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 Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People

People on the Move

N° 104, August 2007

 

 

LA PASTORAL DE LOS ITINERANTES* 

 

S.E. Mons. Agostino MARCHETTO

Secretario del Pontificio Consejo

para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes

 

 Saludo:

Queridos amigos,

Mi siento muy feliz de estar con ustedes en este encuentro y les agradezco la invitación. Mi presencia es la manifestación concreta del interés de nuestro Consejo Pontificio por acompañar la solicitud pastoral hacia los emigrantes e itinerantes en los diversos Países, así como a nivel regional y continental. Esto se presenta con dimensiones cada vez más importantes incluso para la Iglesia, si tenemos en cuenta además el movimiento de las personas, fieles o no, como signo de nuestros tiempos. Ciertamente, las Conferencias episcopales de cada Nación ya van más allá, en cierto sentido, respetando la teología del episcopado, de la particularidad, para incluirla en la localidad, pero es necesario que haya una apertura a la patria latinoamericana – si miro a ustedes – y a una realidad continental eclesial, que aun con legítimas diferencias, tiene muchos elementos culturales y humanos comunes.

Estoy encantado de ver que una profunda convicción nuestra, que tenemos por el bien de la Iglesia, está entrando en vuestra sensibilidad eclesial. En efecto, no nos cansamos de abogar por una visión global de la movilidad humana, como base de una pastoral específica que se agregue a aquella territorial, digamos parroquial, integrandola. Aquí encuentro el testimonio de su proceder, en sintonía con nosotros, al estar ustedes unidos, agentes pastorales con varias identidades, para tratar juntos los problemas, los dolores y las alegrias de nómadas, habitantes y usuarios de la calle, de la carretera, circenses y estudiantes internacionales (extranjeros), con celebración ayer – y es una corona significativa – de los migrantes latinoamericanos y apéndice de relativa música (aquí tenemos una importante expresión cultural).

En todo caso, como complemento del cuadro, se presentará una ponencia sobre la situación actual de los emigrantes latinoamericanos y otra relacionada con los refugiados en América del Sur, con la integración  de la experiencia brasileña y después ecuatoriana.

Tenemos aquí, de hecho, unidas, en el Encuentro de estos días, las dos “alas” de la pastoral de la movilidad humana (¡parabems!) que hacen despegar el plan ya intuido por Pio XII, y luego llevado a cabo por Pablo VI y Juan Pablo II, de un Consejo Pontificio dirigido a encarnar la solicitud del Sumo Pontífice por todas las Iglesias en el campo amplisimo y creciente de la movilidad humana. A ello corresponde el compromiso de las Iglesias locales y particulares.

Termino aquí, ya que para mañana me han pedido una intervención acerca de una de las dos alas, sobre la pastoral de los itinerantes, por lo que profundizaré el tema, en su dimensión universal.  

¡Les doy las gracias de nuevo! 

Se me ha pedido, además de los saludos iniciales, en los que aprovechaba para anunciarles  mi intervención de hoy, de extenderme en la segunda “ala” – digamos así – de la solicitud de nuestro Consejo Pontificio, es decir la de la itinerancia, y concretamente sobre los sectores nómadas, habitantes y usuarios de la calle, de la carretera, circenses, añadiendo los estudiantes internacionales, dejando de lado los otros tres sectores, es decir el del Apostolado del Mar, del Turismo y peregrinaciones, y de la Pastoral “de los cielos” (aeropuertos).

Para responder a su Invitación he pensado en ofrecerles el “background” histórico y universal del encuentro de hoy, porque, primero, creo en la historia, también en aquella pastoral (que enseñé, de hecho, en el Seminario Mayor de Maputo, recién reabierto, cuando servía en la Delegación Apostólica en Mozambique). Igualmente, porque en ello tiene que haber una interrelación entre particular y universal, que, de hecho, es característica de la Iglesia Católica, al estar, como dice el Concilio Ecumenico Vaticano II, constituida por y en las Iglesias particulares, así como las Iglesias particulares están constituidas en y por la Iglesia universal[1]

I

 Comienzo con los Estudiantes extranjeros (internacionales)

A este respecto, observo que ellos suman hoy cerca de 2 millones, objeto-sujeto de interés pastoral específico por parte de la Iglesia. Este fenómeno, de los estudiantes en el extranjero, representa, entonces, una provocación y un reto al amor cristiano y a la solidaridad. Constituye, por lo tanto, una misión de la Iglesia seguir y acompañar con solicitud a los jóvenes en su situación particular de estudiantes en el extranjero, y luego en la reintegración en la sociedad de procedencia.

La colaboración en este marco pastoral, tanto entre las Conferencias episcopales del País de partida y de llegada, como entre cada una de las estructuras nacionales, es también un signo de atención y asunción de responsabilidad con respecto al desarrollo.

Hablando de esta solicitud específica, cito ahora algunas fechas y algunos acontecimientos.  En 1957 Pio XII confió esta pastoral naciente a la Congregación “De Propaganda Fide”, hoy para la Evangelización de los Pueblos, mientras que, en 1959, fomentado por el Comité Permanente de los Congresos Internacionales, para el Apostolado de los Laicos y por el Centro de Coordinación de las Organizaciones Internacionales Católicas y Misioneras, se organizó un encuentro de Capellanes de Estudiantes Extranjeros en Europa Occidental. Se interesó por la reunión incluso la Congregación para los Seminarios y los Estudios Universitarios, hoy para la Educación Católica, la Pontificia Comisión para Latinoamérica y, justamente, el “Consejo para los Laicos”, ahora Consejo Pontificio para los Laicos.

En 1970 Pablo VI creó la Pontificia Comisión para la Pastoral de las Migraciones y del Turismo, confiándole la coordinación de particulares iniciativas relacionadas con la movilidad humana. Con su Discurso a la Pontificia Comisión para Latinoamérica, el 27 de septiembre de 1971, el Papa trazó las líneas-guía de la atención pastoral para los Estudiantes Extranjeros, afirmando, entre otras cosas: “La Iglesia tiene que asistirles en las dificultades, ser solidaria con ellos, animarles en sus esfuerzos, alimentar la esperanza y ayudarles para que dirijan su mirada hacia Aquel que es el Padre de todos los pueblos, que es la Verdad, a la que todas las culturas tienen que hacer referencia”[2].

Al considerar estas palabras de Pablo VI, y haciendo una lectura del fenómeno de la movilidad estudiantil a la luz de la fe, es importante recordar los números 51-57 de la Instrucción de nuestro Consejo Pontificio Erga migrantes caritas Christi (La caridad de Cristo hacia los emigrantes: EMCC)[3], que insiste en “la necesidad de una asistencia pastoral específica para los Estudiantes Extranjeros” (n. 51). Por ello Dios nos llama a que salgamos en ayuda de sus necesidades, dando una respuesta pastoral adecuada a la situación especial en la que viven. Con la Constitución Apostólica Pastor Bonus (26/06/1988), se transformó la Pontificia Comisión en el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes (art. 149-151), en la que se creó un sector para la Pastoral de los Estudiantes Extranjeros.

La necesidad de una solicitud específica para ellos nace del hecho de ser no sólo estudiantes, sino emigrantes temporales, y de los problemas concretos así como de las frecuentes dificultades a los que se enfrentan al encontrarse lejos de sus familias, con costumbres distintas y diferentes ritmos de vida, con un idioma distinto y la necesidad de adaptarse al nuevo ambiente. Se encuentran también presionados por los estudios, el miedo y muchas veces por la angustia ante un eventual fracaso, que si se repitiera les llevaría nuevamente a sus Países de origen, con sentimientos de soledad, frustración, incertidumbre, inseguridad, falta de amistades, quizás con dificultades económicas y para conseguir el permiso de residencia, e, incluso, con traumas espirituales. Por ello, la Iglesia debe acogerles y servirles, en Jesucristo, aliviando el peso del dolor y de la humillación, que generalmente padecen.

Con el objetivo de alentar a aquellos que se ocupan de esta pastoral específica, y a todos los Capellanes universitarios, de manera que aumente su atención específica hacia los Estudiantes Extranjeros, nuestro Consejo Pontificio convocó dos Congresos Mundiales. 

Congresos Mundiales

El I° se llevó a cabo en 1996, sobre un tema yo diría lógico, es decir, el Papel de la Iglesia en el mundo de los Estudiantes Extranjeros. Participaron unos cincuenta congresistas procedentes de 16 Países, la mayoría responsables de las estructuras nacionales para esta pastoral.

El II° Congreso, que se realizó en 2005, trató, en cambio, el tema de Los Estudiantes Extranjeros y la Instrucción ‘Erga migrantes caritas Christi’, con el intento de abrir la pastoral universitaria tradicional a la especificidad migratoria, con una atención y un compromiso particular, y, al mismo tiempo, desarrollar la ya existente con solicitud propia. También se quiso enriquecer su dimensión migratoria, considerando el mencionado e importante Documento que se refiere a los emigrantes, prófugos, apátridas, personas sujetas al tráfico de seres humanos y precisamente a los Estudiantes Extranjeros.

