|
30 - 23.10.2009
RESUMEN
- MENSAJE AL
PUEBLO DE DIOS
MENSAJE AL PUEBLO DE DIOS
En la Décimo octava Congregación General de hoy, viernes 23 de
octubre de 2009, los Padres sinodales han aprobado el Nuntius
(Mensaje), como conclusión de la II Asamblea Especial para África
del Sínodo de los Obispos.
Publicamos a seguir la traducción en español del testo integral
(redactado en italiano, inglés, francés y portugués).
TEXTO NO DEFINITIVO
INTRODUCCIÓN
1. Ha sido un don especial de la gracia y, como su última voluntad y
testamento para África, que el Siervo de Dios, Papa Juan Pablo II
anunciara hacia el final de su vida, el 13 de noviembre de 2004, su
intención de convocar una Segunda Asamblea Especial para África del
Sínodo de los Obispos. Este mismo anuncio fue confirmado por su
sucesor, nuestro Santo Padre Papa Benedicto XVI, el 22 de junio de
2005, una de las primeras y grandes decisiones de su Pontificado.
Mientras estamos aquí reunidos para este Sínodo, provenientes de
todos los países de África, de Madagascar y de las Islas contiguas,
con los hermanos Obispos y colegas de todos los continentes,
juntamente con la Cabeza del Colegio Episcopal y bajo su guía, con
la participación de algunos delegados fraternos de otras tradiciones
cristianas, nosotros damos gracias a Dios por esta posibilidad
providencial de celebrar las bendiciones del Señor sobre nuestro
continente, para reflexionar sobre nuestro oficio de Pastores de la
grey de Dios y buscar nueva inspiración y aliento para las tareas y
desafíos que están ante nosotros. Ya han pasado quince años desde la
primera Asamblea en 1994. Las enseñanzas y directrices de la
Exhortación post - sinodal Ecclesia in Africa no han dejado de
representar una válida guía para nuestra actividad pastoral. En esta
segunda Asamblea, el Sínodo ha podido concentrarse en un tema de
máxima urgencia para África: nuestro servicio en favor de la
reconciliación, la justicia y la paz en un continente que tiene una
urgente y profunda necesidad de estas gracias y virtudes.
2. Hemos iniciado nuestro trabajo aquí, en Roma, con la celebración
de la Santa Eucaristía, como acto inaugural, presidida por Su
Santidad, Papa Benedicto XVI, e invocando al Espíritu Santo para que
“nos conduzca hacia la verdad completa” (Jn. 16,13). En esta
ocasión, el Papa nos recordó que el Sínodo no es en primer lugar una
sesión de estudio. Es, más bien, la iniciativa de Dios que nos llama
a escuchar: a escuchar a Dios, a escucharnos mutuamente y a escuchar
al mundo que nos rodea, en una atmósfera de oración y de reflexión.
3. Mientras estamos a punto de dispersarnos hacia los diversos
lugares de nuestra misión, con renovado compromiso y valentía,
dirigimos este mensaje a toda la Iglesia, Familia de Dios, y, de
forma especial, a la Iglesia en África: a nuestros hermanos Obispos,
en cuyo nombre estamos aquí; a los sacerdotes, diáconos y
religiosos, a todos los fieles laicos y a todos a quienes Dios
abrirá el corazón para escuchar nuestras palabras.
PARTE I
UNA MIRADA A ÁFRICA DE HOY.
4. Vivimos en un mundo lleno de contradicciones y en plena crisis.
La ciencia y la tecnología dan pasos gigantescos en todos los
aspectos de la vida, suministrando a la humanidad todo lo que es
necesario para hacer de nuestro planeta un lugar maravilloso para
todos nosotros. Sin embargo, las situaciones trágicas de los
refugiados, la pobreza extrema, las enfermedades y el hambre matan
todavía a miles de personas cada día.
5. En todo esto, África es la más afectada. África es rica en
recursos humanos y naturales, pero muchos en nuestro pueblo se
debaten en medio de la pobreza y la miseria, de guerras y
conflictos, entre crisis y caos. Muy raramente todo esto es causado
por desastres naturales. Se debe, más bien y en gran medida, a
decisiones y acciones humanas de personas que no tienen ninguna
consideración por el bien común, y esto, con frecuencia, debido a la
trágica complicidad y conspiración criminal entre responsables
locales e intereses extranjeros.
6. Pero África no debe desesperarse. Las bendiciones de Dios todavía
son abundantes y esperan ser aprovechadas, con prudencia y justicia,
en favor de sus hijos. Donde las condiciones son justas, sus hijos
han demostrado que pueden alcanzar, y de hecho han alcanzado, el más
alto grado de compromiso humano y competencia. Existen muchas
noticias positivas en diversas partes de África. Pero los medios de
comunicación moderna prefieren, con frecuencia, las malas noticias y
parecen concentrarse solamente en nuestras desgracias y defectos, y
no en los esfuerzos positivos que estamos realizando. Hay naciones
que han salido de largos años de guerra y caminan poco a poco por
senderos de paz y prosperidad. El buen gobierno está produciendo un
considerable impacto positivo en algunos países africanos,
estimulando así a otros países a reconsiderar las malas costumbres
del pasado y del presente. Abundan las señales de muchas iniciativas
que intentan dar una solución efectiva a nuestros problemas. Este
Sínodo, precisamente por la elección del tema, espera ser una de
estas iniciativas positivas. Invitamos a todos, indistintamente, a
colaborar para acoger los desafíos de la Reconciliación, de la
Justicia y de la Paz en África. Muchos están sufriendo y muriendo:
no se puede perder más tiempo.
