Tú eres mi Bien
Epigrama. De David.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
2 Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
No hay bien para mí fuera de ti.
3 En los santos que hay en la tierra, varones insignes,
pongo toda mi complacencia.
4 Se multiplican las desgracias
de quienes van tras dioses extraños;
yo no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
5 El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano:
6 me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
7 Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
8 Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
9 Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
10 Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción.
11 Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
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