DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A DIRECTIVOS Y EMPLEADOS DE DIVERSOS INSTITUTOS BANCARIOS ITALIANOS
Sala Clementina
Sábado, 16 de mayo de 2026
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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con ustedes!
Queridos hermanos y hermanas, bienvenidos.
Dirijo un cordial saludo a Su Excelencia y a todos ustedes. Me complace mucho este encuentro, que nos brinda la oportunidad de reflexionar juntos sobre la función de los bancos y de las cajas de crédito en nuestra sociedad.
Los institutos que ustedes representan tienen orígenes diversos, pero comparten la necesidad de apoyar el espíritu empresarial y las finanzas públicas y privadas en distintos momentos y contextos de la historia italiana. Sus inicios, caracterizados por el coraje y la creatividad, dan testimonio de la complementariedad entre el ahorro y la inversión, lo privado y lo público, para la realización del bien común y para un crecimiento económico sólido.
Sus instituciones financieras han favorecido, de diversas maneras, un reparto y una redistribución justos de la riqueza entre individuos, empresas e instituciones, haciendo que su fruición sea más accesible para todos y valorizando la contribución de cada uno. Esta es una función social que encaja perfectamente en la misión que Dios ha confiado al hombre de ser custodio de la creación, por lo que «toda actividad humana […] está llamada a producir fruto, sirviéndose con generosidad y equidad de los dones que Dios pone originalmente a disposición de todos y desarrollando con laboriosa esperanza las semillas de bien inscritas, como promesa de fecundidad, en toda la Creación» (Congregación para la Doctrina de la Fe – Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Oeconomicae et pecuniariae quaestiones, 6 de enero de 2018, 4).
Precisamente en virtud de esta capacidad constructiva, el sistema bancario se ha encontrado, a lo largo de los siglos, en el centro de grandes procesos de desarrollo económico y social, convirtiéndose en una realidad cada vez más compleja y articulada, capaz de influir en la vida de las personas. La concentración de capitales y la disponibilidad de competencias calificadas le han dotado de ingentes medios económicos, con la consiguiente doble posibilidad de convertirse en promotor de un reparto equitativo para el bienestar general o, en sentido negativo, en impulsor de acumulaciones egoístas, fuente de desigualdad y miseria.
En este contexto general, su historia da testimonio de cómo quienes se ocupan del mercado financiero no solo pueden hacer el bien actuando con rectitud, sino también informando y formando a las personas y a los entornos en los que opera para un uso prudente y moralmente apropiado de los recursos, en el que se combinen sensibilidad, inteligencia, honestidad y caridad, y promoviéndose como «parámetros humanizadores […] donde ganancia y solidaridad ya no sean antagónicas» (ibíd. 11). Además, muestra cómo esta forma de actuar garantiza también, con el tiempo, un crecimiento sano y duradero de las estructuras, de los modelos sociales y de las relaciones.
El espíritu de sus fundaciones nos recuerda a todos, especialmente, que en un banco no entran en primer lugar capitales, sino personas, y que detrás de los números hay mujeres y hombres, familias que necesitan ayuda. Por eso, en un contexto en el que la alta informatización de los instrumentos impone mediaciones cada vez más elaboradas y artificiales en las relaciones interpersonales, ustedes, herederos de una gran tradición de atención humana, están llamados a velar por que quienes acceden a sus servicios no se sientan abandonados a la frialdad de los sistemas algorítmicos —por muy eficientes y matemáticamente precisos que sean—, sino que, detrás de los instrumentos técnicos, perciban, hoy como en el pasado, la presencia de personas dispuestas a escuchar y deseosas de hacer el bien.
Los bancos pueden influir mucho en la evolución estructural de una sociedad y también en su desarrollo cultural. Por eso su presencia es valiosa: para recordar a quienes con demasiada facilidad se repliegan en valores puramente materiales, confundiendo en la existencia fines y medios, que también en el ámbito financiero hay que poner siempre a la persona en el centro, y que «sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos» (cf. Francisco, Discurso a los participantes en el Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, 28 de octubre de 2014; cf. Carta enc. Laudato si’, 24 de mayo de 2015, 189).
Su compromiso en este sentido es vivo y actual, como lo atestiguan los numerosos proyectos humanitarios y culturales de los que son promotores. Los animo a seguir actuando de esta manera, manteniendo viva su vocación de entidades de apoyo mutuo y orientando siempre su compromiso hacia una ética de la solidaridad. Es la semilla de la que nacieron y la raíz sólida y profunda, aunque a menudo oculta, gracias a la cual el árbol de sus realidades sigue creciendo y desarrollándose.
Fieles a sus orígenes, nunca olviden la caridad; más bien, hagan de ella cada vez más el criterio rector de sus decisiones programáticas. Gracias por lo que hacen. Los tengo presentes en mis oraciones y, encomendándolos a la intercesión de María, los bendigo de corazón. ¡Gracias!
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 16 de mayo de 2026
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