PARTE II
A LA LUZ DE LA FE
7. Nuestro oficio de Obispos nos obliga a considerar cada cosa bajo
la luz de la fe. Poco después de la publicación de Ecclesia in
África (EIA), los Obispos de África, a través del Simposio de las
Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), publicaron
una carta pastoral que llevaba como título: “Cristo, nuestra paz”
(cfr. Documento Final de la Asamblea Plenaria del SECAM, celebrado
en Rocca di Papa, los días 1-8 de octubre de 2000, y publicado en
Accra en 2001) Durante esta Asamblea hemos recordado con frecuencia
que la iniciativa para toda reconciliación y paz proviene de Dios.
Como dice el Apóstol Pablo: “En Cristo, Dios ha reconciliado el
mundo”. Esto sucede por un don suyo gratuito de perdón sin
condiciones, “sin tener en cuenta las transgresiones de los
hombres”, para introducirlos en su paz (cfr. 2Co 5,17-20). Por lo
que se refiere a la justicia, también es obra de Dios, a través de
la gracia justificante, en Cristo.
8. En el mismo texto San Pablo continúa diciendo que Dios “pone en
nosotros la palabra de la reconciliación” y que “somos, por tanto,
embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de
nosotros”. Éste es el altísimo mandamiento que hemos recibido de
nuestro Dios, misericordioso y compasivo. La Iglesia en África, ya
sea como familia de Dios que como cada uno de sus fieles, tiene el
deber de ser instrumento de paz y reconciliación, según el corazón
de Cristo, que es nuestra paz y reconciliación. Y será capaz de
realizar esto en la medida en que ella misma esté reconciliada con
Dios. Sus estrategias para la reconciliación, la justicia y la paz
en la sociedad, deben ir más allá y más profundamente de cómo el
mundo trata estas cuestiones. Con San Pablo, el Sínodo invita a
todos los pueblos de África: “En nombre de Cristo, os suplicamos:
reconciliaos con Dios” (2Co. 5,20). Con otras palabras, invitamos a
todos a dejarse reconciliar con Dios. Esto abre el camino a la
verdadera reconciliación entre las personas. Y es esto lo que puede
quebrar el círculo vicioso de la ofensa, de la venganza y del
contraataque. En todo esto, la virtud del perdón es decisiva,
incluso antes de cualquier admisión de culpa. Quienes dicen que el
perdón no sirve, deberían probar a vengarse y ver qué sucede. El
verdadero perdón promueve la justicia del arrepentimiento y de la
reparación, que conducen a una paz que llega a las raíces del
conflicto y que transforman a quienes eran víctimas y enemigos, en
amigos, hermanos y hermanas.
Ya que es Dios quien hace posible esta reconciliación, en este
ministerio debemos conceder el espacio adecuado a la oración y a los
sacramentos, especialmente al Sacramento de la Penitencia.
PARTE III
A LA IGLESIA UNIVERSAL
9. Esto proyecta su luz de atención y solidaridad sobre el
continente africano. Agradecemos al Santo Padre su cercanía a
África, con sus esfuerzos y con la defensa que de ella realiza, con
todo el peso de su gran autoridad moral. Como sus predecesores,
siempre ha sido un verdadero amigo de África y de los africanos.
Confrontándonos con nuestros desafíos, hemos sido enriquecidos y
guiados por los tesoros y la sabiduría del magisterio de los Papas
sobre aspectos sociopolíticos. A este respecto, el Compendio de la
Doctrina Social de la Iglesia es un vademecum y un recurso que en
este mensaje recomendamos vivamente a todos los fieles laicos,
especialmente a los que tienen grandes responsabilidades en nuestras
comunidades.
10. La Santa Sede ha promovido muchas iniciativas que tienden al
desarrollo y al bienestar de África. Un caso específico es la
Fundación para el Sahel, para combatir la desertificación en estas
regiones. No podemos tampoco quitar valor a los grandes servicios
que prestan los representantes pontificios en nuestras Iglesias
locales. La Santa Sede tiene hoy Nuncios en 50 países africanos, de
un total de 53. Ésta es una fuerte indicación del compromiso de la
Santa Sede para el servicio al continente, y por la cual el Sínodo
expresa un profundo aprecio.
11. Nosotros, miembros de la Familia de Dios difundida por todo el
mundo, saludamos con afecto fraterno a toda la Iglesia, más allá de
las costas africanas. La presencia y la participación activa de
delegados de otros continentes en esta Asamblea, confirma nuestro
vínculo de colegialidad efectiva y afectiva. Damos las gracias a
todas las Iglesias locales que se han comprometido a prestar
servicios en África y para África, tanto en el ámbito espiritual
como material. En el campo de la reconciliación, de la justicia y de
la paz, la Iglesia en África continuará contando con el efectivo
patrocinio de los responsables de la Iglesia de los países ricos y
poderosos, cuyas políticas, acciones y omisiones contribuyen a
causar o agravar la difícil situación de África. Existe un vínculo
especial histórico entre Europa y África. A este respecto, la
relación que hoy existe entre los dos organismos episcopales a nivel
continental, El Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa
(CCEE) y el SECAM, se debe fortalecer y profundizar. Acogemos
también con alegría las emergentes relaciones fraternas entre la
Iglesia en África y la Iglesia en América.
