SALUDO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LAS HERMANAS ADORATRICES PERPETUAS DEL SANTĺSIMO SACRAMENTO
- FEDERACIÓN DEL ESPĺRITU SANTO
Sala del Consistorio
Sábado, 5 de septiembre de 2026
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Querida Madre Alma Ruth del Espíritu Santo,
queridas hermanas Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento:
Me alegra encontrarme con ustedes en estos días que peregrinan en Italia, siguiendo las huellas de la beata María Magdalena de la Encarnación, en el cincuentenario de fundación de la Federación del Espíritu Santo.
Su presencia es un luminoso testimonio de la gratuidad de Dios, que siembra en el corazón humano la inquietud por buscar y contemplar su rostro. Es la respuesta a un anhelo profundo, que expresa con belleza el salmista: «Mi corazón sabe que dijiste: “Busquen mi rostro”. Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí» (Sal 27,8-9).
Esa búsqueda constante del rostro de Dios, que caracteriza de modo particular a la vida monástica, reviste en la vocación que ustedes han recibido un matiz especial: se traduce en una vida dedicada completamente a la adoración continua y silenciosa de un Dios que se ha hecho pan, y que invita a unirse a Él en el sacrificio del altar, para formar un solo cuerpo. «Como explica san Agustín a los nuevos cristianos de su Iglesia, el pan y el vino sobre el altar son el sacramento de la unidad de los fieles en Cristo» (Carta enc. Magnifica humanitas, 234).Por eso, se necesita «una espiritualidad eucarística, es decir, una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor» (ibíd.).
Queridas hermanas, manifestando en la Iglesia el carisma específico que han recibido de su fundadora, están llamadas a ser tejedoras de comunión con los hilos de la oración y el trabajo, de la adoración eucarística y el compartir fraterno en el monasterio. Que este tiempo de gracia que están viviendo como peregrinas en la Ciudad eterna y en los lugares donde surgió la Orden las renueve y fortalezca para seguir irradiando la belleza del rostro de Cristo Sacramentado al mundo.
Que el testimonio de la beata María Magdalena de la Encarnación las impulse a seguir viviendo su consagración con renovada esperanza y deseos de santidad, recordando que la fidelidad a la antigua y siempre nueva sabiduría del Evangelio es el mejor camino para quienes, guiadas por el Espíritu Santo, se dedican a amar a Dios y al prójimo.
Que el Señor las bendiga y Nuestra Señora de Guadalupe las ampare con su manto celestial. Muchas gracias.
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