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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 17 de junio de 1987

 

1. "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (Jn 13, 1). Así dice el texto del Evangelio de Juan en el que la Iglesia que está en Polonia ha concentrado su reflexión durante el Congreso Eucarístico nacional. Invitado a participar en la semana culminante del Congreso, he podido meditar, junto a mis compatriotas, sobre la Eucaristía a la luz de aquellas palabras de Juan, que nos introducen de forma particular en la substancia misma del misterio.

2. Expreso mi gratitud cordial a Dios por haber podido vivir las distintas etapas del Congreso, que se han sucedido en algunos centros importantes, comenzando en Varsovia, capital de Polonia, a través de Lublín, Tarnow, Cracovia, luego en Szczecin, Gdynia y Gdansk en el litoral báltico, y por último, pasando por Czestochowa y Lodz, nuevamente en Varsovia, donde tuvo lugar el acto central del Congreso Eucarístico.

El amor con que Cristo nos amó hasta el fin, instituyendo el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, fructifica sobre todo en la santidad, a la que todos son llamados en la Iglesia. La beatificación, primero de Carolina Kózka (en Tarnow), una hija del pueblo sencillo de Polonia, que sufrió el martirio en defensa de su castidad virginal, y luego la beatificación del obispo Michal Kozal (en Varsovia), que en el campo de concentración de Dachau dio testimonio de Cristo con su vida y con su muerte, se situaban en continuidad orgánica con el hilo conductor del Congreso.

3. En conexión con la Eucaristía estaban también los sacramentos administrados en las distintas etapas de mi peregrinación a través de Polonia: el sacramento del sacerdocio en Lublín, el sacramento del matrimonio (con la renovación de las promesas matrimoniales por parte de las parejas ya casadas), en Szczecin; el sacramento de la unción de los enfermos en Gdansk; la primera comunión de los niños en Lodz.

Hay que subrayar aquí la excelente preparación espiritual y litúrgica de todos estos encuentros eucarísticos, en los que participaron cientos de miles de fieles, hasta superar en algunos casos el millón. La belleza de la oración común resaltada por los cantos, los del coro o de toda la asamblea, corría paralela a los largos momentos de silencio y recogimiento profundos, cuando lo exigía el acto litúrgico.

4. Paralela a esta experiencia multiforme del misterio eucarístico, se desarrolló durante la peregrinación otra línea de reflexión que, en el conjunto del mensaje evangélico, se halla estrechamente unida a la Eucaristía: el compromiso moral en la dimensión tanto personal como comunitaria. Comenzando por la familia, pasando por las diversas comunidades vinculadas con el trabajo humano, hasta llegar a la comunidad entendida en sentido pleno: la sociedad y la nación.

He tenido además la posibilidad de encontrarme sucesivamente con hombres del mundo de la ciencia, que se habían reunido de toda Polonia a invitación de la Universidad Católica de Lublín; con el mundo de los agricultores polacos, reunidos en Tarnow en torno a la primera hija del campo polaco elevada a la gloria de los altares, con el mundo de los "hombres del mar" en Gdynia y en el litoral; con el mundo de los hombres del trabajo industrial en Gdansk y, luego, en una fábrica de Lodz, con las mujeres que trabajan en la industria textil. Por último, tuve un encuentro con los representantes de la cultura y del arte nacional en la iglesia de la Santa Cruz de Varsovia. Muy importante fue asimismo el encuentro con los jóvenes: con los representantes de la juventud, especialmente de la juventud universitaria, de toda Polonia en Vesterplatte, y antes de ese encuentro y fuera de programa, otro, que en otras ocasiones era tradicional, con el mundo de los jóvenes en Cracovia.

La verdad sobre Cristo, que nos amó hasta el fin, tiene una elocuencia especial para todos los grupos sociales. Es un testimonio que confirma al hombre en cualquier camino de su vida y de su vocación. Testimonio exigente y al mismo tiempo salvador.

Esto se realiza de un modo especial a través de los hombres llamados por Cristo a dedicarse completamente a su servicio: a través de los sacerdotes y las personas consagradas: las religiosas, los religiosos, los seminaristas. Todos estos grupos han encontrado un puesto adecuado en el programa de la visita.