12. Muchos hijos e hijas de África han abandonado sus casas para
buscar morada en otros continentes. Muchos de ellos están bien y
contribuyen válidamente al desarrollo de sus nuevos países de
residencia. Otros luchan por sobrevivir. Encomendamos a todos ellos
a la adecuada atención pastoral de la Iglesia, Familia de Dios, allí
donde se encuentren. “Era forastero, y me acogisteis” (Mt 25,35), no
es solamente una parábola sobre el fin del mundo, sino también un
deber que se ha de cumplir hoy. La Iglesia en África da gracias a
Dios por sus numerosos hijos e hijas que son misioneros en otros
continentes. En este santo intercambio de dones, es importante que
todas las partes implicadas continúen trabajando para construir una
relación cristiana transparente, correcta, digna. Durante los
trabajos del Sínodo, la Iglesia en África ha aceptado el desafío de
interesarse por las personas de origen africano en otros
continentes, especialmente en América.
13. A este punto, este Sínodo siente el deber de expresar su
profundo reconocimiento por los muchos misioneros, sacerdotes,
religiosos y fieles laicos que, procedentes de otros continentes,
han traído la fe a la mayor parte de los países de África, muchos de
los cuales todavía están trabajando con celo y entrega heroica.
Gracias, de formas especial, a los que han permanecido con sus
gentes también en tiempos de guerra y de graves crisis. Algunos han
pagado su fidelidad incluso con la propia vida.
PARTE IV
LA IGLESIA EN ÁFRICA
14. Recordamos, con orgullo, que el Cristianismo está presente en
África desde sus comienzos, en Egipto y Etiopía, e inmediatamente
después en otras partes del norte de África. Esta antigua Iglesia ha
enriquecido a la Iglesia universal con prestigiosas tradiciones,
teológicas y espirituales, con famosos santos y mártires, como el
Papa Juan Pablo II puso en evidencia tan elocuentemente (EIA, nº.
31). Las Iglesias de Egipto y de Etiopía, que han sobrevivido a
numerosas pruebas y persecuciones, merecen una alta consideración y
una colaboración más estrecha con las Iglesias, mucho más jóvenes,
del resto del continente. Dicha colaboración es especialmente
importante si consideramos los miles de emigrantes y de jóvenes
estudiantes del sur del Sahara que cursan sus estudios superiores en
el Magreb. Muchos de ellos son católicos y llevan consigo su apego a
la fe, cosa que reanima enormemente a la Iglesia local de
residencia. La Iglesia, formada en estos lugares y en otros sobre
todo por extranjeros, cuenta con la solidaridad de las Iglesias
hermanas de África para que manden sacerdotes Fidei Donum y otros
misioneros.
15. En todo el continente, la Iglesia seguirá caminando en
solidaridad con su pueblo. Las alegrías y las penas, las esperanzas
y las aspiraciones de nuestro pueblo son también las nuestras (cfr.
Vat. II, Gaudium et spes, 1). Estamos convencidos de que la primera
y específica contribución de la Iglesia a los pueblos de África es
la proclamación del Evangelio de Cristo. Nos comprometemos, pues, a
seguir proclamando vigorosamente el Evangelio a los pueblos de
África, porque “la vida en Cristo es el primer y principal factor de
desarrollo”, como dice el Papa Benedicto XVI en Caritas in veritate
(CV, 8). El compromiso en favor del desarrollo proviene de ese
cambio del corazón que deriva de la conversión al Evangelio. En esta
luz, aceptamos nuestra responsabilidad de ser instrumentos de
reconciliación, de justicia y de paz en nuestras comunidades,
“embajadores de Cristo” (2 Co 5,20) que es nuestra paz y
reconciliación. A este respecto, se debe movilizar a todos los
miembros de la Iglesia, clero, religiosos y fieles laicos, para
trabajar juntos en la unidad que hace la fuerza. Nos provoca y nos
anima el proverbio africano que dice que “un ejército de hormigas
bien organizadas puede abatir a un elefante”. No debemos tener miedo
y menos aún dejarnos desanimar por la enormidad de los problemas de
nuestro continente.
16. La Iglesia en África acoge con alegría la invitación que se ha
hecho en el aula del Sínodo para una colaboración ‘sur-sur’ en
nuestros esfuerzos. Muchos de los problemas de África, y muchas de
las presiones sobre África, existen también en Asia y en
Latinoamérica. Creemos que tenemos mucho que ganar no sólo
intercambiándonos informaciones, sino también colaborando. Que el
Señor nos muestre el camino para seguir en esta dirección.
17. El SECAM es la institución de la solidaridad pastoral orgánica
de la jerarquía de la Iglesia en África (EIA, nº 16).
Lamentablemente, este organismo insustituible no ha recibido el
apoyo que debería, ni siquiera de los obispos de África. Damos
gracias a Dios porque este Sínodo ha representado una gran
oportunidad para poner de relieve la importancia del SECAM. Tenemos
muchas razones para creer que las sugerencias que han hecho muchos
padres sinodales de un mayor compromiso con el SECAM no han caído en
el vacío. Nos preparamos a regresar a casa, con el compromiso de dar
al SECAM lo poco que necesita para desempeñar su misión. Creada por
iniciativa del SECAM y operante en comunión leal con este, la
Confederación de las Conferencias de los Superiores Mayores de
África y Madagascar (COSMAM), está creciendo gradualmente para
convertirse en un instrumento efectivo para promover en el
continente una solidaridad pastoral orgánica en la vida y en el
apostolado de los religiosos en África. El Sínodo acoge con alegría
su valiosa contribución a la vida y la misión de la Iglesia en
África.
