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VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD LEÓN XIV
A TÜRKIYE Y A LÍBANO
CON PEREGRINACIÓN A İZNIK (TÜRKIYE)
EN OCASIÓN DEL 1700 ANIVERSARIO DEL PRIMER CONCILIO DE NICEA
(27 de noviembre - 2 de diciembre de 2025)

VISITA DE ORACIÓN A LA CATEDRAL APOSTÓLICA ARMENIA

SALUDO DEL SANTO PADRE
a Su Beatitud, el Patriarca Armenio Sahak II

Catedral Armenia Apostólica (Estambul)
Domingo, 30 de noviembre de 2025

[Multimedia]

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Querido hermano en Cristo:

Es para mí motivo de profunda alegría poder visitar a Su Beatitud, en el mismo lugar donde los difuntos Patriarcas Shenork I y Mesrob II, de feliz memoria, recibieron a mis predecesores. Al presentarle mi saludo, deseo también extender un saludo fraternal a Su Santidad Karekin II, Patriarca Supremo y Catholicós de todos los Armenios, quien recientemente me honró con una visita, así como a los obispos, al clero y a toda la comunidad apostólica armenia de Estambul y Türkiye.

Esta visita me brinda la oportunidad de agradecer a Dios el valiente testimonio cristiano del pueblo armenio a lo largo de los siglos, a menudo en circunstancias trágicas. Deseo expresar, además, mi profunda gratitud al Señor por los lazos fraternales cada vez más estrechos que unen a la Iglesia Apostólica Armenia y a la Iglesia Católica. Poco después del Concilio Vaticano II, en mayo de 1967, Su Santidad el Catholicós Khoren I fue el primer Primado de una Iglesia Ortodoxa Oriental en visitar al Obispo de Roma e intercambiar con él el beso de la paz. Recuerdo también que, en mayo de 1970, Su Santidad el Catholicós Vasken I firmó con el Papa Pablo VI la primera declaración conjunta entre un Papa y un Patriarca Ortodoxo Oriental, invitando a los fieles a redescubrirse como hermanos y hermanas en Cristo con miras a la unidad. Desde entonces, por gracia de Dios, el “diálogo de caridad” entre nuestras Iglesias ha florecido.

Con motivo del 1700 aniversario del primer Concilio ecuménico, mi visita ofrece, sin duda, una oportunidad para celebrar el Credo Niceno. De esta fe apostólica común debemos inspirarnos para recuperar la unidad que existió en los primeros siglos entre la Iglesia de Roma y las antiguas Iglesias orientales. Debemos inspirarnos también en la experiencia de la Iglesia naciente para restaurar la plena comunión, una comunión que no implica absorción ni dominio, sino un intercambio de los dones que nuestras Iglesias han recibido del Espíritu Santo para gloria de Dios Padre y la edificación del Cuerpo de Cristo (cf. Ef 4,12). Espero que la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales reanude pronto su fructífera labor, buscando un modelo de plena comunión, «por supuesto juntos», como anhelaba el Papa Juan Pablo II en su encíclica Ut unum sint (n. 95).

En este camino hacia la unidad, nos precede y nos rodea «una verdadera nube de testigos» (Hb 12,1). Entre los santos de la tradición armenia, quisiera recordar al gran Catholicós y poeta del siglo XII, Nerses IV Shnorhali, cuyo 850 aniversario de fallecimiento conmemoramos recientemente. Trabajó incansablemente por la reconciliación de las Iglesias, para hacer realidad la oración de Cristo: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Que el ejemplo de san Nerses nos inspire y su oración nos sostenga en el camino hacia la plena comunión.

Al agradecerle a Su Beatitud por la cordial bienvenida, le aseguro mi plena dedicación a la santa causa de la unidad cristiana. Que recibamos este don celestial con corazón abierto, para ser testigos cada vez más convincentes de la verdad del Evangelio y servir mejor a la misión de la única Iglesia de Cristo.