Los cristianos en el mundo
1 Recuérdales que se sometan a los gobernantes y a las autoridades; que obedezcan, estén dispuestos a hacer el bien, 2 no hablen mal de nadie ni busquen riñas; que sean condescendientes y amables con todo el mundo. 3 Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, andábamos por el camino equivocado; éramos esclavos de deseos y placeres de todo tipo, nos pasábamos la vida haciendo el mal y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros. 4 Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre, 5 no por las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino, según su propia misericordia, nos salvó por el baño del nuevo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo, 6 que derramó copiosamente sobre no- sotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador, 7 para que, justificados por su gracia, seamos, en esperanza, herederos de la vida eterna.
Recomendaciones al responsable de la comunidad
8 Es palabra digna de crédito y en ella quiero que te afiances, para que cuantos han creído en Dios pongan el máximo interés por destacarse en el buen obrar. Esto es bueno y provechoso para todos. 9 Evita disquisiciones estúpidas, genealogías, polémicas y disputas sobre la ley, ya que son inútiles y vanas. 10 Huye del que es sectario después de haberlo amonestado una o dos veces, 11 sabiendo que es un pervertido, un pecador y que es él quien se condena a sí mismo.
Últimas disposiciones y saludo final
12 Cuando te haya enviado a Artemas o a Tíquico, procura venir enseguida a mi lado, a Nicópolis, pues he decidido pasar allí el invierno. 13 Provee con generosidad de cuanto sea necesario a Zenas el maestro de la ley y a Apolo, para que no les falte de nada. 14 Y que aprendan también los nuestros a destacarse en el buen obrar cuando haya necesidades urgentes. Será entonces cuando realmente den fruto. 15 Te saludan todos los que están conmigo. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia esté con todos vosotros.
Menú