18. Como obispos aceptamos el desafío de trabajar unidos en nuestras
distintas Conferencias episcopales, dando a nuestros países un
modelo de institución nacional reconciliada y justa, dispuestos a
ofrecernos como artesanos de paz y de reconciliación, en cada
ocasión y en cada lugar que se nos pida. Elogiamos a aquellos
obispos que han desempeñado esas funciones, especialmente en ámbito
ecuménico y/o junto con religiones diferentes, como hemos visto en
lugares como Mali, la República Democrática del Congo, Burkina Faso,
Senegal, Níger y otros. La unidad del Episcopado es fuente de gran
fuerza, mientras que su ausencia es un derroche de energías, hace
vanos los esfuerzos y abre un espacio a los enemigos de la Iglesia
para neutralizar nuestro testimonio. Un área importante en la que
esa cooperación nacional y esa unidad son muy útiles es la de los
medios de comunicación. Desde que EIA se publicó, hemos asistido a
una auténtica explosión de emisoras de radio católicas en África: de
sólo unas 15 que había en 1994 a más de 163 hoy, en 32 países.
Elogiamos a los países que han impulsado este desarrollo. Invitamos
a los países que todavía tienen reservas al respecto que revisen sus
políticas por el bien de sus países y de su gente.
19. Cada obispo tiene que plantear las cuestiones de la
reconciliación, la justicia y la paz como una importante prioridad
en la agenda pastoral de su diócesis. Debería asegurar la creación
de Comisiones de Justicia y Paz a todos los niveles. Deberíamos
seguir trabajando duro para formar las conciencias y cambiar los
corazones, mediante una catequesis eficaz a todos los niveles. Esta
tiene que ir más allá del “simple catecismo” para niños y
catecúmenos que se preparan a los sacramentos. Necesitamos organizar
un programa de formación continua para todos nuestros fieles,
especialmente para los que están en altos puestos de autoridad.
Nuestras diócesis tienen que ser modelos de buen gobierno, de
transparencia y de buena gestión financiera. Debemos seguir haciendo
todo lo que podamos para luchar contra la pobreza, un gran obstáculo
para la paz y la reconciliación. Aquí las sugerencias para crear
programas de micro-finanzas merecen una especial atención. Como
último punto, el obispo, en cuanto jefe de su Iglesia local, tiene
el deber de movilizar a todos sus fieles e implicarlos en las
funciones que les son propias a la hora de planificar, formular,
poner en práctica y evaluar políticas y programas diocesanos para la
reconciliación, la justicia y la paz.
20. El sacerdote es “el necesario y más estrecho colaborador del
obispo”. En este Año Sacerdotal, queridos hermanos en el sacerdocio,
nos dirigimos a vosotros de manera especial: vosotros ocupáis una
posición clave en el apostolado de la diócesis. Vosotros
representáis para la gente el rostro más visible del clero, tanto
dentro de la Iglesia como fuera de ella. Vuestro ejemplo de vida
juntos y en paz, superando las barreras tribales y raciales, puede
ser un imponente testimonio para los demás. Ello lo demuestra, por
ejemplo, cuando acogéis con alegría a cualquier persona que la Santa
Sede nombra como obispo vuestro, sin hacer distinciones por el lugar
de nacimiento. La realización de los planes pastorales diocesanos
para la reconciliación, la justicia y la paz dependerá mucho de
vosotros. La catequesis, la formación del laicado, el cuidado
pastoral de las personas de alta responsabilidad: nada de todo esto
irá demasiado lejos sin vuestro pleno compromiso en las parroquias y
en los distintos lugares de vuestra competencia. El Sínodo os
exhorta a no descuidar vuestro deber en este ámbito. Obtendréis
resultados mayores si sois capaces de trabajar en un ministerio
basado en la cooperación, implicando a todos los demás agentes de la
comunidad pastoral: diáconos, religiosos, catequistas, laicos,
hombres y mujeres, y a los jóvenes. En muchos casos, el sacerdote es
una de las personas mejor formadas de la comunidad local y a veces
se espera que desempeñe un papel de líder en los asuntos de la
comunidad. Deberíais saber cuál es la mejor manera de ofrecer
vuestro servicio pastoral y evangélico, sin partidismos. Vuestra
fidelidad a los compromisos sacerdotales, especialmente a una vida
de celibato en la castidad, como también un desapego de las cosas
materiales, es un testimonio elocuente para el Pueblo de Dios.
Muchos de vosotros habéis dejado África para la misión en otros
continentes. Cuando trabajáis con respeto y orden, dais una buena
imagen de África. El Sínodo elogia vuestro compromiso en la obra
misionera de la Iglesia. Que todos recibáis la recompensa prometida
a los que “han dejado casa... por el Reino” (Lc 18,28).
21. África en estos últimos años se ha convertido también en un
terreno fértil para numerosas vocaciones: sacerdotes, frailes y
monjas. Damos gracias a Dios por esta gran bendición. Queridos
hombres y mujeres de vida consagrada, os estamos agradecidos por el
testimonio de vuestra vida religiosa en los consejos evangélicos de
castidad, pobreza y obediencia, que a menudo os convierten en
profetas y modelos de reconciliación, justicia y paz en
circunstancias de extrema presión. El Sínodo os exhorta a dar la
máxima eficacia a vuestro apostolado mediante la comunión leal y
comprometida con la jerarquía local. El Sínodo se congratula
especialmente con vosotros, religiosas, por la dedicación y el celo
en vuestro apostolado en el campo de la sanidad, la educación y
otros aspectos del desarrollo humano.