Participaron 62 congresistas, representantes de 19 Países, entre ellos dos Delegados fraternos, uno de la Comunión Anglicana y otro (ortodoxo) del Consejo Mundial de las Iglesias, y también los Representantes de congregaciones religiosas, de asociaciones laicales y movimientos eclesiales. En la inauguración del Congreso se destacó la importancia de los Estudiantes Extranjeros, que necesitan atención y cuidado pastoral por parte de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares.

Durante las sesiones, tanto del I° Congreso como del II°, se produjo un animado debate sobre las dificultades existenciales y espirituales a las que se enfrentan los Estudiantes a lo largo de su estancia en el extranjero, y sobre las distintas medidas llevadas a cabo por las Iglesias locales. El intercambio de ricas experiencias pastorales fue, sin duda, uno de los logros de los Congresos, al aportar valiosas sugerencias y al renovar el estimulo para el compromiso de las Iglesias. Se destacó sobre todo que los Estudiantes Extranjeros son un don de Dios para las comunidades eclesiales, su presencia “representa un factor positivo de enriquecimiento humano y cultural”[4], como atestiguó Juan Pablo II, en el Mensaje a los Participantes en el I° Congreso. Su Santidad Benedicto XVI, en 2005, por su parte, afirmó que la presencia de los Estudiantes Extranjeros “constituye un fenómeno cada vez mayor y representa para la Iglesia un campo importante de acción pastoral. En efecto, los jóvenes que salen de su país por motivos de estudio deben afrontar no pocos problemas y sobre todo corren el riesgo de sufrir una crisis de identidad, una perdida de los valores espirituales y morales. Por otra parte, la posibilidad de estudiar en el extranjero es para muchos jóvenes una oportunidad única de capacitarse para poder contribuir mejor al desarrollo de sus respectivos países, y también para participar de modo activo en la misión de la Iglesia. Es importante proseguir el camino emprendido para salir en ayuda de las necesidades de estos hermanos y hermanas nuestros”[5].

En 2005, los Participantes sintetizaron sus experiencias en reflexiones y propuestas, prestando atención sobre todo a dos puntos: por un lado la acogida y la ayuda espiritual, y por otro la formulación de programas de colaboración entre las Iglesias locales.  

Conclusiones del Congreso

Les señalo algunas conclusiones del Congreso que considero particularmente valiosas también para ustedes:

– Jesucristo es nuestro icono del “hombre en movilidad” (cfr. Lc 9,58; EMCC 15); – “Así como Cristo nos ha acogido” (Romanos 15,7), acojamos también nosotros al extranjero en nuestro cuidado pastoral hacia los Estudiantes Extranjeros; – el fenómeno de la emigración de los estudiantes es complejo; – estos estudiantes son emigrantes “especiales”.

Para responder a sus concretas exigencias, luego, se recomendó, y lo mismo hago yo con ustedes:

- a los Capellanes y a los Agentes pastorales universitarios encontrar tiempo durante el cual los Estudiantes Extranjeros puedan “hablar de la fe con orgullo” y humildad; el diálogo es vital también en estos casos.

Luego habrá que

– reconocer que cada encuentro supone, “en embrión”, una amistad recíproca, y la capellanía universitaria es un camino en el que se puede desarrollar una sana comunidad de amigos en Cristo y/o en humanidad; – permanecer en contacto con los “ex”, de manera que los Estudiantes Extranjeros de hoy puedan entender cómo sus predecesores contribuyen positivamente al bien común de sus Países de origen; – animar la colaboración entre el Capellán universitario y los Agentes pastorales, la entera comunidad diocesana y las “organizaciones estudiantiles”; – desarrollar las capacidades de liderazgo de los Estudiantes Extranjeros, a fin de que puedan ayudarse recíprocamente y sepan hacer resaltar sus propios dones culturales en la comunidad que les acoge; animarles a que aprecien su vocación de servicio en el País de origen, a su retorno, y allí contribuir al mejoramiento de las condiciones humanas y espirituales de vida; – trabajar de manera ecuménica, en la perspectiva de una educación inter-confesional, abierta al diálogo inter-religioso, sin olvidar la identidad propia de cada uno.

El Congreso animó también a las Diócesis y a las Conferencias episcopales a:

– dedicar un número adecuado de Capellanes y Agentes pastorales para todas las instituciones superiores de instrucción, ocupándose además de su preparación; – proveer servicios especiales para los Estudiantes Extranjeros identificados como “refugiados” y “prófugos”, incluso a través de la oferta de becas; – proveer, en la medida de lo posible, asistencia social a los Estudiantes Extranjeros necesitados, con respecto a los derechos legales y sociales y a la necesaria documentación; – tener una “visión” nacional, continental y universal de este específico cuidado pastoral.

Además se afirmó la necesidad, por parte de la Iglesia de origen, de preparar a los candidatos a los estudios en el extranjero a un conocimiento efectivo de la situación moral y religiosa del País de llegada, poniendo en guardia de modo particular frente al indiferentismo religioso y la agresión de las sectas, y el deber de la Iglesia de llegada de afrontar los problemas relacionados con la acogida, combatiendo con determinación conductas de recelo y de hostilidad, cuyos protagonistas a menudo son incluso católicos.

Se destacó asimismo la necesidad:

– de desarrollar un ministerio pastoral para los Estudiantes Extranjeros que forme parte de un plan pastoral de la Iglesia Local; – de poner a disposición, por parte de la Iglesia, algunos espacios donde los Estudiantes puedan encontrarse, entretenerse, de manera fraternal, en un ambiente de dialogo ecuménico, inter-religioso e inter-cultural; – de acompañar, con atención especifica, a los Estudiantes Extranjeros con problemas particulares.

En fin se pidió al Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, que

– ayude a crear la convicción de que es importante disponer de un directorio universal de capellanías universitarias, de manera que emerja de la base una forma de cooperación capaz de con-ducir a la concreta realización de este proyecto; – clarifique las relaciones del Capellán con el Obispo, la Conferencia episcopal y, consecuentemente, con los Dicasterios de la Santa Sede; – anime a los Capellanes universitarios a empeñarse en un diálogo ecuménico e inter-religioso apropiado, y continuar, en varias etapas, reuniendo a Capellanes de todo el mundo a fin de compartir experiencias y de profundizar en la comprensión del cuidado pastoral específico de los Estudiantes Extranjeros.  

Jornadas Mundiales

En los dos últimos años, Su Santidad Benedicto XVI, en su Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, abordó también el tema de los Estudiantes Extranjeros, junto al de los emigrantes económicos y refugiados. En el Mensaje de este año, dedicado a La Familia emigrante, el Papa se refiere a ellos de esta forma: “Entre los emigrantes existe una clase de personas  que debemos considerar de forma especial: los estudiantes de otros países, que se hallan lejos de su hogar, sin un adecuado conocimiento del idioma, a veces sin amistades y a menudo dotados con becas insuficientes. Es más grave aún la situación de los estudiantes casados. Con sus Instituciones, la Iglesia se esfuerza por hacer menos dolorosa la ausencia del apoyo familiar de estos jóvenes estudiantes, y les ayuda a integrarse en las ciudades que los reciben, poniéndoles en contacto con familias dispuestas a acogerlos y facilitar el conocimiento reciproco. Como dije en otra ocasión, la ayuda a los estudiantes extranjeros es un campo importante de acción pastoral”[6].

Para concluir este marco pastoral, se pone de relieve que la Iglesia debe ayudar a descubrir, con obras de apoyo espiritual y al mismo tiempo de asistencia material, el papel “estratégico” de los Estudiantes Extranjeros, no sólo para el futuro de las Naciones interesadas, sino también para el bien de toda la Comunidad internacional. Para lograrlo, tenemos que realizar una pastoral universitaria, que Juan Pablo II, en la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae (n. 38), ha definido como “aquella actividad de la Universidad que ofrece a los miembros de la comunidad misma la ocasión de coordinar el estudio académico y las actividades para-académicas con principios religiosos y morales, integrando así la vida con la fe”[7].   

II 

Pasando ahora a la pastoral de la calle, de la carretera, quiero estacar desde el principio que forma parte de nuestro mandato “cuidar las Iglesias locales para que todos aquellos que se encuentran fuera de su propio domicilio puedan beneficiarse de una pastoral adecuada” (Pastor Bonus, 151).

Para lograrlo, hace unos cinco años, resucitamos nuestro sector dedicado a la Pastoral de la calle, de la carretera, en el contexto del más general de la movilidad humana, insertando en él también la solicitud por las personas que viven en la calle y de la calle, en particular los niños, las mujeres y los sin techo (clochards).

No debemos olvidar, que el compromiso original estaba dirigido al respeto de la vida, la defensa de la de los automovilistas y de los camioneros, y también de los viajeros, sensibilizando a todo el mundo sobre una mayor incidencia de las leyes que regulan el tráfico, para evitar graves perdidas de vidas debido a causas humanas. Sabemos, de hecho, que a consecuencia de la infracción de las reglas del tráfico, cada tres minutos muere un niño por accidente de trafico y cada 30 segundos fallece una persona. Por lo tanto 3000 personas y 500 niños cada día mueren en las calles, de los cuales el 85% en los Países en vías de desarrollo.

