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DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS CONFIRMANDOS DE LA ARQUIDIÓCESIS METROPOLITANA DE GÉNOVA

Sábado, 16 de mayo de 2026

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Gracias por este saludo [del arzobispo], gracias a todos ustedes por estar aquí. ¡Buenos días a todos!

Bienvenidos a San Pedro, en el Vaticano, en Roma. Han venido desde Génova, desde diferentes parroquias. Hay una parroquia que conozco un poco más, y es Manesseno: ¿dónde están? ¿Están aquí? ¡Bien! Están todos, muy bien! ¡Bienvenidos!

Bien. Una de las mayores alegrías del Obispo —creo que en todas las diócesis— es celebrar las confirmaciones, porque es precisamente el don del Espíritu Santo.

Algunos de ustedes ya han recibido el Sacramento, otros están todavía preparándose. Es muy hermoso recibir este Sacramento, porque la plenitud del Espíritu Santo nos da este entusiasmo, esta fuerza, esta capacidad de seguir a Jesucristo, de decir «sí» al Señor siempre, de no tener miedo de seguir con valentía, de vivir la fe en un mundo que muchas veces quiere alejarnos de Jesús.

Y el Espíritu Santo está con nosotros de manera especial el próximo domingo, cuando celebramos Pentecostés: el recuerdo de la experiencia de los primeros discípulos, de los Apóstoles, que reciben el Espíritu Santo para después anunciar el Evangelio, anunciar el amor de Dios. Y todos ustedes son y serán partícipes de esta misión, porque nosotros somos enviados: a sus familias, a sus amigos, a todas las personas. Ustedes también deben ser testimonio vivo del Espíritu que vive en nosotros.

Entonces, si conferir la confirmación es una de las mayores alegrías del obispo, hay otra cosa que es una tristeza. Es que a veces, cuando el obispo confiere la confirmación, el don del Espíritu Santo, ¡ya no se ve a los jóvenes! Desaparecen de la parroquia. Y en este contexto deseo pedirles: presten especial atención a uno de los dones del Espíritu Santo llamado perseverancia. No olviden lo que han vivido en este tiempo, incluida la alegría de venir a Roma para celebrar juntos, orar juntos: que esta alegría viva en sus corazones y que sigan siendo fieles discípulos de Jesucristo; sean perseverantes en la fe, regresen a la parroquia —hay muchas actividades, muchas oportunidades—, pero sobre todo en la vida de fe, porque Jesucristo quiere caminar con ustedes, con cada uno de ustedes y con todos ustedes en comunidad, que es algo muy importante. La fe no la vivimos solos, la vivimos juntos. Y formar estas relaciones de amistad, de comunidad, es una forma de vivir la perseverancia como discípulos de Jesús.

¡Así que no olviden esto! Es hermoso venir a Roma, es hermoso recibir el Sacramento, es maravilloso recibir la plenitud del Espíritu Santo, pero es muy importante que cada uno de ustedes asuma también este compromiso, esta promesa al Señor: que realmente desean continuar como sus amigos, sus discípulos, sus misioneros y que desean perseverar en la fe. Les dejo, pues, con estas palabras.

Los invito a ponerse de pie, para que podamos rezar juntos la oración que Jesús nos enseñó. Luego les impartiré la bendición y saludaré a algunos de ustedes a la salida. Que este día sea también para ustedes una gran ayuda en su camino de fe.

Oremos: Padrenuestro…

[Bendición]

¡Felicitaciones a todos!
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 16 de mayo de 2026