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CARTA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS CARDENALES  

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Eminencia Reverendísima,

en este tiempo santo de Pascua, deseo hacerle llegar mi cordial y fraternal saludo, para que la paz del Señor resucitado sostenga y renueve nuestro mundo que sufre.

Aprovecho con gusto esta ocasión para renovarle mi gratitud por su participación en el Consistorio del pasado mes de enero. Aprecié mucho el trabajo realizado en los grupos, que permitió un intercambio libre, concreto y espiritualmente fecundo, así como la calidad de las intervenciones en la asamblea. Las contribuciones recopiladas constituyen un patrimonio precioso, que deseo seguir custodiendo y haciendo madurar en el discernimiento eclesial.

En el discurso de clausura de aquel encuentro ya mencioné algunos elementos que surgieron de los grupos dedicados a la sinodalidad. Deseo ahora detenerme de manera particular en lo que maduró en los grupos con respecto a Evangelii gaudiumsobre todo en referencia a la misión y a la transmisión de la fe.

De sus aportaciones se desprende claramente que dicha Exhortación sigue representando un punto de referencia decisivo: no se limita a introducir nuevos contenidos, sino que recentra todo en el kerigma como corazón de la identidad cristiana y eclesial. Se ha reconocido como un verdadero «soplo nuevo», capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera, más que de producir reformas estructurales inmediatas, orientando así en profundidad el camino de la Iglesia

Han destacado cómo esta perspectiva interpela a la Iglesia en todos los niveles. A nivel personal, llama a cada bautizado a renovar el encuentro con Cristo, pasando de una fe simplemente recibida a una fe realmente vivida y experimentada; en este camino se ve afectada también la calidad misma de la vida espiritual, en el primado de la oración, en el testimonio que precede a las palabras y en la coherencia entre fe y vida. A nivel comunitario, insta al paso de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, en la que las comunidades sean sujetos vivos del anuncio: comunidades acogedoras, capaces de utilizar un lenguaje comprensible, atentas a la calidad de las relaciones y capaces de ofrecer espacios de escucha, de acompañamiento y de sanación. A nivel diocesano, emerge con claridad la responsabilidad de los pastores de apoyar con firmeza la audacia misionera, velando por que no se vea pesada o sofocada por excesos organizativos, y favoreciendo un discernimiento que ayude a reconocer lo esencial.

De todo ello surge una comprensión de la misión profundamente unitaria: una misión cristocéntrica y kerigmática, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida y que se difunde por atracción más que por conquista. Es una misión integral, que aúna el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo, sin ceder a la tentación del proselitismo ni a una lógica de mera conservación o expansión institucional. Incluso cuando se reconoce minoritaria, la Iglesia está llamada a vivir sin complejos, como un pequeño rebaño portador de esperanza para todos, recordando que el fin de la misión no es su propia supervivencia, sino la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo.

Entre las indicaciones específicas que surgieron, algunas merecen ser acogidas y meditadas más a fondo: la necesidad de relanzar Evangelii gaudium para verificar con honestidad qué es lo que, tras el paso de los años, se ha asimilado realmente y qué es lo que, por el contrario, sigue siendo desconocido y sin poner en práctica; en especial modo, se debe prestar atención a la necesaria reforma de los itinerarios de iniciación cristiana; la atención a valorar también las visitas apostólicas y pastorales como auténticas ocasiones kerigmáticas y de crecimiento en la calidad de las relaciones; así como la exigencia de reconsiderar la eficacia de la comunicación eclesial, incluso a nivel de la Santa Sede, en una perspectiva más claramente misionera.

Con espíritu de gratitud, le renuevo mi agradecimiento por su servicio y por la contribución ofrecida a la vida de la Iglesia. Con vistas al próximo Consistorio, que tendrá lugar los días 26 y 27 de junio, se enviará una comunicación más detallada para acompañar adecuadamente su preparación.

En el Señor resucitado, fuente de nuestra esperanza, le hago llegar mis más cordiales felicitaciones pascuales.

Con fraternal estima, en Cristo

Desde el Vaticano, 12 de abril de 2026

LEÓN PP. XIV

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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 14 de abril de 2026