Al intentar ahondar las consecuencias trágicas del desordenado e incontrolado tráfico podemos recordar las palabras profundas de Pablo VI al “Automóvil Club de Italia”: “es penoso constatar, que desafortunadamente y a menudo se descuidan los progresos llevados a cabo en este sector, a pesar de toda la buena voluntad! Todavía el hermano mata al hermano, no sólo en los focos de guerra en el mundo, sino también por las calles cuando descuida el rígido cumplimiento de las normas relacionadas con la circulación en la carretera. [...] Levantamos por lo tanto nuestra voz, una vez más, de manera firme, para invitar y exhortar a todos los hombres de buena voluntad a que contribuyan para que la costumbre civil y cristiana, inspirada en los valores del Evangelio, en la fraternidad, en la amabilidad, en el respeto, en la ayuda recíproca, entre más en profundidad y se vuelva por fin visible, también en este sector, sometido, como los demás aspectos de la vida humana, a las precisas normas de la Ley de Dios, y de la conciencia moral. Animamos a las Autoridades y a las Asociaciones que, al igual que la vuestra, se dedican a este noble objetivo; invitamos además, a no desanimarse, confiados en que la innata movilidad del hombre sabrá, cada vez más, consolidarse en la educación de la carretera”[8].    

Encuentros internacionales

Con el intento de animar a todos los que se ocupan de esta pastoral específica y de promover una mayor sensibilidad relacionada con su urgencia, nuestro Dicasterio llevó a cabo dos Encuentros Internacionales de Pastoral de los usuarios de la carretera (I° Encuentro Europeo para los Directores Nacionales del apostolado de la carretera, en febrero de 2003, y el II° Encuentro Internacional de Pastoral de la carretera, de la calle, en diciembre de 2006).

El I° Encuentro tenía como objetivo la toma de conciencia de la realidad de la carretera en perspectiva cristiana. Se destacó, además, la novedad del fenómeno de la movilidad humana vista desde el universo de la carretera, que solicita la atención y la caridad pastoral de la Iglesia. El II° Encuentro, en cambio, quería ofrecer la ocasión, en un contexto mundial, para una seria y profunda reflexión sobre las numerosas y complejas cuestiones relacionadas con este fenómeno, englobando también a los “habitantes de la calle”.

Con respeto a ellos, el Consejo Pontificio, en 2004, convocó el I° Encuentro Internacional de Pastoral para los niños de la calle, cuyo fin consistió en dar visibilidad a las autoridades institucionales y privadas, a las asociaciones de inspiración cristiana y a las asociaciones no gubernamentales, a los agentes de base, al voluntariado y a los grupos comprometidos con el fenómeno de los menores marginados. Se intentó poner en común las experiencias que la Iglesia tiene con respecto a la pastoral de acogida de estos niños, para procurar trazar una pastoral específica apoyada en la responsabilidad episcopal. En el Suplemento de People on the Move N. 98 se publicaron las Actas del Encuentro, que aparecen también en el sitio web: www.vatican. va/roman_curia/ pontifical_ councils/migrants/pom2005_98-suppl/rc_pc_migrants_pom98-suppl_in-dex.html.

Aquí nos enfrentamos a una plaga de insospechable profundidad, incluso para las instituciones públicas. Se trata de una población de casi 100 millones de niños, según las evaluaciones de Amnesty International.

En 2005, en cambio, se realizó el I° Encuentro Internacional de Pastoral para la liberación de las mujeres de la calle, con el intento también aquí de ofrecer la oportunidad de una profunda reflexión conjunta sobre las numerosas, complejas y latentes cuestiones ligadas a esta otra plaga. Se intentó crear una conciencia más viva de este drama y favorecer la cooperación de las fuerzas pastorales específicas existentes, con una determinada coordinación, involucrando, además, a la pastoral ordinaria de las diócesis y, posiblemente, también la de las parroquias.

Hacía falta en fin, y todavía hay que hacerlo, elevar la voz de manera profética para denunciar las injusticias y la violencia perpetrada contra las mujeres, en cualquier sitio y circunstancia occuran. Ello implica una fuerte llamada a las instituciones para que realmente apliquen las leyes que protejan a las mujeres, especialmente si son menores, también en contra del tráfico de seres humanos, y se establezcan medidas efectivas contra las diversas formas de explotación. Las Actas de este Congreso están publicadas en el Suplemento de People on the Move N. 102.

Además, está previsto, para este año, la realización de un Encuentro Internacional de Pastoral a favor de los sin techo (clochards).

Conclusiones de los Congresos

Les indico, a titulo de ejemplo, algunas conclusiones surgidas en los Encuentros mencionados:

– El Señor Jesús acompaña al hombre en cualquier lugar de la vida cotidiana, gracias también a la Iglesia, presente en la movilidad humana con una Pastoral del encuentro y de la acogida (de hecho, la base de su solicitud es la conciencia de que cualquier cosa que hagamos a los más pequeños lo hacemos a Cristo mismo); – la “carretera”, la “calle” se vuelve cifra de la vida y define una manera de ser hombres o mujeres en una sociedad proyectada en la velocidad y en el cambio, en la competición y en el consumo, relegando a la indiferencia o a la deriva a los que no corren, compiten o consumen, a los explotados o a aquellos que viven en las calles; – la Iglesia reconoce también la dignidad y los derechos de los habitantes de la calle, tanto de los jóvenes y las mujeres, como de los sin techo, al ser ellos creados también a imagen y semejanza de Dios. De esta forma se reitera la opción preferencial por los pobres, para que puedan vivir respetados y con un renovado sentido de responsabilidad; – la Iglesia tiene asimismo un papel de “red”, sobre todo en defensa de la vida y de la dignidad humana. Ella es comunidad que se expresa a través de carismas y ministerios, y llama a sus miembros para que desarrollen un trabajo pastoral en el que Dios pueda, por medio de ellos, intervenir en la historia de la humanidad, en Cristo, por obra del Espíritu Santo. El Señor de la historia salva en la historia. 

Luego, para responder a las exigencias de los automovilistas y de los profesionales del transporte automovilístico y ferroviario, se recomendó:

– Ahondar la atención pastoral para una movilidad segura, sostenible, que respete la vida, el hombre, su dignidad, sus derechos y su destino; – promover un conocimiento compartido, favoreciendo el dialogo entre todos los actores sociales que se ocupen de la movilidad; – intensificar los contactos con los medios de comunicación social para invitarlos a un más atento análisis de los mensajes cotidianos y volverse aliados de una obra de educación vial; – tutelar el derecho de los profesionales y de los trabajadores de la carretera a unas condiciones seguras de trabajo; – incluir también entre los trabajadores de la carretera y del ferrocarril a aquellos que ofrecen diversos servicios a los que viajan y a los medios de transporte.

Con respecto a “los habitantes de la calle”, se recomendó:

– Considerar que la situación de los niños y de las mujeres de la calle y de los sin techo (clochards) es de total vulnerabilidad; – responder a su oculta necesidad de salvación y de seguridad, acudiendo donde se encuentran, en las calles y no, sólo quedandose a esperarles en los centros de acogida; – cualificar estos centros de manera que se vuelvan verdaderos lugares de solidaridad, y de familia ampliada, donde se encuentren respuestas a las exigencias del espíritu, y no sólo a las materiales; – ayudarles para que vuelvan a descubrir su propia dignidad y para que recuperen un nivel adecuado de autoestima; – contribuir para que vuelvan a integrarse en la sociedad; – trabajar en los sitios de procedencia de los niños y de las mujeres de la calle, sobre todo para vencer las causas de su situación desgraciada; – disponer una pastoral de presencia, acogida y acompañamiento, dando respuestas concretas a las necesidades que se presenten; – sensibilizar a los obispos y las diócesis, a las asociaciones y a los movimientos para este tipo de pastoral específica;    – sensibilizar acerca del fenómeno de los habitantes de la calle e informar sobre la acción emprendida para ofrecer soluciones a los problemas relacionados; – continuar la obra de sensibilización respecto a la sociedad y a las instituciones públicas que tienen el deber de intervenir; – construir centros de formación para la evangelización de la calle, la creación de lugares alternativos de agregación juvenil, que ofrezcan propuestas llenas de valores y significado, así como de centros de escucha y de iniciativas de prevención y evangelización en las escuelas.

En conclusión, acerca de este sector de la calle, recuerdo las palabras de Juan Pablo II, en su Mensaje a los Participantes al I° Encuentro Internacional para la Pastoral de los niños de la calle, en 2004, con las cuales “desea que el oportuno Encuentro concurra a formular propuestas concretas para intervenciones efectivas de acogida y ayuda a la juventud en peligro, al no tener ni casa ni familia, y en defensa de los derechos y de la dignidad de cada niño y niña en dificultad”[9]. En 2006, Su Santidad Benedicto XVI, expresó también su sincero aprecio por la iniciativa “dirigida a ahondar y estimular la acción Pastoral a favor de los que operan o viven en la calle”, deseando “que la atención de la Iglesia esté siempre alimentada por el constante amor y por los generosos propósitos de un testimonio ejemplar de la fe cristiana”[10]

III 

En el amplio marco de los itinerantes, los Gitanos representan una componente numerosa[11] que reclama de la Iglesia un tipo de pastoral específica, adecuada a su mentalidad particular y planteada con métodos e iniciativas que respeten sus exigencias y sus costumbres culturales peculiares.

