregados
(ej. MAC, COSMAM etc...), de explorar vías de colaboración en el
ministerio dentro de las Iglesias continentales, nacionales y
regionales.
LA CELEBRACIÓN DE LA SEGUNDA ASAMBLEA: ¿AFLICCIONES O DESAFÍOS?
Muchos cambios positivos han sido registrados tanto en la Iglesia
como en el conjunto de la sociedad africana desde la Primera
Asamblea Especial para África. Algunos de esos cambios positivos son
directamente atribuibles a los efectos del Sínodo. No obstante, hay
aún muchas sombras dentro de la Iglesia y la Sociedad, quince años
después de la conclusión de la Primera Asamblea, que fue por lo
demás descrita como "El Sínodo de la Resurrección y la Esperanza", y
de la que se esperaba marcase un punto de inflexión en la Historia
del Continente[3].
Los Padres Sinodales han citado muchas instancias y reflexiones
acerca de estas "sombras" en las diversas sesiones de esta Asamblea.
Así, en
Las Iglesias locales:
Los Padres Sinodales han reconocido cándidamente la insuficiente
apreciación del papel de la mujer y la juventud en sus comunidades
locales, y su pobre formación en la fe. Los políticos y otros
servidores civiles no siempre han gozado del acompañamiento y la
formación que los hubiera capacitado para testimoniar adecuadamente
su fe, en la vida y en el trabajo. El uso de los medios de
comunicación debe desarrollarse más allá de las estaciones de radio
locales. El testimonio de la Iglesia se ve a veces comprometido por
la dificultad que algunos agentes pastorales encuentran en ser
fieles a sus votos, vocaciones y estados de vida.
La Esfera Socio-Cultural:
Los Padres Sinodales tienen mucho que deplorar de la Sociedad
Africana. Más allá de la sola mención del nomadismo y de los
conflictos por el agua y zonas de pastos, mucha de la infelicidad de
los Padres Sinodales se debe a las tendencias emergentes en dicha
sociedad, que son divergentes e incluso opuestas a los valores
tradicionales y tienen un cuestionable carácter y contenido moral.
Esto ha provocado la sugerencia de que, en lugar de "conflicto de
culturas", el Sínodo debería más bien considerar la experiencia como
un "encuentro entre culturas". Aparte de que la mayoría de las
observaciones eran acerca de agentes sociales.
Muchos Padres Sinodales lamentan el destino de la familia en África,
la "destrucción de una auténtica idea de matrimonio y la noción de
una familia sólida" (Instrumentum Laboris nº 31), y consideran la
institución bajo seria amenaza de inestabilidad y disolución a causa
de la pobreza, los conflictos, las creencias y prácticas
tradicionales (brujería) y las enfermedades, principalmente la
malaria y el VIH SIDA. Estos son informes procedentes de iniciativas
de liberación de las mujeres de las prácticas culturales negativas.
Pero los Padres Sinodales describen también de varias formas el
feroz ataque a la familia y la afín institución fundamental del
matrimonio, venido desde fuera de África y atribuible a diversas
fuentes: ideológica (ideología de género, nueva ética sexual global,
ingeniería genética) y clínica (contracepción: planificación
familiar y educación en salud sexual, esterilización), y emergentes
estilos de vida "alternativos" (matrimonios del mismo sexo, uniones
de hecho). Pero desde fuera de África vienen también muchas notables
iniciativas: la "Jimmy Carter Foundation against guinea worm in
Africa", la "Tony Blair Foundation for Interfaith Action against
e.g. Malaria"...
Las mujeres, aludidas en la Primera Asamblea Especial para África
como "bestias de carga", han comenzado a acceder en ciertos países a
puestos de relevancia y liderazgo en leyes, política, economía e
ingeniería. Pero son también "recursos sin explotar" en algunos
países, en los que sufren la exclusión de las funciones sociales, la
herencia, la educación y la toma de decisiones. Son víctimas
indefensas en zonas de conflicto: víctimas de los matrimonios
polígamos, abusos, tráfico para la prostitución, etc...El NEPAD, sin
embargo, exige a los gobiernos que den mayor poder a las mujeres.
Los niños, "la parte sufriente de la población" (Homilía del Santo
Padre, 04/10/09), son descritos como maltratados (niños soldado,
trabajo infantil, tráfico…) y se les deniega su derecho a la
educación. En todas partes, sin embargo, son los beneficiarios de
vigorosos programas de informatización de las escuelas.
La juventud viene mencionada entre los problemas de África a causa
de su exposición al abuso de drogas, infección por VIH SIDA,
embarazos adolescentes, emigración, tráfico humano y viajes que los
reducen a una condición servil. Estas congojas apuntan también a las
pobres políticas de educación y programas de empleo de los
Gobiernos, y a su pobre relación con la Iglesia, debida a su vez a
la pobre calidad de la formación continua y a su distanciamiento de
la Iglesia. La Hewlett Foundation, sin embargo, está estableciendo
centros de competencias especiales en las ciudades africanas para
frenar las migraciones y las "fugas de cerebros" ya mencionadas.
El argumento de la emigración merece una mención especial, sobre
todo en relación a las emergentes legislaciones en los países
occidentales, que parecen diseñadas para mantener alejados a los
africanos. La Asamblea está igualmente invitada a considerar el tema
de la etnicidad. Cuando se desarrollan acuerdos exclusivistas, se
destruye la vida en comunidad, volviéndose ésta intolerante hacia
las otras culturas y grupos étnicos, como una suerte de racismo.
La Esfera Socio-política:
Aparte de la sola mención de la estabilidad política en Senegal, el
Gobierno democrático de Sudáfrica y el creciente éxito de Ghana con
su Gobierno democrático, muchas de las referencias a las políticas y
Gobiernos en el Continente han sido muy críticas por varias razones,
y han propuesto que las Iglesias locales establezcan capellanías y
acompañen a los políticos con una formación en las Enseñanzas de la
Doctrina Social de la Iglesia. La gran necesidad es tener gobiernos
y políticos que ejerzan un "liderazgo de servicio" en un
transparente y responsable ejercicio del poder, el respeto por los
Derechos Humanos y la administración de la riqueza nacional para el
bienestar público.
Pero también aquí el NEPAD, suscrito por todos los Estados Miembros
de la Unión Africana, exige que haya un respeto por los Gobiernos
democráticos, intolerancia frente a los golpes de Estado y el
establecimiento de un Mecanismo de Revisión Paritaria, para examinar
el rendimiento de los Gobiernos.
La Esfera Socio-Económica:
"Pobre" y "pobreza" han sido dos expresiones recurrentes que los
Padres Sinodales han usado generalmente refiriéndose a sus países,
Gobiernos, gentes e Iglesias. La pobreza de la gente ha justificado,
en numerosas intervenciones, el emprendimiento por parte de la
Iglesia de proyectos de desarrollo. Ha inspirado iniciativas de
autogestión (bancos, inmobiliarias, compañías de seguros), y ha sido
la ocasión de compartir generosamente experiencias en la materia.
Pero ha sido también la razón para los Padres Sinodales de solicitar
apoyo.
En los niveles nacional y gubernamental, la Asamblea ha criticado la
incidencia de la corrupción y los sobornos, y la negociación de
contratos con inversores, concretamente de las industrias de
extracción, que no han aportado beneficio a la gente, sino que han
causado conflictos y degradación ambiental.
La industrialización es baja en la mayor parte de países africanos,
cuyas economías son agrícolas y productoras de materia prima. Las
condiciones de los acuerdos establecidas por la World Trade
Organization y los países occidentales significan vida o muerte para
muchas economías africanas.
Las economías productoras de materias primas tienen pocos ingresos,
por lo que necesitan la asistencia de Gobiernos extranjeros, el
Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para financiar sus
presupuestos y llevar a cabo proyectos de desarrollo. Ésta es la
causa común ("les origins calamiteuses", como se dijo en un Sínodo)
de la carga de la deuda, que ha sido mencionada en esta Asamblea.
