REZO DEL ROSARIO POR LA PAZ CON LOS NIÑOS
DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
Gruta de Lourdes en los Jardines Vaticanos
Jueves, 1.° de octubre de 2026
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¡Buenas tardes a todos! ¡Buenas tardes y bienvenidos!
Doy las gracias a Su Eminencia el Cardenal Koch por su saludo, a la Fundación «Ayuda a la Iglesia Necesitada» por haber promovido esta iniciativa y por la gran labor que realiza. Doy las gracias a todos los presentes por estar aquí, especialmente a ustedes, niños, junto con sus padres y otros familiares, los sacerdotes y cuantos los acompañan.
¡Estoy verdaderamente feliz de estar con ustedes! Y ustedes, chicos, díganme: ¿están contentos? ¿Están contentos de estar aquí? [¡Sí!].
Me alegra. Sobre todo porque esta tarde nos hemos reunido para estar junto a las dos personas que nos aman más que nadie. ¿Saben quiénes son? [responden: Jesús] ¿Jesús y quién más? [María] Y María. El Señor Jesús y su mamá María, que nunca nos dejan solos y que están siempre cerca de nosotros.
También nosotros los amamos, ¿verdad? [¡Sí!] ¿Queremos decírselo? Probemos. Repitamos juntos: TE QUIERO, JESÚS [repiten]. TE QUIERO, MARÍA [repiten].
Sí, los queremos, Jesús y María, y esta noche les pedimos un don especial: la paz para todos los niños del mundo, especialmente para aquellos que viven donde hay guerra, en tantos países de la tierra.
Lo hacemos con la oración del Santo Rosario, que es una oración sencilla, que todos pueden rezar. Ya hemos hecho el gesto de ofrecer unas flores, signo de amor. Dentro de poco encenderemos unas luces, y pensaremos en Jesús en algunos momentos importantes de su vida, en los que llevó luz y paz a tantas personas: cuando fue bautizado en el río Jordán, cuando transformó el agua en vino en las bodas de Caná, cuando anunció su Reino, cuando mostró su gloria en el monte Tabor y cuando, en el Cenáculo, durante la última Cena, nos dejó la Eucaristía. Son momentos en los que nos hizo dones maravillosos, que no debemos olvidar, y por eso queremos darle las gracias. Hagamos también esto juntos, una vez más. Digámoslo todos: ¡GRACIAS, JESÚS! [repiten]. Y pidámosle con confianza, todos unidos: ¡DANOS LA PAZ! [repiten]
Y quiero decirles todavía una última cosa: esta noche y durante estos días no estamos solos al rezar. En todo el mundo, un millón de niños rezan con nosotros. ¡Un millón! Piensen: cincuenta millones de «Ave María» que suben al Cielo desde todos los lugares y en todas las lenguas de la tierra pidiendo la paz, y que se unen como en una única, grandísima corona del Rosario, para abrazar y estrechar entre sí todos los continentes, las razas, las naciones del planeta.
Así pues, queridos niños, hoy rezamos con todos estos amigos. Y, al hacerlo, nos comprometemos también a ser buenos y a portarnos bien —en casa, en la escuela, en la catequesis, con los padres, con todos, también cuando jugamos y cuando hacemos deporte—, porque las oraciones deben ir siempre acompañadas de las buenas obras, de los gestos de amor. ¡Y así crece la paz!
Gracias de nuevo a todos por estar aquí. Y ahora, oremos.
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 1.º de octubre de 2026
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