El 8 de diciembre de 2005, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Consejo Pontificio de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes publicó, con el beneplácito de Juan Pablo II, unas Orientaciones para una Pastoral de los Gitanos[12], el primer documento de la Iglesia, en su dimensión universal, dedicado precisamente a este pueblo.

La publicación se realizó cuarenta años exactamente después del extraordinario aconteci-miento que supuso una etapa decisiva en la historia de los Gitanos. El 26 de septiembre de 1965, de hecho, por primera vez, el Papa Pablo VI, acompañado por algunos Padres conciliares, visitó el campamento de los Gitanos, para indicar, con amor paternal, su lugar en la Iglesia. Con palabras de consuelo y estimulo, no sólo les tranquilizó (“Vosotros estáis en el corazón de la Iglesia, – dijó – porque estáis solos: nadie está solo en la Iglesia”), sino que también formuló el deseo de “que el resultado de este excepcional encuentro fuera el que pensarais en la Santa Iglesia, de la que formáis parte; que la conozcáis mejor, que la apreciéis mejor, que la améis mejor; (...) que el resultado fuera al mismo tiempo el de despertar en vosotros la conciencia de lo que sois”[13].

Podemos afirmar con seguridad que las Orientaciones responden completamente a aquellos auspicios. “Con la publicación del presente Documento – n. 4 del texto – se pretende reafirmar, sin titubeos, el compromiso de la Iglesia a favor de esta población. Se proponen, además, nuevos caminos que se han de trazar en las sociedades nacionales y en las Iglesias particulares, para abrir las comunidades a estos hermanos. Se establecen, igualmente, algunos criterios pastorales generales para la acción y metas que alcanzar. El documento marca, por tanto, un momento importante en la historia de la evangelización y promoción humana de los Gitanos, después del encuentro de Pablo VI con ellos en Pomezia”. Las Orientaciones están dirigidas tanto a los involucrados – Gitanos y no – en este marco pastoral específico, como a toda la Iglesia (cfr. ibid. 4).

El Documento es el resultado de las experiencias maduradas en el decurso histórico de esta pastoral, y de las propuestas hechas en los distintos Simposios Internacionales anteriores. Un análisis cronológico de estos últimos, nos permite, primero, tener una visión general del desarrollo de esta pastoral durante las últimas décadas y, segundo, ofrece un cuadro real de las problemáticas que la pastoral comporta en la Iglesia.  

Un poco de historia

El estímulo de Pablo VI se tradujo concretamente en la institución, el 27 de octubre de 1965, en la Sagrada Congregación para los Obispos, del Secretariado Internacional del Opus Apostolatus Nomadum. Con el Motu Proprio Apostolicae Caritatis (19/03/1970), la Obra fue incluida en la Pontificia Comisión para la Pastoral de las Migraciones y del Turismo, en aquella época bajo la dependencia de la Sagrada Congregación para los Obispos. Más tarde, la Comisión se convirtió en un Consejo Pontificio, con autonomía propia, gracias a la Constitución Apostólica Pastor Bonus sobre la Curia Romana (28/06/1988). De este modo la Pastoral de los Nómadas encontró una base estable, un punto de referencia e impulso, en el centro mismo de la Iglesia, y se abrió de hecho para los Gitanos aquel “corazón” en donde, como hemos mencionado, les había colocado Pablo VI.  

Encuentros Internacionales

Del 12 al 14 de febrero de 1975, dicha Comisión organizó el Primer Simposio Internacional para la Pastoral de los Nómadas, que se llevó a cabo en la sede de la Comisión y tuvo como tema general La Evangelización de los grupos nómadas.

Durante el Segundo Simposio Internacional, fomentado por la Pontificia Comisión y realizado en Roma del 11 al 15 de septiembre de 1980, Juan Pablo II recibió a los Participantes con un cariñoso discurso en el que confirmó el amor de la Iglesia por los Gitanos. El Simposio tenía, como tema general, la familia nómada en la Comunidad eclesial, por eso el Papa habló también de la necesidad de protagonismo de la familia en la evangelización de sus miembros e indicó la peregrinación como forma de encuentro espiritual[14].

Los dos primeros Simposios supusieron tanto la consolidación de las estructuras eclesiales para la Pastoral de los Gitanos en los Países de Europa occidental, como su dilatación a Europa del este. Ello resultó particularmente evidente en el Tercer Simposio de la Pastoral para los Gitanos, organizado por la Pontificia Comisión, en Roma, en los días 7-9 de noviembre de 1989. En él participaron – por primera vez – sacerdotes de algunos Países de Europa Oriental (Checoslovaquia, Yugoslavia, Polonia y Hungría). Dentro el marco del tema general Vocación y misión de los Gitanos en la Iglesia y en el mundo, se abordaron numerosos problemas a los que se enfrentan los Gitanos tanto en la Iglesia como en la sociedad civil.

A distancia de treinta años del histórico encuentro del Papa Pablo VI con los Gitanos, en Pomezia, Juan Pablo II recibió a los Participantes en el IV Simposio de la Pastoral para los Gitanos, organizado por el Consejo Pontificio, que se reunió en Roma del 6 al 8 de junio de 1995. Los más de 110  Participantes, procedentes de 17 Países europeos, examinaron el tema Gitanos hoy: entre historia y nuevas exigencias pastorales. En conclusión, se planteó una propuesta para redactar un Documento de Pastoral de los Gitanos, una “herramienta de trabajo” para ofrecer a las Conferencias Episcopales, a los Pastores de las Iglesias Particulares, a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos comprometidos en esta Pastoral y a todos los que se interesan en ella.

Seis años más tarde, esta propuesta fue reafirmada por Juan Pablo II en su discurso a los Participantes en el Encuentro Internacional de Estudio de los Directores Nacionales y Expertos de la Pastoral de los Nómadas, convocado por nuestro Dicasterio en diciembre de 2001. El objetivo era precisamente el de poner los cimientos de aquel documento. Yo mismo, nombrado, en Noviembre de aquel año, Secretario del Dicasterio, me di cuenta, enseguida, de la envergadura del reto, y contra viento y marea, organicé el trabajo de redacción y seguí su proceder. Claro está que la amplia y compleja problemática del mundo gitano, la diversidad de los grupos que forman parte de ello, la terminología, etc..., convertían la tarea en ardua y laboriosa. 

El presentimiento de que el Documento hubiera llegado relativamente pronto ya se advirtió en el V° Congreso Mundial de la Pastoral para los Gitanos[15], llevado a cabo en Budapest (Hungría), del 30 de junio al 7 de julio de 2003, acerca del tema Iglesia y Gitanos: para “una espiritualidad de comunión”. Ello me ofreció la ocasión para presentar los Puntos fundamentales para una pastoral de los Gitanos: perspectiva eclesial, que se convirtieron en una base para el Documento actual.  

Encuentro del pasado Diciembre

Con objeto de profundizar el estudio y de animar su adecuada aplicación, nuestro Consejo Pontificio convocó a los Directores Nacionales de la Pastoral para los Nómadas a un Encuentro de Estudio que se llevó a cabo el 11 y 12 de diciembre de 2006, en la sede del Dicasterio. El acontecimiento contó con la participación de 27 encargados procedentes de 21 Países, en representación de tres Continentes: Europa, América y Asia, y tuvo como tema “Orientaciones para una Pastoral de los Gitanos. Examen detenido del Documento. Por primera vez participaron representantes de Bangladesh, Chile, Filipinas e Indonesia.

Entre los Ponentes estaban presentes – además de los Superiores de nuestro Consejo Pontificio – S.Em. el Cardenal Albert Vanhoye, S.J., quien trató el aspecto bíblico, los Rev. Profesores Philip Goyret y Eduardo Baura, de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, quienes hablaron, respectivamente, de los aspectos eclesiales y jurídicos, el Rev. P. Cyril Vasil', S.J, Profesor en la Facultad de Derecho Canónico Oriental, quien trazó el perfil de la identidad del Capellán, y el Rev. P. René Bernard, S.J., ya Director nacional de la Pastoral para los Gitanos en Francia, quien hizo una consideración general sobre el Documento. Los textos se encontrarán en el numero 103 de People on the Move.

Durante la Reunión, se constató una vez más, la necesidad de incrementar la Pastoral específica a favor de los Gitanos y de las poblaciones nómadas en general. Se invitó a la Iglesia a que profundice en el conocimiento del mundo gitano, para una evangelización más eficaz y amplia, y las Orientaciones se revelaron un positivo instrumento para lograrla. Los Participantes han constatado al mismo tiempo cómo el siglo XX aportó un cambio básico en la visión del mundo de los Gitanos con dos acontecimientos de envergadura histórica: el primero relacionado con la beatificación de Ceferino Jiménez Malla, humilde Gitano español, mártir de la guerra civil en 1936, mientras que el segundo se refiere a la petición de perdón a Dios por los pecados cometidos, incluso contra los Gitanos, de parte de los hijos de la Iglesia. La hizo el Papa Juan Pablo II, el 12 de marzo de 2000, con ocasión de las celebraciones del Gran Jubileo. Es necesario, por lo tanto, incrementar el proceso de recíproca reconciliación y asimismo cuidar e intensificar las actitudes de acogida y diálogo, dirigidos a favorecer la integración de la población gitana. 