Aquí también podemos observar que uno de los objetivos primarios del
NEPAD, como un estratégico entorno de trabajo para el desarrollo
económico, es erradicar la pobreza, situar a los países africanos en
el camino del crecimiento y el desarrollo sostenibles, eliminar la
marginalización de África del proceso de globalización. Ciertamente,
África no está aún fuera del bosque. Las sombras están todavía ahí,
pero se han obtenido algunos triunfos moderados. "Mientras que la
situación en el Continente, sus Islas y su Iglesia sigue arrastrando
las luces y sombras que ocasionaron el Primer Sínodo, ésta ha
cambiado considerablemente"[4] Así, no quedándose en las sombras, la
esperanza de África, como declaró el Primer Sínodo, no se ha visto
defraudada, porque "la esperanza no quedará defraudada" (Rm 5,5). En
efecto, "solamente en esperanza estamos salvados" (Rm 8,24), porque
conocemos a Aquél en quien hemos creído (cf. 2 Tim 1,12). Es nuestra
fe en el Señor resucitado la que nos da esperanza.
De acuerdo con esto, la Iglesia debe ver las presentes y
persistentes sombras en África como desafíos y oportunidades para
crecer en intimidad con el Señor. Los desafíos de los que se trata y
otros muchos mencionados en la Asamblea (medioambiente, tráfico de
armas, etc…) nos invitan a una verdadera conversión de los
corazones: "los dolidos corazones humanos, último refugio de las
causas de todo lo desestabilizador en el Continente africano" [5],
de modo que debemos ser agentes efectivos del Espíritu Santo y
siervos de la reconciliación, la justicia y la paz.
EL FORTALECIMIENTO DE LA FE EN CRISTO
A la Asamblea se le recordó una vez que "Un Sínodo de Obispos no
puede ser entendido como una sesión especial para África de las
Naciones Unidas con sus declaraciones públicas". Éste es un poderoso
recordatorio para la Asamblea Sinodal de su condición de
congregación de la Iglesia y de Asamblea de fe que, con el poder del
Espíritu Santo, profesa su fe en Dios y en Cristo, Su Hijo, y que se
ha reunido para discernir la voluntad de Dios y la dirección que
quiere para su Familia en África. Ello va seguido de otra invitación
de la Asamblea a vernos a nosotros mismos como "hijos de Dios en
Cristo" (confiliación) con toda la humanidad.
La Primera Asamblea Especial, como debe recordarse, encarga a la
Iglesia en África la inculturación, la comprensión de sí misma como
"Familia de Dios". Como Iglesia, en todo caso, esta identidad es
realizable sólo en Dios, que es comunión (familia), y a través de
Jesús, que lo revela en la proclamación del Evangelio. Como el
"primogénito de muchos hermanos", Jesús, Hijo de Dios, es quien
comparte su filiación con nosotros, constituyéndonos a todos como
hijos (en Él) e introduciéndonos en la vida de la Trinidad, como
Familia de Dios.
La referencia a la Iglesia como Familia de Dios, es, no obstante, no
sólo la mera aplicación de una referencia antropológica, sino una
expresión de la verdad de la Iglesia y de su identidad, compartiendo
la vida de Dios Uno y Trino a través de Jesucristo. La misión de
Cristo, que se convierte en vida y ministerio de la Iglesia deriva,
sin embargo, de la vida de Dios Uno y Trino, y cuando esta vida es
reconciliación, justicia y paz, entonces debe ser vista como
procedente de Dios. Pertenece al Reino de Dios; y es vivida mediante
la fe en Cristo, a través del cual nos convertimos en hijos (e
hijas) del Reino.
Así, los Padres Sinodales han afirmado en varias de sus
intervenciones la centralidad de Cristo en el Tema del Sínodo y la
necesidad de aproximarse a él y vivirlo desde dicha centralidad. El
Instrumentum Laboris comienza la discusión del tema sinodal con un
capítulo sobre "La Reflexión Teológica del Tema del Sínodo" (pág.
15-19), y continúa con una sección sobre "Obtener Fuerza de la Fe en
Cristo" (75-86).
La presentación del tema del Sínodo en la "Relatio ante
disceptationem" también fue fuertemente centrada tanto en Dios como
en Cristo. En sus presentaciones, los Padres Sinodales y otros
participantes han hecho varios llamados a una consideración
Cristológica, Eucarística, Pneumatológica e incluso Escatológica de
dicho tema.
Los agentes del mismo, de acuerdo con la Asamblea, tienen que ser
evangelizados, convertidos, formados en la fe y testimonios
vivientes de una vida como discípulos de Cristo (como Charles de
Fouchauld); para ello, nuestra común filiación en Cristo será la
base de nuestra justicia y nuestra reconciliación.
De este modo toda forma de experiencia y práctica del tema Sinodal
(reconciliación, justicia y paz), necesita ser "evangelizada" por el
Evangelio.
CRISTO, NUESTRA RECONCILIACIÓN
Se ha observado en esta Asamblea (Relatio ante disceptationem) que
"en una Iglesia que es Familia en comunión, la reconciliación se
convierte, no en un estado o un acto, sino en un proceso dinámico,
una tarea que debe emprenderse cada día, una meta por la que
esforzarse, un infinito restablecimiento, a través del amor y la
misericordia, de las amistades rotas, los lazos fraternos, la
confianza en el otro y en uno mismo". Lo más importante, que es
exigido por nuestra propia naturaleza e identidad: que estamos con
Dios y ante Dios en Cristo. Es nuestra relación en Cristo con Dios y
con los demás lo que reclama la reconciliación; y su propósito es
reparar y restaurar la comunión que el pacto con Dios y nuestra
filiación en Cristo establecen, pero que el pecado amenaza y
destruye.
Es en Cristo, sin embargo, como entramos en comunión con Dios; y es
en Él donde obtenemos nuestra reconciliación con Dios; más aún, Él
es nuestra reconciliación, y es a través de Él y en Él que damos y
recibimos reconciliación. Así, en las palabras de S. Pablo
1. "Si uno está en Cristo, es creado de nuevo". La relación y la
comunión que se establecen entre el hombre y Dios, en razón de la
creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, es sustituida por
la redención y la filiación. La relación entre Dios y el hombre
pertenece ahora al ámbito de la Gracia (inmerecida obra de Dios): La
Redención en Cristo. "Hemos sido salvados por Su Gracia, mediante la
fe" (Ef 2,8).
2. Dios a través de Cristo nos ha reconciliado con Él no contando
nuestras transgresiones hacia Él. La Reconciliación es un acto de
inmerecido perdón, un ejercicio de amor misericordioso.
3. Dios nos ha confiado su mensaje de reconciliación a nosotros, es
decir, a aquéllos que han hecho la experiencia de la reconciliación
con Dios "En tu luz, oh Señor, vemos la luz". Es en la experiencia
de la reconciliación de Dios que podemos convertirnos en ministros
de la reconciliación, sintiendo la urgencia de reparar las
relaciones y los lazos que están fuera de la misericordia y el amor.
Los Padres Sinodales han escuchado los testimonios de la arriba
mencionada urgencia de reconciliación de los enemigos, y observado
en ellos un ejercicio de verdadero y misericordioso amor. La
liturgia y el sacramento de la Penitencia ofrecen momentos
privilegiados para su celebración.
Los Padres Sinodales han contado también numerosos métodos
tradicionales de reconciliación, sorprendidos de que algunos
elementos de dichas celebraciones tradicionales no puedan enriquecer
las formas de celebración de los sacramentos en la Iglesia.