22. Este Sínodo se dirige con profundo afecto a los fieles laicos de
África. Vosotros sois la Iglesia de Dios en los lugares públicos de
la sociedad. En vosotros y a través de vosotros la vida y el
testimonio de la Iglesia son visibles en el mundo. Por lo tanto,
vosotros compartís el mandato de la Iglesia de ser “embajadores de
Cristo” comprometidos en la reconciliación del pueblo con Dios y
entre sí. Esto exige que permitáis que vuestra fe impregne cada
aspecto y rincón de vuestra vida; en familia, en el trabajo, en la
profesión, en política y en la vida pública. No es un compromiso
fácil. Por eso, debéis acercaros asiduamente a las fuentes de la
gracia, mediante la oración y los sacramentos. El texto de las
escrituras elegido como tema del Sínodo, dirigido a todos los
seguidores de Cristo, se refiere especialmente a vosotros: “Vosotros
sois la sal de la tierra…Vosotros sois la luz del mundo” (Mt
5,13-14). Aquí queremos reiterar la recomendación de Ecclesia in
Africa a propósito de las Pequeñas Comunidades Cristianas (EIA, 93).
Además de la oración, os tenéis que armar de un conocimiento
suficiente de la fe cristiana para ser capaces de “dar respuesta a
todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pt 3,15) en los
lugares públicos donde se forman las ideas. Aquellos de vosotros que
estén más arriba tienen el deber de adquirir un nivel proporcional
de cultura religiosa. Sobre todo recomendamos encarecidamente las
fuentes básicas de la fe católica: la Santa Biblia, el Catecismo de
la Iglesia Católica, y lo que es más relevante para el tema del
Sínodo, el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia. Todos
están a la venta aquí a precios accesibles. No tenemos excusas para
seguir siendo ignorantes de nuestra fe. A este respecto Ecclesia in
Africa recomendaba con vehemencia la fundación de universidades
católicas. Damos gracias a Dios porque en los últimos 15 años se han
creado muchas de estas instituciones, y se están creando muchas
otras. Este proyecto tiene una importancia capital y es necesario,
si tenemos que invertir en un futuro con un laicado católico bien
formado, especialmente de intelectuales, preparados y capaces para
dar testimonio de su fe en el mundo contemporáneo. Este es sin duda
un campo en el que la solidaridad universal de la Iglesia-Familia de
Dios resulta imprescindible.
23. El Sínodo tiene un mensaje muy importante y especial para
vosotros, queridos católicos africanos comprometidos en la vida
pública. Elogiamos a los muchos de vosotros que se han ofrecido para
el servicio público en vuestro pueblo, sin preocuparse de todos los
peligros y de las incertidumbres de la política en África, pues se
lo han tomado como un apostolado para promover el bien común y el
reino de Dios, que es reino de justicia, de amor y de paz, según las
enseñanzas de la Iglesia (cfr. Vat. II Gaudium et spes, 75). Podéis
contar siempre con el estímulo y el apoyo de la Iglesia. Ecclesia in
Africa manifestaba la esperanza de que salieran en África políticos
y jefes de estado santos. Por supuesto, este no es un deseo vano. Es
estimulante que la causa de canonización de Julius Nyerere de
Tanzania ya esté en marcha. África necesita santos en puestos
políticos relevantes: políticos santos que limpien de la corrupción
el continente, que trabajen por el bien de la gente y que sepan cómo
animar a otros hombres y mujeres de buena voluntad fuera de la
Iglesia para que se unan contra los males comunes que asolan
nuestras naciones. El Sínodo ha recomendado vivamente que las
Iglesias locales intensifiquen su apostolado para el cuidado
espiritual de quienes tienen cargos públicos, designen capellanes
celantes para ellos y organicen centros de conexión de alto nivel
para evangelizar los parlamentos. Os exhortamos, a todos vosotros
fieles laicos dedicados a la política, a que aprovechéis plenamente
estos programas allí donde existan. Por desgracia, muchos católicos
en puestos de prestigio no han respondido adecuadamente al ejercicio
de sus cargos. El Sínodo invita a estas personas a que se
arrepientan o a que dejen el escenario público y que así dejen de
perjudicar al pueblo y de crearle mala fama a la Iglesia Católica.
24. Dirigimos nuestra atención ahora a nuestras queridas familias
católicas en África. Nos congratulamos con vosotros por haber
permanecido tenazmente fieles a los ideales de la familia cristiana
y por haber conservado los mejores valores de nuestra familia
africana. Os ponemos en guardia ante los ataques de algunas
venenosas ideologías procedentes del extranjero, que pretenden ser
cultura “moderna”. Seguid acogiendo a los niños como don de Dios y
criadlos en el conocimiento y en el temor de Dios, para que sean
personas de reconciliación, de justicia y de paz en el futuro. Somos
conscientes de que muchas de nuestras familias son objeto de una
gran presión. La pobreza hace a menudo a los padres incapaces de
cuidar bien a sus hijos, con consecuencias desastrosas. Invitamos a
los gobiernos y a las autoridades civiles a que recuerden que el
país cuya legislación destruye a las familias, lo hace en detrimento
suyo. La mayor parte de las familias piden sólo lo necesario para
sobrevivir. Tienen derecho a vivir.