Conclusiones del Encuentro

De un análisis exhaustivo de las Orientaciones, en su dimensión antropológica, sociológica, teológica y eclesial, asimismo histórica y jurídico-legislativa, surgieron numerosas conclusiones, de las que mencionamos sólo las más sobresalientes.

En primer lugar, los Directores Nacionales han reconocido la importancia de tener por fin un Documento que atestigüe los esfuerzos realizados por la Iglesia católica en la cura pastoral de los Gitanos, describiéndola no como mera beneficencia, sino como exigencia de la catolicidad de la Iglesia. Siguiendo las huellas de la verdadera catolicidad, además, la Iglesia tiene que volverse, en cierto sentido, ella misma gitana entre los Gitanos, para que estos puedan participar de manera completa en la vida eclesial.

Se ha enfatizado cómo la evangelización y la promoción humana tienen que ser consideradas complementarias en la actividad pastoral, y caracterizadas por elementos de justicia, fraternidad e igualdad. Además, se necesita una cierta “purificación” de la cultura gitana, a través de la superación de aquellos aspectos no compatibles con la visión cristiana de la vida o que, de una manera u otra, constituyen un obstáculo en el camino de la reconciliación y comunión entre Gitanos y gağé.

Los Gitanos interpelan a toda la Iglesia; por lo tanto la peculiaridad propia de la pastoral no puede eliminar el sentido de responsabilidad universal territorial de la misma, más bien, hace falta una articulación entre pastoral específica y territorial, parroquial. Al Obispo, además, se le pide la responsabilidad de la acogida y de la escucha de los Gitanos, animándoles a conservar su propia identidad y unidad. Ellos deben sentirse bien en la Iglesia local y en la comunidad a la que pertenecen en sus desplazamientos.

Los Participantes en el Encuentro de estudio, además, afirmaron la necesidad de dar prioridad a la tarea del Promotor episcopal, al ser su presencia y su acción esenciales para los Agentes pastorales.

Consecuentemente, consideraron como digno de alabanza la constatación de que en las Orientaciones es sólo la integración, entendida como inserción armoniosa en la aceptación de la diversidad, la que conduce hacia la deseable unidad. Por otra parte, acoger a los Gitanos sin asimilarles, ayudándoles preferentemente a conservar su propia especificidad, se presenta como un equilibrio difícil de realizar. Son esenciales, por lo tanto, un mayor compromiso y una más grande responsabilidad en el ámbito de la educación, de la formación profesional, de la igualdad con respecto a las leyes, la dignidad humana, el perdón reciproco y la interrupción de una cadena de ofensas que se trasmite de generación en generación.

Con el intento de terminar con la convicción de que la Iglesia es de los gağé y de que hay que renunciar a la propia identidad gitana para ser un “buen cristiano”, se propuso la multiplicación de los lugares donde los Gitanos puedan expresarse sobre su fe, como, por ejemplo, en la formación de las Escuelas de Fe, y la promoción de las peregrinaciones como ocasión de encuentro. Una Eucaristía “en el campo” puede significar la presencia de Cristo en el corazón de la vida gitana.

Incumbe, luego, al Consejo Pontificio trabajar para favorecer la acogida y una adecuada aplicación de las Orientaciones, pero, considerando la diversidad y la complejidad de las situaciones en las que viven los Gitanos en varios Países, las Iglesias locales están llamadas a estudiar la oportunidad de elaborar un tipo de “Directorio nacional”.

Los Directores nacionales han subrayado la importancia de la presencia de los sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas gitanos, en esta pastoral específica y la necesidad de acrecentar la solicitud por las vocaciones.  

Encuentro Mundial de consagrados gitanos

Como respuesta a esta petición, el Consejo Pontificio ha convocado para el próximo septiembre el Primer Encuentro Mundial de los sacerdotes, diáconos y religiosos/religiosas gitanos. A través de este Simposio, nuestro Dicasterio quiere ofrecerles la posibilidad de encontrarse, de conocerse y de reflexionar juntos acerca de su propio papel, incluso en la misión de la Iglesia entre los Gitanos. El tema seleccionado para la reunión, Con Cristo al servicio del Pueblo Gitano, se inspira en el n. 101 de las Orientaciones, en el que se subraya la necesidad de una solicitud particular de la Iglesia por las vocaciones gitanas, a fin de facilitar una auténtica implantatio Ecclesiae en este pueblo.

Todos nuestros esfuerzos darán fruto si se produce también una profunda conversión de la Comunidad cristiana – como dijo Pablo VI con ocasión de la Audiencia otorgada a los Participantes en el I° Simposio, el día 12 de febrero de 1975 – : “En este tiempo, en el que la Iglesia renueva su presencia en el mundo de los pobres, en este tiempo en el que nuestros hermanos nómadas son objeto de discriminación y de propaganda nefasta, [hay que] ayudarles a vivir mejor sus riquezas humanas y espirituales: sus alegrías y sus sufrimientos particulares. ... El Señor ya os permite recoger los frutos de vuestros esfuerzos: hombres y mujeres ya se despiertan en las responsabilidades de su ambiente y ya surgen las vocaciones: ¡Animo y confianza!”. Esta exhortación es todavía valida y actual. ¡Animo, pues! 

IV 

Me refiero ahora, para acabar, a los Circenses - Feriantes, una de las categorías humanas más acompañada por la maternal atención de la Iglesia, es la gran familia viajera[16], de la que forman parte los circenses y lunaparkistas, feriantes e artistas de la calle. Juan Pablo II, con ocasión de un encuentro a ellos dedicado, los describió como verdaderos artesanos de la fiesta, auténticos distribuidores de alegría, maravilla y asombro[17].

La vida dinámica de estas personas, caracterizada por cierta precariedad y, para los circenses, incluso por un continuo desarraigo de los ambientes y de las personas conocidas, implica grandes renuncias. Puede ser también que el impacto con las poblaciones locales residentes genere diversos problemas, como la creciente dificultad para encontrar áreas de aparcamiento y las enormes tarifas relacionadas con la ocupación del suelo publico. Además la reacción de los usuarios, no siempre es positiva: se alternan la demostración de simpatía y admiración para los actores y los espectáculos con conductas en ocasiones de oposición por el uso de animales.

La Iglesia acompaña el espectáculo popular con un buen numero – aunque todavía insuficiente – de Capellanes, quienes desarrollan su ministerio de diversas maneras. Entre ellas, se caracteriza el ministerio de la presencia, importante desde el punto de vista de la acogida y de la escucha, así como de la asistencia pastoral más específica a través de la vida sacramental (la celebración de los bautismos, de las primeras comuniones y de los matrimonios), con bendición también de los equipos (estructuras, instrumentos, etc), el counseling en las cuestiones de vida y de trabajo (soledad, relaciones recíprocas, alcohol y droga, problemas relacionados con la educación de los hijos, etc). Una pastoral organizada a nivel internacional se remonta a dos siglos atrás, cuando en el lejano 1868, en Bélgica, se instituyó la famosa Action Roulotte para el apostolado de los circenses y feriantes, mientras que en Italia los comienzos se dieron en 1924, en Padua. Más tarde Pío XII concedió a los Capellanes la facultad de celebrar Misa en los circos.

Nuestro Consejo Pontificio sostiene y apoya las distintas iniciativas y los esfuerzos para la evangelización de los circenses y feriantes con una obra que puede sintetizarse en los siguientes términos: coordinación, promoción y estímulo. 

Encuentros Internacionales

De hecho, podemos mencionar aquí algunas iniciativas particularmente importantes en este sector, recordando, para comenzar, el Primer Encuentro Europeo de Pastoral de los Circos y del Espectáculo Popular que se llevó a cabo en París, del 8 al 10 de febrero de 1975, con ocasión del "FORAINEXPO 1975", al considerarse un sitio ideal de dialogo con los representantes del mundo circense y del espectáculo popular. Los capellanes, procedentes de muchos Países europeos occidentales, reflexionaron sobre la Pastorale européenne au Service des Industriels Forains et Gens du Cirque.

Siguió el Segundo Encuentro Europeo, en Roma, el 23 de enero de 1976, con ocasión del XIX Congreso de la Union Forains Européenne. Además de los Capellanes, se reunieron también algunos religiosos y laicos comprometidos en esta pastoral. Se invitó a los representantes de la International Association of Amusement Parks and Attractions de los Estados Unidos de América. Los Participantes examinaron la cuestión de la escolarización de los niños y de la marginación, y de la participación de los laicos en el Apostolado en favor de los circenses y feriantes.

El Tercer Encuentro tuvo lugar en Berlín, del 15 al 18 de enero de 1979 y acogió a los representantes de la Iglesia en los Estados Unidos, que participaron con pleno derecho. Se convirtió de esta manera en el primer Encuentro llamado "Internacional". La participación, además, de algunos Pastores evangélicos, señaló una etapa importante en el desarrollo de la dimensión ecuménica de esta pastoral, dando comienzo a una larga tradición de colaboración entre Iglesias y Comunidades eclesiales comprometidas en este campo.

