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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS DIRIGENTES Y ESTUDIANTES
DEL INSTITUTO "AMBROSOLI" DE CODOGNO,
ITALIA

Sala Clementina
Sábado, 22 de mayo de 2021

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Os doy las gracias a todos, queridos amigos y sed bienvenidos. Gracias por vuestra presencia. Creo que este encuentro debería haber tenido lugar el pasado mes de febrero, en el aniversario del inicio de la epidemia en Europa, precisamente en la ciudad de Codogno. Agradezco las palabras de presentación de la señora dirigente. Doy las gracias al ciudadano quizás más famoso de Codogno, Mons. Fisichella y os doy las gracias a todos. Gracias.

En cuanto recibí vuestra propuesta, vi que era importante aceptarla, porque vuestra escuela, en el contexto de esta difícil prueba, representa un signo de esperanza. En primer lugar porque es una escuela, es decir, un lugar educativo por excelencia. Y en segundo, concretamente, porque se trata de una escuela técnica y profesional, es decir, que prepara directamente a los jóvenes para el trabajo; y precisamente el trabajo, el empleo, es una de las víctimas de esta pandemia. Por lo tanto, sois un doble signo de esperanza. Pero si verdaderamente sois un signo de esperanza, es porque, como dijo la directora, "nunca os habéis desanimado". Eso es decisivo. Me congratulo con vosotros.

En estos meses he recibido noticias de varias experiencias muy positivas vividas por grupos de profesores y alumnos, en Italia y en otros países. Experiencias que demuestran que cuando la generatividad de los profesores se encuentra con los "sueños" de los alumnos, ¡no hay virus que pueda detenerlos! Vosotros, chicos y chicas, lleváis dentro una fuerza, un deseo que, si es estimulado y acompañado con sabiduría y pasión por los adultos, da frutos sorprendentes. Lo decía muy bien la directora: hacen falta profesores que sean "maestros" en el sentido más noble del término.

En particular, vuestro Instituto pone de relieve el vínculo entre el aprender y el hacer, entre el estudio y la operatividad, entre la "cabeza" y las "manos". Falta uno: vuestro corazón. Los tres lenguajes: el de la cabeza, el del corazón y el de las manos. Para llegar a esa coherencia por la que se piensa lo que se siente y se hace, se siente lo que se piensa y se hace, se hace lo que se siente y lo que se piensa. Esa coherencia total. Y estas tres dimensiones deben interactuar siempre en la escuela, así como están conectadas en la persona, en el camino de la vida. Cabeza, corazón y manos: un círculo que debe mantenerse siempre abierto y dinámico.

La dimensión relacional entre vosotros, los alumnos, y también con los profesores, se ha visto perjudicada durante los largos meses de enseñanza a distancia. Os deseo que podáis reanudarla plenamente. Pero también os invito a aprender de esta carencia: que, de alguna manera, esta experiencia negativa pueda enseñar algo, es decir, la importancia de las relaciones interpersonales reales, no virtuales. Vosotros, chicos y chicas, sois hijos de la sociedad digital, que ha abierto nuevos caminos al conocimiento y a la comunicación; pero sabemos ya que existe el peligro de encerrarse en uno mismo y ver siempre la realidad a través de un filtro que sólo aparentemente acrecienta nuestra libertad. Ojalá la experiencia de la pandemia, con esta "abstinencia" de relaciones amistosas, estimule en vosotros, que sois conscientes de ello, un mayor sentido crítico en el uso de estas herramientas; para que sigan siendo tales, es decir, herramientas, sujetas a nuestra inteligencia y voluntad.

Y quería deciros algo más: seguramente lo habéis oído tantas veces: “los jóvenes, tenemos que cuidar de los jóvenes porque son el futuro”. Nada: vosotros sois el presente, vosotros sois el presente. No hay que pensar en moverse hacia el futuro: seréis el futuro si sois el presente. Sois el presente en la sociedad. Sin los jóvenes, una sociedad está casi muerta. Sois el presente porque traéis vida nueva. No lo olvidéis.

Queridos amigos, gracias de nuevo por vuestra visita. Os deseo un buen fin de curso  —ya falta poco— no sólo por las notas, sino también y sobre todo por lo que se refiere a vuestros rostros (N.d.r. El Papa hace un juego de palabras entre notas “voti” en italiano y “volti", rostros). Que cada uno de vosotros sienta el deseo de dar gracias a Dios por la oportunidad de la escuela: un lugar en el que crecer con la cabeza, con las manos y con el corazón; un lugar en el que aprender a vivir vuestras relaciones de forma abierta, respetuosa y constructiva; un lugar en el que convertiros en ciudadanos conscientes y responsables. Os bendigo y os acompaño en la oración. Y vosotros también, por favor, os lo pido, rezad por mí. Gracias.


Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 22 de mayo de 2021.

 



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