25. El Sínodo tiene una palabra especial para vosotras, queridas
mujeres católicas. Vosotras sois, con frecuencia, la espina dorsal
de nuestra Iglesia local. En muchos países las Organizaciones de las
mujeres católicas son una gran fuerza para el apostolado de la
Iglesia. Ecclesia in Africa aconsejaba que en la Iglesia “las
mujeres, formadas adecuadamente, participaran, a niveles apropiados,
en la actividad apostólica de la Iglesia” (nº 121). En muchos
lugares se registra un progreso en esta dirección. Pero aún queda
mucho por hacer. La contribución específica de las mujeres debería
ser reconocido y fomentado, no sólo en casa como mujeres y madres,
sino de forma más general también en la esfera social. El Sínodo
recomienda a nuestras Iglesias locales que vayan más allá de la
afirmación general de Ecclesia in Africa y que creen unas
estructuras concretas para asegurar la real participación de las
mujeres “a niveles apropiados”. La Santa Sede nos ha dado un buen
ejemplo en este sentido al nombrar a algunas mujeres para unos
cargos de elevado nivel. Por toda África se habla mucho de los
derechos de las mujeres, especialmente mediante programas de acción
preparados por algunas agencias de la ONU. Mucho de lo que dicen es
justo y se corresponde con lo que la Iglesia está diciendo. Pero hay
que tener mucha cautela en los proyectos concretos que ellos
proponen, a menudo con segundos fines. Nosotros os encargamos a
vosotras, mujeres católicas, que os comprometáis plenamente en los
programas para mujeres de vuestros países, con los ojos de la fe
bien abiertos. Provistas de una buena información y de la doctrina
social de la Iglesia, debéis actuar de manera que las buenas ideas
no sean distorsionadas por los traficantes de ideologías extranjeras
y moralmente venenosas que afectan al género y a la sexualidad del
hombre. Que cuando actuéis así os guíe María nuestra Madre, sede de
la Sabiduría.
26. El Sínodo os pide igualmente a vosotros, queridos hombres
católicos, que desempeñéis vuestros importantes papeles de padres
responsables y de maridos rectos y fieles. Seguid el ejemplo de san
José (cfr.Mt 2,13-23) en el cuidado de la familia, en la protección
de la vida desde el momento de la concepción y en la educación de
los hijos. Procurad organizaros en asociaciones y en grupos de
Acción Católica que os hagan capaces de mejorar la calidad de la
vida cristiana y el compromiso hacia la Iglesia. Ello os situaría
también en una posición mejor para interpretar los papeles de guías
de la sociedad y para convertiros en unos testigos más eficaces y
promotores de la reconciliación, la justicia y la paz, como sal de
la tierra y luz del mundo.
27. Por último nos dirigimos a vosotros, nuestros hijos e hijas,
jóvenes de nuestras comunidades. Vosotros no sois sólo el futuro de
la Iglesia: vosotros sois ya el presente en un gran número. En
muchos países de África más del 60% de la población está por debajo
de los 25 años. El porcentaje en la Iglesia no debe de ser muy
diferente. Vosotros tenéis que ser instrumentos de paz y estar a la
vanguardia de un cambio social positivo. Sentimos que debemos
dedicaros una atención particular a vosotros, jóvenes adultos. A
menudo os dejan de lado, abandonados a la deriva como blancos para
ideologías y sectas de todo tipo. Muchas veces sois reclutados y
empleados para prácticas violentas. Exhortamos a todas las Iglesia
locales a que consideren el apostolado hacia los jóvenes como una
importante prioridad.
28. Jesús ha dicho: “Dejad que los niños vengan a mi; porque de los
que son como éstos es el Reino de los Cielos”(Mt 19,14). El Sínodo
no se ha olvidado de vosotros, queridos niños. Sois siempre objeto
de nuestro tierno interés. Pero reconocemos y deseamos valorizar
vuestro entusiasmo y compromiso como fuerzas activas de
evangelización, especialmente entre vuestros coetáneos. A vosotros
también se os debe asegurar un espacio adecuado, medios y dirección
para habilitaros al apostolado. Os recomendamos especialmente la
organización para niños de las Obras Pontificias Misioneras: la Obra
de la Santa Infancia.
PARTE V
UN LLAMAMIENTO A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
29. La Familia de Dios se extiende más allá de los confines visibles
de la Iglesia: incluye a toda la humanidad. Cuando pensamos en
argumentos como reconciliación, justicia y paz, todos nos
encontramos en el nivel más profundo de nuestra común humanidad.
Este proyecto nos afecta a todos y exige una acción común. Por
tanto, alzamos nuestra voz para un llamamiento a todos los hombres y
mujeres de buena voluntad. De modo particular nos dirigimos a
aquellos con los que profesamos la misma fe en Jesucristo, y también
a hombres y mujeres de otros credos.
30. En general las agencias de la ONU realizan un buen trabajo en
África para el desarrollo, el mantenimiento de la paz, la defensa de
los justos derechos de las mujeres y de los niños, la lucha contra
la pobreza, contra las enfermedades, contra el HIV/SIDA, la malaria,
la tuberculosis y otros problemas. El Sínodo elogia la labor
positiva que están realizando. Sin embargo les pedimos que sean más
coherentes y transparentes a la hora de hacer sus programas. Les
recomendamos vivamente a los países de África que evalúen con
cuidado los servicios que se ofrecen a nuestra gente, que se
aseguren que sean buenos para nosotros. El Sínodo denuncia en
particular todos los intentos furtivos de destruir y eliminar los
ricos valores africanos de la familia y de la vida humana (por
ejemplo, el detestable art. 14 del Protocolo de Maputo y otras
propuestas similares).
31. La Iglesia es la primera en la lucha contra el HIV/SIDA y en el
cuidado de las personas infectadas y contagiadas por el mismo. El
Sínodo da las gracias a todos los que están comprometidos
generosamente en este difícil apostolado de amor y de cuidado.