El 15 y 16 de septiembre de 1980, en el Aula del Sínodo del Vaticano, se realizó el IV Simposio Internacional de los Feriantes y Circenses, dedicado a La presencia evangelizadora de los laicos en el mundo de la fiesta. Allí se abordó el tema desde dos ángulos: uno histórico y otro teológico-pastoral, lo que permitió conocer el camino que esta presencia recorre a lo largo del tiempo, y, asimismo, ayudó a unos sesenta Participantes al Simposio a pensar en los modos de la evangelización relacionada con el espectáculo popular.

El V Simposio Internacional de la Pastoral de los Circenses y Feriantes, organizado en Vaticano, del 26 al 28 de noviembre de 1985, retomó el tema de las fiestas. De hecho, el argumento central fue De la fiesta profana a la fiesta cristiana. El encuentro registró una insólita participación de sacerdotes, religiosas y laicos responsables de la pastoral de este sector y fue, incluso, una ocasión de encuentro para el Comité Ejecutivo de la Union Forains Européenne.

Del 14 al 16 de diciembre de 1993, el Consejo Pontificio organizó en Roma, el VI Encuentro Internacional de la Pastoral para los Circenses y Feriantes, en el que participaron 90 personas, procedentes de 13 Países europeos y de los Estados Unidos: 8 Obispos, 22 Capellanes y 60 entre religiosas y laicos comprometidos en esta pastoral. El encuentro, tenía como tema Para una nueva evangelización en el mundo de los circos y parques de atracciones: educar a los jóvenes en la fe, y procuró estructurar de la mejor manera posible la acogida religiosa para la gente del circo y del espectáculo popular.

El Séptimo Congreso Internacional para la Pastoral de los Circenses, Lunaparkistas, Trabajadores del espectáculo popular y Participantes en las carreras automovilistas americanas[18], promovido por el Consejo Pontificio, se llevó a cabo en Roma, del 12 al 16 de diciembre de 2004. El tema general fue “Acoger a los Circenses y Feriantes – De la diversidad a la convivencia de las diferencias", que se inspiró, en su segunda parte, sobre todo en el Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado[19] de aquel año, y, asimismo, en la Instrucción Erga migrantes caritas Christi (II parte, números 34-69).

En una atmósfera de fraternidad y apertura, tomaron parte en las cuatro jornadas de reflexión y diálogo sobre la convivencia de las diferencias y el tema de la acogida cerca de noventa Participantes – Promotores Episcopales, Capellanes, religiosos/religiosas y laicos – entre los cuales algunos artistas del circo y agentes del espectáculo itinerante, procedentes de casi todos los países europeos, así como de los Estados Unidos de América, y – por primera vez – de Chile y de México.

Conclusiones del último Congreso Internacional

El Congreso abordó varias problemáticas e indicó algunas líneas-guía concretas teniendo en cuenta las comunicaciones, las conclusiones y el trabajo de los grupos de estudio. Los Ponentes se dedicaron a ilustrar algunos aspectos de la trasmisión del mensaje evangélico a los Circenses y Feriantes, así como los distintos momentos de su evangelización (catequesis e iniciación a los Sacramentos), considerando los cuatro subtemas principales del Congreso, es decir: acogida de los circenses y lunaparkistas por parte de las comunidades eclesiales; los jóvenes del circo y del lunapark, protagonistas de un encuentro entre fe y cultura; la familia y, en fin, la situación del circo y del lunapark en relación con la sociedad y la Iglesia.

Los Participantes subrayaron que, por todas partes, está cada vez más viva la conciencia de que el mundo circense tiene normas de cultura y tradición dignas de consideración y respeto, y que por lo tanto necesitan ser acogidas y atendidas. Para describir las características de estos últimos aspectos, los Congresistas se refirieron a la Instrucción Erga migrantes caritas Christi que, en el n. 39, habla de una verdadera y propia "cultura de la acogida", de la que los cristianos deben ser los promotores. Se trata, de hecho, de una cultura de acogida que sepa apreciar los valores auténticamente humanos de los demás, por encima de todas las dificultades que comporta la convivencia con quien es diferente de nosotros[20].

Es este, de hecho, el pensamiento del Magisterio pontificio acerca del derecho de los fieles a la libre integración eclesial así como a la conservación de la propia identidad, incluso en la expresión de la fe, con progresiva integración en las estructuras territoriales de la Iglesia local. Además, se hizo referencia al respeto a cada individuo y a la necesidad de  prohibir las  discriminaciones que humillan la dignidad de la persona humana.

El Documento Final, presentó varias problemáticas e indicó concretas líneas guía de solución.

Gran espacio se le dedicó al análisis de la situación de los jóvenes empleados en los circos y lunapark, para captar las exigencias y las espectativas a la luz del Evangelio. Se destacó, entonces, que aunque con diversidad de procedencia, confesión, religión, incluso de nivel social, puede afirmarse que su cultura es la misma de su ambiente de origen. Es evidente que la "modernidad" marca también a los jóvenes artesanos del circo y del lunapark, y no siempre de forma positiva. Sin embargo, tal vez a través de un testigo de confianza, ellos pueden encontrar en la fe una ayuda y una luz preciosa.

Con respecto a la familia cristiana en aquel ambiente, se constató que ella se presenta como lugar privilegiado del primer anuncio del Evangelio y del testimonio de fe viva. Son los padres y los abuelos quienes transmiten los valores humanos y la fe, y quienes ayudan en la preparación a los Sacramentos.

Mientras la estructura parroquial territorial ayuda a la población cristiana sedentaria a reconocerse comunidad en donde celebrar la fe y profundizar sus contenidos, para la gente del lunapark y, sobre todo, para la del circo, es prácticamente imposible "sentir" la pertenencia a una parroquia local o a una comunidad eclesial tradicional.

Así las Iglesias particulares, de hecho las parroquias, deben convertirse en "casas abiertas a todos", "parroquias misioneras" al servicio de la fe de las personas, incluidas aquellas de paso, circenses, lunaparkistas y gente del espectáculo popular. Estos, de hecho, aunque viven con el pesar de una continua partida, son, a todos los efectos, miembros de la comunidad cristiana durante el breve tiempo de permanencia en el lugar. Esta debe, por lo tanto, manifestar hacia ellos las actitudes y relaciones vitales que son requeridas por Jesús a su Iglesia, superando tentaciones e insidias contrarias al Evangelio.

Sería deseable, por tanto, que las Iglesias locales se encargaran de una obra de promoción, así como de un justo discernimiento con respecto a este sector de la pastoral de la movilidad humana, mediante una cultura de la acogida en su propio territorio. Se debería pensar, incluso, en la creación de un ministerio específico, teniendo en cuenta también el diaconado y los "ministerios laicales" en la línea de la misión (cfr. EMCC,  números 86-88, 98-99).

En conclusión, me refiero al deseo de Juan Pablo II, de que el mundo del circo y del espectáculo itinerante se convierta en un laboratorio de frontera por lo que concierne a las grandes temáticas de la pastoral, del ecumenismo y del dialogo inter-religioso, así como del compromiso común por construir una fraternidad universal[21].

En todo caso, todos los sectores que he presentado con sus actividades, como útil background para su compromiso, los considero como laboratorios de frontera y deseo que ustedes también les consideren así para su Pastoral, sin desanimarse ante las dificultades que encontrarán, confiados en que el Señor siempre está con nosotros.

Summary 

The Pastoral Care of Itinerants 

From March 18-21, 2007, the First National Seminar of Human Mobility – “Migrants and Itinerants”, took place in Santiago, Chile. The Pontifical Council was present in the person of Archbishop Agostino Marchetto, the Secretary of the Dicastery.  In his intervention, the Prelate explained the Church’s concern for human mobility from the viewpoint of itinerancy, and concretely the sectors of nomads, street dwellers and road users, circus people and also foreign students because they too are part of migrations.

Today approximately two million young people are abroad for study around the world.  Considering this phenomenon, the Archbishop made reference to the Church’s concern to accompany them in their lives as students.

The need for a specific pastoral care for them arises from the fact that they are not just students, but also temporary migrants, and also from the concrete problems and frequent difficulties they encounter because they are far from their families, with different habits and rhythms in life, a different language, and the need to adapt to the new environment.

In order to encourage those who are involved in this specific pastoral care as well as all university Chaplains so that their specific attention to foreign students will increase, the Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People convened two World Congresses. The first took place in 1996 on the theme, The Church’s Role in the World of Foreign Students. The second, which was held in 2005, dealt instead with Foreign Students and the Instruction Erga migrantes caritas Christi, in an attempt to open up the traditional university pastoral care to the specific migratory aspect and, at the same time, develop the already existing pastoral care to include concern for these students.

In the sector related to the pastoral care of the road, the Archbishop stated that approximately five years ago the Pontifical Council took up the problem of this pastoral care in the general context of human mobility and included in it concern for the people who live on and of the street, specifically boys and girls, women, and the homeless.

