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ACTO ACADÉMICO PARA LA INSTITUCIÓN DEL CICLO DE ESTUDIOS
SOBRE "EL CUIDADO DE NUESTRA CASA COMÚN Y LA PROTECCIÓN DE LA CREACIÓN"
Y LA CÁTEDRA UNESCO "ON FUTURES OF EDUCATION FOR SUSTAINABILITY"

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Pontificia Universidad Lateranense
Jueves, 7 de octubre de 2021

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Su Santidad querido hermano Bartolomé,
distinguida señora Audrey Azoulay, Directora general de la UNESCO,
Gran Canciller, Rector magnífico y comunidad académica lateranense,
queridos hermanos y hermanas:


Me alegra estar entre vosotros en este acto académico dedicado a las temáticas ecológicas y medioambientales que también está destinado a sentar las bases de un diálogo abierto y estructurado con todos sobre cómo conocer y escuchar la voz de nuestra casa común, que exige ser custodiada y cuidada. Se trata de un acontecimiento en el que participa el Patriarca Ecuménico Bartolomé, con quien compartimos el deber de proclamar el amor a la creación y el compromiso con su custodia. Mientras se redactaba la encíclica Laudato si', era fuerte la luz que provenía de él y de la Iglesia de Constantinopla. Cuidar la creación —cito a Su Santidad— «es una forma de amar, de pasar gradualmente de lo que yo quiero a lo que el mundo de Dios necesita. Es la liberación del miedo, la codicia y la dependencia» (Conferencia en el Monasterio de Utstein, Noruega, 23 de junio de 2003).

Hoy, la reflexión común como discípulos de Cristo ha logrado penetrar en muchos contextos haciendo converger intereses a menudo distantes, como en el seno de organizaciones internacionales, conferencias multilaterales especiales dedicadas a diferentes sectores o ecosistemas ambientales. En esta perspectiva, por ejemplo, se coloca el reciente Mensaje que hemos preparado con el patriarca Bartolomé y el arzobispo Justin Welby, Primado de la Iglesia Anglicana, con vistas a la próxima reunión de la COP26 en Glasgow. Creo que todos somos conscientes: el mal que estamos haciendo al planeta ya no se limita a los daños al clima, al agua y al suelo, sino que ahora amenaza la vida misma en la Tierra. Ante esto, no basta con repetir declaraciones de principios que hagan que nos sintamos bien. La complejidad de la crisis ecológica exige responsabilidad, concreción y competencia. Me llamó la atención que uno de los científicos, en la reunión que tuvimos con ellos y también con los líderes religiosos [este 4 de octubre], este científico, presidente [de la Academia Pontificia de las Ciencias], dijera: “Mi nieta, que nació el mes pasado, tendrá que vivir en un mundo inhabitable si no cambiamos las cosas”.

Son decisiones que remiten a la Universitas a su misión original, como lugar privilegiado de formación y preparación, donde confluyen diferentes áreas de conocimiento, donde estudiantes y profesores se reúnen para reflexionar y elaborar creativamente nuevos caminos. Por la Universidad pasa también el esfuerzo para formar una conciencia ecológica y desarrollar la investigación para proteger la casa común. La actividad académica está llamada a fomentar la conversión ecológica integral para preservar el esplendor de la naturaleza, ante todo reconstruyendo la necesaria unidad entre las ciencias naturales y sociales con lo que ofrece la reflexión teológica, filosófica y ética, para inspirar la norma jurídica y una visión económica sana.

En la reunión de hoy también está representada al más alto nivel la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), encargada de preservar el patrimonio cultural y natural del mundo y de promover el dinamismo de las ciencias, sobre todo a través de la formación. Me gustaría agradecer a la UNESCO la atención activa que ha prestado a esta iniciativa al establecer una cátedra sobre el Futuro de la educación para la sostenibilidad.

Este es el espíritu, los principios y la intención confiados al nuevo Ciclo de estudios de ecología y medio ambiente que hoy se pone en marcha en esta Universidad. Incorporado también en el camino hacia la plena comunión eclesial, trabajará junto con la Sede del Apóstol Andrés, con una perspectiva abierta, un ánimo grande capaz de acoger la atención de las Iglesias cristianas, de las diversas comunidades religiosas, de aquellos que buscan y de los que se declaran no creyentes. En otras palabras, debe ser un punto de encuentro para la reflexión sobre la ecología integral, capaz de reunir diferentes experiencias y pensamientos, combinándolos a través del método de la investigación científica. De este modo, la Universitas no sólo es una expresión de la unidad del conocimiento, sino también depositaria de un imperativo que no tiene fronteras religiosas, ideológicas o culturales: custodiar nuestra casa común, preservarla de acciones perversas, tal vez inspiradas por la política, la economía y la educación vinculadas a resultados inmediatos, en beneficio de unos pocos.

Se están alejando las expectativas vinculadas a los objetivos de desarrollo sostenible que deben alcanzarse de aquí a 2030, así como las metas más específicas vinculadas a la protección del aire, el agua, el clima o la lucha contra la desertificación. Quizá porque sólo hemos vinculado estos objetivos a una relación causa-efecto, acaso en nombre de la eficacia, olvidando que "no hay ecología sin una adecuada antropología " (Laudato si', 118). Sin una verdadera ecología integral tendremos "un nuevo desajuste que no sólo no resolverá los problemas sino que añadirá otros" (ibid). La idea de un ciclo especial de estudios, por tanto, sirve para transformar, incluso entre los creyentes, el mero interés por el medio ambiente en una misión llevada a cabo por personas formadas, fruto de una experiencia educativa adecuada. Esta es la mayor responsabilidad frente a los que, a causa de la degradación del medio ambiente, están excluidos, abandonados y olvidados. Es una obra a la que las Iglesias, por vocación, y toda persona de buena voluntad están llamadas a aportar la contribución necesaria, convirtiéndose en la voz de los que no tienen voz, elevándose por encima de los intereses partidistas y no sólo quejándose.

Aliento a la comunidad académica de Letrán, en todos sus componentes, para que continúe, con humildad y perseverancia, interceptando los signos de los tiempos. Una actitud que requiere apertura, creatividad, una mayor oferta educativa, pero también sacrificio, compromiso, transparencia y rectitud en las decisiones, especialmente en estos tiempos difíciles. Abandonemos definitivamente el "siempre se ha hecho así"—es suicida, esto, el "siempre se ha hecho así"—, que no nos hace creíbles porque genera superficialidad y respuestas sólo aparentemente válidas (cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, 33). Estamos llamados, por el contrario, a un trabajo cualificado, que exige generosidad y gratuidad por parte de todos para responder a un contexto cultural cuyos retos exigen concreción, precisión y capacidad para afrontarlos. Que Dios nos llene de su ternura y derrame la fuerza de su amor en nuestro camino, "para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción" (Laudato si', 246). Gracias.

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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 7 de octubre de 2021.



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