Invocamos un apoyo prolongado para que podamos cubrir las
necesidades de los muchos que piden asistencia (EIA, 31). Con el
Santo Padre Benedicto XVI, este Sínodo advierte que el problema no
puede ser superado con la distribución de profilácticos. Pedimos a
todos los que estén interesados de verdad en detener la transmisión
sexual del HIV/SIDA que reconozcan el éxito obtenido por los
programas que aconsejan la abstinencia entre los no casados y la
fidelidad entre los casados. Este modo de proceder no sólo ofrece la
mejor protección contra la difusión de esta enfermedad sino que
además está en armonía con la moral cristiana. Nos dirigimos
particularmente a vosotros, jóvenes. No permitáis que nadie os
engañe a la hora de pensar que no podéis autocontrolaros: sí, con la
gracia de Dios, podéis hacerlo.
32. A los grandes poderes de este mundo les dirigimos una súplica:
tratad África con respeto y dignidad. África desde hace tiempo
reclama un cambio en el orden económico mundial en cuanto a las
estructuras injustas acumuladas que pesan sobre ella. La reciente
turbulencia en el mundo financiero demuestra la necesidad de un
radical cambio de reglas. Pero sería una tragedia si las
modificaciones se hicieran sólo en interés de los ricos y una vez
más en perjuicio de los pobres. Muchos de los conflictos, guerras y
pobreza de África derivan principalmente de estas estructuras
injustas.
33. La humanidad tiene mucho que ganar si escucha las palabras
sabias del Santo Padre Benedicto XVI en la encíclica Caritas in
veritate. Un orden mundial nuevo y justo no es solamente posible,
sino necesario para el bien de toda la humanidad. Se pide un cambio
respecto a la deuda que pesa sobre los países pobres, que está
matando literalmente a los niños. Las compañías multinacionales
tienen que detener la devastación criminal del ambiente para su
codiciosa explotación de los recursos naturales. Es una política
miope la de fomentar guerras para obtener unos beneficios rápidos
del caos, a costa de vidas humanas y de sangre. ¿Es posible que
nadie sea capaz de interrumpir, y quiera hacerlo, estos crímenes
contra la humanidad?
PARTE VI
“ÁFRICA, ¡LEVÁNTATE !”
34. Se dice que la cuna del género humano se encuentre en África.
Nuestro continente tiene una larga historia de grandes imperios y de
civilizaciones ilustres. La historia futura del continente todavía
debe ser escrita. Dios nos ha bendecido con inmensos recursos
naturales y humanos. Entre los índices internacionales del
desarrollo material, los países de África ocupan muchas veces los
últimos lugares. Ésta no es una razón para desesperar. Existen
graves actos de injusticia histórica, como la trata de esclavos y el
colonialismo, cuyas consecuencias negativas todavía persisten. Pero
éstas ya non son excusas para no seguir adelante. De hecho, muchas
de estas cosas están ocurriendo. Elogiamos los esfuerzos para
liberar África de la alienación cultural y de la esclavitud
política. Ahora África debe afrontar el desafío de ofrecer a sus
propios hijos un nivel digno en sus condiciones de vida. En el
ámbito político, hay progresos en la integración continental: la
Organización para la Unidad Africana (OAU) que ahora es la Unión
Africana (AU). La Unión Africana y las otras agrupaciones
regionales, a veces en colaboración con las Naciones Unidas, han
puesto en marcha iniciativas para resolver los conflictos y mantener
la paz en situaciones de crisis. En el frente económico, África ha
tratado de elaborar, a medida de su identidad, una estructura
estratégica para el desarrollo llamada NEPAD (Nuevo Partenariado
económico para el Desarrollo Africano). Ha previsto también un APRM
(African Peer Review Mechanism) para su seguimiento y control de su
puesta en práctica por parte de varios países. El Sínodo elogia
estos esfuerzos ya que dichos programas relacionan de manera clara
la emancipación económica de África con el establecimiento de un
buen gobierno. Por desgracia aquí hay un punto muerto. Para la
mayoría de los países africanos, los bellos documentos de la NEPAD
siguen siendo letra muerta. Por ello, esperamos un mejoramiento
general del buen gobierno en África.
35. El Sínodo felicita calurosamente a aquellos países africanos que
han emprendido el camino de una verdadera democracia. Estos están ya
mostrando los buenos resultados que produce el hacer bien las cosas.
Otros han salido de muchos años de guerras y conflictos para empezar
a reconstruir progresivamente sus naciones hundidas en el desastre.
Esperamos que el buen ejemplo impulse a los demás para que cambien
sus malas costumbres.
36. El Sínodo se entristece en señalar que la situación de más de un
país africano sigue siendo vergonzosa. Pensamos en particular en la
dolorosa situación de Somalia, inmersa en un conflicto virulento
desde hace casi dos decenios que ya compromete a sus países vecinos.
No olvidemos la trágica condición de millones de personas en la
región de los Grandes Lagos y la crisis que todavía perdura en
Uganda septentrional, en el Sudán meridional, en Darfur, en Guinea
Conakry y en otros lugares. Aquellos que controlan la suerte de
estas naciones deben asumir la plena responsabilidad por su
deplorable comportamiento. En la mayor parte de los casos, estamos
ante la avidez del poder y de la riqueza, en desmedro de la
población y la nación. Cualquiera sea la ingerencia de los intereses
extranjeros, se da siempre la vergonzosa y trágica colusión de los
líderes locales: políticos que traicionan y malbaratan sus naciones,
hombres de negocios corruptos que están coludidos con
multinacionales rapaces, comerciantes y traficantes de armas
africanos que han hecho fortuna con el comercio de armas pequeñas
que causan gran destrucción de vidas humanas, así como de agentes
locales de las organizaciones internacionales a quienes se les paga
para difundir ideologías letales en las que ellos mismos no creen.
