DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO PROMOVIDO POR EL
CENTRO INTERNACIONAL DE ESTUDIOS PAPA LEÓN XIV
Sala del Consistorio
Viernes, 18 de septiembre de 2026
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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con ustedes!
¡Buenos días a todos y bienvenidos! Este es, en cierto modo, un encuentro familiar.
Queridos hermanos y hermanas,
me complace encontrarme con ustedes y acompañar así los primeros pasos de la iniciativa de la Orden Agustina de promover un Centro Internacional de Estudios que lleva mi nombre. Estoy particularmente agradecido por ello, dada la importancia de la actitud reflexiva y del pensamiento crítico en la construcción de una civilización del amor, a cuyo servicio la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho que ofrecer.
Desde el principio, he valorado la voluntad del Centro de entablar un diálogo amplio con universidades, instituciones académicas, organismos públicos, organizaciones de la sociedad civil, realidades eclesiales y redes asociativas, promoviendo relaciones de colaboración y diálogo a nivel nacional e internacional. Un signo de esta disposición es la colaboración con la Facultad Teológica de Italia Central y con el Pontificio Instituto Patrístico Augustinianum, a la que también se hace referencia en el decreto de erección del Centro. El secreto está en caminar juntos, siempre, sin cerrarnos al encuentro incluso con quienes son diferentes y parecen pensar, hablar o actuar de manera distinta.
La elección de Florencia como sede de esta nueva realidad es muy evocadora: es, de hecho, una invitación a dejarse inspirar por los valores del humanismo, una visión abierta al Creador y, por eso mismo, constructora de relaciones fraternas. No son las guerras, sino el tejido de la paz y de equilibrios justos lo que produce civilización, con la participación activa de todos los componentes sociales y culturales de una sociedad abierta.
También «el aporte de la Doctrina Social de la Iglesia tiene en sí esta raíz popular que no se debe olvidar; sería inimaginable su relectura de la revelación cristiana en las modernas circunstancias sociales, laborales, económicas y culturales sin los laicos cristianos lidiando con los desafíos de su tiempo. A su lado trabajaron religiosas y religiosos, testigos de una Iglesia en salida de los caminos ya recorridos. El cambio de época que estamos afrontando hace hoy aún más necesaria la continua interacción entre los bautizados y el Magisterio, entre los ciudadanos y los expertos, entre el pueblo y las instituciones» (Exhort. Ap. Dilexi te, 82). Que su Centro de Estudios promueva este ejercicio, que requiere pioneros y facilitadores, especialmente cuando corren el riesgo de prevalecer formas de desconfianza y resignación.
Aun a costa de avanzar a contracorriente, su misión de esperanza consiste en promover, en Italia y en el mundo, una formación para la vida pública y política entendida como servicio al bien común, responsabilidad hacia la comunidad y construcción de relaciones basadas en la solidaridad, la justicia y la paz. ¡Es decir, lo contrario de la resignación! Por otra parte, como quiso destacar el Papa Francisco al hablar precisamente en Florencia, «no existe humanismo auténtico que no contemple el amor como vínculo entre los seres humanos, sea el mismo de naturaleza interpersonal, íntima, social, política o intelectual» (Discurso en el V Congreso Nacional de la Iglesia Italiana, 10 de noviembre de 2015). La reflexión agustiniana, que constituye la base de su iniciativa, tiene en este sentido mucho que ofrecer en el panorama internacional actual, para una comprensión del amor como principio de renovación de la vida personal, económica y política. El amor une para liberar, une para generar, compromete para construir.
Queridísimos, «Nosotros miramos la historia a la luz del Crucificado Resucitado […]. No interpretamos el presente como un destino cerrado, sino como un campo abierto a la conversión personal y colectiva. Y creemos en la fuerza del Reino, que se desarrolla a partir de la pequeñez de un grano de mostaza […]. Con las palabras del profeta: «Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?» (Is 43,19)» (Carta enc. Magnifica humanitas, 210). Sí, sean expertos en las novedades de Dios: no aquellas que deslumbran por su rapidez y eficiencia, sino aquellas que Él obra en silencio, liberando al viejo mundo de sus callejones sin salida e inaugurando senderos por los que avanzar juntos, hacia su ciudad.
Que el Señor recompense con abundantes frutos su compromiso, y que los acompañe la bendición apostólica que les imparto de corazón a todos ustedes. Gracias.
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 18 de septiembre de 2026
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