Haciéndolo, no habría confusión sobre la eficacia de la celebración;
porque, como se ha dicho en la Asamblea, "la buena nueva de la
preciosa sangre de Cristo, dada para la redención del mundo,
transforma el cáliz de los sufrimientos de las muchas víctimas de
las matanzas en el Continente". ¡Ello exige una espiritualidad, no
una estrategia!
CRISTO, NUESTRA JUSTICIA
La Reconciliación, como se ha observado también en la Asamblea, es
la restauración de la justicia y de las justas exigencias de las
relaciones (Rel. ante discept.). Pablo la describe también como el
fruto de nuestra reconciliación con Dios a través de Cristo, para
convertirnos en Justicia de Dios (2Co 5,21).
En el presente estado de pecado humano y de corazones afligidos, de
todos modos, el Antiguo Testamento presenta un fuerte punto de vista
según el cual la justicia no puede venir de la humanidad por sus
propias fuerzas. Sólo puede venir como regalo de Dios. Y el Nuevo
Testamento desarrolla esta perspectiva más completamente, haciendo
de la Justicia la suprema revelación de la Gracia salvífica de Dios.
Una vez más, se ha observado en la Asamblea que el sentido de la
Justicia del Reino no es el de justicia retributiva, a pesar de que
éste es a veces el significado de su atribución a Dios (Ap 15,4;
19,2.11; 16,5-6; Hb 6,10; 2Ts 1,6), y muchas intervenciones en la
Asamblea han reflejado este mismo significado. Tampoco debe tener el
sentido de "conformidad con una norma o conjunto de normas". Al
menos, éste no es su sentido primario y nunca puede ser aplicado a
Dios. De nuevo, algunas intervenciones han reflejado dicho sentido.
La Justicia (rectitud) de Dios y de Su Reino es una Revelación que
está destinada a ser la rectitud para el ser humano. Es la
Revelación de la Justicia / Rectitud de Dios la que justifica,
haciendo al pecador de nuevo justo y digno de la comunión y de la
relación de alianza con Dios[6]. Es la Revelación de Cristo que
"murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores" (Rm 5,9), donde
se prueba el Amor de Dios por nosotros. Es, por tanto, la Revelación
de Cristo, nuestra Justicia y Rectitud. La justicia del hombre, en
este caso, consiste en la confesión de sus pecados, la admisión de
su falta y la aceptación en la fe de la oferta de comunión de Dios,
es decir, la Salvación en Cristo.
En Jesús y en su ministerio, se ve la obra de la Gracia
justificadora de Dios, que pasa por alto las justas exigencias del
pacto y reinstala a la humanidad en la misericordia[7] y el amor en
una relación de alianza. Se ve, además la constitución de una nueva
comunidad de alianza, la Iglesia, dotada del Espíritu Santo y capaz,
gracias a él, de responder a la rectitud de Dios en la fe, mediante
la confesión de los pecados.
La justicia de la Diakonía cristiana y la justicia para nuestros
cristianos que viven en la Iglesia en África, es la justicia del
Reino, y su principal característica es que se ejerce en el amor y
la misericordia[8].
Es éste el sentido de Justicia que los Padres Sinodales sugieren que
sea cultivado primero en la familia, como una virtud familiar antes
de convertirse en una social. Lo que se debe a una persona en razón
de su dignidad y su vocación a la comunión con las personas[9], es
conservado y mantenido en la misericordia y el amor. La Comisión de
Reconciliación y Verdad de Sudáfrica, la Comisión Nacional para la
Reconciliación de Ghana, y otras (Nigeria, Sierra Leona, Togo…), que
han sido mencionadas por los Padres Sinodales, apuntan primariamente
a este sentido de justicia. La compensación no es su propósito
principal, sino que se busca la salvación a través de la admisión de
la culpa y el perdón.
CRISTO, NUESTRA PAZ
Paz es un término cuya definición (como "educación", como
"desarrollo", y como "justicia") ha sido popularmente citado por los
Padres Sinodales. Reconociendo que tanto el respeto por la vida
humana como su desarrollo son exigidos por ella[10], y que es la
"condición necesaria para el verdadero progreso del hombre y de la
sociedad"[11]. Los Padres Sinodales y otros participantes
apasionadamente llamados al cultivo de una "cultura de paz" en las
Iglesias, hogares, comunidades y naciones. Se hizo una mención
especial a algunas estructuras institucionales para la paz en las
naciones, como el "National Peace Council" de Ghana o la "Peace and
Reconciliation Commission", en Liberia y Togo, y su gran difusión.
En cuanto a mujeres y niños, que son víctimas fáciles de la
violencia doméstica y la privación de la paz debidas a los
conflictos, los participantes en el Sínodo han visto material para
organizar grupos que aboguen por la paz en todo el Continente y sus
Islas. Y donde la ausencia de Paz se debe a costumbres y prácticas
opresivas tradicionales, la Asamblea está llamada a establecer
centros de Estudios Culturales, para su revisión y reforma.
Pero la Paz, que emerge del Sínodo como la más querida condición de
la vida y actividad humana en el Continente y sus Islas, está,
irónicamente, en manos del hombre y su mundo. ¡El Instrumentum
Laboris, sin embargo, pregunta a la Asamblea Sinodal acerca de la
paz que busca! (46).
Su punto de vista es que "la paz que el mundo da es frágil e
insegura"; porque la paz no es, primariamente, fruto de las
estructuras y no tiene lugar fuera de las personas. La Paz nace
dentro, en el interior de los individuos, y dentro de las
comunidades que éstos construyen.
La paz, entonces, parece ser el fruto de una "disposición
espiritual" de la persona, y prospera allí donde hay justicia y
reconciliación, siendo también, por tanto, fruto del amor.
Cuando Tomás de Aquino afirmó que la paz y la armonía vienen
preservadas por la justicia, sostuvo también que para preservar la
paz y la justicia hacia los hombres, las prescripciones de la
justicia no eran suficientes. Es fundamental que haya amor entre
ellos [12]. De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica,
extraído de las Escrituras y de la rica tradición de la Iglesia,
aprendemos que "la paz es la obra de la justicia y el efecto de la
caridad"[13] y es en este sentido que Cristo se identifica en las
Escrituras con Nuestra Paz.
La Paz en Cristo no tiene sólo el sentido secular de ausencia de
conflicto (Gn 34,21; Jos 9,15; 10,1.4; Lc 14,32), la presencia de
armonía en el hogar y dentro de la familia (Is 38,17; Sal 37,11; 1Co
7,15; Mt 10,34; Lc 12,51), seguridad y prosperidad individual y
comunal (nacional) (Jue 18,6; 2Re 20,19; Is 32,18). La "paz" no es
sólo cuando los seres humanos y sus sociedades cumplen con sus
respectivos deberes y reconocen los derechos de otras personas y
sociedades[14] y no es sólo uno de los resultados de trabajar por la
justicia[15]. La paz es, esencialmente trascendente al mundo y a los
esfuerzos humanos[16]. Es un todo determinado por Dios y conferido a
los hombres y mujeres justos. Es un regalo de Dios (Is 45,7; Nm
6,26) para el "justo/recto": para "los hombres amados por él" (Lc
2,14).
Es a los justos portadores de la justicia de Cristo en la Tierra a
través de los que Pablo nos exhorta a perseguir la paz (Rm 14,19; Ef
4,3; Hb 12,14) y a ser paz con los otros (Rm 12,18; 2Co 13,11). Pero
también como justos portadores de la paz de Cristo en la Tierra,
tenemos que recordar, como hicimos con la justicia, que la paz es
una actividad que va más allá de la estricta justicia y que requiere
amor[17]. Deriva de la comunión con Dios y apunta al bienestar del
hombre (humanidad).
