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PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 1 de octubre de 2023

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¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Hoy el Evangelio habla de dos hijos, a los que el padre pide que vayan a trabajar a la viña (cf. Mt 21,28-32). Uno de ellos responde inmediatamente "sí", pero luego no va; el otro dice "no", pero luego se arrepiente y va.

¿Qué se puede decir de ambos comportamientos?  Se puede inmediatamente pensar que ir a trabajar a la viña requiere sacrificio y santificarse; sacrificarse cuesta, no es espontáneo, aun con lo hermoso de saberse hijos y herederos. El problema no está aquí tan ligado a la resistencia a ir a trabajar en la viña, sino en la sinceridad o al menos frente al padre y frente a uno mismo. Si de hecho ninguno de los dos hijos se porta de manera impecable, uno miente, mientras que el otro se equivoca, pero permanece sincero.  

Miremos al hijo que dice “sí”, pero luego no va. Él no quiere hacer la voluntad del padre, pero tampoco quiere ponerse a discutir y hablar. Así se esconde detrás de un “sí”, detrás de un falso asenso, que esconde su pereza y por el momento le salva la cara. Es un hipócrita. Se escabulle sin conflictos, pero engaña y desilusiona a su padre, faltándole el respeto de peor forma de lo que habría hecho un franco “no”. El problema de un hombre que se comporta así es que no es solo un pecador, sino también un corrupto, porque miente sin problemas para cubrir y camuflar su desobediencia, sin aceptar algún dialogo, o enfrentamiento honesto.  

El otro hijo, aquel que dice “no” pero luego va, es en cambio sincero. No es perfecto pero sincero. Ciertamente, nos hubiera gustado verlo decir “sí” inmediatamente. Pero no es así, al menos, manifiesta de manera franca y en un cierto sentido valiente su reticencia. Se asume, por lo tanto, la responsabilidad de su comportamiento y actúa bajo la luz del sol. Luego, con esta honestidad de base, termina poniéndose en discusión, llegando a entender que se ha equivocado y regresando por sus pasos. Es, podremos decir, un pecador, pero no un corrupto. Escuchen esto: éste es un pecador, pero no es un corrupto. Y para el pecador hay siempre esperanza de redención; para el corrupto, en cambio, es mucho más difícil. De hecho, sus falsos “sí”, aparentemente elegantes pero hipócritas y sus ficciones convertidas en habito son como un grueso “muro di goma”, detrás del cual se resguarda de la voz de la conciencia. Y estos hipócritas hacen tanto daño. Hermanos y hermanas, pecadores sí, todos somos pecadores, ¡corruptos no! ¡Pecadores sí, corruptos no!

Mirémonos ahora a nosotros mismos y, a la luz de todo esto, hagámonos alguna pregunta. ¿Frente al cansancio de vivir una vida honesta y generosa, de comprometerme yo -cada uno dice, me comprometo- según la voluntad del Padre, estoy dispuesto a decir “sí” cada día, aunque cueste? Y cuando no lo consigo, soy sincero en el enfrentarme con Dios sobre mis dificultades, mis caídas, ¿mis fragilidades? Y cuando digo "no", ¿vuelvo atrás? Habla con el Señor sobre esto. ¿Cuándo me equivoco, estoy dispuesto a arrepentirme y a regresar sobre mis pasos? ¿O hago como si nada y vivo llevando una máscara, preocupándome solo en aparecer como bueno y correcto? En definitiva, soy un pecador, como todos, ¿o hay en mi algo de corrupto? No lo olviden: pecadores sí, corruptos no.

Que María, espejo de santidad, nos ayude a ser cristianos sinceros.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

        Ayer, en Piacenza, fue proclamado beato el padre Giuseppe Beotti, asesinado por odio a la fe en 1944. Pastor según el corazón de Cristo, no dudó en ofrecer su vida para proteger el rebaño que se le había confiado. ¡Aplaudamos al nuevo beato!

He seguido estos días la dramática situación de los desplazados en Nagorno-Karabaj. Renuevo mi llamamiento al diálogo entre Azerbaiyán y Armenia, con la esperanza de que las conversaciones entre las partes, con el apoyo de la comunidad internacional, propicien un acuerdo duradero que ponga fin a la crisis humanitaria. Prometo mis oraciones por las víctimas de la explosión del depósito de combustible cerca de la ciudad de Stepanakert.

Hoy comienza el mes de octubre, el mes del Rosario y de las misiones. Exhorto a todos a experimentar la belleza de rezar el Rosario, contemplando con María los misterios de Cristo e invocando su intercesión por las necesidades de la Iglesia y del mundo. Recemos por la paz, en la martirizada Ucrania y en todas las tierras heridas por la guerra. Recemos por la evangelización de los pueblos. Y recemos también por el Sínodo de los Obispos, que este mes celebrará su primera Asamblea sobre el tema de la sinodalidad de la Iglesia.

Hoy celebramos a Santa Teresa del Niño Jesús, Santa Teresa, la santa de la confianza. El próximo 15 de octubre se publicará una Exhortación Apostólica sobre su mensaje. Oremos a Santa Teresita y a la Virgen. Que Santa Teresita nos ayude a confiar y a trabajar por las misiones.

Saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de Italia y de muchos países. En particular, saludo al grupo del Santuario de la Virgen de la Revelación en las Tre Fontane de Roma, a los fieles de una parroquia de Catania, a los confirmandos de Porto Sant'Elpidio, a los scouts de Afragola y a las cofradías de Arqueros Históricos y de Caballeros de San Sebastián. Mis pensamientos y mi aliento se dirigen a la Asociación Nacional de Mujeres Operadas del Seno.

Hoy están aquí a mi lado, como pueden ver, cinco niños, que representan a los cinco continentes. Junto a ellos, quiero anunciarles que el 6 de noviembre por la tarde, en el Aula Pablo VI, tendré un encuentro con niños de todo el mundo. El evento, patrocinado por el Dicasterio para la Cultura y la Educación, tendrá como tema "Aprendamos de los niños y de las niñas". Es un encuentro para manifestar el sueño de todos: volver a tener sentimientos puros como los niños, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como niños. Los niños nos enseñan la claridad de las relaciones y la aceptación espontánea del extraño y el respeto de toda la creación. Queridos niños, los espero a todos para aprender yo también de ustedes.

Les deseo a todos un buen domingo. Y, por favor, no olviden rezar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós!



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