Las falsas seguridades
No confíes en tus riquezas,
ni digas: «Con esto me basta».
2 No sigas tu instinto y tu fuerza, secundando las pasiones de tu corazón.
3 Y no digas: «¿Quién puede dominarme?», porque el Señor ciertamente te castigará.
4 No digas: «He pecado, y ¿qué me ha pasado?», porque el Señor sabe esperar.
5 Del perdón no te sientas tan seguro, mientras acumulas pecado tras pecado.
6 Y no digas: «Es grande su compasión, me perdonará mis muchos pecados», porque él tiene compasión y cólera,
y su ira recae sobre los malvados.
7 No tardes en convertirte al Señor, ni lo dejes de un día para otro,
porque de repente la ira del Señor se enciende, y el día del castigo perecerás.
8 No confíes en riquezas injustas,
porque de nada te servirán el día de la desgracia.
El dominio de la lengua
9 No avientes el grano con cualquier viento, ni camines por cualquier sendero;
así lo hace el pecador que habla con doblez.
10 Mantente firme en tus convicciones, y no tengas más que una palabra.
11 Sé pronto para escuchar y tardo en responder.
12 Si sabes algo, responde a tu prójimo, pero si no, mano a la boca.
13 Hablar puede traer gloria y deshonra, y la lengua es la ruina del hombre.
14 Que no te tachen de murmurador,
ni pongas emboscadas con tu lengua,
porque sobre el ladrón cae la vergüenza,
y una severa condena sobre el que habla con doblez.
15 En lo grande y en lo pequeño no faltes.
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