El Primer Sínodo invitó a la Iglesia en África y sus Islas a vivir
en la comunión de la Iglesia Familia de Dios. Este Segundo Sínodo
invita ahora a la Iglesia Familia de Dios, en todos los detalles de
su composición, a hacer experiencia de esas virtudes que establecen
nuestra comunión con Dios y nuestro testimonio y nuestra vida de los
mismos (reconciliación, justicia y paz) en el amor y la misericordia
en el Continente. Lo que sigue es la presentación de algunos
componentes de la Iglesia Familia de Dios, como siervos de la
reconciliación, la justicia y la paz, tal como los Padres Sinodales
los prevén; y las implicaciones de su ministerio son las que se
establecen en el simbolismo de la sal y la luz: sal de la tierra y
luz del mundo.
DISCÍPULOS, SERVIDORES DE LA RECONCILIACIÓN, LA JUSTICIA Y LA PAZ
Iluminada y transformada por el misterio pascual de Cristo y llena
del Espíritu Santo, la comunidad de los discípulos ha sido enviada
con la misión de anunciar en todas partes y a todos, todo lo que han
contemplado, escuchado o tocado del Verbo de vida (Jn 1,1). Esta
misión consiste en hacer a Cristo visible en toda circunstancia y en
todo lugar donde el Espíritu los lleve (Hch 13,2). Tienen conciencia
de ser una comunidad en la que se comparten los bienes espirituales
y materiales sin discriminación étnica o cultural.
Llevados por el "Espíritu del Señor" el diácono Felipe convirtió a
un funcionario Etíope quien se convertiría a su vez en misionero
entre los suyos (Hch 8,26-39). Lo que confirma a África como patria
de Cristo, que está presente en ella sin interrupción desde la
comunidad eclesial que allí nació y cuyo Patriarca han escuchado los
Padres Sinodales. Desde su predicación, la Iglesia Familia de Dios
está orgullos a de sus raíces apostólicas y siente orgullo por sus
antepasados en la fe, estando llamada a tomar de sus ejemplos el
valor para continuar anunciando el Evangelio de la reconciliación,
la justicia y la paz.
La Iglesia funda su acción en la contemplación del Maestro, Cristo,
" camino, verdad y vida " (Jn 14,6), que " no vino para ser servido,
sino para servir dar su vida en rescate por una multitud" (Mc
10,45). Al rebajarse, nos elevó y nos introdujo en la familia de
Dios, en una humanidad renovada, reconciliada y animada por su
Espíritu (Fil 2,6-11).
Para asegurar su misión de reconciliación, de justicia y de paz, La
Iglesia Familia de Dios en África debe tomar conciencia de su
identidad, pensar su modo de ser y de actuar, preocupándose por la
verdad y la fidelidad, en ésta su misión: tiene que reconciliarse
consigo misma y modelarse conforme al Cristo Servidor. La comunión
entre los pastores, su testimonio de vida, sus relaciones con los
colaboradores y el agotamiento de sus empleados son otros tantos
ámbitos por explorar.
Los Padres Sinodales se han tomado su tiempo para escuchar y darse
cuenta de los diferentes aspectos de esta misión y de los diferentes
agentes implicados en ella: personas singulares, la familia, los
niños, los jóvenes, las comunidades eclesiales vivientes, los
laicos, los religiosos y religiosas, el clero...
Además de los sectores sociales propuestos y enumerados en el
Instrumentum Laboris, que deben ser sometidos a un atento examen,
(la familia, la dignidad de la mujer, la misión profética, las
comunicaciones y las nuevas tecnologías de la información y la
comunicación, la autosuficiencia...), ha aparecido a lo largo de las
intervenciones de los Padres Sinodales un sector nuevo: el socio
religioso.
LA FAMILIA
Los Padres Sinodales han percibido como primera tarea de la Iglesia
Familia de Dios en África, la rehabilitación de la familia africana
en su dignidad y su vocación, puesto que se ve amenazada por
ideologías peligrosas (enfoque de géneros). La gran estima por la
institución familiar es notable en todas las culturas africanas y es
no sin razón por lo que la Iglesia en África se define como "
Iglesia Familia de Dios ", terminología consagrada por el precedente
Sínodo pero que se sigue enriqueciendo y dando a la Familia una base
antropológica cristiana sólida, susceptible de manifestar mejor su
identidad y abrirla a la dimensión de la Iglesia Universal. Los
Padres Sinodales han denunciado vigorosamente que las ideologías y
los programas internacionales que se imponen a nuestros países, se
basan en razones falaces o condicionan la ayuda para el desarrollo.
Son nocivas para la familia. Hay que formar a personas competentes,
capaces de informar convenientemente a las asociaciones de familias
católicas y a otros movimientos laicos que trabajan por el bien de
la familia, y llevarlas a debates públicos (conferencias, programas
de radio...). Introducir en los seminarios, noviciados y otras casas
de formación, análisis socio pastorales contextuados para descubrir,
criticar y prevenir todo riesgo y amenaza que pueda pesar sobre la
institución familiar.
En fin, hay una urgencia de redefinir la familia como Iglesia
Doméstica, y primer lugar de educación en el amor, la
reconciliación, la justicia y la paz. Las familias cristianas serán
entonces la base estable de las comunidades eclesiales vivientes,
que serán a su vez comunidades familia, verdaderas escuelas de
evangelización. La pastoral familiar debe integrar estos elementos.
DIGNIDAD DE LA MUJER Y SU FUNCIÓN AL SERVICIO DE LA RECONCILIACIÓN,
LA JUSTICIA Y LA PAZ
La mujer está al servicio de la vida y de la humanización de los
otros miembros de la familia. Pero ella permanece frustrada en su
crecimiento por la cultura tradicional (mutilaciones genitales) y
burlada en su dignidad por la modernidad (pornografía, prostitución,
violaciones y toda suerte de humillaciones en la sociedad).
Los Padres Sinodales han escuchado los gritos de mujeres,
transmitidos por algunos de ellos... La Iglesia Familia de Dios es
interpelada por las grandes injusticias cometidas hacia ellas.
Tienen necesidad de ser reconocidas en la sociedad, tanto como en la
Iglesia, en tanto que miembros activos comprometidos en la vida
eclesial. Su contribución al desarrollo y la salvaguarda de la
familia humana, incluso en tiempos de conflictos, debe ser
reconocida y apreciada en su justo valor.
Como madres, aseguran la primera educación al niño: el amor y la
sociabilidad. Como esposas, son las confidentes de sus maridos. Los
padres Sinodales están llamados a transformar sus miradas y
pensamientos sobre la mujer y tener la audacia de reconocer que su
potencial, ya demostrado en la gestión de la vida familiar, podría
hacer mucho más por la Iglesia.
En consecuencia, una Evangelización que profundice en la cultura
tradicional, las liberará de ciertas conductas y costumbres
contrarias al Evangelio y todavía en práctica en muchas sociedades
(poligamia, violencia doméstica, discriminación en la herencia,
matrimonios forzados... primeras víctimas del VIH SIDA...).
Su florecimiento (amor, respeto y reconocimiento de sus derechos)
hará su contribución más efectiva y más eficaz, concretamente en el
nacimiento y mantenimiento de una cultura de paz. Ellas tienen una
disposición natural a la misma, por su temperamento y sus dones de
paciencia, capacidad de acogida y de escucha, y educación.
El SECTOR SOCIO RELIGIOSO
El miedo y las incertidumbres caracterizan la vida de fe en muchas
poblaciones africanas (desconfianza, sospecha, auto defensa,
agresión, charlatanismo, adivinación, ocultismo, sincretismo...). Un
análisis continuo muestra que es el deseo insaciable de poseer
egoístamente lo que está en la raíz de los grandes dramas que han
conocido ciertas regiones de África. Por otra parte, las sectas
ejercen un poderoso atractivo sobre los fieles católicos atrapados
por los problemas sociales y deseosos de soluciones rápidas a sus
problemas físicos o psíquicos. Las sectas abusan de las debilidades
o de la ignorancia de los fieles. Algunos grupos atacan a la Iglesia
por las prácticas ocultistas.