In the beginning, the main goal was respect for life in the defense of motorists and truck drivers as well as travelers, and sensitizing everyone to greater observance of the laws regulating traffic in order to avoid grave losses of life due to human causes.

To encourage those who are concerned with this specific pastoral care and, at the same time, promote greater sensitivity about its urgency, the Pontifical Council —as His Excellency Marchetto recalled—held two International Meetings on the Pastoral Care of the users (and workers) of the road: the First European Meeting for the National Directors of the Apostolate of the Road in February 2003, and the Second International Meeting of the Pastoral Care of the Road in December 2006, the purpose of which was to offer, in an international context, a serious, in-depth reflection on the many complex questions related to this phenomenon, including the “inhabitants of the road” as well.

With regard to the latter, in 2004 the Pontifical Council convened the First International Meeting for the Pastoral Care of Street Children.  Its goal was to give visibility to the institutional and private forces, the Christian associations and non-governmental organizations, the grassroots workers, volunteers and groups that are working in favor of these marginalized boys and girls.

In 2005, the Archbishop Secretary recalled that the First International Meeting of Pastoral Care for the Liberation of Women of the Street took place.  Here too the goal was to offer an in-depth reflection and create greater awareness of the many, complex and latent questions inherent in this scourge.

There are plans for this year (2007) to hold an International Meeting of Pastoral Care for the Homeless (clochard).

In any case, let us keep in mind that on June 19, 2007, the Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People published the document entitled, “Guidelines for the Pastoral Care of the Road”.  It will appear in the near future in various languages in our Review, People on the Move, in Suppl. No. 104, with excerpts for each language, and subsequently be available on our Internet site (www.vatican.va/Roman Curia/Pontifical Councils/Pastoral Care for Migrants and Itinerant People/ Sectors / Our Review “People on the Move”).

Archbishop Agostino Marchetto also presented the Pontifical Council’s initiatives in favor of the gypsies, who now number 36 million around the world.  In Europe—especially Central and Eastern Europe—from 9 to 12 million gypsies are living.  On October 27, 1965, Pope Paul VI created the International Secretariat of the Opus Apostolatus Nomadum.  Ten years later, the Pontifical Commission for the Pastoral Care of Migrations and Tourism, into which that Secretariat merged, organized the First International Congress for the Pastoral Care of Nomads, which took place in the offices of the Commission and had as its general theme The Evangelization of the Nomad Groups.  Until now, there have been five similar meetings and the last was held in Budapest, Hungary, in 2003.  The themes dealt with during these Congresses are as follows: The nomad family in the ecclesial Community; Vocation and mission of the gypsies in the Church and the world; Gypsies today: between history and new pastoral needs; The Church and the gypsies: for “a spirituality of communion”.  On December 8, 2005, the Pontifical Council published the Guidelines for the Pastoral Care of Gypsies, the first document of the universal Church dedicated to these people.  One year later the document was the subject of study by National Directors for the Pastoral Care of Gypsies who came to Rome from all around the world.  The Guidelines and related commentaries are available on the Vatican web site:

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifica_lcouncils/migrants/pom2006 100-suppl/rc_pc_ migrants_pom100-suppl.index.html and

http://www.vatican.va/roman\curia/pontifical_councils/migrants/pom2007_103/rc_pc_

migrants_pom103_index.html

One of the human groups that are followed in a particular way by the Church’s maternal attention is “the great traveling family”, as John Paul II called circus and fair people during a general audience in the Vatican in 1981.  Pastoral care organized on the national level dates back two centuries to when in far off 1868, in Belgium, Action Roulotte was created.  In Italy, official relations with travelers were recorded in 1924 in Padua.  Later, Pius XII granted the faculty to chaplains to celebrate Mass inside the circus.  The first two meetings of a “European” nature were held in 1975 and 1976, respectively on the occasion of the “FORAINEXPO 1975” on the theme Pastorale europeenne au service des industriels forains et gens du cirque, and in connection with the XIX Congress of the Union Forains Europeenne on the question of schooling for circus and fair children.  The ecumenical aspect is a particular characteristic of this pastoral area since the Catholic workers have a long tradition of collaboration with other Churches and ecclesial Communities involved in this area.  The most recent Seventh Congress took place in Rome in 2004 on the theme “Welcoming Circus and Fair People – From diversity to the conviviality of differences”.  The Proceedings of this Congress are available on the Vatican web site:

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/pom2005_99-suppl/rc_pc_migrants_pom99-suppl_index.html
 

Résumé 

La pastorale des Personnes en Déplacement 

Du 18 au 21 mars 2007, s'est tenu à Santiago du Chili le Ier Séminaire national de Mobilité humaine – "Migrants et Personnes en Déplacement". Le Conseil pontifical y était présent  grâce à son Secrétaire, S.E. Mgr Agostino Marchetto, archevêque, qui, dans son intervention, a illustré la sollicitude de l'Eglise à l'égard de la mobilité humaine sous l'aspect plus spécifiquement de l'itinérance dans le secteur des nomades, des habitants et des usagers de la route, des gens du cirque, et également des étudiants étrangers – ceux-ci étant toutefois inclus dans le domaine des migrations.

Les jeunes qui se rendent à l'étranger pour y étudier sont aujourd'hui 2 millions à travers le monde. A partir de ce phénomène, Mgr Marchetto a exposé le souci qu'a l'Eglise de les accompagner de façon vigilante dans leur vie d'étudiants.

La nécessité d'une pastorale spécifique à leur intention naît du fait qu'ils ne sont pas seulement des étudiants, mais aussi des migrants temporaires, et ce en raison des problèmes concrets et des difficultés fréquentes qu'ils rencontrent du fait de se trouver loin de leurs familles, avec des habitudes et des rythmes de vie différents, avec une langue différente et la nécessité de s'adapter à un nouveau milieu.

Afin d'encourager ceux qui s'occupent de cette pastorale spécifique ainsi que tous les aumôniers universitaires, et dans le but d'accroître leur attention particulière envers les étudiants étrangers, le Conseil Pontifical de la Pastorale pour les Migrants et les Personnes en Déplacement a convoqué deux Congrès mondiaux : le premier en 1996, sur le thème Le rôle de l'Eglise dans les monde des étudiants étrangers, et le second, en 2005, sur Les étudiants étrangers et l'Instruction "Erga migrantes caritas Christi". L'intention était d'ouvrir la pastorale universitaire traditionnelle à la spécificité migratoire et de développer en même temps celle qui existait déjà, avec une attention particulière pour ces étudiants.

Dans le secteur de la pastorale de la route et de la rue, Mgr Marchetto a affirmé que 5 ans plus tôt environ,  le Conseil Pontifical avait affronté ce problème dans le cadre général de la mobilité humaine, en y insérant l'attention pour les personnes vivant sur la route et de la rue, en particulier les jeunes, les femmes et les "sans domicile fixe".

Au début, le but principal était orienté vers le respect de la vie, en défense des automobilistes et des transporteurs routiers, ainsi que des voyageurs, en sensibilisant le plus grand nombre possible de personnes à un plus grand respect des lois réglementant la circulation, afin d'éviter que des vies ne soient perdues pour des causes humaines.

Et Mgr Marchetto a rappelé que pour encourager ceux qui sont impliqués dans cette pastorale spécifique, mais aussi pour promouvoir une plus grande sensibilité envers une telle urgence, le Conseil Pontifical a organisé deux Rencontres internationales de Pastorale des usagers (et travailleurs) de la route : la Ière Rencontre européenne pour les Directeurs nationaux de l'Apostolat de la route (et de la rue) en février 2003, et la IIème Rencontre internationale de Pastorale de la route, en décembre 2006, dont le but était, dans un contexte international, d'offrir une réflexion sérieuse et approfondie sur les questions nombreuses et complexes liées à ce phénomène, en tenant compte aussi des "habitants de la route et de la rue".

A ce propos, en 2004, le Conseil Pontifical a convoqué la Ière Rencontre internationale de Pastorale pour les enfants des rues, dans le but de rendre visibles les forces institutionnelles et privées, les associations d'inspiration chrétienne, les organisations non gouvernementales, les agents de base, le volontariat et les groupes travaillant pour les jeunes marginalisés.

En 2005, ce fut le tour de la Ière Rencontre internationale de Pastorale pour la Libération des femmes de la rue – a rappelé l'archevêque Secrétaire – là aussi dans le but d'offrir une réflexion approfondie et de créer une conscience plus aiguë des questions nombreuses, complexes et latentes de cet ultérieur fléau.

Une Rencontre internationale de Pastorale est prévue pour cette année (2007) à l'intention des "sans domicile fixe".

Il faut aussi mentionner que, le 19 juin 2007, le Conseil Pontifical de la Pastorale pour les Migrants et les Personnes en Déplacement a publié le document "Orientations pour la pastorale de la rue" (route), qui sortira prochainement en différentes langues sur notre Revue  People on the Move (Suppl. au n° 104), avec  des extraits dans chacune d'elles. Le document sera aussi reporté dans notre site web (www.vatican.va   à  Curie romaine  à  Conseils pontificaux  à  pour la Pastorale des Migrants et des Personnes en Déplacement  à  Secteurs  à  Notre revue People on the Move).