5. Contemplando el conjunto de esta visita, el programa, pero también los temas tratados en las homilías y discursos, hay que constatar con agradecimiento una gran madurez en toda la sociedad. Gracias a esta madurez ha sido posible tocar muchos problemas esenciales y difíciles. Problemas en torno a los cuales han crecido las tensiones durante estos últimos años. Todos estos problemas se han podido tocar públicamente, siendo ilustrados de acuerdo con la importancia que les atribuyen el Evangelio, la Iglesia y su doctrina social.

El hecho de que todo esto haya podido desarrollarse del modo en que se ha desarrollado, constituye ciertamente un servicio al progreso del diálogo, que tiene como finalidad tanto la justicia social como la paz: la paz interna, pero también la paz en la dimensión internacional del mundo contemporáneo.

En ningún sitio quedó turbado el carácter estrictamente sacro de las asambleas litúrgicas y la serenidad de los demás encuentros realizados durante la visita,

6. Por otra parte, en el transcurso de esta peregrinación, han ocurrido muchos hechos importantes, que quisiera al menos enumerar:

—en relación con la celebración de los 600 años del bautismo de Lituania, la Santa Misa en la catedral de Wawel, junto a las reliquias de Santa Eduvigis, reina, y junto a la tumba de su esposo Wladyslaw Jagiello;

—la Santa Misa en Tasna Góra (Czestochowa) en relación con la inauguración del Año Mariano. Allí consagré además a María, Reina de Polonia, mi servicio pastoral, sus frutos y todas sus esperanzas;

—la visita al campo de concentración de Madjanek, cerca de Lublín;

—la visita a la tumba del cardenal Stefan Wyszynski, como también a su monumento en el centro de la capital;

—la visita a la tumba del llorado sacerdote Jerzy Popieluszko;

la visita a las cruces de Gdansk, que recuerdan las víctimas de 1970.

Como hechos de gran importancia hay que enumerar además:

—el encuentro con el Consejo Ecuménico Polaco;

—el encuentro con los representantes de la comunidad judía;

—la visita a la iglesia de la Asunción de María Santísima, en Varsovia, que pertenece a los fieles de la Iglesia católica ucrania.

En un plano diferente, tienen también importancia:

—la visita, al comienzo de la peregrinación, al castillo real de Varsovia, y dos coloquios con el Presidente del Consejo de Estado.

Por último, el encuentro con Lech Walesa, Premio Nobel de la Paz.

7. Aprovecho esta circunstancia para expresar mi vivo y respetuoso agradecimiento a las autoridades estatales y a los diferentes organismos administrativos que han creado las condiciones favorables a esta visita, tan rica por su programa y por su temática.

Estoy vivamente agradecido al Episcopado y a su Presidente, el cardenal primado, por la iniciativa tan feliz y fecunda de organizar el Congreso Eucarístico nacional. La semana que hemos vivido juntos no ha sido tanto una conclusión cuanto el comienzo de una gran tarea pastoral de la Iglesia en Polonia, que debe pasar a todos los centros diocesanos y parroquiales, a las comunidades, a los ambientes, y a las familias.

8. Mientras resuena aún en mis oídos el canto del "Oh Señor, tan bueno como el pan, que nos has amado hasta el fin", pido con humildad y confianza al Buen Pastor que el servicio que he realizado en mi tierra natal produzca, por intercesión de la Señora de Jasna Góra buenos frutos.

Y pido a todos que oren por la misma intención.


Saludos

Amados hermanos y hermanas:

Vaya ahora mi más cordial saludo a todos los peregrinos y visitantes de lengua española.

En particular, saludo a las peregrinaciones marianas de Panamá y Colombia, así como a la peregrinación proveniente de Granada y a los diversos grupos de alumnos, profesores y acompañantes de Cataluña.

A todas las personas, familias y grupos procedentes de los diversos países de América Latina y de España, al comienzo de este Año Mariano, bajo la mirada misericordiosa de la Santísima Virgen, imparto con afecto la bendición apostólica.



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