Los Padres Sinodales han sido invitados por algunos de los oradores
a revisar la catequesis fundamental para dar a los fieles los
elementos esenciales de la fe cristiana para permitirles conducir
una vida de fe en coherencia con los acontecimientos de la vida
cotidiana. Una espiritualidad equilibrante puede ayudar a los
cristianos a resistir a la presión de las sectas.
En el Ámbito de las graves injusticias sufridas (conflictos armados,
violencia...) los Padres Sinodales han escuchado los testimonios
emotivos de las personas que han hecho la experiencia del perdón; De
ello resulta que justicia, Perdón y Verdad son inseparables. Lo que
ha sido quebrado no se puede reconstruir más que si el mal se
reconoce y se confiesa. El perdón solicitado y acordado después de
la confesión libera a la víctima y al verdugo y establece una nueva
relación, más fuerte. Esta fuerza de amar y perdonar es un don de
Dios (Cf. El testimonio escuchado en el aula).
Los fieles aprenderán a fundar sus relaciones y sus conductas sobre:
-La seguridad que da Cristo de Su Presencia permanente en su seno: "
Y yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).
-La vida en abundancia que sólo Él puede dar, sacrificando la suya
(Jn 17,2-3).
-La paz que sólo Él puede dar, ya no a la manera del mundo (Jn
14,27).
-Su justicia, que traspasa las justicias humanas (Mt 5,28).
Los sacramentos, y en particular la Eucaristía y la reconciliación,
constituyen la fuente inagotable de fuerza para construir la Iglesia
Familia de Dios. Dios es la fuente única de la vida, " Primogénito
de toda la creación, él los ha reconciliado en el cuerpo carnal de
su Hijo, entregándolo a la muerte " (Col 1,15 y ss.). Nosotros
estamos unidos por un lazo de sangre con Cristo, que nos introdujo
en la gran fraternidad de la que él es el primogénito.
Es crucial convencer a los fieles de Cristo de que los lazos
fraternos establecidos por Cristo mediante el agua del bautismo y
mediante su sangre, son más fuertes que los lazos de sangre
biológicos. Es el primogénito de una multitud de hermanos, que
establece así una confiliación que restaura la dignidad del hombre
africano, lo reconcilia consigo mismo y con los otros, lo cura
personalmente, socialmente, culturalmente, políticamente y
económicamente.
En consecuencia, la dignidad y el carácter sacro de cada persona
debe ser respetado y reconocido, sea quien sea y sea cual sea la
situación en que la persona se encuentre. Ello exige: solidaridad,
compartir, respetar al otro, hospitalidad, acercamiento y
reconciliación mediante la justicia restaurativa...
La Eucaristía como fuente y cumbre de la vida cristiana, debería ser
el lugar de la mejor expresión de la reconciliación y de la paz (Cf.
Oración eucarística nº 3). El mismo cuerpo de Cristo nos alimenta y
la misma sangre corre por nuestras venas.
Una catequesis de profundización en los sacramentos puede ayudar a
los fieles a vivir la Eucaristía con más profundidad y más
aprovechamiento, puesto que en muchas comunidades la " misa " no
supone más que un paréntesis en el transcurso de la semana: La
Eucaristía aún no empapado la vida y la actuación cotidiana de
muchos fieles: como prueba, el intercambio de la paz, que pasa
desapercibido o es desnaturalizado. La Eucaristía es la ocasión de
mandar a cada participante con una particular misión de
reconciliación, de curación, de justicia y de paz para su entorno.
La doble dimensión personal y comunitaria de la celebración del
sacramento de la reconciliación debe ser fuertemente subrayada. La
celebración comunitaria de la reconciliación en algunos casos, es
muy recomendable para restablecer los lazos familiares y sociales,
rotos por las situaciones de violencia, conflictos y guerras. El
pecado tiene una dimensión social y la reconciliación debe implicar,
por tanto, a toda la comunidad.
LA MISIÓN PROFÉTICA DE LA IGLESIA FAMILIA DE DIOS EN ÁFRICA
La Iglesia Familia de Dios, por su naturaleza, por su doctrina
social coherente, su expansión geográfica y su preocupación por el
único bien del hombre, está mejor situada que cualquier otra
organización para hacer frente a los desafíos de la reconciliación,
la justicia y la paz en África.
Los Padres Sinodales han reconocido la necesidad de una presencia
activa de la Iglesia (a escala nacional, regional y continental) en
las instancias de decisión en las que se traten las cuestiones que
afectan el desarrollo humano (socioeconómico), el establecimiento de
buenas relaciones entre los grupos en conflicto (mediación) y el
restablecimiento de relaciones que puedan garantizar un futuro de
paz.
Para hablar de reconciliación, de justicia y de paz, y garantizar un
compromiso más sensible y más coordinado, es necesario que los
Obispos hablen con una misma voz en el seno de una misma Conferencia
Episcopal (nacional, regional o continental). Hay que crear una
sinergía entre todas las instituciones eclesiales (SECAM, COSMAM,
asociaciones y organizaciones laicas occidentales...) para abrazar
juntos los diferentes aspectos de la vida y de los compromisos de la
Iglesia al servicio de la reconciliación la justicia y la paz.
Instancias especializadas (Observadores) deberán ser creadas en caso
necesario para desarrollar acciones o seguir la evolución de ciertas
situaciones o cuestiones tales como la dependencia del exterior, la
sed de bienes materiales, el etnicismo... toda ellas causas
potenciales de conflictos. Todas las raíces de los conflictos en las
sociedades africanas deben ser afrontadas sin temor o complacencia,
y deben ser objeto de planes de acción pastoral continental o de las
directivas pastorales precisas.
Los Obispos africanos tienen igualmente gran interés en reforzar su
presencia en las organizaciones continentales (UA), en armonía con
la acción de la Santa Sede (diplomacia vaticana) a fin de estimular,
alentar y garantizar las iniciativas que tiendan a promover la
reconciliación, la justicia y la paz.
El desastre provocado por la pandemia del VIH SIDA no ha sido
perdido de vista por los Padres Sinodales, que animan a todos
aquéllos que despliegan sus esfuerzos para dar esperanza a las
personas infectadas y afectadas, para que puedan resistir a las
tentaciones de la desesperación. La misión de la Iglesia Familia de
Dios en África de hacer vivir a los fieles del Evangelio de Cristo
el compromiso en la lucha para reducir la estigmatización social de
las personas infectadas, así como para reemplazar la violencia por
el establecimiento de puentes de reconciliación, justicia y paz,
para interpelar a los poderes públicos, para hablar en nombre de los
que no tienen voz. Un llamado a una gran sinergía y solidaridad,
para que los enfermos en África reciban los mismos tratamientos que
los enfermos europeos.
En la lucha por la conservación de vidas humanas y para asegurar más
paz entre los hombres, muchas voces se han alzado para exigir el
cierre de las fábricas de armamento, que alimentan los conflictos en
África. Después de los conflictos por el espacio vital y por las
explotaciones mineras, es la guerra del agua la que se perfila en el
horizonte. Hay que prevenirla, manteniendonos vigilantes ante la
degradación del medio ambiente bajo los efectos del calentamiento
global.
Los Padres Sinodales reconocen que las causas de los conflictos
armados en África, no son más que efectos del tribalismo, pero la
intromisión de las multinacionales y su deseo de apropiarse en
exclusiva de los yacimientos estratégicos (petróleo, uranio,
coltan...) es lo que engendra los conflictos. Animan a la puesta en
marcha de marcos jurídicos internacionales para garantizar el
control de las multinacionales y las industrias extractivas
transnacionales.
