DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL CONGRESO “LA SANTIDAD EN LA HISTORIA”
ORGANIZADO POR EL DICASTERIO DE LAS CAUSAS DE LOS SANTOS
Sala Clementina
Miércoles, 21 de octubre de 2026
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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
¡Es hermoso ver tanto entusiasmo por los santos de hoy, y gracias!
Eminencias, Excelencias:
¡Queridos hermanos y hermanas!
Me alegra encontrarme con ustedes en la jornada conclusiva de su Congreso «La santidad en la historia», organizado por el Dicasterio de las Causas de los Santos. Saludo y agradezco por su compromiso a los superiores, los miembros, los consultores, los oficiales, los ponentes del Congreso y a todos aquellos que, de diversas maneras, trabajan en las Causas de los Santos.
El tema elegido para estas jornadas de estudio busca profundizar en la relación entre santidad e historia, ofreciendo la oportunidad de detenerse en diversos aspectos. El primero se refiere a la santidad canonizada, que requiere ser acreditada mediante testimonios auténticos, creíbles y libres de toda sospecha. Con este fin, el trabajo de la Comisión histórica en el ámbito diocesano, así como el de los relatores y consultores del Dicasterio en las llamadas «causas antiguas», desempeñan un papel esencial.
Fue precisamente un historiador de gran autoridad, como el Papa Pío XI, quien instituyó la Sección Histórica en la entonces Sagrada Congregación de Ritos, abriendo las causas de los santos a la aplicación específica del método histórico-crítico. También el estudio de las «causas recientes» no puede prescindir de una verificación seria y rigurosa de todo el material recopilado. Las causas de los santos recurren a los instrumentos propios del estudio de la historia, aunque su finalidad no es hacer historiografía, sino más bien poner de manifiesto la ejemplaridad, la espiritualidad y la fama de santidad de los candidatos a los altares.
Un segundo aspecto es el modo en que la evolución histórica y cultural influye, en sus diversas etapas, en el concepto mismo de santidad. A lo largo de las épocas, también el perfil de los santos puede experimentar desarrollos: no para seguir los estereotipos del momento, sino para interpretar la experiencia concreta a través de las categorías del Evangelio vivido. Por eso, es muy importante situar el testimonio de un santo o de una santa en el contexto en el que vivió. El Pueblo de Dios busca modelos para vivir el presente, intercesores que ayuden a los miembros de la Iglesia a afrontar los desafíos actuales y a reconocer las oportunidades que estos ofrecen. No debemos olvidar, sin embargo, que el acto solemne de la canonización trasciende la contingencia histórica. En efecto, mediante él, el Sucesor de Pedro no solo aprueba, sino que también señala a toda la Iglesia testigos creíbles del el Evangelio, capaces de hablar a cada época.
Por último, es necesario considerar cómo la presencia y el testimonio de los santos han transformado la historia. Iluminados por la gracia, han sabido escuchar los llamados de su tiempo, conjugando fe e historia y entregando su vida para edificar la nueva realidad del Reino de Dios. La historia del mundo sin los santos y las santas sería inmensamente más pobre, es decir, menos humana.
Queridísimos hermanos y hermanas, el testimonio de los santos, profundamente arraigado en la realidad concreta de su tiempo, nos recuerda la fuerza innovadora y transformadora de la Pascua. Ellos nos muestran una historia plasmada por la fe. Les agradezco porque, con su trabajo, contribuyen a poner de relieve esta maravillosa realidad. Los encomiendo a la protección de la Virgen María, Reina de los Santos, y de corazón les imparto la Bendición Apostólica.
¡Gracias!
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 21 de octubre de 2026
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