VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV
A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL
(13-23 DE ABRIL DE 2026)
VISITA A LA GRAN MEZQUITA DE ARGEL
Discurso espontáneo del Santo Padre en la Gran Mezquita de Argel
Gran Mezquita de Argel
Lunes, 13 de abril de 2026
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El Santo Padre respondió en italiano a las palabras de bienvenida del Rector de la Gran Mezquita, Mohamed Mamoun Al Qasimi.
Agradezco por esta reflexión y por estas palabras ―tan importantes en esta visita― pronunciadas desde un lugar que representa el espacio que pertenece a Dios, un espacio divino, sagrado, donde tantas personas vienen a orar para encontrar la presencia del Altísimo, de Dios, en sus vidas.
Como usted sabe, vengo con gran alegría a Argelia porque es también la tierra de mi padre espiritual, san Agustín, que ha querido enseñar tantas cosas al mundo, sobretodo con la búsqueda de la verdad, con la búsqueda de Dios, reconociendo la dignidad de cada ser humano y la importancia de construir la paz.
Buscar a Dios es reconocer la imagen de Dios en cada criatura, en los hijos de Dios, en cada hombre y mujer creados a imagen y semejanza de Dios. Esto significa para nosotros que es muy importante aprender a vivir juntos con respeto por la dignidad de cada persona humana.
Hay otro valor que ustedes han querido incluir en este bellísimo centro: precisamente con la Mezquita, lugar de oración, también se encuentra un centro de estudio. Es muy importante que el ser humano desarrolle la capacidad intelectual que Dios ha dado al hombre, para que podamos descubrir cuán grande es la creación, cuán grande es lo que Dios ha dejado en toda la creación y especialmente en el ser humano.
Con el espíritu, con este lugar de oración, con la búsqueda de la verdad, incluso a través del estudio, y con la capacidad de reconocer la dignidad de todo ser humano, nosotros sabemos ―y hoy este encuentro es la prueba de ello― que podemos aprender a respetarnos mutuamente, vivir en armonía y construir un mundo de paz.
Esta tarde oro por ustedes, por el pueblo de Argelia, por todos los pueblos de la tierra, para que la paz y la justicia del Reino de Dios se hagan presentes también en medio de nosotros, y para que todos estemos cada vez más convencidos, de la necesidad de ser promotores de la paz, de la reconciliación, del perdón y de lo que es verdaderamente la voluntad de Dios para toda su creación.
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