VIDEOMENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
CON MOTIVO DE LA CONCLUSIÓN DE LA
PEREGRINACIÓN EUCARÍSTICA NACIONAL
[5 de julio de 2026, Estados Unidos de América]
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Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
me complace saludarlos al concluir la Peregrinación Eucarística Nacional. Como saben, las peregrinaciones están profundamente arraigadas en la tradición judeocristiana y con frecuencia se realizan para celebrar aniversarios importantes, ya que la comunidad se une en oración. En este sentido, ha sido particularmente oportuno conmemorar el 250.º aniversario de los Estados Unidos de América con una peregrinación centrada en nuestro Señor. Mientras recorrían muchas de las trece colonias originales, ustedes oraron por la unidad, la renovación y la sanación del país, bajo el lema «Una sola nación bajo Dios». Estas intenciones también me tocan profundamente el corazón. Por esta razón, expreso mi sincera gratitud a la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y a todos quienes contribuyeron a la organización de este evento, así como a todos quienes participaron en persona o de manera virtual.
Esta nación, unida «bajo Dios», ha estado impregnada de un sentido de fe que reconoce la soberanía de Dios incluso antes de su constitución formal. Su peregrinación comenzó en San Agustín, Florida, donde el 8 de septiembre de 1565, en la solemnidad de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, los exploradores y colonos españoles, al llegar, celebraron la Misa de acción de gracias, seguida de un banquete compartido con la tribu local de los seloy. Este acontecimiento histórico, junto con muchos otros, da testimonio del fuerte, aunque en gran medida desconocido, legado eucarístico de los Estados Unidos de América. Dicho legado, lejos de haber caído en el olvido, debe seguir sirviendo como fuente tanto de renovación como de unidad.
Con la bendición de Dios Todopoderoso, este legado ha seguido dando fruto, guiando a nuevas generaciones de católicos estadounidenses hacia Jesucristo. El Señor también inspiró a algunos hombres y mujeres a dar testimonio del Evangelio de manera radical. Pienso, por ejemplo, en los mártires de Nueva York y Georgia, Santa Kateri Tekakwitha, Santa Elizabeth Ann Seton, Santa Katharine Drexel, San John Neumann y el venerable Fulton Sheen, quien pronto será beatificado. El camino que han recorrido lleva el nombre de otra santa, Francisca Javiera Cabrini, fundadora de una congregación religiosa cuya misión era atender las necesidades espirituales y materiales de los migrantes pobres. La intensa actividad apostólica de estos santos y santas, y de otros como ellos, no habría sido posible sin la fuerza que obtenían diariamente de los momentos de oración silenciosa ante el sagrario.
Hermanos y hermanas, al participar en esta Peregrinación Eucarística, ustedes dan continuidad a este gran legado de fe. A lo largo de su camino, no han faltado la celebración de la Misa, las procesiones eucarísticas y la adoración del Santísimo Sacramento, lo cual les ha brindado la fuerza y el alimento necesarios para continuar su recorrido. Quizás incluso hayan experimentado ustedes mismos un hambre de «el pan vivo, descendido del cielo» (Jn 6, 51). De hecho, el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Nuestro Señor Jesucristo son la vida de la Iglesia peregrina en la tierra. San Juan Pablo II lo expresó maravillosamente en su Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia: «La Eucaristía, presencia salvadora de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual, es de lo más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por la historia» (n.º 9). Mientras el país celebra el aniversario de la fundación de su patria terrenal, espero que esta experiencia de peregrinos les ayude también a fijar la mirada en la patria celestial (cf. Heb 11, 16), y que, al mismo tiempo, sirva para recordar que la Eucaristía es un don precioso, nuestro alimento indispensable. Es precisamente al reconocer y acoger este don que la Iglesia en los Estados Unidos encontrará la fuerza para continuar su servicio caritativo a la sociedad en general, especialmente en los ámbitos de la educación, la atención médica y los servicios sociales básicos, al tiempo que prosigue su misión de evangelizar.
Ahora que esta peregrinación llega a su fin, los aliento a que confíen sus vidas a la amorosa providencia de Dios al regresar a sus hogares, así como a cultivar una vida eucarística sólida entre sus familias, sus amigos y sus comunidades. Confiado en que la Peregrinación Eucarística dará abundantes frutos en los Estados Unidos de América, los encomiendo a todos a la intercesión maternal de la Inmaculada Virgen María.
Y que Dios Todopoderoso los bendiga a todos, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 5 de julio de 2026
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