Mgr Agostino Marchetto a également présenté les initiatives du Conseil Pontifical en faveur des Tziganes – quelques 36 millions à travers le monde ; de 9 à 12 millions d'entre eux vivent en Europe et plus spécialement en Europe centrale et orientale. Le 27 octobre 1965, le Pape Paul VI a institué le Secrétariat international de l'Opus Apostolatus Nomadum. Et dix ans plus tard, la Commission Pontificale pour la Pastorale des Migrations et du Tourisme – qui absorba ce Secrétariat - a organisé le Ier Congrès international pour la Pastorale des Nomades, qui se déroula au siège de la Commission même, sur le thème général L'Evangélisation des groupes nomades. Jusqu'à aujourd'hui, on compte 5 rencontres de ce genre, dont la dernière s'est tenue à Budapest (Hongrie) en 2003. Les thèmes traités au cours de ces Congrès sont les suivants : La famille nomade dans la Communauté ecclésiale  - Vocation et mission des Tziganes dans l'Eglise et dans le monde – Tziganes aujourd'hui : entre histoire et nouvelles exigences pastorales – L'Eglise et les Tziganes : pour une spiritualité de communion. Le 8 décembre 2005, le Conseil Pontifical a publié les Orientations pour une Pastorale des Tziganes, premier Document de l'Eglise au niveau universel consacré à ce peuple. Un an plus tard, le texte a été étudié par les Directeurs nationaux pour la Pastorale des Tziganes qui étaient réunis à Rome, venant du monde entier. Les Orientations et commentaires relatifs sont disponibles sur les sites vaticans : http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/pom2006_100-suppl/rc_pc_migrants_pom100-suppl_index.html et 

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/pom2007_103/rc_pc_

migrants_pom103_index.html.

L'une des couches de la société que l'Eglise suit tout particulièrement avec une attention maternelle est "la grande famille voyageuse", comme le Pape Jean-Paul II a appelé les gens du cirque et les forains lors d'une audience générale au Vatican en 1981. Deux siècles plus tôt, il existait déjà une pastorale organisée au niveau national, lorsqu'en Belgique, en 1868, fut instituée l'Action Roulotte. En Italie, on enregistre des rapports officiels avec les gens du voyage en 1924, à Padoue. Plus tard, Pie XII concéda aux aumôniers la faculté de célébrer la Messe à l'intérieur du cirque. Les deux premières rencontres à caractère "européen" se sont déroulées en 1975 et en 1976, à l'occasion du "FORAINEXPO 1975" sur le thème de La Pastorale européenne au Service des Industriels forains et des Gens du Cirque et en concomitance avec le XIXème Congrès de l'Union européenne des Forains sur la question de la scolarisation des enfants du cirque et des forains. L'aspect œcuménique est une des caractéristiques de cette pastorale, du fait que les agents catholiques connaissent une longue tradition de collaboration avec les autres Eglises et Communautés ecclésiales engagées dans ce domaine. La dernière rencontre, le VIIème Congrès, s'est tenue à Rome en 2004, sur le thème "Accueillir les Gens du Cirque et les Forains : Des diversités à la convivialité des différences". Les Actes de la Rencontre sont disponibles sur le site vatican

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/

pom2005_99-suppl/rc_pc_migrants_pom99-suppl_index.html


 

* Intervención de S.E. Monseñor Agostino Marchetto con ocasión del I Seminario de Movilidad Humana – “Migrantes e Itinerantes”, Santiago de Chile, 17 - 21 de marzo de 2007.

[1] Cfr. Lumen Gentium, 13 y Carta a los Obispos sobre algunos aspectos de la Iglesia entendida como comunión, 8-9 : A.A.S.  LXXXV (1993) 842-844.

[2] Pablo VI, Discurso a los participantes de la VI sesión del Consejo General de la Pontificia Comisión para Latinoamérica, 27 de septiembre de 1971: Insegnamenti di Paolo VI, IX (1971) 824.

[3] El Documento se publicó en la Revista People on the Move, N. 95 y se encuentra en el sitio web: www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/documents/rc_pc_migrants_doc_ 20040514_erga-migrantes-caritas-christi_ sp. html.

[4] Juan Pablo II, Mensaje con motivo del Iº Congreso Mundial de la Pastoral para los Estudiantes Extranjeros, n. 4: L’osservatore Romano (ed. semanal en lengua española), N. 42 - 18 de octubre de 1996, 8.

[5] Benedicto XVI, Alocución a los alumnos de las universidades y ateneos romanos, 15 de diciembre de 2005: L’Osservatore Romano (ed. semanal en lengua española), N. 51 - 23 de diciembre de 2005, 9.

[6] Benedicto XVI, Mensaje para la 93ª jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado: L’Osservatore Romano (ed. semanal en lengua española), N. 47 - 24 de noviembre de 2006, 10.  

[7] Juan Pablo II,  Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, 38: A.A.S. LXXXII, Vol. II (1990) 1496.

[8] Pablo VI, Las precisas normas de las Leyes de Dios y de la conciencia moral en la utilización de la carretera: Insegnamenti di Paolo VI, Vol. X (1972) 1220-1222.

[9] Juan Pablo II, Mensaje a los participantes al I° Encuentro Internacional para la Pastoral de los niños de la calle : People on the Move XXXVII (2005) Suppl. 98, 4.

[10] Benedicto XVI, Mensaje a los participantes al II° Encuentro Internacional para la Pastoral de la carretera :   People on the Move N. 102.

[11] Se evalúan en unos 36 millones los Gitanos diseminados en todo el mundo, cuyos 18 millones viven en la India (considerada su tierra de origen) y entre los 9 y 12 millones en Europa, la mayoría en el Este europeo. Los Estados Unidos de América acogen casi un millón de Gitanos y, un poco menos, casi 900.000, viven en Brasil. Rumania y Hungría son los Países europeos con mayor concentración de poblaciones nómadas (entre 1.800.000 y 2.500.000), mientras que en Bulgaria y España su numero llega a 800.000 personas. El mundo gitano, además, está dividido por etnias, entre las cuales las más conocidas son los Rom y Sinti; siguen los Manousche, Kalé, Yéniches, Romanischals, Xoraxané, Kanjarjia, Rudari, Arl y otros.

[12] El Documento se encuentra en varios idiomas en el sitio web: www.vatican.va/roman_curia/pontifical_coun-cils/migrants/pom2006_100-suppl/rc_pc_migrants_ pom100-suppl_orientamenti-sp.html, y se publicó como Suplemento de People on the Move N. 100.

[13] Cfr Pablo VI, Homilía, 26 de septiembre de 1965: Insegnamenti di Paolo VI, Vol. III (1965), 490-495.

[14] Cfr. On the Move, N. 31, 28-30.

[15] La extensión geográfica y cuantitativa de los Países participantes en Budapest hizo que en el titulo se prefirió el termino "Congreso mundial" a  aquel de "Congreso Internacional". Se reunieron más de 200 personas, en representación de 26 Naciones de Europa, Asia e de las Américas. De particular relieve la participación de un considerable grupo de sacerdotes, religiosos y religiosas de origen gitano, quienes por primera vez se encontraron en un grupo de estudio. Las Actas del Congreso se publicaron en el Suplemento de People on the Move N. 93 y se encuentran también en el sitio web:

www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/pom2003_93S/rc_pc_migrants_

pom93S_ind.html.

[16] La "gran familia viajera" se revela una realidad extraordinaria si hablamos de ella en números. De hecho, en Europa, hay 80.000 atracciones ecuestres y más de 50.000 personas relacionadas al circo. Los visitantes a estas atracciones son casi mil millones. En América del Norte hay 4.000 ferias populares en las que trabajan 100.000 personas. Los "Carnivals" alcanzan 462 unidades, con 150.000 personas involucradas. Además, hay 60 grandes circos, con 2.000 artistas y 20.000 personas comprometidas en esta empresa. Miles de personas más trabajan en los parques de diversión, temporales o no, como en Disney World y Six Flags.

[17] Cfr. Juan Pablo II, Discurso a los Participantes al VI Simposio Internacional de la Pastoral para los Circenses y Feriantes, Ciudad del Vaticano, 16 de diciembre de 1993 : L’Osservatore Romano (ed. semanal en lengua española), N. 51 – 31 de diciembre de 1993, 5.

[18] El Documento final y las Actas del Congreso se encuentran en el sitio web: http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/documents/rc_pc_migrants_

doc_12161204_circensi_finaldoc_sp.html. Las Actas se publicaron en el Suplemento de People on the Move N. 99.

[19] Cfr. Juan Pablo II, Mensaje para la 90ª Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado : L’Osservatore Romano (ed. semanal en lengua española), N. 51- 26 de diciembre de 2003, 8.

[20] Cfr. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Post-sinodal Pastores Gregis, 65 : A.A.S. XCVI (2004), 912-913.

[21] Cfr. Juan Pablo II, Discurso a los Participantes en el VII Congreso Internacional de la Pastoral para los Circenses y Feriantes, Ciudad del Vaticano, 16 de diciembre de 2004 : L’Osservatore Romano (ed. semanal en lengua española), N. 52 - 24 de diciembre de 2004, 8.

 

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