DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A LOS PARTICIPANTES
EN LA PLENARIA DE LA PONTIFICIA ACADEMIA PARA LA VIDA
Sala Clementina
Lunes, 16 de febrero de 2026
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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con ustedes!
¡Buenos días a todos y, bienvenidos!
Eminencias,
Excelencias,
distinguidos académicos,
queridos hermanos y hermanas,
me complace encontrarme con ustedes por primera vez, junto con el nuevo presidente, monseñor Renzo Pegoraro. Les agradezco su investigación científica al servicio de la vida humana y el trabajo que realizan en esta Academia Pontificia.
Aprecio mucho el tema que han elegido para su encuentro de este año: Healthcare for All. Sustainability and Equity. (Salud para todos. Sostenibilidad y equidad). Es un tema de gran importancia, tanto por su actualidad como desde el punto de vista simbólico. De hecho, en un mundo desgarrado por conflictos que absorben enormes recursos económicos, tecnológicos y organizativos para producir armas y otros dispositivos bélicos, es más significativo que nunca dedicar tiempo, fuerzas y competencias a proteger la vida y la salud. Esta última, como afirmaba el papa Francisco, «no es un bien de consumo, sino un derecho universal por lo cual el acceso a los servicios sanitarios no puede ser un privilegio”.» (Discurso a los Medicos con África – CUAMM, 7 de mayo de 2016). Por lo tanto, les agradezco esta elección.
Un primer aspecto que deseo destacar es el vínculo entre la salud de todos y la salud de cada uno. La pandemia de Covid-19 nos lo ha demostrado de manera a veces brutal. Ha quedado claro que la reciprocidad y la interdependencia son la base de nuestra salud y de la vida misma. El estudio de esta interdependencia requiere el diálogo entre diferentes conocimientos: la medicina, la política, la ética, la gestión y otros; como en un mosaico, cuyo éxito depende tanto de la elección de las piezas como de su combinación. De hecho, en lo que respecta a los sistemas sanitarios y la salud pública, se trata, por un lado, de comprender los fenómenos y, por otro, de identificar las medidas políticas, sociales y tecnológicas que afectan a la familia, el trabajo, el medio ambiente y toda la sociedad.
En este sentido quisiera reiterar que es necesario centrarse no «en el lucro inmediato, sino en lo que será mejor para todos, sabiendo ser pacientes, generosos y solidarios, creando lazos y tendiendo puentes, para trabajar en red, para optimizar los recursos, para que todos puedan sentirse protagonistas y beneficiarios del trabajo común» (Discurso a los participantes en el Seminario de ética en la gestión de las empresas del sector sanitario, 17 de noviembre de 2025).
Aquí encontramos el tema de la prevención, que también implica una perspectiva amplia: las situaciones en las que viven las comunidades, que son el resultado de políticas sociales y medioambiental, tienen un impacto sobre la salud y sobre la vida de las personas. Cuando examinamos la esperanza de vida – y de vida en buena salud – en diferentes países y en diferentes grupos sociales, descubrimos enormes desigualdades. Estas dependen de variables como, por ejemplo, el nivel de remuneración, el título de estudios, el barrio de residencia.
Y, lamentablemente, hoy en día no podemos dejar de lado las guerras, que afectan a las estructuras civiles, incluidos los hospitales, y constituyen el ataque más absurdo que la propia mano del ser humano dirige contra la vida y la salud pública. A menudo se afirma que la vida y la salud son valores igualmente fundamentales para todos, pero esta afirmación resulta hipócrita si al mismo tiempo se ignora las causas estructurales y las decisiones operativas que determinan las desigualdades. A pesar de las declaraciones y proclamas, en realidad no todas las vidas son igualmente respetadas y la salud no se protege ni se promueve de la misma manera para todos.
Puede sernos útil la noción de One health, como base para un enfoque global, multidisciplinario e integrado de las cuestiones sanitarias. Esta noción subraya la dimensión ambiental y la interdependencia de las múltiples formas de vida y de los factores ecológicos que permiten su desarrollo equilibrado. Es importante tomar conciencia de que la vida humana es incomprensible e insostenible sin las demás criaturas. De hecho, en palabras de la encíclica Laudato si’, «todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde» (n. 89). Este enfoque está muy en sintonía con la bioética global por la que su Academia se ha interesado repetidamente y que es bueno seguir cultivando.
Traducido en términos de acción pública, One health requiere la integración de la dimensión sanitaria en todas las políticas (transporte, vivienda, agricultura, empleo, educación, etc.), siendo conscientes de que la salud afecta a todas las dimensiones de la vida. Por lo tanto, necesitamos consolidar nuestra comprensión y nuestra práctica del bien común, para que no se descuide bajo la presión de intereses particulares, individuales y nacionales.
El bien común, que constituye uno de los principios fundamentales del pensamiento social de la Iglesia, corre el riesgo de seguir siendo una noción abstracta e irrelevante si no reconocen que tiene sus raíces en la práctica concreta de las relaciones de proximidad entre las personas y los vínculos que se viven entre los ciudadanos. Este es el terreno en el que puede crecer una cultura democrática que favorezca la participación y sea capaz de conjugar eficiencia, solidaridad y justicia. Es necesario recuperar la conexión con la actitud fundamental del cuidado como apoyo y cercanía al otro, no solo porque se encuentra en una situación de necesidad o enfermedad, sino porque comparte una condición existencial de vulnerabilidad que une a todos los seres humanos. Solo así podremos desarrollar sistemas sanitarios más eficaces y sostenibles, capaces de satisfacer las necesidades de salud en un mundo con recursos limitados y de restablecer la confianza en la medicina y en los profesionales sanitarios, a pesar de la desinformación y el escepticismo hacia la ciencia.
Dada la dimensión global de la cuestión, reitero la necesidad de encontrar formas eficaces de reforzar las relaciones internacionales y multilaterales, de manera que puedan «recuperar la fuerza precisa para desempeñar su papel de encuentro y mediación. Esto es realmente necesario para prevenir conflictos y garantizar que nadie se vea tentado a imponerse a los demás mediante la mentalidad de la fuerza, ya sea verbal, física o militar» (Discurso al Cuerpo diplomático, 9 de enero de 2026). Y este horizonte también se aplica a la cooperación y la coordinación llevadas a cabo por las organizaciones supranacionales comprometidas con la protección y la promoción de la salud.
He aquí, queridos amigos, mi deseo final: que su compromiso dé testimonio eficaz de esa actitud de cuidado mutuo en la que se expresa el estilo de Dios hacia nosotros, porque Él cuida de todos sus hijos. Bendigo de corazón a cada uno de ustedes, a sus seres queridos y a su trabajo. Gracias.
Oremos juntos
Padre nuestro...
El Señor esté con ustedes...
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 16 de febrero de 2026
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