LAICOS
Los conflictos en África nos remiten a la Historia reciente (peligro
de exacerbación de los nacionalismos y del concepto de raza que son
anti cristianos). Los cristianos son numerosos en la administración
pública, en la vida política y en las instancias de decisión
(Parlamentos). Pero a pesar de ello, las leyes contrarias a la moral
cristiana son aprobadas, concretamente en la esfera familiar. Hay
por tanto necesidad de formar a los políticos cristianos y
asegurarles una formación cristiana sólida (Biblia, teología moral,
doctrina social de la Iglesia, Historia de la Iglesia...) e
instrumentos jurídicos para defender los valores cristianos (la
Familia en particular), ya así contribuir positivamente en la
elaboración de textos legislativos respetuosos de la moral
cristiana. Los Padres Sinodales han reconocido que no basta formar
fieles laicos para el liderazgo político en nuestros países, sino
que es preciso también acompañarlos en sus compromisos... para hacer
de ellos agentes de cambio de toda la sociedad (buena gestión de las
familias y de las responsabilidades sociales y políticas).
Los movimientos de apostolado de los laicos pueden contribuir al
servicio de la reconciliación, la justicia y la paz. La Iglesia, a
través de sus instituciones especializadas, puede comprometerse
también con la sociedad civil y todas las ONGs serias, u otras
confesiones religiosas, para hacer frente común en la lucha por la
promoción integral de los Derechos Humanos.
LOS MEDIA
La cobertura de los conflictos africanos y su instrumentalización
por parte de los medios, constituyen un desafío para la Iglesia
Familia de Dios en África. Los Padres Sinodales han sido informados
de los esfuerzos de muchas diócesis por dotarse de radios
diocesanas. Éstas permiten promover el ideal de fraternidad y de
convivencia pacífica, de la reconciliación, la justicia y la paz
entre los pueblos. El empuje de los medios de comunicación puede
servir igualmente para la difusión de la buena nueva en un
Continente que permanece aún ampliamente en una cultura oral.
Una buena formación técnica y religiosa de los comunicadores
católicos (doctrina social de la Iglesia, en particular) es
prioritaria. Al mismo tiempo, es preciso formar a los propios
pastores y agentes pastorales en el lenguaje y el buen uso de los
medios. Los fieles laicos, en general, aprenderán a ejercer el
discernimiento y el espíritu crítico frente a las ideologías
vehiculadas por dichos medios.
Hay que prestar una atención particular a los jóvenes. Ellos son las
preimeras víctimas de los efectos devastadores de la globalización
sobre las costumbres y el sistema de valores. De ahí la necesidad de
una educación integral e integradora a todos los niveles (niños,
jóvenes y adultos) en la práctica de los valores sociales
indispensables para la convivialidad armoniosa: la promoción de la
vida humana, la unidad del género humano y la igual dignidad de las
personas, el respeto por el bien común y el derecho de todos a
disfrutarlo.
Esto comienza en la familia y continúa en los establecimientos y
escuelas católicas que son lugares de educación por excelencia en
los valores de la vida cristiana, concretamente, la cultura de la
tolerancia, la convivialidad, el servicio a los otros, la
reconciliación, la justicia y la paz.
EL CLERO
Una educación de los seminaristas que sea cuidadosa y armonice bien
la filosofía y la teología, permitirá responder juiciosamente a los
grandes interrogantes del mundo. Es necesario redactar una " ratio
nationalis institutionis sacerdotalis " para favorecer el
discernimiento, la formación espiritual y afectiva adaptada a las
circunstancias y a las personas. El discernimiento riguroso y una
formación espiritual y afectiva, adaptada a las situaciones que
harán de ellos personas sólidamente ancladas en sus culturas y
fieles a las enseñanzas de la Iglesia.
La preocupación por formadores competentes y bien formados debe ser
prioritaria. La implicación de la familia y de la comunidad
cristiana en un testimonio de fidelidad en la práctica de los
consejos evangélicos los ayudará a fundar su vida sobre la sola
pertenencia a Cristo.
LA VIDA CONSAGRADA
La vida consagrada está en rápido crecimiento en la Iglesia Familia
de Dios en África. Como en las vocaciones sacerdotales, se constatan
carencias en materia de discernimiento de los formadores. Los Padres
Sinodales están llamados a ayudar a la vida consagrada a mantenerse
en su misión profética, y apoyándola en la realización de su misión
Ad Gentes, alentarla a dar un testimonio de comunión. Han sido
informados de las prácticas de las jóvenes africanas enviadas a
Europa para formarse en la vida religiosa… A veces, esto termina
mal; algunas rehúsan entrar y acaban teniendo problemas
desagradables. Se espera una palabra por parte de los Padres
Sinodales sobre este asunto.
La COSMAM se convierte en una realidad acerca del Continente y
constituye una esturctura que enmarca la vida consagrada en África
en un entorno de diálogo con los Obispos del Continente (SECAM).
UNA SOLA IGLESIA FAMILIA DE DIOS CON MUCHOS ROSTROS
La Iglesia Familia de Dios, al norte o al sur del Sahara, tiene la
misma misión de servicio. Todavía no está en absoluto integrada en
la Iglesia Familia de Diso en África. Es una Iglesia " encrucijada
", pero que tiene la vocación de convertirse en una " Iglesia de
Pentecostés ", puesto que se vuelve una Iglesia multicultural,
gracias a la importante presencia de estudiantes subsaharianos.
Estos aprenden a vivir su fe en un contexto nuevo y hacen frente
valientemente a su futuro sin desanimarse, a pesar de ciertas
injusticias. Pese a su estado de minoría cristiana en un medio
musulmán. La Iglesia Familia de Dios en el Sahara mantiene una
relación de diálogo con el Islam y está comprometida en diversos
servicios de la sociedad: social, cultural y educativo.
Los Obispos Padres Sinodales salidos de sus Iglesias, han llamado a
sus homólogos al encuentro y el diálogo con las otras religiones,
sin complejos ni temores, para traspasar los miedos y el peso del
pasado (la relación entre el mundo árabe y el África negra) y
establecer relaciones de colaboración con los musulmanes de buena
voluntad, para reducir tensiones.
Desean:
Como minoría cristiana en un medio islámico, asociarse al Sínodo de
los Obispos de 2010 (Medio Oriente) ;
La organización de un coloquio continental de división e intercambio
de experiencias de la variedad de situaciones en las relaciones con
el Islam (de Túnez a Johannesburgo) ;
Hacer memoria : SANTOS, BIENAVENTURADOS Y MÁRTIRES de la Iglesia
familia de Dios en África. Además de los Santos y bienaventurados de
África que el Santo Padre no pierde ocasión de recordarnos, los
Padres Sinodales han evocado la memoria de Obispos, sacerdotes,
religiosos y religiosas, laicos y seminaristas que se han mantenido
en servicio, incluso llegando a dar su vida, como Cristo.
Otras muchas personas que conocemos han perecido trágicamente por su
servicio al bien común. Es necesario recordarlos también a ellos
junto a los " nuestros". Todos estos héroes del servicio y de la
reconciliación merecen ser presentados a los jóvenes como modelos.
Interpelar a la conciencia de la comunidad internacional sobre las
injusticias y las violencias que se cometen en África, e invitarlos
a una mayor solidaridad. Invitar a la comunidad internacional a
comprometerse en la reconstrucción de los países destruidos por la
guerra.
CONCLUSIÓN
"Sal" y "Luz" son las metáforas o imágenes con las que el Siervo de
Dios, el Papa Juan Pablo II, describió una vez la misión de los
fieles de Cristo, en la multiplicidad y diversidad de sus
identidades y funciones, en África y sus Islas. Dijo: "en la
sociedad plural de nuestros días, la misión de los católicos en la
vida pública puede ejercer una positiva influencia. Sean
profesionales o enseñantes, hombres de negocios o servidores
civiles, agentes de la ley o políticos, se espera de los católicos
que den testimonio de la bondad, la verdad, la justicia y el amor de
Dios en su vida diaria. La tarea de los fieles laicos es ser sal de
la tierra y luz del mundo, especialmente en los lugares en que sólo
los laicos están en condiciones de hacer presente la Iglesia"[18].
