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PALABRAS DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
AL TÉRMINO DE LOS EJERCISIOS ESPIRITUALES

Palacio Apostólico - Capilla Paulina
Viernese, 27 de febrero de 2026

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Antes de concluir esta semana de ejercicios espirituales y retiro, un momento de bendición, tengo el placer de poder dar las gracias sobre todo a nuestro predicador, que nos ha acompañado y ayudado durante estos días a vivir una experiencia profunda, espiritual y muy importante en nuestro camino cuaresmal, comenzando el domingo con «Las tentaciones» y reflexionando sobre el ejemplo y el testimonio de San Bernardo, la vida monástica y muchos otros elementos de la vida de la Iglesia.

Debo reconocer que, personalmente, en algunos momentos me he sentido especialmente invitado a reflexionar. Por ejemplo, esta mañana, cuando hablaba de la elección del papa Eugenio III y San Bernardo dijo: «¿Qué han hecho? Que Dios tenga piedad de ustedes».

Luego, esta capilla —les cuento— el 8 de mayo, cuando nos reunimos aquí para la celebración eucarística. Aquí arriba está la inscripción de la Carta de San Pablo a los Filipenses que dice estas palabras: «Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia.». Entonces, en este contexto y con este espíritu de comunión, nosotros todos reunidos trabajamos juntos, aunque a veces muy separados, y encontrarnos en oración es también, creo, un momento muy importante de nuestra vida, reflexionando sobre tantas cuestiones que son importantes para nuestra vida y para la Iglesia.

Y no pienso hacer un repaso de toda la semana, sino de algunos elementos que comparto. Por ejemplo, la referencia al Doctor de la Iglesia John Henry Newman y al poema «El sueño de Geronzio», donde Newman utiliza la muerte y el juicio de Geronzio como un prisma a través del cual el lector es llevado a contemplar su propio miedo a la muerte y su propio sentido de indignidad ante Dios.

Hay otros elementos como la libertad, la verdad, tan importantes en nuestra vida. Y en todo esto, esta noche, con la reflexión sobre la esperanza y sobre la verdadera fuente de la esperanza que es Cristo, he vuelto a releer la Carta a los Filipenses. En la continuación del texto, escrito aquí arriba, donde Pablo dice: «Pero si vivir en el cuerpo significa trabajar con fruto, realmente no sé qué elegir. De hecho, estoy dividido entre estas dos cosas: tengo el deseo de dejar esta vida para estar con Cristo, lo que sería mucho mejor, pero para ustedes es más necesario que permanezca en el cuerpo. Convencido de esto, sé que permaneceré y seguiré permaneciendo entre todos ustedes para el progreso y la alegría de su fe». Y luego dice: «Compórtense, pues, de manera digna del Evangelio de Cristo».

He aquí: esta es la invitación al final de estos días de oración y reflexión, que la misma Palabra de Dios nos dirige: «Compórtense, pues, de manera digna del Evangelio de Cristo».

En nombre de todos los presentes, entonces, le doy las gracias, monseñor Varden, por todo lo que nos ha ofrecido en estos días. Su sabiduría, su testimonio y la vida monástica de San Bernardo, la riqueza de sus reflexiones, seguirán siendo durante mucho tiempo fuente de bendición para nosotros, de gracia, de encuentro con Jesucristo.

También quisiera, en este momento, dar las gracias a los colaboradores de la Oficina de Celebraciones Litúrgicas que han preparado todo el material para nuestra oración, así como al coro, que creo que todavía está presente. Gracias por ayudarnos con la música, que es tan importante también en nuestra oración. La música —creo que monseñor Varden lo ha dicho en algún momento— nos ayuda de una manera que las palabras no pueden, elevando nuestro espíritu hacia el Señor.

Entonces, gracias, muchas gracias a todos ustedes por su presencia y participación en estos días.

Podemos concluir con la bendición.

Bendición

Que tengan una buena noche y gracias a todos.
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 27 de febrero de 2026