37. La consecuencia negativa de todo esto está a la vista del mundo
entero: pobreza, miseria y enfermedades; refugiados dentro y fuera
del país y en ultramar, la búsqueda de praderas más verdes lleva a
la fuga de cerebros, emigración clandestina y tráfico de seres
humanos, guerras y derramamiento de sangre, frecuentemente hechos
por encargo, la atrocidad de los niños soldados y la indecible
violencia hacia las mujeres. ¿Cómo se puede estar orgullosos de
gobernar sobre un caos semejante? ¿Qué decir de nuestro tradicional
sentido africano de vergüenza? Este Sínodo lo proclama de forma
clara y fuerte: ha llegado el tiempo de cambiar estos
comportamientos por amor a las generaciones presentes y futuras.
PARTE VII
UNIÓN DE LAS FUERZAS ESPIRITUALES
38. Queremos recordar nuevamente lo que el Papa Benedicto XVI ha
dicho en su homilía durante la misa de inauguración del Sínodo:
África es el “pulmón espiritual” de la humanidad actual. Éste es una
precioso recurso, más precioso que nuestros minerales y el petróleo.
Pero nos ha puesto en guardia sobre el riesgo que corre este pulmón
de ser infectado por el doble virus del materialismo y del fanatismo
religioso. El Sínodo, determinado a preservar nuestro patrimonio
espiritual de todos los ataques e infecciones, nos invita a una
colaboración ecuménica cada vez mayor con nuestros hermanos y
hermanas de las otras tradiciones cristianas. Deseamos también que
haya más diálogo y cooperación con los musulmanes y los seguidores
de la Religión Tradicional Africana (RTA) y de las personas de otras
creencias.
39. El fanatismo religioso se está difundiendo en todo el mundo. Es
causa de decadencia en muchas partes de África. De la cultura
religiosa tradicional, los africanos han absorbido un significativo
sentido del Dios Creador. Han llevado este sentido a su conversión
al Cristianismo y al Islam. Cuando este fervor religioso está mal
dirigido por fanáticos o manipulado por los políticos, se generan
conflictos que tienden a hundir a todos. Pero, dirigidas y guiadas
de manera adecuada, las religiones son una potente fuerza de bien,
especialmente a favor de la paz y de la reconciliación.
40. El Sínodo ha escuchado el testimonio de muchos padres sinodales
que han recorrido con éxito el camino del diálogo con los
musulmanes. Han dado testimonio del hecho que el diálogo es eficaz y
que la colaboración es posible y también ella muchas veces es
eficaz. Los temas de la reconciliación, de la justicia y de la paz,
generalmente son de interés para enteras comunidades,
independientemente de su credo. Trabajando sobre los diferentes
valores que se comparte con los dos credos, musulmanes y cristianos,
pueden dar un gran aporte para restablecer la paz y la
reconciliación en nuestras naciones. Esto ya ha sido demostrado en
muchos casos. El Sínodo elogia estos esfuerzos y se los recomienda a
los demás.
41. El diálogo y la colaboración prosperan cuando existe respeto
recíproco. Como obispos católicos, tenemos claras directivas para
realizar el diálogo y para permanecer firmes en nuestra fe, pero
dejando a los otros la libertad de escoger. El Sínodo ha tenido
buenas resultados en relación a comunidades islámicas que conceden
libertad de culto a la Iglesia. Éstas también las acogen con alegría
y se benefician con las obras sociales de la Iglesia. Cuando
elogiamos todo esto, insistimos en repetir que no es suficiente. La
libertad de religión comprende también la libertad de compartir la
propia fe, de proponerla y no de imponerla, de aceptar y acoger a
aquellos que se convierten. Las naciones que por ley les prohíben a
sus ciudadanos que abracen la fe cristiana, les privan del derecho
humano fundamental a decidir libremente sobre el credo que quieren
abrazar. Si bien esto se da desde hace mucho tiempo, es hora de
rever dicha situación, a la luz del respeto de los derechos humanos
fundamentales. Este Sínodo denuncia tal restricción de la libertad
porque trastorna el diálogo sincero y frustra una auténtica
colaboración. Ya que los cristianos que deciden cambiar su religión
son bien acogidos en las filas musulmanas, debe haber reciprocidad
en este campo. El respeto recíproco es el camino que se debe
recorrer. En el mundo nuevo que está naciendo, es necesario dar
espacio a cada fe para que contribuya al bien de la humanidad.
CONCLUSIÓN
42. Queridos hermanos en el episcopado, queridos hijos e hijas de la
Iglesia, Familia de Dios en África, todos vosotros hombres y mujeres
de buena voluntad en África y en otros lugares, compartimos con
vosotros la fuerte convicción de este Sínodo: África no es
impotente. Nuestro destino todavía está en nuestras manos. Todo lo
que ella pide no es más que el espacio para respirar y prosperar.
África ya se ha puesto en movimiento y la Iglesia se mueve con ella,
ofreciéndole la luz del Evangelio. Las aguas pueden estar agitadas,
pero con la mirada orientada a Cristo Señor (cfr. Mt 14, 28-32)
llegaremos seguros al puerto de la reconciliación, de la justicia y
de la paz.
África, ¡levántate, toma tu camilla y anda! (Jn 5,8)
“Por lo demás, hermanos, alegraos;
sed perfectos;
animáos; tened un mismo sentir;
Vivid en paz;
y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros” (2 Cor 13,11).
Amén.
[00329-04.05] [00000] [Texto original: plurilingüe]
|