La referencia en el tema de este Sínodo a la invitación de Cristo a
sus discípulos, "sal de la tierra y luz del mundo", no sólo se
refiere al testimonio de la Iglesia Familia de Dios en África, como
discípulos de Jesús (Hch 1,8), sino que debe extenderse a todo el
Continente, sus Islas y al mundo entero. Apunta también a un método
para una evangelización y una misión apostólica creíbles, prescritas
por el Señor. "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo
único" (Jn 3,16); y la misión del Hijo de Dios encarnado en el mundo
fue descrita por Pablo como un "vaciamiento del Hijo de Dios para
llegar a hacerse hombre": "El cual, siendo de condición divina, no
retuvo ávidamente el ser igual a Dios" (Fil 2,6-7). Como tal, Jesús
llevó a cabo su misión en la Tierra llevando este vaciamiento a su
máxima expresión a través de su sufrimiento y muerte en la cruz, en
cumplimiento de las profecías del Siervo de Dios del Antiguo
Testamento (Is 52-53 y ss.).
Éste es el carácter de "siervo" que el tema del Sínodo evoca
llevando la reconciliación, la justicia y la paz al Continente y sus
Islas. "Siervos de la Reconciliación, la justicia y la Paz", como
tema del Sínodo, invita a la Iglesia Familia de Dios en África a una
vida pascual, siendo agentes de la reconciliación, la justicia y la
paz; y es lo que la metáfora de la sal y la luz sostienen. Es la
raíz de nuestro método de acción apostólica como Siervos de la
Reconciliación, la justicia y la Paz en el sacrificio que hacemos en
nuestras vidas y en Cristo. Porque lo mismo debemos pasar nosotros
que Jesucristo (Fil. 2,5).
En este Sínodo se ha expresado la idea de que la Iglesia Familia de
Dios en África debe transformarse desde dentro; y debe transformar
al Continete y sus Islas como sal y luz. Afronta una misión
apostólica que los pastores y otros trabajadores pastorales han
articulado de varias formas en esta Asamblea:
-Liberando al Continente y sus gentes de toda suerte de temores;
-Asegurando una conversión más profunda y permanente, y una sólida
formación a todos los niveles (fe, catequesis, moral, medios de
comunicación, cultura del amor, la paz la justicia, la
reconciliación… el buen gobierno, etc…);
-Dialogando en todos los ámbitos, incluido el medioambiental;
-Abogando por las funciones en varios aspectos y necesidades
sociales, especialemte, el puesto de las mujeres en la sociedad, la
educación de los niños y la juventud;
-La emigración y las varias formas de movimientos de población, que
requieren cuidados pastorales;
-La desafiante labor de cambiar actitudes y mentalidades,
liberándolas de los efectos de un pasado de colonialismo,
explotación, etc…;
-Situar al Continente y sus gentes de modo que puedan resistir el
huracán de la globalización y los desafíos de una ética global,
injustas condiciones de comercio, etnocentrismo, fundamentalismos,
etc…
El símbolo polivalente de la sal y la luz, expresa las muchas y
variadas formas de la existencia pascual, bajo la cual, la Iglesia
Familia de Dios en África debe ser sierva de la reconciliación, la
justicia y la paz (y ahora también de la verdad, que esta Asamblea
les ha asociado estrechamente); y que la luz del Evangelio nos
permita seguir adelante.
[1] El énfasis es mío. Cfr. Carte del Papa Juan Pablo II al
Arzobispo Nikola Eterovic con ocasión del Encuentro del Consejo
Especial para África del Sínodo de los Obispos, Vaticano, 23 de
Febrero de 2005.
[2] El 26 de Junio de 2006, en la Conferencia de Prensa en el
Vaticano, dirigida por el Cardenal Francis Arinze, el Consejo
especial para África de la Secretaría General del Sínodo de los
Obispos, publicó los Lineamenta de la Segunda Asamblea Especial para
África, y el 19 de Marzo de 2009, en Yaoundé, el Santo Padre
presentó el Instrumentum Laboris de la Segunda Asamblea Especial
para África.
[3] PRIMERA Asamblea Especial para África, Instrumentum Laboris,
1993, 1.
[4] SEGUNDA Asamblea Especial para África, Lineamenta, "Preface".
[5] JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Post-Sinodal,
Reconciliatio et Poenitentia, 2.
[6] El "malvado" (עשר) es el opuesto al justo. Destruye la comunión
y la Comunidad faltando al cumplimiento de las exigencias de las
relaciones de comunidad (The Interpreter's Dictionary of the Bible,
vol.4, 81).
[7] El Papa Juan Pablo II define la "misericordia" como "un especial
poder de amor, que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del
pueblo elegido" (Dives in Misericordia, 4.3).
[8] Así, el Papa Juan Pablo II enseñó que en las relaciones entre
individuos y grupos sociales, etc..., "la justicia no basta". Se
necesita para ello un "poder más profundo, que es el amor" (cf.
Dives in Misericordia, 12).
[9] Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 3, 63.
[10] El catecismo de la Iglesia Católica, 2304.
[11] BENEDICTO XVI, Homilía, Basílica de S. Pedro, Domingo 4/10/09.
[12]Sto. Tomàs de Aquino, Contra Gentes, 1, III, c. 128.
[13] Ibidem.
[14] JUAN XXIII, Pacem in Terris, 72.
[15] CONCILIO VATICANO II, Gaudium et Spes, 84.
[16] Aunque sea una tarea, algo por lo que trabajar, la paz es un
regalo de Dios, algo que nuestra paz terrena sólo anticipa
pálidamente.
[17] CONCILIO VATICANO II, Gaudium et Spes, 78.
[18] JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Post-Sinodal Ecclesia in
Africa, 108.
CUESTIONES
INTRODUCCIÓN:
1. ¿Cuál es la incidencia de este Sínodo en la Iglesia Familia de
Dios en África y en el resto del mundo católico? ¿Qué se puede y qué
es necesario hacer?
REUNIDOS DE NUEVO EN UNA ASAMBLEA ESPECIAL PARA ÁFRICA DEL SÍNODO DE
LOS OBISPOS
2. ¿Cuál es vuestra apreciación de este Sínodo como ejercicio de
comunión eclesial de la Iglesia Universal? ¿Hay espacio para la
mejora de este sentido del Sínodo?
OTRAS ESTRUCTURAS DE COMUNIÓN ECLESIAL
3. El Papa Juan Pablo II dijo: "…Para construir una sociedad
próspera y estable, África necesita que todos sus hijos unan sus
fuerzas…". ¿Cómo evaluáis las diversas formas del ministerio
colegial y colaborativo en la Iglesia Familia de Dios en África y
sus Islas?
LA CELEBRACIÓN DE LA SEGUNDA ASAMBLEA: ¿CONGOJAS O DESAFÍOS PARA
ÁFRICA?
4. El Papa Juan Pablo II dijo: "Los afligidos corazones humanos
(son) el último refugio de las causas de todo lo desestabilizador en
el Continente Africano". ¿Cuál es vuestra apreciación de esta
afirmación? ¿Podéis aportar ejemplos y evidencias?
5. El Instrumentum Laboris nº 66 dice: "Algunos piensan que la razón
más básica de la inestabilidad de las sociedades está ligada a la
alienación cultural y la discriminación racial, que han engendrado a
lo largo de la Historia de África, complejos de inferioridad,
fatalismo y miedos". ¿Cuál es vuestro punto de vista al respecto?
