VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV
A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL
(13-23 DE ABRIL DE 2026)
VISITA A LOS TRABAJADORES Y PACIENTES DEL HOSPITAL PSIQUÁTRICO “JEAN PIERRE OLIE”
DISCURSO DEL SANTO PADRE
Hospital psiquiátrico “Jean Pierre Olie” (Malabo)
Martes, 21 de abril de 2026
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Señor Director General,
distinguidas autoridades,
queridos hermanos y hermanas:
Les agradezco de corazón esta acogida, su hospitalidad, sus cantos, sus danzas. ¡Muchas Gracias!
Cada vez que visito un hospital, una casa o residencia de personas que quizás tengan diversas enfermedades, dificultades, tengo un doble distintos sentimientos: por un lado, siento el dolor o la tristeza de las personas que están sufriendo; que muchas veces llevan un dolor muy grande. A veces con heridas que se ven y a veces con heridas que nadie ve, pero que la persona misma sabe que lleva en su corazón, lleva en su vida. Siento dolor por las familias que muchas veces no saben acompañar y ayudar al paciente.
Pero experimento admiración y consuelo por todo lo que allí se hace a diario para servir a la vida humana. Esto también me sucede aquí, pero hoy, dentro de mí —y espero que en todos ustedes también—, prevalece la alegría y la esperanza; la alegría de reunirnos en el nombre del Señor, la alegría y la esperanza de saber que estamos cuidando a quienes viven en condiciones de fragilidad.
Algunas palabras que he escuchado ahora me han conmovido.
El Director dijo: “Una sociedad verdaderamente grande no es la que oculta sus debilidades, sino aquella que las rodea de amor”. Sí, así es. Este es un principio de civilización con raíces cristianas, pues fue Cristo quien, en la historia de la humanidad, rescató la discapacidad de la maldición y la restituyó a su plena dignidad. Pero el Salvador no quiere ni puede salvarnos sin nuestra colaboración, tanto a nivel personal como social. Por esta razón, nos pide que amemos a nuestros hermanos y a nuestras hermanas no de palabra, sino con hechos. Un centro de cuidados como este puede convertirse, con la ayuda de Dios y el compromiso de todos, en un signo de la civilización del amor.
El señor Pedro Celestino quiso concluir con una expresión conmovedora: “Gracias por amarnos tal como somos”. Yo digo, ¡Gracias a usted por su testimonio! Gracias a todos ustedes por estar aquí dando testimonio, señal de que aquí, en este lugar, hay auténtico amor.
Dios nos ama como somos. Sólo Dios, en verdad, nos ama totalmente como somos. ¡Pero no para dejarnos como estamos! No, Dios no nos quiere siempre enfermos, siempre con dolor, ¡nos quiere sanos! Dios nos quiere sanos. Dios quiere darnos esta gracia para ayudarnos a sanar aquellas heridas que llevamos
Esto se ve muchas veces en el Evangelio: Jesús vino a amarnos tal como somos, pero no para dejarnos así, sino para cuidarnos. Y un hospital, especialmente uno de inspiración cristiana, es precisamente eso: un lugar donde las personas son acogidas tal como son, respetadas en su fragilidad, pero para ayudarlas a estar mejor, con una visión integral. Para ello, la dimensión espiritual es esencial; me gustó mucho que el Director hiciera hincapié en esto.
Para concluir, gracias al señor Tarcisio por su poesía. Quisiera decir que en un ambiente como este, se componen cada día muchos “poemas” ocultos, quizás no con palabras, sino con pequeños gestos, con sentimientos, con atención a las relaciones entre ustedes. Es un poema que sólo Dios puede leer plenamente y que consuela el Corazón misericordioso de Cristo.
Queridos hermanos, les pido que transmitan mi cercanía a todos los enfermos del hospital, especialmente a los más graves y a los que sufren más la soledad. A cada uno de ustedes —a los pacientes, al personal sanitario y a los demás empleados— les imparto de corazón mi bendición, encomendándolos a la protección de María, Salud de los enfermos. Muchas gracias.
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