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VISITA PASTORAL

SANTA MISA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

Parroquia “Sacro Cuore di Gesù a Castro Pretorio” (Roma)
I Domingo de Cuaresma, 22 de febrero de 2026

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Queridísimos hermanos y hermanas,

hace unos días, con el rito de las Cenizas, iniciamos el camino cuaresmal. La Cuaresma es un tiempo litúrgico intenso, que nos ofrece la oportunidad de redescubrir la riqueza de nuestro Bautismo, para vivir como criaturas plenamente renovadas gracias a la encarnación, muerte y resurrección de Jesús.

La primera lectura y el Evangelio que hemos escuchado, en diálogo entre sí, nos ayudan a redescubrir precisamente el don del Bautismo como gracia que se encuentra con nuestra libertad. El relato del Génesis nos remite a nuestra condición de criaturas, puestas a prueba no tanto por una prohibición, como se cree a menudo, sino por una posibilidad: la posibilidad de una relación. Es decir, el ser humano es libre de reconocer y acoger la alteridad del Creador, quien reconoce y acoge la alteridad de las criaturas. Para impedir esta posibilidad, la serpiente insinúa la presunción de poder anular toda diferencia entre las criaturas y el Creador, seduciendo al hombre y a la mujer con la ilusión de convertirse en Dios. Satanás los impulsa a apoderarse de algo que, según él, Dios querría negarles para mantenerlos siempre en un estado de inferioridad. Este "fresco" del Génesis es una obra maestra insuperable que representa el drama de la libertad.

El Evangelio parece responder al antiguo dilema: ¿puedo realizar mi vida en plenitud diciendo «sí» a Dios? ¿O, para ser libre y feliz, debo liberarme de Él?

La escena de las tentaciones de Cristo, en el fondo, aborda esta dramática pregunta. Nos lleva a descubrir la verdadera humanidad de Jesús que, como enseña la Constitución conciliar Gaudium et spes, revela a la persona humana a sí misma: «En el misterio del Verbo encarnado encuentra verdadera luz el misterio del hombre» (GS, 22). De hecho, vemos al Hijo de Dios que, oponiéndose a las insidias del antiguo adversario, nos muestra al hombre nuevo, al hombre libre, epifanía de la libertad que se realiza diciendo «sí» a Dios.

Esta nueva humanidad nace de la fuente bautismal. Y entonces, especialmente en este tiempo de Cuaresma, están llamados a redescubrir la gracia del Bautismo, como fuente de vida que habita en nosotros y que, de manera dinámica, nos acompaña en el más absoluto respeto a nuestra libertad.

En primer lugar, es el sacramento mismo el que es dinámico, porque lo que ofrece no se agota en el espacio y el tiempo del rito, sino que es una gracia que acompaña constantemente toda la vida, sosteniendo su seguimiento de Cristo. Pero el Bautismo es dinámico también porque les pone siempre de nuevo en camino, ya que la gracia es una voz interior que nos impulsa a conformarnos a Jesús, liberando nuestra libertad para que encuentre su plenitud en el amor a Dios y al prójimo.

Comprendemos así la naturaleza relacional del Bautismo, que llama a vivir la amistad con Jesús y, así, a entrar en su comunión con el Padre. Esta relación llena de gracia les hace capaces de vivir también una auténtica cercanía con los demás, una libertad que —a diferencia de lo que el diablo propone a Jesús— no es búsqueda del propio poder, sino amor que se dona y que nos hace a todos hermanos y hermanas. De hecho, san Pablo afirma: «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús» (Gal 3,28).

Hermanos y hermanas, el Papa León XIII pidió a San Juan Bosco que construyera aquí mismo la iglesia en la que nosotros nos encontramos hoy. Él había intuido la importancia de este lugar, junto a la estación Termini y en un cruce único de la ciudad, destinado a convertirse con el tiempo en algo aún más importante.

Por eso, queridísimos, al encontrarme hoy con ustedes, veo en ustedes una presencia especial de proximidad, de cercanía dentro de los desafíos de este territorio. En efecto, en ella hay numerosos jóvenes universitarios, personas que se desplazan diariamente por motivos de trabajo, inmigrantes en busca de empleo, jóvenes refugiados que han encontrado en la sede de al lado, por iniciativa de los Salesianos, la posibilidad de conocer a jóvenes italianos de su misma edad y realizar proyectos de integración; y luego están nuestros hermanos que no tienen hogar y que encuentran acogida en los espacios de Cáritas en la calle Marsala. En pocos metros se pueden tocar las contradicciones de este tiempo: la despreocupación de quienes van y vienen con todas las comodidades y quienes no tienen un techo; las muchas posibilidades de bien y la violencia rampante; el deseo de trabajar honestamente y el comercio ilícito de drogas y prostitución.

Su parroquia está llamada a hacerse cargo de estas realidades, a ser levadura del Evangelio en la masa del territorio, a ser signo de cercanía y caridad. Agradezco a los Salesianos por la incansable labor que realizan cada día, y animo a todos a seguir siendo aquí una pequeña llama de luz y esperanza.

Que María Auxiliadora sostenga siempre nuestro camino, nos fortalezca en los momentos de tentación y prueba, para vivir plenamente la libertad y la fraternidad de los hijos de Dios.

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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 22 de febrero de 2026