¿Cómo puede el Sínodo ayudaros a lidiar con ello?
6. ¿Estáis de acuerdo con la caracterización de los errores y
problemas que los Padres Sinodales han observado sobre África y sus
Islas como desafíos? ¿Cuán real encontráis la descripción de la
Primera Asamblea Especial para África como "Sínodo de la esperanza y
la resurrección"?
7. ¿Cuán cierto es que los Padres Sinodales tienden a generalizar,
amplificando los asuntos de la Iglesia local y nacional para
aplicarlos a la totalidad de África? ¿Qué situaciones específicas en
vuestra Iglesia local y vuestro país están en consonancia con el
tema del Sínodo o encuentran soluciones en él?
EL FORTALECIMIENTO DE LA FE EN CRISTO
8. ¿Hasta qué punto estáis de acuerdo con que el tema del Sínodo
sea, en primer lugar, un "programa de espiritualidad" y después una
actividad?
9. Muchas intervenciones en esta Asamblea han deplorado la calidad
del testimonio cristiano y el compromiso de la gente con su propia
fe (ante las sectas, brujería…) ¿Cómo evaluáis nuestros métodos
actuales para traer a la gente a la fe y a nuestra Iglesia? ¿Qué
habría que hacer para asegurar que la conversión sea profunda y
permanente?
CRISTO, NUESTRA RECONCILIACIÓN
10. ¿Qué aspectos positivos de las tradiciones y la cultura
africanas pueden ser útiles en la catequesis cristiana de la
reconciliación, la justicia y la paz? ¿Puede el sacramento de la
reconciliación ser significativo para nuestros fieles adoptando
dichos aspectos?
11. ¿Qué elementos de nuestra tradición y cultura constituyen
obstáculos para la comprensión cristiana y la celebración de la
reconciliación?
12. "Numerosos cristianos han dado testimonio, incluso hasta el
martirio, a favor del Evangelio de la fraternidad, generado por el
agua del bautismo". ¿Cuál es vuestra experiencia de la oposición
entre los lazos étnicos y los eclesiales en vuestras Iglesias
locales?
CRISTO, NUESTRA JUSTICIA
13. ¿Quién identificaríais como víctimas de la injusticia en el área
de vuestra Iglesia local y vuestro país? ¿Cómo podemos devolverles
la justicia? ¿Es posible establecer estructuras básicas de
cooperación con las otras religiones en la prevención y resolución
de conflictos y en la formación de una cultura de justicia y paz?14.
¿Qué pasos prácticos deberían darse para formar a nuestros fieles
laicos en el apostolado como líderes cristianos dentro de la
sociedad?
15. ¿En qué modo pueden las mujeres aplicar sus distintos talentos
en la prevención y resolución de conflictos, y la reconciliación
dentro de la Iglesia y de la entera sociedad?
CRISTO, NUESTRA PAZ
16. "En la verdad está la paz" (Papa Benedicto XVI). Esta enseñanza
del Santo Padre ha tenido sus ecos varias veces en la Asamblea, y se
relaciona con la justicia y el imperio de la ley. ¿Cómo enseñaríais
esto a los miembros de vuestra Iglesia local?
17. "¡Cristo es nuestra paz!" ¿Cómo podemos hacer real esta aserción
en nuestras vidas?
LA FAMILIA
18. ¿Qué plan estratégico debería ser puesto en marcha a nivel
continental para salvaguardar y proteger la familia africana? La
Iglesia familia de Dios, ¿Puede hacer alguna contribución a la
Iglesia Universal para que ayude a las otras Iglesias en las que el
proceso de degradación de la familia está más avanzado?
LA DIGNIDAD DE LAS MUJERES Y SU FUNCIÓN EN EL SERVICIO A LA
RECONCILIACIÓN, LA JUSTICIA Y LA PAZ
19. ¿Cómo podría ponerse en marcha un plan que devolviera la
dignidad a las mujeres africanas y fortaleciera sus capacidades, de
modo que pudieran comprometerse de manera consciente en la
construcción de la Iglesia familia de Dios en África? ¿Qué programas
concretos se deberían iniciar para hacer a las mujeres más
activamente participantes y agentes responsables en la guía de la
vida de la Iglesia?
EL SECTOR SOCIO RELIGIOSO
20. ¿Por qué los vínculos de sangre (alianzas humanas) se toman más
en cuenta que la Sangre de Cristo (alianza nueva y eterna)? ¿Cómo
desarrollar la espiritualidad de la Eucaristía en la vida cotidiana?
(¿Un Congreso Eucarístico Continental?)
21. ¿Cómo puede la reconciliación ser celebrada en la Eucaristía y
el sacramento de la penitencia de modo que conduzca a un genuino
restablecimiento de las relaciones y nos transforme en embajadores
de reconciliación?
LA MISIÓN PROFÉTICA DE LA IGLESIA FAMILIA DE DIOS EN ÁFRICA
22. ¿Cómo puede construirse, a partir de las experiencias positivas
de las Comisiones de justicia y Paz y otras iniciativas similares,
una pedagogía de la reconciliación que responda a los traumas de las
frecuentemente olvidadas comunidades y pueda asistirlas
responsablemente, para un arrepentimiento positivo de estas
acciones? Se ha propuesto un plan de acción pastoral por la
Conferencia Episcopal de Senegal, Guinea Bissau y Mauritania.
LA LAICIDAD
23. ¿Por qué los cristianos tienen tan poca influencia en la vida
política? ¿Tiene el Evangelio algo que decir a estos líderes
cristianos en sus actividades políticas?
LOS MEDIA
24. ¿Cómo se puede restablecer el poder positivo de la PALABRA como
instrumento de formación en la reconciliación, la justicia y la paz,
recibidas de aquélla, que han sido desfiguradas y devaluadas por los
abusos, las mentiras, el odio o la propaganda por parte de algunos
agentes mediáticos?
EL CLERO
25. ¿Cómo pueden nuestros pastores ser "líderes de servicio" en
nuestras Iglesias y Comunidades? ¿Cómo pueden, como agentes de la
evangelización, considerarse a sí mismos servidores de la
reconciliación, la justicia y la paz?
[00241-04.11] [RE000] [Texto original: inglés]
REGALO DEL SANTO
PADRE
La nueva “Liturgia de las Horas” para África es el don que el Santo
Padre, Benedicto XVI, ha querido ofrecer a los Padres sinodales y a
los participantes de lengua inglesa. El texto litúrgico se ha
presentado con ocasión de la II Asamblea Especial para África del
Sínodo de los Obispos y del Año Sacerdotal. Su preparación se inició
hace cuatro años, después de la petición de los Obispos de la
Asociación de los Miembros de las Conferencias Episcopales de África
Oriental (A.M.E.C.E.A.). La Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos ha apoyado el proyecto y ha pedido a
la Conferencia Episcopal de Kenia que apruebe los nuevos textos
litúrgicos y que los presente a la misma Congregación para la
“confirmatio”, que llegó en febrero de este año. La nueva edición
contiene varias novedades. Los Laudes y las Vísperas del domingo se
han enriquecido con las nuevas antífonas del “Benedictus” y del
“Magníficat”, para una profunda conexión entre la Celebración
Eucarística del domingo y la Liturgia de las Horas. Se han añadido,
además, las Festividades de los Santos que han entrado a formar
parte en los últimos años del Calendario General Romano (El
Santísimo Nombre de Jesús, Santa Josephine Bakhita, San Pío de
Pietralcina, etc.), y un Calendario Propio para Kenia. La edición
completa consta de cuatro volúmenes y sigue la estructura y el
estilo de la edición latina. Se ha preparado también una versión
reducida en dos volúmenes. La edición ha estado a cargo de las
“Paulines Publications África”.
[00278-04.04] [00000] [Texto original: italiano]
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