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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS
CON MOTIVO DE SU XLIII CAPÍTULO GENERAL


Viernes 9 de junio de 2000

 

Queridos hermanos;
queridos amigos:

1. Me alegra acogeros ahora que estáis reunidos con ocasión de vuestro XLIII capítulo general y vuestra familia religiosa celebra el centenario de la canonización de san Juan Bautista de la Salle, así como el cincuentenario de su proclamación, por el Papa Pío XII, como patrono especial de todos los educadores de la infancia y la juventud.

Estos diferentes acontecimientos son para vosotros una ocasión particularmente favorable para dar un impulso renovado a vuestras diversas misiones educativas y evangelizadoras, según el carisma de vuestro fundador, a pesar de la disminución de vuestros efectivos. Me alegra, sobre todo, la disponibilidad de vuestro instituto a responder, en íntima comunión con las Iglesias particulares, a las nuevas exigencias de niños y jóvenes, en especial de los más pobres que, en todo el mundo, necesitan recibir una formación humana, moral, catequística y escolar, para convertirse en hombres y mujeres que asumen su responsabilidad en la comunidad cristiana y en la sociedad del futuro. Esa disponibilidad se refleja en el tema de vuestros trabajos: Unidos para el servicio educativo a los pobres como respuesta lasaliana a los retos del siglo XXI. La Iglesia está invitada a ofrecer incansablemente a la juventud este don de la educación, que manifiesta su atención a las realidades y a las expectativas de poblaciones que tienen necesidad de apoyo en su promoción humana.

2. Vuestros hermanos desempeñan un papel incomparable. Mediante su vida consagrada, son ante el mundo testigos de lo absoluto de Dios y de la felicidad que sienten al servir al Señor sirviendo a los hombres, en especial a los niños, que son los predilectos de Dios. Con su vida comunitaria, manifiestan que Cristo es un vínculo de fraternidad muy fuerte entre las personas, que lleva a la comunión, a la colaboración, a la paz y al perdón. Por eso, están cercanos a todos, con la solidaridad diaria del educador que guía paciente y delicadamente a los jóvenes por el camino de la madurez y la verdadera libertad.

3. Vuestros recientes capítulos os han permitido reflexionar en la posible participación con otras congregaciones religiosas y con seglares, que desean unirse a vuestras misiones y vivir, con su estilo propio, el carisma lasaliano. Estimo particularmente esa colaboración, que permite unir las fuerzas con vistas a una mayor eficacia misionera. La presencia de laicos a vuestro lado es un signo apreciable del lugar cada vez más importante que están llamados a ocupar en la vida de la Iglesia, algo que quiero alentar vivamente, como ya hice en la exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata (cf. n. 56). A vosotros os corresponde dar a los laicos que quieran ser miembros asociados la formación necesaria para su vida espiritual y para su servicio. Entonces, apoyándose en la enseñanza y en la espiritualidad de san Juan Bautista de la Salle, podrán encontrar caminos para desarrollar, según su estado de vida y respetando las identidades respectivas y las características de la vida consagrada, su itinerario espiritual, a fin de ponerlo en práctica en el servicio educativo que se les confíe, esmerándose por convertirse en modelos de maestros cristianos.

Al término de nuestro encuentro, pido a la Virgen María y a san Juan Bautista de la Salle que sostengan vuestros esfuerzos y hagan fructificar vuestro capítulo general. Os imparto de todo corazón una afectuosa bendición apostólica.

 



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